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El pase en perspectiva

Por Ana Ruth Najles

El horizonte del pase en el psicoanálisis aplicado [*]
Nuestra época, en efecto, está tomada por  un movimiento -en continua aceleración- de desmaterialización vertiginosa que llega a rodear de una aureola de angustia la cuestión de lo real. Esta época es aquella en la que lo real, o más bien, el sentido de lo real se volvió un problema............
.................. Pero, además, el uso de los semblantes es vano, inoperante e incluso profundamente nocivo si se hace el impás sobre el real del que se trata. Hay real en la experiencia analítica".
Jacques-Alain Miller [1]

Quiero recordar que ya en 1964, en el Acta de Fundación de la Escuela freudiana de París, J. Lacan alojaba en el centro de sus preocupaciones al psicoanálisis aplicado a la terapéutica, junto por su interés primordial por el psicoanálisis puro en tanto éste daba cuenta de la producción misma del psicoanalista más allá –o más acá- de cualquier efecto terapéutico.

Acerca de la experiencia
La singularidad de lo que a partir de Jacques Lacan llamamos ‘experiencia psicoanalítica’, se recorta en el universo de las así denominadas prácticas psicoterapéuticas, en tanto prácticas de la palabra -y el discurso.

Ya desde la Antigüedad, la experiencia podía diferenciarse según fuera interior o exterior. Es así, que la experiencia interior terminó transformándose en lo que conocemos como ‘psicológica’, mientras que la exterior se remitía, con diferentes matices, a la aprehensión de los objetos del mundo, vale decir, de la ‘realidad’.

Si los filósofos de hoy pueden afirmar con Lacan que el mundo global (que podemos considerar como la última versión de ‘realidad’ que nos procuró la ideología científica hasta ahora) se caracteriza por la desaparición de la dimensión de la experiencia, esto no va sin la invención de la cura analítica como ‘experiencia de lo real’, tal como lo puede leer para nosotros Jacques-Alain Miller [2] en la culminación de la enseñanza de Jacques Lacan. Si para Lacan [3] fue el nacimiento de la ciencia moderna -con la búsqueda de certeza que la caracteriza- lo que desplazó a la experiencia fuera del hombre, la promoción por parte del capitalismo de la producción técnica de objetos para complementar la hiancia propia del ser del hablante, da cuenta para él del hecho de que el conocimiento y la experiencia se superpongan y se refieran ambos a un solo sujeto: el de la conciencia, es decir, el del cogito cartesiano.

Ya S. Freud había situado la característica esencial del deseo humano -la insatisfacción- a partir de la castración, nombre originario de lo que J.Lacan tradujo al final de su enseñanza como el no hay que caracteriza a la relación -como tal sexual- en el mundo de los seres hablantes, es decir, gozantes.

Es por ello que la ‘experiencia analítica’ viene a suplir por medio de la creación de un lazo social de dos la relación -sexual, vale decir, natural- que no existe; o sea, que esta experiencia ‘artificial’ promueve la constitución bajo transferencia de los lazos sociales posibles a partir de los discursos, que en cuanto tales, pueden ser considerados como aquello que si hay en el lugar de dicha inexistencia.

Pero lo que nos interesa acá es la cuestión del producto de la experiencia analítica y su evaluación. Ni S.Freud ni sus discípulos pudieron dar respuesta a esta cuestión, que es, sin duda, la que separa las aguas en el mar de las prácticas ‘psi’.

Fue Jacques Lacan el que planteó en primer lugar [4] que el producto de dicha experiencia - conducida hasta su fin lógico- es un analizado, a quien caracterizó -como lo señala Miller [5]- como el analista por excelencia, el que llegado a ese punto se ofrece como objeto para que -por su intermedio- otros realicen esa misma experiencia que él ha llevado a cabo.

Pero, como lo afirmó el mismo Lacan, no basta con que alguien ‘diga’ haber realizado esa experiencia sino que se trata de que ése que atravesó la experiencia lo ‘demuestre’ a su comunidad. Vale decir, que se preste a dar pruebas ante otros -a quienes él reconoce un saber hacer respecto de dicha experiencia- los que serán responsables ante la comunidad no sólo de evaluar dicha aserción, sino de calificarla, es decir, de nominarla.

Jacques Lacan inventó un dispositivo para que esa demostración se efectúe; y a ese dispositivo lo llamó ‘dispositivo del pase’, dado que pase es el nombre que dio a ese procedimiento de verificación de la experiencia de advenimiento de lo que el llamó deseo del analista [6].

