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Silvia Tendlarz desde su trabajo "Lo patológico de la Identificación" se interroga qué es lo normal y qué es lo patológico de la identificación. Para responder a esta pregunta realiza un recorrido por diferentes autores como Canguilhem quien en su texto "Lo normal y lo patológico" define ambos términos desde la historia biomédica planteando la norma como regla que unifica lo diverso y reabsorbe las diferencias, como el elemento disciplinario regulador de las relaciones sociales que corresponde a los ideales vigentes. En este sentido lo normal se opone a lo anormal, como negación lógica de la regla que normativiza y que exige su cumplimiento, y no a lo patológico.

Las identificaciones son constitutivas del sujeto, el recorrido de un análisis las examina e incide sobre ellas.

Se plantea el binomio identificación-patología, y tomará el curso de Miller junto a E.Laurent sobre "El Otro que no existe y sus comités de ética" en el cual se explica la crisis contemporánea de la identificación por la decadencia de la función del Ideal y la primacía del objeto plus de gozar sobre el Ideal . La figura del padre moderno humillado, la vacilación de las figuras de autoridad y el malestar relativo al significante Amo son modos de expresión de este declive del padre edípìco, ideal, correlativo al deslizamiento producido por Lacan en su enseñanza que va desde el ordenamiento simbólico del Nombre del Padre hacia la inexistencia del Otro, S(A) barrado, a la pluralización de los Nombres del Padre, la multiplicación de los S1, permitiendo que distintos términos ocupen su lugar, incluso el objeto a. La desaparición de la garantía del Otro abre a la inclusión de los discursos formalizados por Lacan y el lazo social.

El Ideal es una respuesta a la división del sujeto, tornándose su identificación primaria, como lo más singular de cada sujeto, sobre la cual se sostienen las identificaciones imaginarias edípicas.

Frente a esta pluralidad de identificaciones se pregunta cómo se orienta el lazo familiar y social, el cual ya no se sostiene en la supuesta normalidad de la ideología imperante en los siglos XIX y XX, sino en las "verdades científicas" que proponen las evaluaciones estadísticas.

¿Cuáles son las diversidades patológicas en este sentido?

La multiplicación identificatoria contemporánea, los estilos de goce reivindicados en su diversidad constituyen nuevas comunidades alternativas al tiempo que generan intolerancia y segregación.

¿Qué sucede cuando la identificación al líder desaparece, cuando el Otro se vuelve inconsistente? ¿Qué sucede con las identificaciones del para todos?

La multiplicidad identificatoria no pacifica la crueldad, el racismo, que se creían fruto de los ideales de otras épocas.

El recorrido avanza por la incidencia de la ciencia en los lazos familiares. Lo introduce así: la ciencia cree en "la madre", al punto que las multiplica. Se refiere a la pluralización de las madres: madre gestante, madre genética, madre social, lo cual abre a la pregunta de ¿quién es la madre? la mujer que aporta el útero, la biológica de la que se obtiene el óvulo o la que adopta. Esto plantea el problema de la inclusión del cuerpo y sus órganos en el mercado de consumo, que como nos recuerda Silvia, enmascara el punto central que es el deseo de un hijo, tal como Lacan lo anticipara.

Estas multiplicaciones excluyen el padecimiento de los sujetos involucrados.

El intento reduccionista de la paternidad a lo genético (exámenes de ADN) por parte de la ciencia para determinar la filiación no alcanza para responder a la pregunta sobre el padre. Qué vuelve a un hombre padre de un niño, la ciencia no alcanza a responder a eso por más acción sobre lo real de la procreación que tenga. Se trata de tomar a una mujer como causa de su deseo y volverse responsable de ese niño. La versión de qué fue un padre para ese hijo no puede aprehenderse más que uno por uno en el curso de un análisis.

Las nuevas formas de parentalidad enmascaran el verdadero punto de impasse que es el tratamiento de la falta de relación sexual, la falta del ideal que ordene la relación entre los sexos.

Se multiplican, cambian las formas, las vestiduras pero el malestar en la vida amorosa es la expresión de esa falta.

La declinación de los significantes amos también inciden en el surgimiento de fenómenos que escapan a las clasificaciones diagnósticas clásicas utilizadas en el psicoanálisis.

Para finalizar Silvia Tendlarz nos invita a reflexionar sobre lo que surge al final del curso de "El Otro que no existe...", el cual desemboca en la clínica del partenaire-síntoma y se pregunta si no serán las diversas presentaciones del partenaire como síntoma la vía para pensar nuestra época.

