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Nuevos lazos familiares

Por María Inés Negri

Si, ya desde la época de Freud, la declinación del padre es un hecho, al punto que lo llevó a hacer de él un mito, en la civilización contemporánea asistimos a la declinación cada vez mayor no solo de la figura del padre sino de la función paterna como tal. Función del padre que ordena, pacifica y permite que el ser hablante se oriente.

Cómo podemos pensar hoy ¿qué es lo irreparable de la carencia del padre? O ¿cómo los niños que la han padecido se orientarán hacia el otro sexo? ¿Cómo podrán asumir una posición sexuada, cuando la brújula del deseo del padre, la père-version no entra en juego?

Toda la conceptualización de Lacan de la función de la madre y de la del padre a lo largo de su enseñanza la hace tomando como punto pivote la asunción del sexo, condición que abre a la posibilidad de abordar la maternidad en el caso de una mujer y la paternidad para un hombre. Solo a partir de la asunción de la diferencia sexual esto puede lograrse.

La eliminación de la relación sexual en los asuntos del parentesco, esto es la parentalidad, caracteriza nuestra modernidad y define el campo de lo que es rechazado hoy.

La definición misma de la parentalidad, se plantea más allá de la diferencia de los sexos, de la diferencia hombre-mujer, de la diferencia padre-madre.

Trataré en un breve recorrido, de señalar los interrogantes y desafíos a los que nos vemos enfrentados, en tanto la civilización contemporánea intenta borrar esta diferencia.

Propongo escandir tres momentos en la enseñanza de Lacan que van "del deseo de la madre al deseo del padre", para luego abordar la innovación que introduce la "parentalidad".

1) Nombre del Padre y Deseo de la Madre
Primer momento, el de la metáfora paterna, momento en que el Nombre del Padre viene a metaforizar el Deseo de la Madre. Deseo caprichoso, arbitrario e insaciable, es pacificado por el Nombre del Padre, al articular el deseo a la ley. El resultado de dicha sustitución es la significación fálica que regirá la vida sexual tanto del varón como la de la niña.

Con esto Lacan reemplaza el padre freudiano por el concepto Nombre del Padre. Es decir realiza una operación lingüística sobre la estructura clínica del Edipo freudiano.

2) Pluralización de los Nombres del Padre. El deseo del Padre
En la única clase del seminario inexistente Lacan hace un viraje y va a hablar de "los Nombres del padre", en plural; el padre deja de ser el padre muerto, función simbólica enraizada en la religión. Si habla del sacrificio de Abraham en esta clase, justamente cuando quiere separar el nombre del padre de raíz religiosa, en su pluralizaciòn, es porque el acto de Abraham pone de manifiesto que su angustia a la que Kierkegaard hace referencia es el signo de una hiancia, y en esa hiancia se anida el deseo del padre.

En 1969 en su texto "Dos notas sobre el niño" avanza sobre el lugar del padre y de la madre para decir que "la función de residuo que sostiene (y al mismo tiempo mantiene) la familia conyugal en la evolución de la sociedad, resalta lo irreductible de una transmisión […] que es la constitución subjetiva, que implica la relación a un deseo que no sea anónimo". Es decir que pone el acento en que el niño se constituye como sujeto en una referencia a un deseo que no tiene que ser sin nombre, anónimo.

Y agrega: "Las funciones del padre y de la madre se juegan según una tal necesidad. La de la madre: en tanto sus cuidados están signados por un interés particularizado, así sea por la vía de sus propias carencias. La del padre: en tanto que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo"

Captar la particularidad del niño no en relación al ideal materno sino en la forma en que fue objeto para la madre. Una madre es necesaria en tanto hace obstáculo a la madre ideal.

Y cuando habla del deseo del padre, como un deseo encarnado, también abre la distancia con el padre ideal. En tanto subraya que la ley tiene que encarnarse en un deseo y no en un ideal.

El tercer momento en R.S.I. dirá "Un padre solo tiene derecho al respeto y al amor, si el respeto y amor está père-versement orientado, es decir, si hace de una mujer objeto a, causa de deseo, […] es decir que la causa de su deseo sea una mujer, a la que él, le ha dado hijos, y que a estos, lo quiera o no, les dé un cuidado paternal".

Aquí claramente el deseo del padre está articulado a una mujer, no como madre, sino como causa de su deseo. Será esto lo que permita a un hombre acceder a su función de padre.

