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El pase
Enseñanzas de Los carteles

El manierismo del pase [*]
Leonardo Gorostiza
 

"... nada puedo decirles cuyo peso no
sea consecuencia de lo que no les digo".
Jacques Lacan [1]

Lo que voy a intentar transmitirles a continuación, surge del trabajo en el interior de dos carteles del pase: en el Cartel G3 -que compartí con Silvia Baudini, Leonor Fefer, Linda Katz y Frida Nemirovsky- y, actualmente, en el Cartel G4, que comparto con Miren Aguirre, Susana Toté, Fabián Naparstek y Graciela Brodsky, quien es su Más uno.

Esta es la tercera vez que expongo públicamente el saldo de dicho trabajo. Y en esta oportunidad, a diferencia de las anteriores en las que expuse lo que era un primer saldo del trabajo colectivo del cartel, les comentaré algunos aspectos de lo que ha tenido para mí especial resonancia.

Es decir, que hablo hoy en nombre propio, y no en nombre de alguno de los dos carteles.

Vamos a abordar entonces lo que decidí llamar "El manierismo del pase", título que propongo a consideración de ustedes y que se me impuso a partir de una breve indicación de Jacques-Alain Miller en su Lectura del Seminario 5 de Jacques Lacan.

Como ustedes seguramente recordarán, en ese contexto del comentario del Seminario 5, Miller desarrolla lo que llama "la perspectiva de lo nuevo". Resumiendo: si la experiencia psicoanalítica se desarrolla bajo el signo de la repetición se tratará de situar, sobre ese trasfondo de lo mismo, qué es lo que puede introducir algo nuevo. Y llama a esto, la condición de novedad.

Es entonces esta condición la que permitirá verificar si en el final de análisis ha surgido "algo nuevo en el decir", o bien, "una relación distinta con la repetición".

El modelo que allí toma Miller es el del Witz, que Lacan caracterizaba ya en 1953 como la "salida", el rasgo ingenioso, por el cual el orden entero del lenguaje "se anonada en un instante" [2]. Y es precisamente siguiendo las indicaciones de Lacan sobre el carácter "incongruente", "disparatado", "escandaloso", "inesperado" e "inclasificable", del Witz, que Miller no dudará en establecer una homología entre éste y lo que llama "el neologismo del pase", el que cada pasante trae al dispositivo, y que el Cartel del Pase -en su condición de representar al Otro, al lugar del código de la institución- deberá considerar si consiente o no al desvío -con respecto a la norma- que constituye dicho neologismo. Es como si el Cartel, en tanto Otro, aceptara -cuando es oportuno- ser dividido por el neologismo del pasante, e incorporar al saber sedimentado o adquirido (el que ya forma parte de la ortodoxa) el desvío que el pasante le propone.

En este contexto Miller comenta que Lacan señaló que el psicoanálisis, y su enseñanza misma, están más del lado del manierismo, es decir, del estilo tanto pictórico como literario -pero especialmente pictórico- del siglo XVI que obtiene sus efectos de manera "anti-clásica” aunque apoyado, para eso, en la norma clásica misma sobre la cual actúa introduciendo un desvío, una distancia con respecto a ella.

Tan es así que el término mismo de manierismo (maniera) es sinónimo de estilo, estilo personal de cada creador -stylish style lo llama algún autor- pero que hace a un afán estilístico compartido que se dirige sobre todo a romper con la sencilla regularidad y la armonía de lo clásico y a sustituir su normalidad impersonal por rasgos más sugestivos y subjetivos. Es por esto que el manierismo es considerado la primera orientación estilística moderna que instala una tensión entre la tradición y la innovación. Una tensión entre la tradición entendida como una defensa contra la novedad demasiado impetuosa, sentida como un principio de vida pero también como un peligro de destrucción, representando así una crisis muy interesante en la historia del arte [3].

Y el ejemplo que da Miller es el de La madonna del cuello largo, de Parmigianino, donde el pintor, en su afán de que la virgen pareciera graciosa y elegante, le puso un cuello como el del cisne [4]. Es precisamente en esta desviación -dice Miller-, de la que podemos decir que es una bella deformidad, en la que yace el plus de goce" [5]. Como en el Witz, en el seno mismo de la armonía, crece de pronto un exceso singular.

Estas consideraciones nos permiten situar dos primeros aspectos del manierismo del pase.

