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El pase
El Pase: su presente y su porvenir

El porvenir del Pase
Miquel Bassols
 

Plenaria: El pase: su presente y su porvenir.
IV Congreso e la AMP – Roma
15 de julio de 2006

El porvenir del pase es el porvenir del psicoanálisis.

Esta afirmación, tan transparente en apariencia, casi tautológica para nosotros, encierra una opacidad, una paradoja nada fácil de resolver si entendemos que la experiencia del pase es lo más inesperado, lo más imprevisto, lo más impredecible que podamos imaginar cuando se trata de evaluar los resultados de la experiencia analítica. Si el pase como procedimiento es lo que Lacan inventó para dar cuenta, incluso para producir, este imprevisto de manera constante, ya sea en lo singular de cada análisis como en el caso mismo de la Escuela tomada como sujeto; si el pase es lo que se postula como la contra-experiencia que demuestra, tanto al sujeto como a la Escuela, como singulares e irrepetibles, imposibles pues de evaluar por un procedimiento estandarizado, un procedimiento que sería válido para todos los casos; si el pase es todo eso, entonces decir que el porvenir del pase es el porvenir del psicoanálisis resulta una afirmación más bien aventurada, imposible de demostrar por adelantado, es finalmente una antinomia que convierte en inestable al conjunto del psicoanálisis pensado como movimiento y como profesión o comunidad, resulta ser una suerte de sabotaje interno a su consistencia como sociedad. Y a la vez es para nosotros la posibilidad de un nuevo vínculo con la causa analítica.

Nuestra aparente tautología se convierte así en una antinomia inconcebible para el lenguaje de la ideología de la evaluación al uso.

Y, sin embargo, para los que tienen en cuenta la afirmación de Lacan según la cual "si el psicoanálisis tiene éxito, se extinguirá hasta no ser más que un síntoma olvidado", esa supuesta tautología, esa aparente antinomia que la experiencia y el procedimiento del pase hacen presentes, puede convertirse en la mejor oportunidad, en la mejor apuesta para que el psicoanálisis no llegue a ser precisamente un síntoma olvidado. Todo depende para ello "de que lo real insista" y que el analista sepa que su lugar y su existencia dependen de ello, de ese real y de su insistencia en el retorno del síntoma.

¿Cómo permitir, pues, que lo real insista en la experiencia del pase? Es la pregunta por el porvenir del psicoanálisis.

Consideremos desde esta perspectiva la situación actual del pase en nuestras Escuelas. Parece, en efecto, como se nos ha señalado, una experiencia "reservada últimamente sólo a unos pocos", tan selectiva como de efectos inhibidores para los que podrían acercarse a ella. Algunos pueden ver en ello una idealización del pase y de sus resultados, otros más bien una minusvaloración, algunos pueden encontrar lógica esa inercia después de varias décadas de experiencia, otros pueden pensarla como inadmisible.

Podríamos contemplar esta situación como un efecto de inercia preveniente del "exterior" sobre la experiencia, como un efecto del contexto actual del psicoanálisis y de la vida de las Escuelas sobre el pase, más interesadas tal vez en temas de la llamada "extensión" y de la actualidad apremiante. O podemos pensarla, prefiero esta perspectiva, como un efecto de la experiencia sobre sí misma ante lo real que nos hace presente. Tal vez cierta dificultad que encontramos hoy en pensar el porvenir del pase se deba entonces a una inercia exactamente contraria, pero no menos engañosa, a la que hace que todos los procesos de evaluación tiendan a convertirse en procedimientos estandard, normales estadísticamente. La ideología de la evaluación busca la norma estadística como el ideal que permita valorar el resultado de la experiencia. Cuanto para más casos funcione y valga, mejor se juzga el método. Nosotros, con razón, hemos hecho de la excepción la prueba del valor de la experiencia. Nuestro procedimiento de evaluación tiende necesariamente a valorar lo menos estandard, lo más excepcional, lo más inconmensurable. Sólo que acostumbrados ya a esperar lo más excepcional, podríamos perder también la oportunidad de encontrarnos con él en lo más cercano. Cuanto más avanza la experiencia más fácil parece prever lo que puede ser su producto. ¿Habremos convertido lo más excepcional en lo más esperable? Sería el éxito del pase, pero tal vez también el principio de su declive. Es en todo caso un error de perspectiva del que nunca podemos pensarnos exentos, y que no sería extraño cuando de lo real se trata, ese real que Lacan definió como "sin ley".

