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La neutralidad lacaniana

Por Mónica Torres

Voy a partir de una frase que ya ha sido tomada como referencia en la primera de estas noches, una frase de Lacan en el Seminario L'insu, en la clase "Palabras sobre la histeria", allí donde Lacan nos dice "que es la neutralidad del analista sino es justamente eso, esa subversión del sentido, a saber esa especie de aspiración no hacia lo real sino por lo real".

Esa frase aparece en el seminario después de que Lacan viene de separar, de dividir, lo verdadero de la estafa y esta frase me hizo pensar que puede haber una neutralidad lacaniana en el sentido positivo del término.

Por otra parte, María Inés Negri me señaló un artículo de Marco Focchi del que había hecho la traducción, y que trata justamente de la neutralidad. El artículo se titula "La morra china" Este texto me ha llevado por un lado a la lección del 19 de mayo de 1965, del seminario "Problemas cruciales del psicoanálisis y también al seminario L'insu donde Lacan retoma el juego de la morra, aunque bajo otras reglas.

Marco Focchi nos recuerda que Lacan tuvo la idea de pensar el espacio analítico a través del modelo del juego. Primero con la noción de intersubjetividad, presente en los años 50. En el seminario de "La Transferencia" abandona la noción de intersubjetividad y después de este viraje la teoría de los juegos desaparece como referencia en su discurso. Sin embargo va a volver a aparecer, de otro modo en "Problemas cruciales del psicoanálisis". En este seminario la teoría de los juegos no es ya una estructura donde dos sujetos juegan la partida, uno contra el otro, es más bien el enlace de dos estrategias sostenidas por agentes que juegan con el mismo objetivo: la cura.

En la lección del 19 de mayo de 1965, de Problemas cruciales Lacan comienza jugando a la morra china. En la morra china, piedra, papel y tijera se combinan con una relación no jerarquizada: la piedra es envuelta por el papel, el papel es cortado por la tijera, la tijera es desafilada por la piedra y esto es circular. Pero en lugar de piedra, papel y tijera Lacan va a poner otros términos: saber, sujeto y sexo. El sujeto está indeterminado en cuanto al saber, el saber tiene un punto de detención frente al sexo, el sexo otorga al sujeto una certeza que lo determina. Pero también tenemos aquí una posición de dominio que va a rotar : El sujeto está subordinado al saber, el saber está subordinado al sexo, el sexo está subordinado al sujeto y ninguna posición domina a las otras. Sin embargo la morra china lacaniana interrumpe la circularidad porque lo que queda afuera es el sexo. La realidad sexual es considerada como inaccesible, punto en el cual se define como imposible. Por lo tanto el sexo queda afuera y el juego se define entre el sujeto y el saber. Ya no se trata de una teoría de los juegos que funda la intersubjetividad, ni del lugar del Otro con mayúscula que es el lugar del muerto y que ubica lo simbólico.

Se trata de lo real del sexo como imposible. De la realidad sexual como inaccesible al saber. Es lo que Lacan denominará más adelante "no hay relación sexual".

Años más tarde, el amor tomará el lugar de la relación sexual que no hay, cosa que está desarrollada, por ejemplo en L'insu donde Lacan vuelve al juego de la morra, aunque bajo otra forma.

Marco Focchi separa en este trabajo la neutralidad de la abstinencia.

La regla de abstinencia para Freud indica que no hay que ofrecer ningún sustituto, cosa que el deseo siga funcionando, como motor, pero Freud aún espera que el sujeto pueda arribar a una "efectiva satisfacción" tal como lo dice en "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia". En cambio para Lacan no se va a tratar de la satisfacción. La regla de abstinencia apunta a dos cuestiones: por un lado no hay relación sexual y esta es una condición universal. Por otro lado se trata de hacer aparecer la incidencia específica y particular que tuvo para cada uno la ausencia de relación sexual.

Se trata entonces de usar el saber para tocar lo imposible de saber.

La verdad está en el decir sobre el sexo y es por ello que es imposible nos dice Lacan en Problemas cruciales. Todo saber se instituye entonces en un horror insuperable a la mirada de ese lugar donde yace el secreto del sexo (horror ante el goce de la castración).

Y dice también Lacan en esta clase del 19/05/65; que en tanto no hay solución al hecho de que la realidad sexual es inaccesible al saber, el analista debe llevar al analizante a su fantasma original y eso, dice textualmente Lacan, "eso no es enseñarle nada, es aprender de él como hacerlo"...

Es decir no es que al paciente le es dictado el deseo del analista sino que el analista se hace el deseo del paciente.

Ahora bien, recordarán que empecé con la cita de L'insu que parece hablar de la neutralidad del analista en un sentido positivo, ya que la neutralidad del analista es esa especie de aspiración no hacia lo real, sino por lo real.