Primero, la disposición del cartel a considerar ese desvío con respecto a la norma. Es allí que se sitúa a mi entender, si retornamos la caracterización -sobre la cual Aníbal Leserre ha insistido tantas veces- del dispositivo de investigación colectiva que comporta el procedimiento del pase, se sitúa allí lo que podríamos llamar la investigación en psicoanálisis al estilo manierista. Es decir, contar por un lado con lo clásico (la vertiente sistemática, de acumulación de saber, de sistema), pero para dar lugar a la otra vertiente, la del encuentro, la de la contingencia, la de lo nuevo, la del hallazgo del desvío con respecto a la norma.

Segundo, la referencia del desvío manierista como índice del plus de goce, nos permite conjeturar que es allí, cuando ese desvío introduce una satisfacción en el cartel que algo del pase se transmite.

Retorno en este punto la indicación de que en la última versión del pase en Lacan, la de considerarlo como una hystorización y ya no como un relámpago de despertar iniciático, de lo que se trata es de que algo de esa última historia que alguien se cuenta produzca una "satisfacción en los colegas", en este caso, en los del cartel del pase [6]. Si esto no ocurre, es improbable que el desvío sea aceptado como una nueva relación con la repetición, como validación de que hay algo nuevo en el decir.

Pero hay otra indicación de Lacan sobre el manierismo que merece una especial atención. Se encuentra en el Seminario 8, La transferencia.

Allí, cuando introduce el símbolo Phi mayúscula, y analiza un cuadro de un pintor manierista, un tal Zucchi, titulado "Psiche sorprende Amore" y caracteriza el complejo de castración y el símbolo falo como índice del lugar de falta de significan te, allí menciona a Giuseppe Arcimboldo, y a su conocido retrato del bibliotecario de Rodolfo II hecho con un montaje de los elementos propios de un bibliotecario, es decir, con libros. Y Lacan se vale de esto para señalar la afinidad que habría entre la persona y ese montaje complejo de elementos. "Al mismo tiempo que la apariencia de la imagen humana -dice Lacan- se sostiene, se sugiere algo que se imagina en el desensamblaje de los objetos. Estos objetos que tienen al mismo tiempo la función de máscara, muestran al mismo tiempo la problemática de esta máscara (.. y...) es con lo que siempre nos enfrentamos cada vez que vemos intervenir esa función tan esencial de la persona..." [7].

Se trata entonces de una suerte de redoblamiento de la apariencia que plantea la interrogación de un vacío que estaría "por detrás", es decir, lo que escribimos con el significante de la falta en el Otro.

Tenemos entonces, desde este nuevo ángulo del estilo manierista, no tanto aquello que indica lo que es el plus de goce, sino lo que señala un vacío: S (A/). Lo cual pienso nos permite concluir en un tercer aspecto del "manierismo del pase": cómo la "persona" se descompone por la refracción que se produce en la transmisión que los pasadores hacen del testimonio de los pasantes y cómo dicho procedimiento permite -continuando con las referencias pictóricas- "iluminar" algo de ese vacío estructural y de la relación que el sujeto mantiene con dicho vacío, vacío del cual la persona hace pantalla.

Esto sería otro modo de decir lo que subrayé en las anteriores presentaciones: que se trata, en el dispositivo del pase, de una transmisión que implica siempre una pérdida. Y que lo importante de lo que se transmite son las "modalidades de dicha pérdida" [8].

Ubicados entonces estos tres rasgos del manierismo del pase -"desvío con respecto a la norma", "satisfacción de los colegas con respecto a ese desvío" y "desmontaje de la persona"- pasaré a considerar algunos aspectos de los testimonios cuya transmisión he escuchado durante estos tres años.

Pondré así el acento, aún en casos donde el Cartel no llegó a consentir con el desvío presentado validándolo con una nominación, en aquello de lo transmitido que me ha enseñado y me permitió -por lo menos a mí- esclarecer o bien problematizar algunas de las cuestiones cruciales del psicoanálisis.

En este sentido, debo confesar que aún en casos en los que no se llegó a una nominación no dejé de experimentar, cada vez que algo de lo transmitido me puso al trabajo, una cierta satisfacción por lo que el testimonio del pasante podía esclarecer sobre la teoría y la práctica del psicoanálisis.

Por lo tanto, queda claro que mi idea es que lo que llamo "el manierismo del pase" no se reduce sólo a los testimonios logrados. Pienso que es posible considerar que cada vez que un desvío con respecto a la norma se transmite -aunque fuera pequeño-, algo de dicha satisfacción puede obtenerse, y esto, aunque el conjunto del testimonio no alcance para una nominación. La "satisfacción de los colegas" sería entonces una condición necesaria pero no suficiente para la nominación.

Esto es también un modo de insistir en la importancia del trabajo de cada uno de los pasantes durante la elaboración del testimonio donde cada uno ha decidido poner lo más preciado de sí contribuyendo también a esta invención colectiva de saber que es el pase.