3) El padre síntoma
Al final de su enseñanza, el padre instrumento, del que se puede prescindir a condición de haberse servido, abre ya la vía del padre como un síntoma que permite que significante y significado se abrochen, en la historia singular de un sujeto. Los avatares subjetivos devendrán de las falencias de dicho instrumento.

Si como Lacan nos enseña, el padre es una herramienta, un instrumento, del que hay que hacer uso para poder prescindir de él, el mundo actual nos muestra la falta de ese instrumento. Herramienta que permite armar un tejido de significaciones.

A todo lo largo de su enseñanza Lacan piensa tanto a la madre como al padre, como función. La del padre ligada a la nominación, la de la madre ligada a los cuidados.

La pluralización de los Nombres del Padre, en este momento es solidaria a su conceptualización del síntoma.

4) La parentalidad
Hoy en día, sin embargo, asistimos no a la pluralización sino a la fragmentación del Nombre del Padre. Como dice M.H. Brousse en su texto "Un neologismo de actualidad: la parentalidad", el "multiculturalismo", con la fragmentación que trae aparejada, empuja a modos de goce segregativos.

En este contexto surge un nuevo significante "parentalidad". Neologismo que intenta poner en suspenso al de "paternidad".

Parejas homosexuales, que acceden a la "parentalidad" ya sea por inseminación artificial, vía un banco de esperma, o a través de una donadora de óvulo o de una madre portadora, lo que abre también a la posibilidad de que la "parentalidad" abarque a cuatro sujetos. Así el abanico de posibilidades es amplio.

Si la novedad del descubrimiento del ADN trajo una supuesta tranquilidad en tanto el padre biológico podía determinarse, hoy se abre una nueva incertidumbre. ¿Quien es la madre? ¿La donadora del óvulo? ¿La portadora en su vientre del niño? Los legisladores no se ponen de acuerdo. Lo que trae consecuencias para el niño, pues es el legislador el que decide quien es la madre del niño.

La declinación del padre señalada por Lacan, conlleva que hoy la familia (lo parental) viene a reemplazar al padre y a la madre. Hay pues un borramiento de la diferencia entre funciones que hasta este momento estaban diferenciadas. En lugar de la diferencia entre el padre y la madre, se impone la equivalencia y la inter-cambiabilidad de los dos padres.

Al lugar de la diferencia sexual, viene a sustituirse lo que M.H. Brousse llama el mismizar (mêmeté).

La parentalidad implica que el padre sea sustituido por los pares o las pares. Se extiende con la noción de coparentalidad o monoparentalidad. La predicción de Lacan del ascenso de la segregación es correlativo a este borramiento de la diferencia: los mismos con los mismos.

Si el psicoanálisis trabajó para demostrar que la familia es el lugar de sustitución de lo biológico por lo simbólico, al definir al padre y a la madre como funciones; la familia que propone la parentalidad es una función que viene a reemplazar al padre y a la madre borrando el resto de real que aseguraba su diferencia. Confiado a la ciencia, lo real de la reproducción se encuentra separado de lo simbólico de la filiación.

Pero para alcanzar el significante "familia" o "parentalidad", como señale anteriormente, es necesario el objeto niño. Si la modernidad se define por el ascenso al cenit del objeto a, el niño es, desde hace mucho tiempo ya, un modo eminente de este objeto. Pero si antes era tomado en la preocupación por la descendencia y la transmisión del nombre, en la civilización actual su valor ha cambiado.

Es en esta coyuntura que los analistas tenemos que investigar e interrogarnos.

¿Cuáles serán los efectos del vacío dejado por el padre real, aquel que adviene padre por el deseo que lo anima, que vehiculiza una palabra encarnada, que transmite una filiación. Una palabra de la que el niño pueda apropiarse. La que le asegure sino una función de límite al menos una de nominación?

¿Cual es el lugar y el desafío del actuar del analista en esta nueva coyuntura? Es decir, si esta invención contemporánea promete la invención de nuevos modos de paternidad; las consecuencias habrá que verificarlas. En un futuro no tan lejano, a estos hijos de la "parentalidad" los escucharemos en los consultorios. Y el analista tendrá su deber ético. Tal como lo señala Lacan "Mejor pues renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época".[1]

 
 
Notas
1- Lacan J., "Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis", en Lectura estructuralista de Freud, México, siglo veintiuno editores, 1971, p. 138.
 
Bibliografía
Brousse M.-H., "Un neologismo de actualidad: la parentalidad, en Enlaces 11, Buenos Aires, Gramma, 2006.
Cottet S., "El padre pulverizado", en Virtualia 15, Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana, agosto 2006.