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La identificación no es el destino

Testimonio del Pase – 02.11.2006

Mauricio Tarrab

1. La identificación no es el destino
Para poner este testimonio en relación al tema de la Jornada , lo he llamado : La identificación no es el destino.

Decir esto es establecer cierta tensión con la afirmación freudiana que dice, respecto de las identificaciónes, que el destino son los padres.

Afirmar entonces que la identificación no es el destino, supone que aquello que hace un destino, no solo viene del reino del Nombre del Padre.

Por otra parte implica un cierto optimismo ya que es considerar que el peso del Otro, de su marca, de su determinación, pueden ser torcidos -a veces- en un psicoanálisis. Es así al fin de cuentas como consideramos la dirección de una cura clásicamente lacaniana, cuyo avance se marca al compás de la caida de las identificaciones .

Como mínimo es afirmar que esa cárcel no está clausurada. Prisioneros como somos hay una chance de salir de allí siempre y cuando, además de ceder ciertas posiciones libidinales, acertemos en dar con la deducicón lógica que nos permita obtener la salida, a partir de los otros. Esa es la dimensión social de la identificación, que Lacan pone de manifiesto al situar esa salida a partir de aquello que identifica a los otros y que ellos no saben de si mismos, como uno mismo no sabe hasta el final cual es el disco define su suerte. O para decirlo de otro modo, uno no sabe hasta el final cual es la letra de goce que sigue marcando su destino. Prisioneros como somos, cada uno está sujeto a las consecuencias de esa operación por la que nos hemos identificado a algo: una imagen, un rasgo, un goce.

En esta Jornada examinamos el pathos de la identificación ya que la identificación implica siempre un grado de mortificación. Sin embargo hay que recordar que Lacan plantea el aspecto necesario de la identificación , por ejemplo al advertir que si alguien no está identificado, está para encerrar. La identificación aloja el vacío del sujeto, tanto como metáfora subjetiva, como si la consideramos del lado de la relación al objeto en el fantasma.

Decir que la identificación no es el destino es afirmar que aquello que hace un destino y que un psicoanálisis llevado hasta el final debe cernir , son las huellas que han dejado los encuentros con un trozo de real. Huellas escritas en el cuerpo y en el Otro, asi como la lectura que el sujeto ha hecho de eso.

2. Para concluir el análisis…
Para concluir el análisis, luego de la construcción y el atravesamiento del fantasma, aún fue necesario recorrer un trayecto que permitiera ubicar el nucleo pulsional que se enmascara en la escena fantasmática .Ese recorrido no fue sin la certeza de la angustia.

Si bien la angustia me había acompañado antes y durante el análisis, para ese momento cercano al final había sido razonablemente conjurada. Su brutal entrada en escena que siguió al atravesamiento del fantasma fue completamente inesperada.

He mencionado extensamente en mi primer testimonio [1] las coordenadas de la cosntrucción del fantasma, momento, al que solo me referiré brevemente para situarlo:

El oportuno encuentro con el título de un libro que contenía una palabra en francés (souffle- soplo) cuya traducción desconocía y que me golpea, trae un recuerdo que precipita la construcción del fantasma.

Es el recuerdo de un episodio de la vida de mi Padre, quien en su infancia estuvo a punto de morir por una enfermedad pulmonar y que para recuperar el uso de sus pulmones debía inflar con su soplido la cámara de una pelota de fútbol.

Ser el soplo que le faltaba al Padre. La fórmula identifica el ser del sujeto y define el objeto.

Este soplo muestra como la lógica del Nombre del Padre retomó un primer soplo con el que la lengua materna había traumatizado al niño y que era una huella escrita en el cuerpo.

Alentar al Otro, soplar en el agujero del Otro era la matriz del fantasma donde se alojaba el ser del sujeto , que podía entonces construirse de un golpe.

La iluminación del fantasma permitía entonces situar el "soy eso" de una manera contundente. Pero mostraba también que además de la determinación de esa identificación, había existido una insondable decisión del sujeto implicado en ella, que se hacía entonces evidente. Una decisión: la de ser ese soplo, había dado consistencia a esa identificación de la que se había extraído sentido –casi todo el sentido posible- y satisfacción. Y se hacía completametne evidente como a partir de esa decisión se había tramado una existencia.

Destaco entonces no solo la identificación sino una decisión que la consolida.

Como lo dije en mi primer testimonio eso fue un deslumbramiento, pero no fue suficiente. Al menos no lo fue para mi. La radical conmoción de esa identificación hizo necesario afrontar todavía un contragolpe de angustia y un recrudecimiento impactante de los síntomas, ya sin la cobertura del fantasma.