Ahora bien, esto supone que el cartel, en tanto Otro, acogiendo el desvío, por mínimo que sea, se deje enseñar, se deje dividir. Se necesita entonces una disciplina y un cartel sin infatuación para que pueda, llegado el caso, decir: "No lo sabía antes de que tú –pasante- me lo dijeras" [9].

Estatutos de la división en el cartel
En lo que va de la experiencia he constatado al menos dos formas de división del cartel:

1) La más lógica, cuando finalmente se concluye en una nominación y el cartel es llevado a argumentar y contrargumentar lo fundado de su decisión. Es la división por el Witz de la que hablamos antes.

2) Los testimonios que pueden dividir al cartel por el pathos del relato mismo. Es claro que no concluyen en nominación ya que no se ha operado la extracción indispensable del goce para que se transmita un Witz con una satisfacción acotada.

Las modalidades de la pérdida
Tres modalidades de la pérdida me llevaron a situar lo siguiente. Primero, un testimonio -no obstante no condujo a una nominación- me permitió iluminar desde un ángulo novedoso una conocida frase de Lacan, aquella donde dice que habría que requerir al psicoanalista que construya la teoría de la equivocación (meprise) esencial del sujeto supuesto saber en la teoría, es decir, una teoría de la hiancia. "Una teoría -dice Lacan- que incluye una falta que debe volverse a encontrar en todos los niveles: inscribirse aquí como indeterminación, allí como certeza y formar el nudo de lo ininterpretable..." [10].

¿Y cómo -a mi entender- iluminó el testimonio esta frase? Lo hizo mostrando sencillamente que si sólo se cuenta con la indeterminación -aunque ésta sea en un nivel índice de la falta- la ausencia de certeza no permite formar el nudo de lo ininterpretable, es decir, de lo que sí es índice de una localización de lo Urverdrangt, de lo reprimido primordial. Se trataba de una salida en tanto acto fallido, en tanto formación del inconsciente, al modo del acting out, que en vez de formar el nudo de lo ininterpretable, reforzaba los efectos del significante llamando a la interpretación.

Luego, y a diferencia de este caso, un testimonio que sí condujo a la nominación me permitió verificar que el nudo de lo ininterpretable está hecho de S1 asemántico y de objeto a insensato.

Finalmente, un tercer testimonio, permitió situar la diferencia que hay entre una elipsis sintomática en la transmisión -bajo la forma de "lo invisible"- donde la vacuidad del sujeto vela aún el real en

juego, y la firme localización del nudo de lo ininterpretable.

Creo perciben que nos encontramos aquí en un problema crucial, que el dispositivo del pase puede esclarecer, y que hace a los resortes, a los principios de nuestra práctica. En este caso, cuál es la posición que conviene frente al agujero de lo ininterpretable, es decir, ante lo reprimido primordial.

El entusiasmo
Como señalé en la presentación anterior, una distinción puede establecerse entre la "iluminación del fantasma" y su atravesamiento, lo cual -ésto último- implica su construcción. Se puede constatar cómo algunos pasantes plantean haber atravesado o construido el fantasma cuando, lo que se transmite no es sino la caída de una identificación con el efecto de entusiasmo correlativo.

Y esto último abre la cuestión de qué estatuto dar al afecto de entusiasmo presente en alguno de los testimonios. Baste recordar que Lacan mismo indica que un equivalente del entusiasmo (lo que llama "hipomanía transitoria" [11]) puede surgir a causa de la eyección del objeto pero como modo de resolución de la indeterminación del impasse imaginario, "O tú o yo". Esto fue lo que un testimonio transmitió: una intervención inolvidable del analista, es leída por el pasante como lo que propicia una caída de los dichos paternos. La intervención recae sobre una identificación imaginaria fraterna, incide sobre la lógica de lo imaginario ("o tú o yo") pero sin trascenderla. El efecto terapéutico quedó así anudado la eyección del objeto, entendida esta última como un modo de resolución de la indeterminación suscitada por el impasse imaginario. Esta salida, muestra que el entusiasmo puede referirse también al estado de exultación o "embriaguez megalomaníaca" que Balint -según Lacan- describe muy bien. "Más de un "éxito terapéutico" -dice- encuentra allí su razón, y sustancial eventualmente" [12].

Curarse de la culpa
Me ha llamado especialmente la atención el lugar y las modulaciones del sentimiento de culpa en algunos testimonios.

En uno de ellos una interpretación del analista desculpabiliza al sujeto. Esto apacigua notablemente su relación con el Otro, lo cual podría considerarse como un efecto terapéutico. Sin embargo, a pesar del amplio esclarecimiento del mito individual obtenido a partir de allí, ello no le permite, por la repetición del "apuro", una salida definitiva de sus redes.

