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Lecturas Comité Scilicet.EOL
 

Boletín N°4

Nuestra Lectura
"En la lectura, la amistad a menudo nos devuelve la primitiva pureza."
Marcel Proust

 

Editorial
Sobre la presentación del texto de Graciela Brodsky, Gabriela Camaly hace hincapié en el recorrido que va del discurso analítico a la pregunta por el destino del psicoanálisis, cuando ya no es el revés del discurso del amo.

A su vez, Marina Recalde, en su comentario del texto de Hugo Freda, remarca el párrafo que, a su juicio, le da sentido a todo el texto: "Un análisis es el recorrido que va de la palabra, […] que permite dar forma nueva a un agujero constitutivo vaciado de sentido, pero no por ello sin vida".

Susana Amado
Responsable del Comité Scilicet.EOL
Colaboradores: Adriana Testa y Gerardo Arenas

 

Comentario del texto de Graciela Brodsky, "Discurso del analista"
Gabriela Camaly

El texto de Graciela Brodsky realiza un recorrido que va desde el discurso analítico tal como Lacan lo establece en El Seminario, libro 17, a la pregunta respecto del destino del psicoanálisis cuando ya no es el revés del discurso del amo, en la medida en la que el amo no es más lo que era.

A modo de presentación me interesa subrayar cuatro escansiones en el recorrido del texto.

1. Si bien la función de los discursos es la de tratar al goce mediante el semblante, Brodsky subraya que lo que hace a la dignidad del discurso analítico es que en él se devela lo que los otros tres velan: que el significante trabaja para el goce y que de allí se extrae "una satisfacción y ningún sentido".

2. Si en la enseñanza de Lacan se produce un desplazamiento de la función de los discursos a la función del síntoma, esto la lleva a plantear que los discursos pueden pensarse como modos de suplencia a la inexistencia de la relación sexual entre un hombre y una mujer, mediante la invención de un lazo hecho de semblantes, "ahí donde sólo hay autismo del goce".

3. Entonces, lo central para la práctica analítica es el tratamiento del goce, es decir, de la pulsión. Bajo esta perspectiva, el lugar del analista y su función quedan caracterizados mucho más por su lugar de de objeto capturado por el circuito pulsional del analizante, que por su relación al significante y a la suposición de saber.

4. Finalmente, la época obliga a un viraje necesario respecto de la práctica del psicoanálisis debido al cambio en el orden simbólico y a su nuevo estatuto.

Graciela Brodsky afirma fuertemente: ya conocemos la declinación del Nombre del Padre, pero lo que sostiene es que esta decadencia "no entraña una declinación de la nominación sino su estallido, su pluralización".

Ubica allí todas las formas en las que la actualidad produce un "ser nombrado para" que, lejos de la referencia a los ideales, tiene la función de introducir un orden de hierro allí donde el Nombre del Padre ha perdido sus privilegios. En este nivel, "el nombre no pone límite al goce sino que lo esparce", enlazando a los sujetos en comunidades que no se fundan en el ideal sino en las diversas formas del exceso de goce de la época, haciendo pasar los goces al nombre común. Entiendo aquí que se trata de la operación contraria a la de "hacerse un nombre" por el tratamiento del goce como pérdida.

Encuentro que el texto de Graciela Brodsky, no sólo recrea las referencias epistémicas que conocemos sobre el discurso analítico sino que, por el recorrido que realiza, acentúa una perspectiva inédita para la práctica del psicoanálisis en la época que nos toca vivir. Se trata de estar como analistas a la altura de una "práctica delirante" que permita poner bajo tratamiento lo insoportable de la incómoda situación de ser seres hablantes.

 

Comentario del texto de Hugo Freda, "Sujeto supuesto saber"
Marina Recalde

Es un texto que permite a mi juicio diferentes lecturas.

En función de este breve comentario haré hincapié en el párrafo con el que concluye, y que es el que –entiendo– da sentido a todo lo desarrollado por Hugo Freda en su aporte al volumen Scilicet.

El párrafo en cuestión es: "Un análisis es el recorrido que va de la palabra, como productora de sentido, a la palabra como aquello que permite dar forma nueva a un agujero constitutivo vaciado de sentido, pero no por ello sin vida". Subrayo: "no por ello sin vida".

He ahí donde entiendo está el hueso de la cuestión. Orientación clínica preciosa, que permite ubicar que finalmente un análisis se trata de eso, de poder desembarazarse del enredo que no hace más que acarrear el sentido sufrimiento propio de la neurosis. Ahí, justo en ese arco que Hugo traza, que va de la palabra como productora del sentido al vaciado de sentido pero ligado a lo vivo, allí mismo se ubica lo que tiene un psicoanálisis para ofrecer como salida a la mortificación a la que el sentido neurótico convoca. Orientación que tiene toda su vigencia en este momento, donde nos interrogamos sobre la práctica lacaniana en este nuevo siglo.

Este texto toma como punto de apoyo la enseñanza de Lacan y también –por qué no– la enseñanza de Miller. Sin embargo, no pierde el espíritu freudiano del que se nutre. Es el psicoanálisis el que va a permitir no ser arrastrados por la pulsión de muerte, al situar allí lo vivo frente al lastre al que el goce lleva, al querer jugarse su partida.

En 1926, Sigmund Freud era entrevistado y pronunciaba una frase que para mí se volvió crucial, y que (es mi lectura) entiendo atraviesa como un hilo conductor este texto. Al ser interrogado por el estatuto del psicoanálisis (al que el entrevistador ubicaba como aquel que vuelve a la vida un rompecabezas complicado), Freud respondía: "De ninguna manera. El psicoanálisis vuelve a la vida más simple. Adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena el enmarañado de impulsos dispersos, procura enrollarlos en torno a su carretel. O, modificando la metáfora, el psicoanálisis suministra el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su propio inconsciente".

Y es en este punto donde ubico la frase final del texto de Freda, donde él sitúa aquello que permite dar forma nueva a un agujero constitutivo y vaciado de sentido, pero no por esto sin vida. Modo en el que Hugo nombra la salida posible de este inconsciente como agujero, "a partir del cual puede emerger una fórmula que defina al sujeto más allá de la determinación del Otro".