Sobre el deseo del analista
Si, como el mismo Lacan postula en la nota que dirigió a los italianos en el año 1974, el "analista es el desecho de la humanidad", es porque el Analista de la Escuela [AE] - tal la nominación que le otorga el cartel del pase a quien demuestre haber llevado a cabo esa experiencia de advenimiento del deseo del analista- se hace con lo desechado, con lo neutro, con lo segregado por el discurso del amo, es decir, por el discurso que rige a toda institución en cuanto tal -incluída la analítica.

De modo que este trabajo postula que el dispositivo del pase, con cada nominación de AE, interpreta no sólo al grupo analítico sino a la comunidad en su conjunto, ya que lo que se nomina es lo real, vale decir, el sinthome en tanto singularidad, o sea, lo que el ‘pasante’ hizo saber a la comunidad acerca de cómo supo arreglárselas con el goce particular (objeto plus de gozar) segregado por el discurso del amo.

Es por ello también que podemos postular que el discurso que rige al pase como dispositivo no es otro que el discurso analítico, que Lacan sitúa como envés del discurso del amo [7].

Esto nos llevará a concluir, entonces, que la institución analítica no puede existir sin el dispositivo del pase en tanto éste pone en acto el discurso analítico en la comunidad, constituyendo el envés que sostiene su trama.

Y por la misma razón podemos decir que el psicoanálisis aplicado a la terapéutica no existe sin el horizonte del pase en tanto dispositivo que verifica que hay allí analista.

El misterio de la vida
"La experiencia es el mysterion [el no-poder-decir] que todo hombre instituye por el hecho de tener una infancia" [8]

En el ‘dispositivo del pase’ se trata de que un pasante dé pruebas a la comunidad (pasadores, cartel) de que hubo pase de la posición de sufriente neurótico a la del analista.

¿Pero cómo se transmite esa experiencia? Podemos pensar que un AE es alguien que, en principio, sabe dar cuenta de los trayectos que lo condujeron de la creencia en el inconsciente, en un primer momento como sentido-casi-común, pasando por la confrontación con el jouis-sense particular, llegando a localizar el borde del agujero [objeto a-sexuado, lo neutro, lo vivo, lo real sin ley] que abriría el abismo de la ex-sistencia para el analista.

En los términos del último curso de Miller [9], podemos decir que el pase como fin del análisis es un movimiento que va del inconsciente transferencial al inconsciente real, expresión introducida por Lacan en su texto sobre el ‘esp del laps’[10].

Pero, por lo que decíamos más arriba, con esto no basta. Sino que, fundamentalmente, se trata de que el pasante sepa hacer sentir vívidamente a la comunidad -representada por el dispositivo: pasadores y cartel- cómo se ha localizado ‘singularmente’ respecto de ese agujero apropiándose, vale decir, haciendo uso de ese goce particular que había sido segregado por la institución del amo.

Podemos pensar con Miller que se trata aquí de la operación que J. Lacan [10] califica de hystorización (o sea, una historia histerizada), lo que supone que no se trata de una objetivación [11].

Es evidente que este saber hacer saber es vital para designar -ya que no definir- el deseo de Un analista.

En este punto es donde Miller sitúa el pase bis, como el movimiento que va del inconsciente real al inconsciente transferencial, teniendo en cuenta que se trata aquí de la transferencia al psicoanálisis y no de la transferencia hacia un psicoanalista cualquiera.

Podríamos decir que J. Lacan, al seguir al pie de la letra las indicaciones de S. Freud respecto de la neutralidad del analista y de la ‘regla de abstinencia’ -que es una de las figuras de dicha neutralidad- logró dar cuenta del Tao del analista [12]. Vale decir, de la experiencia necesaria para la producción de un analista y de su deseo, el ‘deseo del analista’ que, como tal, equivale a una función [f( )] [13] por medio del uso de un tercer término -ni uno ni otro- que Barthès con Blanchot denominan neutro y que J.A.Miller tematizó -en 1993 - como lo soso [14].

Pero, además, se trata de que un analista pueda ubicarse singularmente respecto de ese agujero [real] apropiándose de ese goce particular (lo neutro) segregado por el discurso del amo, para fabricar con eso su hystoria.

Como decíamos más arriba, el saber hacer saber será el índice -por imposible de definir- del deseo del analista que habrá tomado cuerpo en ese practicante ‘cualquiera’.