Si en este caso, una intervención desculpabilizante del analista fue lo que abrió para el sujeto las puertas al alivio sintomático precipitando la salida, en otro -que condujo a una nominación- el cartel pudo aislar lo que Jacques-Alain Miller en una oportunidad definió -chistosamente- como "curarse de la culpa". Llamó la atención al cartel que precisamente fuera el experimentar un sentimiento de culpa tras un lapsus lo que finalmente condujo al pasante hacia el dispositivo: la culpabilidad por no haber testimoniado aún sobre su experiencia analítica ante el Otro de la Escuela. Lo que resultó notable es que, en el testimonio mismo, pudo aislarse con precisión cómo la resolución del síntoma -ligado a la creencia en la "palabra salvadora"- introdujo un cambio en la práctica: lo que podría resumirse en un "saber hacer ahí con... sin la palabra salvadora" o bien un saber hacer con el uso impiadoso del silencio. Entiendo que se pudo constatar así, además del efecto terapéutico sobre el síntoma, un "curarse de la culpa" en tanto analista, pero no en tanto sujeto [13].

Los límites de la palabra
Otro ángulo que surgió a partir de los testimonios es el de los límites de la palabra. Si en el caso anterior, la caída de la creencia en "la última palabra" abrió para el sujeto la posibilidad del uso impiadoso del silencio en la práctica, en otro testimonio pudo localizarse cómo el límite de la palabra se ligaba más bien a lo que aún restaba de la posición del sujeto como verdad y un resto de "crueldad" con respecto al Otro. De este modo, si la subjetivación de la crueldad pudo transformarla en una "crueldad risible", acompañado esto de una amortiguación del amor a la verdad y una habilitación a hacer uso de los semblantes -con un notable efecto sobre su práctica-, restaba aún el esclarecimiento de lo pulsional allí en juego.

Por su parte, otro testimonio -en el cual el pasante afirmaba haber encontrado los límites de la palabra- permitió comprobar cómo el silencio pulsional más bien era velado por el mutismo de la vacuidad del sujeto.

Rectificación edípica
Me ha llamado también la atención cómo, en varias oportunidades, pudo constatarse una vez más la eficacia terapéutica ligada a la rectificación de la función paterna. Esto fue felizmente caracterizado por un pasante como obtener "una regulación del goce". Efectivamente, el síntoma cardinal de la angustia que lanzaba al sujeto a la acción y que se conectaba con un quedar a merced del estrago del Otro materno, encontró su esclarecimiento y resolución a partir de un "poner una válvula al goce". Esta cura, que para el cartel implicaba el testimonio claro del éxito de una regulación a nivel edípico, permitió constatar una vez más la eficacia terapéutica del buen uso del nombre del padre cuando éste se reconoce en su dignidad instrumental. [14]

Algo similar, pero con cierto "desvío" -desde otro ángulo-, se constató en varios testimonios de pasantes mujeres: la necesidad de pasar primero por dicha rectificación cuando predominan "la desmesura" y "la errancia de la posición femenina". Esto podría dar otra consecuencia a esa frase de Lacan en Aún cuando afirma de la mujer que: "El ser no-toda en la función fálica no quiere decir que no lo esté del todo. (...) Está de lleno allí. Pero hay algo de más" [15]. La consecuencia que se puede deducir es la necesidad de estar firmemente afirmado allí para que se pueda abrir para el sujeto esa dimensión del no-todo de la femineidad, sin el alto padecimiento subjetivo que implica la primera posición.

Una secuencia invertida
En otro testimonio pudo comprobarse un desvío con respecto a la norma habitual de la secuencia "interpretación-desidentificación-construcción" y que el cartel reconoció como un hallazgo. Se reitera una secuencia: las intervenciones del analista tienen como efecto la construcción por parte del analizante, y ésta -la construcción- es la que produce luego la caída de la identificación.

En este caso, cabría pensar si lo que llamamos desidentificación puede ser leído, desde otro ángulo, en tanto se trata de la producción de un S1, como la disponibilidad con la que el sujeto comienza a contar: la de hacer uso de ese semblante que se ha producido en tanto tal. Esto podría emparentarse con el camino hacia la identificación al síntoma.

Dde la desidentificación al falo a la identificación al síntoma
En este punto, con el cual concluyo, se abrió para mí una cuestión a explorar a partir de algunos testimonios donde lo preeminente consistía en la desidentificación al falo. Es decir, la cuestión a pensar de las relaciones entre el final de análisis por "corrección de la metáfora paterna" -tal como Lacan lo plantea en "La dirección de la cura...", - y la versión del final por "identificación al síntoma".