El análisis tendría que hacerme reconocer todavía que detrás de su máscara el fantasma encubre el circuito pulsional, que se satisfacía de una manera desconocida aún. Fue un momento crucial y paradojico del análisis, al que solo aludí en mi primer testimonio, y del que voy a hablar ahora.

Sorpresivamente estaba muy angustiado. La evidencia de que el Otro no requería de mi aliento para existir, cuestionó el ser mismo del sujeto . Entre el deslumbramiento de la construcción y la irrupción desencadenada de la angustia está la evidencia de que el atravesamiento del fantasma había producido brutalmente una separación y me confrontaba a que en el lugar del Otro había un agujero. Esa era la evidencia correlativa a la caida de la identificación que sostenía su ser de gocesentido .

La angustia como signo daba cuenta allí, de que un real no había quedado cernido por ese saber. Ese real emergía sin velo, aún sin el velo del objeto, cuando el Otro se había vuelto un agujero. Es lo que afectaba al sujeto en el cuerpo como angustia.

Detrás de la pantalla iluminada del fantasma se abría entonces un desfiladero entre dos abismos: entre la desidentificación -consecuencia del atravesamiento del "soy eso"- y la evidencia de la inexistencia del Otro.

"¿Recuerdan el Gato de Chesire de Lewis Caroll que desaparece y del que queda solo su sonrisa?" pregunta J.A.Miller en su curso sobre el Otro que no existe. "Es lo que queda cuando el Otro desaparece".

Luego de tantas vueltas el análisis me había dejado frente a eso que queda cuando hasta la sonrisa del gato de Chesire también se desvanece.

De esa grieta surgía entonces la certeza indiscutible de la angustia. Pero la angustia, además se ser un signo de ese real era también ya una respuesta. Es como entiendo ahora porqué Lacan, en su seminario RSI, la define como una "nominación de lo real". La angustia es signo de lo real, pero es además el afecto que nombra lo innombrable.

La segunda respuesta fue más previsible,identificactoria, clásica por así decirlo: de pronto volvía a sentirme un huérfano. El edificio del sentido parecía volverse a construir. Como consecuencia,la increencia en todo lo hecho hasta allí en el análisis, y el esceptisismo feroz frente a lo obtenido en términos de un saber que se revelaba inutil, me atormentaban y eran un cruel contraste respecto del relámpago de saber. Me preguntaba si eso debía ser así…

Es decir me preguntaba si a todos les pasaba lo mismo frente a ese punto. Se me presentaba de hecho la tensión entre lo universal y lo singular de la experiencia. La tensión entre "las cosas deben ser así" que sería la regla supuesta -si existiera- del atravesamiento del fantasma y el "así es para mi" de la experiencia singular [2]. Fuera como fuera, se mostraba descarnadamente la paradoja de pasar de la certidumbre que da la construcción del fantasma, a la certeza de la angustia.

El retorno de la orfandad era una manera "clásica" en mi de nombrar ese vacío. Fue una respuesta "lógica","identificatoria" al agujero que me tragaba.Habría otras respuestas imprescindibles, algunas precarias, otras más eficaces. Respuestas viejas y nuevas, del sujeto, de lo real y del cuerpo.

Cuando estaba a punto de salir…lo único que quería era volver a entrar!!

Cuestiones ineludibles hacían que debiera esperar aún algunos meses para encontrarme con el analista, en Bruselas. Con una corta frase en el correo electrónico el analista me alienta : "Bruselas está cerca" , dice, para mi desaliento.

El temido derrumbe del Otro había caido sobre el sujeto que se extenuaba aferrándose a lo que podía. Como era el tiempo del primer Comité de Acción al que pertenecía, me comprometí en un esfuerzo descomunal por alentar ese navío que se sacudía, tan desorientado como yo , y que amenazaba naufragar. Escribí en el término de dos meses ocho textos para ser publicados, trabajé día y noche hasta la extenuación. No hay que confundirse, no se trataba de las consecuencias de un deseo decidido. Era la manera desesperada de asegurar una identificación y un lazo. Era, para decirlo como lo hace Lacan en el Seminario de la Angustia, un intento de "capturar al Otro en la red del deseo".

En ese tembladeral mi partenaire fue lo único que se mantuvo firme y me sostuvo. Esa fue mi temporada en el infierno.