He encontrado un modo de entender que quiere decir esa neutralidad como aspiración por lo real. Y es en el sentido en que Eric Laurent, aunando en una conferencia que dio en Buenos Aires, en el '99, aunando en esa conferencia el texto Lituraterre de Lacan con la lectura del testimonio de François Cheng titulado "Lacan en lo cotidiano", es decir Eric Laurent aunando el escrito Lituraterre y el testimonio de François Cheng, dio una conferencia en septiembre del '99 en Buenos Aires, que está publicada en el Caldero Nº 74 bajo el título "El tao del psicoanalista" .He leído otro texto de François Cheng titulado "Lacan y el pensamiento chino".

Este texto de François Cheng está publicado en un librito de l'Ecole de la Cause que se titula "Lacan el escrito, la imagen.." El otro texto de François Cheng "El doctor Lacan en lo cotidiano" está publicado en el Uno por Uno Nº25 del año 1992.

He encontrado entonces, que podríamos llamar neutralidad lacaniana, al Tao del psicoanalista, es decir la vía del psicoanalista, ya que en chino Tao quiere decir "vía".

Se trataría entonces de la vía del psicoanalista que se dirige a lo real.

Eric Laurent ubica el texto Lituraterre de Lacan, en relación al viaje del que nos habla Lacan al comienzo de este texto. Lacan regresa del Japón, pero nos dice Eric Laurent que eso más bien quiere decir que Lacan regresa no tanto de un viaje al Japón sino de un viaje a otra relación con la escritura, de un viaje por la escritura china.

François Cheng entre los años 69 y 73 tuvo con Lacan una serie de conversaciones, una vez por semana, sobre los clásicos de la literatura china.

François Cheng en su texto "Lacan y el pensamiento chino", nos comenta acerca de las obras chinas que leyeron juntos. La primera obra "El libro de la vía y su virtud" es atribuida a Lao-Tsé, el fundador del taoísmo. El Tao designa el vacío original de donde emana el soplo primordial que es el Uno. El Uno se divide en dos soplos vitales que son el Yin y el Yang. El Yang concierne al principio de la fuerza activa y el Yin concierne a la dulzura receptiva.

El soplo del vacío central es mediador con respecto al Yin y al Yang, quienes sin este vacío central se plantarían cada uno por su lado en una actitud de reserva, mientras que, con la intervención del vacío central, los dos partenaires entran en un campo a la vez abierto, distanciado e interactivo.

El segundo filósofo que Lacan leyó con Cheng es Mencio y se trata del confusianismo. Cheng aclara que el confusianismo le da más valor a la palabra que el taoísmo.

Los taoístas desconfían de la palabra humana. Pero los confusianistas creen en la palabra como instrumento indispensable.

Entonces tenemos por un lado el vacío central del pensamiento taoísta, y el poder de la palabra en Mencio (o Meng-Tsé)

El tercer libro que Lacan trabajó con Cheng es el libro de Shitao, que no es filósofo sino un pintor. Y ¿Por qué la pintura?

Para Shitao, el trazo que es del orden pictórico, es el equivalente del soplo vital de los taoístas.

En China, la expresión monte-agua significa pintura del paisaje.

Así es que Lacan en su vuelo sobre Siberia hace alusión a la caligrafía china.

Es decir que Lacan une el trazo unario de Shitao con el soplo vital del Tao. El Tao es el concepto chino que por un lado señala el camino, la vía, pero también es el vacío.

Cheng nos propone con Lacan no pensar el Tao como en una oposición dual entre el Yin y el Yang sino como un sistema de tres. Es decir lo que hace tres es la intervención del vacío mediador. Este vacío está delimitado por la escritura misma, por el litoral que es marca de la pérdida de goce.

Cheng escribió en el '73 su primer libro sobre la poesía china. Lo publicó en 1977 y Lacan lo invitó en ese momento a pasar una tarde con él y Cheng nos recuerda la frase que Lacan le dijo cuando lo acompañaba a la salida: "Querido Cheng, usted ha conocido una serie de rupturas en su vida, usted sabrá transformar esas rupturas en vacío mediador actuando, lo que le va a permitir relanzar su presente a su pasado y al final Ud. estará en su tiempo". Si bien Cheng no era analizante de Lacan, podemos tomar esa frase como una interpretación. Lo que nos dice esta interpretación, nos subraya Eric Laurent, es que se trata de saber hacer con la huella del objeto perdido.

Se trata de que el sujeto pueda inscribir el goce perdido y enlazar los momentos en los cuales el goce se separa de todo saber posible.

Es otra versión de lo que Lacan en "Problemas cruciales" planteaba como no hay saber sobre el sexo. Aquí es el goce el que se separa del saber. El psicoanalista, debe poder hacer con esas rupturas, con eso que no se puede decir en palabras, porque no hay palabras para decir la huella del objeto perdido.