Desde la perspectiva más clásica, hay allí una franca oposición: en un caso se trata de desidentificación fálica ("... es preciso que el hombre, masculino o femenino, acepte tenerlo o no tenerlo, a partir del descubrimiento de que no lo es") [16], y en el otro, de una identificación. Pero también, el primero implica secretamente una identificación "diferida" -dice Miller-, propia del funcionamiento "corregido" de la metáfora paterna [17]. La diferencia estriba en que en ese caso se produce una institución del Otro, mientras que la versión siguiente -la de la identificación al síntoma, pasando por la versión del final como "caída del objeto"- implican, ambas, la destitución del Otro. Y lo que se jugaría entre un caso y el otro es el pasaje del Padre como Otro del Otro, al Padre síntoma, y a saber hacer ahí con él.

La cuestión que entiendo se plantea entonces es, si es necesario, para arribar al final vía identificación al síntoma, pasar necesariamente por la versión "des identificación fálica", o bien, si esto es algo que se produce por el proceso mismo de desidentificación que también está en juego en la versión identificación al síntoma [18]. Sería algo así como una identificación que no instituye al Otro pero que no desconoce al Padre en su vertiente sintomática.

Además, no olvidemos que esa identificación no podría conformar totalmente al sujeto [19] ya que es necesario que de algún modo se mantenga una apertura, una hiancia que dé cuenta de lo que Lacan anticipara, precisamente, en "La dirección de la cura...": la incompatibilidad del deseo con la palabra.

 
 
Notas
* Publicado en Pase y transmisión 6 - Colección Orientación Lacaniana.
1- LACAN, J.: El Seminario, Libro 8, La transferencia, Paidós, Bs. As., 2003, pág. 269.
2- LACAN, J.: "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanáli­sis", (1953), en: Escritos 1, Siglo Veintiuno ediciones, 1988, pág. 259.
3- HAUSER, A.: Historia social de la literatura y el arte, Tomo 1, Debate, Es­paña, 1998, pág. 420.
4- GOMBRICH, E. H.: La historia del arte, Sudamericana, 1999, pág. 364/5.
5- MILLER, J.-A., Lectura del Seminario 5 de Jacques Lacan, Colección ICBA nro. 2, ICBA-Paidós, Bs. As., 2000, pág. 20.
6- MILLER, J.-A., "Las versiones del pase", en: Pase y transmisión, Colección Orientación Lacaniana, Serie Testimonios y Conferencias, nro. 5, EOL, Bs. As., 2003.
7- LACAN, J.: op. cit., pág. 272.
8- MILLER, J.-A.: en el Debate de "La elaboración de los carteles", en Acerca del sujeto supuesto saber, COL, Paidós, 2000, pág. 203.
9- Op. cit. en 4, pág. 25.
10- LACAN, J.: "La equivocación del sujeto supuesto saber", en: Momentos cru­ciales de la experiencia analítica, Manantial, Bs. A:.., 1987, pág. 34.
11- LACAN, J.: "La cosa freudiana...", en Escritos 1, op. cit., pág. 412.
12- LACAN, J.: "El atolondradicho", en: Escansión, nueva serie nro. 1, pág. 60.
13- "En fin, como chiste se puede decir que el núcleo de la formación de los analistas consiste en curarlos de culpa. (...) Se trata de curarlos del senti­miento de culpa en tanto dirigen la cura, no hay cura con culpa, es decir, si no estamos curados del sentimiento de culpa. (Pero...) se trata de curar al analista del sentimiento de culpa en tanto que actúa en la cura, no en tanto que sujeto. Y es por eso que trabajamos mucho, para hacemos per­donar la manera en que nos ganamos la vida..." Q.-A. M., "Patología de la ética", en: Lógicas de la vida amorosa, Manantial, pág. 8617).
14- Cf. MILLER, J.-A., "Pequeña introducción al más allá del Edipo", en: Del Edipo a la sexuación, Colección ICBA n° 3.
15- Op. cit., Paidós, Bs. As., 1981, pág. 90.
16- LACAN, J.: "La dirección de la cura...", Escritos 2, Siglo Veintiuno edi­ciones, Bs. As., 1987, pág. 622.
17- MILLER, J.-A., Política lacaniana, Diva, Bs. As., 1999, págs. 43-45.
18- Se podría articular aquí lo que Lacan plantea como "aplastamiento del fa­lo" en El atolondradicho, op. cit., pág. 60.
19- Comunicación de Hebe Tizio en una noche de la EOL.