3. La interpretación y la solución de la angustia
El reencuentro con el analista no moderó la angustia de inmediato. En una de esas sesiones hablo de todo lo que he tenido que trabajar en ese tiempo por las demandas institucionales que tenía , a pesar del estado en que me encontraba. El analista interrumpe la queja diciendo:

- ud siempre me dice "es el deseo del Otro, es el deseo del Otro".Pero no reconoce aún detrás de esa máscara su propio deseo .

y me despide.

Salgo de allí furioso. Encima de lo que me pasa este hombre no escucha lo que vine a decirle: no escucha que a pesar de todo por lo que he pasado,he puesto mi deseo en juego. Sorprendentemente mientras muerdo con bronca el enigma de la interpretación, me desangustio.

La interpretación tiene dos aspectos sobre los que me detendré por los efectos disímiles que tuvo:

En primer lugar lo que la interpretación dice :

- ud siempre me dice "es el deseo del Otro, es el deseo del Otro".Pero no reconoce aún detrás de esa máscara su propio deseo .

La interpretación se liga a un recuerdo inesperado que me da la clave de la cuestión. Es el recuerdo de un trágico suceso donde sucesivamente habían muerto primero un padre y luego un hijo. Yo mismo había interpretado ese suceso en la ocasión, como el efecto de un deseo mortífero detrás del amor . Yo había dicho: el padre (lo amaba tanto que) se lo llevó a la tumba.

Mi propia interpretación me confrontaba ahora al reverso de la matriz del fantasma.

Ser el soplo del Otro sostenía el cuento del amor,el altruismo y el sacrificio por ese Otro y daba consistencia al ser del sujeto. Pero ahora, una vez atravesado ese marco se hacía evidente que detrás de esa máscara el fantasma encubría el circuito pulsional que se satisfacía reteniendo al Otro, haciendo del Otro un agujero donde soplar.

Retener al Otro para alentarlo exige su castración,su falta, aún su sufrimiento. El cuento altruista encontraba entonces su reverso: no es que el otro se derrumba y requiere el aliento, sino que se retiene al Otro para asegurar ese ser de gocesentido que el fantasma aseguraba y en el que se satisfacía la pulsión.

Se ve entonces el agujero que se abre cuando se atraviesa esa identificación y ya el Otro no funciona asegurando el egoismo del goce. Y cuando el objeto mismo no cumple ya su función de mediación.

Ese egoismo del goce puede ser estragante para quien ocupe el lugar al que es así convocado. Porque te amo, te mutilo… El horror de reconocerse ahí, en ese goce que podía tocar todos los lazos desde el amor al sexual, me separa de eso. Como ya lo dije en mi primer testimonio, la miel del fantasma se vuelve entonces repugnante. Se separa el goce de la significación, eso drena ese goce,lo vacía,deja solo la significación que entonces cae…

Pero la interpretación tuvo además el efecto de desangustiarme ya no por lo que dijo, sino porque el analista dijo. El analista dijo y eso rearmó la escena analítica e hizo evidente el modo en que el objeto entraba en juego en la transferencia.

Más allá del saber, más allá del amor transferencial se delineaba ahora como se anudaban allí en la transferencia, el soplo, la palabra y algo mudo.

El referente se muestra entonces en la dialéctica entre el silencio,el soplo y lo mudo; entre la maestría de la palabra y sus tropiezos, donde lo indecible de la angustia se hacía presente. Es lo que había quedado bruscamente, por así decirlo como una pieza suelta, cuya extracción del Otro le había hecho perder su función de mediación y que recién ahora el sujeto podría decidir adonde colocar. En todo caso, esa extracción obligaba a hacerse cargo de que ya la causa no estaba en el Otro.

Hacerse escuchar por el analista había sido un modo de atravesar cada vez, de desprenderse cada vez, en cada sesión, de ese objeto que me enmudecía, mientras invocaba al Otro en el baile de máscaras de la transferencia. Y era también mi maniobra para retenerlo.

El romance analítico había sido hacerse escuchar, para evitar que en el silencio apareciera el agujero mudo que el objeto como semblante, vela.

Se abriría entonces el último tramo del análisis, necesario para que la extracción del objeto y la separación del analista no deviniera en sacrificio, ni en orfandad, ni en angustia.

4. El soplo y la voz
He destacado un deslizamiento del objeto entre el soplo y la voz. Eso , hasta donde he podido situarlo, se deriva de una cierta vecindad entre la voz y la respiración.

El temprano objeto de la angustia infantil había sido la música. El volumen de la música apresaba el cuerpo. O para decirlo de otro modo : la música de la angustia hacía resonar el cuerpo.