Concluye con lo siguiente: las patologías en los lazos familiares y sociales no alude a una nueva forma de enfermedad opuesta a la normalidad del Ideal, sino que expresa sus vacilaciones, sus nuevas vestiduras y su desamparo.

En definitiva, el lazo con el otro no es sin temor y temblor y su diversidad debe examinarse de a uno.

Mauricio Tarrab nos propone desde el título de su trabajo "La identificación no es el destino" contrariar la afirmación freudiana que sostiene que el destino son los padres. Abre así a un cierto optimismo ya que sugiere que la marca del Otro, su determinación pueden ser torcidos a veces en un análisis.

Lo plantea de la siguiente manera: esa cárcel no está clausurada, prisioneros como somos hay una chance de salir de la prisión siempre y cuando cedamos ciertas posiciones libidinales y acertemos con la deducción lógica . Es a partir de los otros que se accederá a la salida. Señala así la dimensión social de la identificación .

Por un lado la condición de prisioneros de la identificación implica que cada uno está sujeto al destino que marca la operación por la que nos hemos identificado a algo que nos ha venido del Otro: una imagen, un rasgo, una marca, un goce. Es lo que indica su condición patológica, pero por otro lado la identificación es tan patológica como imprescindible.

La identificación es patológica ya que es una solución mortificante para el sujeto, pero imprescindible porque responde al vacío estructural.

Destaca el anuncio temprano de Lacan acerca del debilitamiento de la imago paterna, el valor predominante de lo social en desmedro del Nombre del Padre y su efecto en la subjetividad por venir.

Lacan pasa del mito del Padre a la estructura y aún más lejos al campo del goce, pero reserva para el Padre la función de nominación, perfilando lo que será su función radical.

Lacan ubicará al goce y lalengua en el punto de partida y tomará al Otro como un agujero. El Nombre del Padre suple esa inexistencia , lo cual conduce a su proliferación., ya que no es el único que puede cumplir su función.

Sitúa la relación novedosa entre el Nombre del Padre y la identificación que Lacan conceptualiza en "Los no incautos yerran" ,como el "nombrar para", función que puede sustituir al Nombre del Padre. Lacan reflexiona allí cómo lo social toma predominio de nudo; lo social es capaz de detentar ese poder de "nombrar para" al punto de restituir con ello un orden que es de hierro. Pero quedará del lado del sujeto consentir respecto de ese "nombrar para", es decir consentir identificarse a eso para lo que ha sido nombrado.

Lacan anticipa en eso el signo de una degeneración catastrófica.

Mauricio Tarrab destaca que el título de su trabajo implica también una manera de entender la dirección de la cura que avanza al compás de la caída de las identificaciones, de atravesar ese plano y finalmente ubicar una nueva identificación con el síntoma.

Señala además que entre lo que en el Otro se ofrece como rasgo, goce y la identificación a ese rasgo hay una operación del sujeto que toma, lo subraya, eventualmente tal rasgo. Toma ese rasgo del Otro para colmar su vacío y consiente de ese modo en ubicar su falta en ser bajo esa identificación. Vacío también colmado por la relación al objeto en el fantasma.

Hay la determinación de las identificaciones pero también hay una insondable decisión del sujeto que las consolida, y a partir de las cuales se trama una existencia, extrayendo de allí sentido y satisfacción.

Comenta el testimonio del pase de R. P. Vinciguerra para ilustrar lo que quiere decir que la identificación no es el destino.

Realiza una secuencia que va del síntoma: la conmemoración eterna de un duelo eternizado por el padre tempranamente muerto; la palabra de la madre "tu padre era un santo" que llena el silencio de esa muerte y que abre a la niña a una espiritualidad religiosa, cuya posición de ser una adoradora ferviente encubre imaginariamente la identificación al Padre muerto y mudo. Esta secuencia muestra el nudo de las identificaciones imaginarias y simbólicas que comandan su vida desde el punto de vista del Ideal.

Se destaca aquí la operación del sujeto de hacer girar su vida alrededor de esa frase, ese consentimiento, esa insondable decisión de haber fomentado eso, ubicado allí como un tapón de sentido, legible, para leer en su sentido lo que es ilegible.

Concluye que lo que queda es un síntoma sin su pathos: del Yhavé muerto y adorado y su consecuencia identificatoria y mortificante a hacer del síntoma un nombre del padre, dice: el síntoma fue mi tutor.

Finaliza citándola:"finalmente pude consentir con un hay viniendo del lugar de un había (il y avait) de su melancolía de siempre. Allí donde eso era...hay.

Nos invita entonces a pensar esta cita como un pasaje del consentimiento a una identificación al consentimiento, a la causa.

Karen Edelsztein