Cuando de lo real se trata, conviene abordarlo en términos lógicos para hacer un "uso lógico" de ese "sinthome" que puede ser para nosotros el pase.

Permítanme tomar entonces, en el breve tiempo del que dispongo, un ejemplo que no habrá sido metáfora si consigo mostrar la identidad de estructura con nuestro tema.

El porvenir del pase, como procedimiento de evaluación no standard, sigue el ejemplo del número pi, el famoso número que ha hecho presente desde la Antigüedad lo inconmensurable por el número en el propio mundo del número, lo inconmensurable entre la longitud de la circunferencia y su diámetro, ese número real pi, 3,1415... sobre el que se sabe que pesan las más terribles incertidumbres.

El número pi, del que los mejores ordenadores siguen calculando los decimales infinitos, es un buen ejemplo de lo que se conoce en lógica intuicionista como una "serie sin ley" (lawless sequence). Nadie puede predecir qué decimal seguirá al último calculado.

Jacques-Alain Miller ha señalado en diversas ocasiones la importancia de las "series sin ley", en especial en su propuesta lanzada el 24 de Novimebre de 2003 "Para una coordinación Psi":

"La coordinación de la que se trata es una serie –serie sin regularidad, estructuralmente imprevisible, cuya ley no está dada de antemano. Este tipo de serie se denomina lawless sequence, "serie sin ley", en lógica intuicionista. Lacan demostró la adecuación de esta forma serial con los fenómenos psi. Se opone en todos los puntos al llamado "control-de-calidad", que procede por evaluación cuantitativa sobre criterios predeterminados."

El pase es, en efecto, nuestro modo de evaluar la experiencia analítica según esta lógica en la que se trata de producir una serie sin ley en el sujeto. En un segundo momento, en la experiencia de la Escuela, se trata de poner en serie ese testimonio junto a otros para ver, precisamente, si podemos extraer alguna ley de lo que no tiene ninguna. Pero el problema siempre es, y será siempre, cómo mantener ese real como un acontecimiento imprevisto, para retomar la indicación que el analista le hizo a Mauricio Tarrab y que encarna la misma paradoja que evocamos aquí: "Tendremos que esperar el acontecimiento imprevisto". Pero ¿cómo esperar el acontecimiento imprevisto? Si lo esperaba ya no es imprevisto, y si es imprevisto es porque no lo esperaba. Hay que saber esperar lo imprevisto para hacer de lo contingente algo necesario.

De hecho, siempre hay algo imprevisto en el síntoma del sujeto que lo hace singular. Se trata de saber aislarlo en la experiencia para transmitirlo como tal, como real imprevisto y sin ley.

Podemos poner en serie los testimonios según este principio y obtenemos una "serie sin ley". Una serie de imprevistos, es precisamente lo que repugna a cualquier organización que se precie como estable y consistente. Y es por eso que la experiencia del pase no podría no ser algo que lleva a la inestabilidad y a la inconsistencia.

Salgamos entonces de esa aparente estabilidad que quiere hacer del Otro una consistencia inerte, ideal o minusvalorada.

El acontecimiento imprevisto es lo que le permitirá escuchar, en la serie aparentemente azarosa de su propio número pi, ese real del que usted es la pasión, la cifra del destino que usted mismo escribe, que está escribiendo en ese pase que, como el mar, ha de recomenzarse siempre.

Por la misma razón que creemos saber que después del tres catorce viene el dieciséis, - en realidad sólo hay que seguir la serie para ver que en realidad viene un quince – por la misma razón la sugestión nos puede impedir escuchar lo nuevo de un acontecimiento imprevisto, y sobre todo tal vez le impide escuchar a usted lo nuevo del suyo propio, del pase de cada uno - le impide escuchar lo singular que, de buen seguro, está escrito en la continuación de la secuencia.

Si seguimos la lógica de lo real sin ley, como en el libro de arena borgiano, como en el número pi, el pase nunca se abrirá entonces por la misma página. Es en esta certeza que el pase tiene un porvenir, y que alguien puede estar dispuesto a escribir una nueva página que siempre resultará inédita.

Si sabemos hacer del pase ese acontecimiento imprevisto, tanto para el Otro del lenguaje público como para el propio psicoanálisis, entonces, al revés, el porvenir del psicoanálisis, al igual que el número pi, será el porvenir del pase, esa verdad inexacta e imprevisible de nuestro modo de evaluación de la experiencia analítica.