Lacan explica en el seminario Los problemas cruciales del psicoanálisis -en su clase del 3/2/65- que hay dos bocas. Está la boca de la demanda oral y además está la boca ligada a lo invocante. Cada una de estas dos bocas indican de una manera diferente el margen entre el cuerpo y el inconsciente.

La vecindad entre la voz y la respiracion puede entre otros muchos lugares , ubicarse en el Semianrio XVIII a propósito del canto. Allí describe la necesidad de cierta sinergia entre la colocación de la voz y la respiración que la soporta. Para mencionar solo otra referencia daré un ejemplo que me hizo saber hace poco tiempo una amiga, a quien su profesora de violín le decía que para tener ritmo hay que respirar!.

En el seminario XVII Lacan formula un neologismo nombrar los objetos de la tecnología: las "letosas". Juega allí con la cercanía sonora entre letosa y ventosa y dice: "ahí adentro hay viento, el viento de la voz humana".

En el seminario de la Angustia Lacan ubica la función mediadora del objeto de un modo que como podrán apreciar me conviene, y que hizo conocer una colega [3] luego de escuchar mi primer testimonio: "[en una flauta] el vacío que está en el corazón del tubo acústico impone su exigencia a lo que puede resonar allí, [es decir], lo que se llama un soplo, el a en cuestión funciona aquí en una real función de mediación"

En esa vecindad es que sitúo el delizamiento del objeto. De una lado el soplo y la palabra soportadas por la respiración que pasa. Del otro lado el enmudecimiento que cierra la boca en el goce pulsional y alrededor de cuyo vacío resuena la voz. Para Lacan la voz no resuena en un vacío espacial. Resuena, dice, en el vacío del Otro en cuanto tal. Leo ese "en cuanto tal" como el agujero de su inexistencia, lo que denota el estatuto de semblante del objeto pequeño a.

En ese límite, el objeto como semblante, se desliza entre el cuerpo y el Otro, entre la sonoridad y el sentido.

5. La solución a la angustia y el sinthoma
Superada la conmoción de este momento crucial del análisis que he relatado, la solución de la angustia inauguró el trayecto final del análisis que va del atravesamiento del fantasma al sinthome. Además se anunciaba lo que luego tuvo su confirmación: la instalación de un nuevo régimen de goce, ya fuera del régimen del fantasma, donde se anudan de otro modo el objeto de la pulsión y el real que se aisla, así como el Otro y el partenaire.

Ese trayecto requirió su tiempo,aún adentro y luego fuera del análisis.Un tiempo necesario para que eso tenga consecuencias en la vida.Un tiempo para hacerse a la huella que hasta ahí se ha trazado.

La solución a la angustia hizo posible otro tratamiento de lo incurable del sinthoma. Otro tratamiento quiere decir que la reducción del síntoma introdujo allí un cierto desplazamiento que supone no estar a expensas del agujero que se abre frente a la inexistencia del Otro. Ni a expensas de esa interpretación de ese agujero, a la que llamamos con Lacan "el deseo del Otro".

Eso supone poder recuperar y servirse de otro modo del objeto y del síntoma. Lo formulé en mi primer testimonio a propósito de ese último real que queda como reverso del soplo formulándolo como una pausa, un intervalo, un NO precipitarse en ese agujero del Otro para colmarlo con el soplo.

Hace algunos días, en Málaga, Eric hizo un comentario sobre este punto de mi testimonio diciendo que eso mostraba un "no ceder a la tentación de responder a la seducción de la voz del Otro, siendo por ejemplo "el buen médico" con ese soplo". Es un comentario que tiene la virtud de mostrar claramente la cuestión , pero además da en el blanco -y esto él lo desconocía- respecto de que esa había sido justamente mi primera elección profesional.

Eso supone por otra parte mantenerse a cierta distancia del Sínthoma. Aún del sínthoma reducido a un signo que queda al final.Esa es a mi juicio la condición imprescindible para usarlo.

Se puede pensar también como una separación, respecto de lo que inevitablemente tiene de patológico toda identificación. Allí adonde habla de la identificación al síntoma Lacan dice, que con eso hay que tomar ciertas garantías.

El análisis terminó por dar otro tratamiento a esa huella incurable y a sus consecuencias, que había fijado un destino.

 
 
Notas
1- M.Tarrab Y el soplo se vuelve signo .Revista Lacaniana de Psicoanálisis . Ed.Grama 2006.
2- J.A.Miller – Eric Laurent El Otro que no existe y sus comités de ética.
3- Graciela Musachi.