Si hay una neutralidad posible para el analista lacaniano, se trata de encarnar ese vacío mediador. Es un vacío mediador que no es neutro en el sentido en que comúnmente pensamos lo neutro, no se trata como dice Cheng de "la tierra de nadie". Es la aspiración por lo real. El vacío central es un vacío vivificante que transforma al sujeto en proyecto.

La vía del psicoanalista, el Tao del psicoanalista tiene que permitirle hacer actuar a este vacío central, este vacío mediador, que permita al sujeto soportar las significaciones más dolorosas que haya tenido que soportar. Se trata del vacío mediador, que Lacan comenta en Lituraterre, lo cito "Entre centro y ausencia, entre saber y goce, hay litoral que sólo vira a lo literal para que ese viraje puedan ustedes tomarlo igual en todo momento. Es sólo por eso que pueden ustedes considerarse como agentes que lo sostienen".

La morra lacaniana no considera que saber, sexo y sujeto pueden intercambiar su dominio de un modo circular.

El sujeto debe soportar que no hay saber sobre el sexo, que saber y goce se separan radicalmente. Para soportar esa separación radical el analista debe representar ese vacío mediador actuando.

Lacan interroga a Cheng sobre como Lao-Tsé pudo vivir con conceptos tan opuestos como el puro hacer y el puro hablar. Ya que la palabra Tao que quiere decir vía, también quiere decir hablar. El Tao significa entonces un orden de la vida a la vez que un orden de la palabra, o por mejor decir, del hablar. El término Tao significa en chino a la vez el camino y el hablar en el sentido de la enunciación. El ejemplo es la imagen de un campesino, que abre un camino sobre la tierra trazando un surco en su campo. Abrir ese surco, es su manera de hacer, y su manera de hacer es su manera de explicar, de hablar.

Y este es el punto que interesó a Lacan en el taoísmo - ya que es un problema del psicoanálisis mismo, un problema crucial que Lacan nos recuerda muchas veces y de manera privilegiada en la clase de L'insu titulada "La estafa psicoanalítica". ¿Cómo acceder a lo real desde lo simbólico?

La respuesta que Cheng le da a Lacan sobre como pudo Lao - Tse vivir con dos conceptos tan opuestos como el Yin y el Yang, el actuar y el hablar, es que fue posible por la intervención del vacío mediador.

Este vacío está delimitado por la escritura misma, por el litoral imposible de franquear entre la huella de la pérdida que va a funcionar como marca del goce y lo que es posible inscribir dentro de la lengua.

Hay un momento en que saber hacer con la huella del objeto perdido es transformar activamente esa pérdida en anulación de las significaciones, pura dimensión de escritura que permite inscribir el goce perdido.

La escritura no es la transcripción de palabras. Se trata de lo que aparece cuando no hay más representaciones posibles. El sujeto deberá encontrar su vía. Su modo de saber hacer con que no hay saber sobre el sexo, es decir con que saber y goce se separan radicalmente.

El tao del psicoanalista tiene que permitirle encarnar ese vacío central, que yo voy a llamar una neutralidad no neutra.

El trazo de Shitao no es representación del mundo, ya que como pintor chino no piensa que la pintura es representación. Piensa que la pintura es re-creación del mundo.

Cuando Lacan vuelve del Japón y su avión pasa sobre Siberia, lo que Lacan ve es una vista aérea sin ninguna huella de la actividad humana. Un desierto puro. Sólo desierto y agua.

Así Siberia es la huella de la no-representación, de lo que no se puede imaginar, ni representar. Y allí ve Lacan la dimensión del vacío central del Tao. Es el camino y es el vacío.

El analista tiene que encarnar ese vacío y que ese vacío se haga causa de que el sujeto encuentre su camino.

 
 
Bibliografía
J. Lacan Problemas cruciales para el psicoanálisis. 1965-1966 Inédito. Seminario 12.
J. Lacan L'insu que sait de l'une-bevue s'aile à mourre"(1). 1976/77- Inédito. Seminario 24.
Morra: juego que consiste en decir simultáneamente dos personas un número que no pase de diez, a la vez que, también ambas indican un número con los dedos de la mano. Si el número que dice una de ellas es igual a la suma indicada por ambas con los dedos de las manos, gana el que lo ha dicho (diccionario María Moliner)
J. Lacan Lituraterre (Suplemento de las Notas. Escuela Freudiana de Buenos Aires)
M. Focchi La morra lacaniana. Papers.
F.Cheng El doctor Lacan en lo cotidiano. Uno por Uno Nº 25,1992.

Lacan y el pensamiento chino.Lacan: L'ecrit, l'image, Champs Flammarion, 2000.

E.Laurent El tao del psicoanalista, El Caldero Nº 74, diciembre,1999
J.Aramburu El deseo del analista, El rasgo unario y el objeto. Editorial Tres Haches, 2000