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La invitación de Laurent Dupont para escribir sobre el tema del sueño, con vistas al próximo Congreso de la AMP, me lleva a considerar en qué punto la tesis del sueño intérprete nos orienta en estos tiempos de crisis.

¿Seguimos soñando aún?

Por Angelina Harari

"¿Qué sueña usted durante la crisis del coronavirus?" Tal es la pregunta que el New York Times dirigía a sus lectores apenas la semana pasada, invitándolos a enviar sus sueños[1]. Con esta pregunta, el periódico incita también a sus lectores a unirse a un destino común que, según ellos, permite a los sujetos soñantes, desde la Grecia antigua a la Segunda Guerra mundial, orientarse y salir de la rutina.

Estas palabras me evocaron en primer lugar los testimonios relativos a los sueños que surgían en el momento del Holocausto. Nuestro colega Fabián Naparstek, en ocasión de su intervención en la Soirée "Uso del sueño. Uso del sinthoma", mostró que el paso decisivo que surge de estos sueños fue para el sujeto "soñarse estando en otra parte" y conservar su identidad para hacer frente a la imposible nominación del horror en los campos de concentración.

La historia misma del psicoanálisis nos muestra cómo el uso del sueño convoca fundamentalmente la práctica psicoanalítica a la prueba de unir a su horizonte la subjetividad de su época. La respuesta se produce caso por caso, a condición de extraer la diferencia absoluta del sueño. ¿No hizo el mismo Freud esa elección forzada? En primer lugar publicando sus sueños, luego preservando la integridad del texto "La interpretación de los sueños" a despecho de los avances del psicoanálisis, a fin de conservar su carácter de auto análisis[2]. Casi veinte años pasaron desde la primera publicación, y Freud reconoce que su Traumdeutung continúa cautivando. Ese interés no decayó en absoluto a lo largo de la guerra mundial y será necesaria una quinta edición. Sin embargo Freud vaciló muchas veces en reconocer este entusiasmo del público y de sus colegas psiquiatras, en tanto solo se trataba de sus propios sueños. Si, él entró en el siglo a partir de estas ínfimas producciones, tan personales.

Entre los clásicos y los tiempos que siguieron, se encuentra la obra de Ella Sharpe "Dream Analysis" (1937), donde se trata concretamente de publicar a modo de conclusión, en el último capítulo del libro, no el sueño conclusivo de una experiencia de análisis (como tenemos en el relato de varios testimonios de AE), designando que su "dominio es el del discurso concreto en tanto que campo de la realidad transindividual del sujeto"[3] sino el último sueño de una vida, es decir tres días antes de su muerte "...was related by a woman three days before her death"[4]. El análisis infinito está en el horizonte.

Definir el psicoanálisis como el acceso a la identidad sintomal como nos propone Jacques-Alain Miller en su lectura del Seminario "L´Une bévue..." de Lacan, apunta al sueño "a partir de lo que el sinthoma del Uno tiene de absoluto" nos conduce a repensar nuestra práctica a partir de los sueños.

La identidad sintomal va de par con la identificación imposible del analista a condición de desplazar el lugar del psicoanálisis en el registro del Uno, el psicoanálisis que procede del Uno completamente solo y no del Otro.

Por lo tanto Invitación a soñar, en tanto que el sueño intérprete nos compromete y nos orienta en el momento presente. Un empuje a trabajar el sueño, en tanto constituye un tema fundamental del psicoanálisis, aún y siempre

Angelina Harari, presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis

Traducción : Silvia Baudini

NOTAS

  1. The New York Time, 10 de abril de 2020.
  2. Freud, S., "Prólogo a la segunda edición", La interpretación de los sueños (primera parte), Volumen 4 (1900), Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1991, pp. 19-20.
  3. Lacan, J., "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis", en Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002, p. 247.
  4. The International Psycho-Analytical Library, The Hogarth Press LTD, p. 200.