Como lo dice Maurice Blanchot, "La búsqueda - la poesía, el pensamiento- se relaciona a lo desconocido como desconocido........por esta relación hay ‘presencia’ de lo desconocido.........lo desconocido no será revelado sino indicado.........Lo desconocido como neutro supone una relación ajena a toda exigencia de identidad y unidad......sería en el habla -en ese intervalo que es el habla- donde lo desconocido se indicaría a nosotros tal como es: separado, extranjero, extraño[15]"(lo éxtimo lacaniano). La alteridad, el afuera, la distancia infinita, el vacío, son otros tantos términos que Blanchot en el libro al que nos estamos refiriendo toma como indicadores de lo neutro.

Blanchot agrega que lo neutro es el "residuo inidentificable" que "está siempre allídonde no se ubica". "Y, sin embargo, todo encuentro [en nuestros términos, la contingencia que da lugar al lazo] -allí donde lo Otro,al surgir sorpresivamente, obliga al pensamiento a salir de sí mismo[es decir, del goce auto-erótico], como obliga al Ego a tropezar con la debilidad que lo constituye y contra la que se resguarda- ya está marcado, nimbado de neutro".

Podríamos concluir en primer lugar que la nominación de lo neutro o de lo soso, que precipita el fin del propio análisis es el medio de la operación del analista en cuanto tal: el dar lugar del acto analítico.

Es posible formular esta cuestión en los términos de Roland Barthès, quien llama "neutro a todo aquello que hace fracasar al paradigma" en cuanto resorte del sentido. De modo que para Barthès lo neutro es el "tercer término, término amorfo o grado cero" que "anula el binarismo implacable del paradigma", lo que equivale a decir que lo neutro esquiva el conflicto y que, además, es rechazo de todo dogmatismo.

Conviene recordar que algunas de las figuras de lo neutro -ya que lo neutro sólo se muestra, no se demuestra- que propone Barthès son el silencio -en sus vertientes de sileo y taceo [16]-, la benevolencia, la cólera, el kairos (ocasión), el no-actuar (abstinencia) [17].

Podemos plantear que, en su variedad de manifestaciones, el AE, en tanto forma de vida, vivifica a la institución social y, por lo tanto, a la institución analítica en cuanto tal.

En la retroacción, entonces, la experiencia psicoanalítica, incluso bajo las especies del psicoanálisis aplicado, extrae de dichas formas de vida su fundamento.

 
 
Notas
1- Jacques-Alain Miller, Curso de la Orientación lacaniana, 199-1997, L’Autre qui n’existe pas et ses Comités d’étique, inédito, curso del 20/11/96.
(N.de T. La traducción que he hecho de estos párrafos no ha sido revisada por el autor).
2- Jacques-Alain Miller, Curso de la Orientación lacaniana, 1998-1999, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Ed. Paidós, Buenos Aires, Septiembre de 2003.
3- J. Lacan, "Discurso de Clausura de las Jornadas sobre las psicosis en el niño", en Analiticón Nro 3, Correo/Paradiso, España.
4- J.Lacan, "Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela", en Momentos cruciales de la experiencia analítica, Buenos Aires, Manatial, 1987.
5- Idem 2. Pag. 17.
6- Idem 4.
7- J.Lacan, Seminario XVII, El revés del psicoanálisis, Edit. Paidós.
8- Giorgio Agamben, "Infancia e historia. Ensayo sobre la destrucción de la experiencia", en Infancia e historia, A. Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2001, pags. 71 y 89.
9- J.-A. Miller, Curso de la Sección Clínica de París, 2006-2007, clase Nº 6, inédito.
10- J. Lacan, "Préface à l’édition anglaise du Seminarie XI", Autres Ecrits, Seuil, Paris, 2001.
11- Idem (10)
12- Mónica Torres, ‘La Neutralidad lacaniana’, presentación realizada el 6-08-03 en la segunda Noche Preparatoria para las XII Jornadas Anuales de la EOL: "Más allá de la Neutralidad analítica".
13- Ana Ruth Najles, Una política del psicoanálisis -con niños-, vg.cap.XI, Plural Editores, La Paz, Bolivia, 1996.
14- J.A.Miller, "Cosas de familia en el inconsciente", Lapsus Nro 3.
15- Maurice Blanchot, "René Char y el pensamiento de lo neutro", en El diálogo inconcluso, Monte Avila Editores latinoamericana, Venezuela, 1996. (Textos escritos entre 1953 y 1956).
16- J.A. Miller, Silet, Curso inédito de la Sección Clínica de París, 1994/95.
17- Roland Barthès, Le Neutre. Notes du cours au Collège de France, 1977-1978, Seuil / IMEC. París. 2002.