En el presente Boletín, incluimos una interesante contribución de Raúl Vera Barros, quien se pregunta en relación al síntoma: ¿Social? Ubica cuestiones acerca del objeto, los modos de gozar, la incidencia de la ciencia y sus efectos en los modos de lazo social.
Héctor Tarditti, Rosario
El síntoma ¿social?
J.-A. Miller en El Otro que no existe... ubica las articulaciones que opuso Lacan al paralelismo de Freud entre sentido (Sinn) y referencia (Bedeutung) del síntoma: falo, deseo, objeto a, lo real asemántico. Finalmente el objeto a cae bajo el semblante, el síntoma es el único broche entre el semblante y lo real.
En la época nos encontramos con la dimensión autista del síntoma que Miller escribe:
(S¸a)às(A).
El objeto a presenta su doble faz: lo que falta a la pulsión autoerótica/lo que ha de buscarse en el Otro. De allí que una parte del goce del Uno, ese goce autista atrapado en el Otro, sea captado en la lengua pero también en la cultura, que sea manipulable por la publicidad y los gadgets. Pero cuando los síntomas que la cultura propone como modos de gozar fallan, en sus intersticios hay lugar para los síntomas particulares, que también son aparatos del plus de gozar, recursos para saber qué hacer con el otro sexo.
En "La tercera" Lacan indica que el psicoanálisis no es un síntoma social porque está, como lazo, en lugar de la falta de relación sexual, es decir, de lo que falta en todas las formas de sociedad. El advenimiento de lo real no depende del analista, ya que lo real puede desbocarse, dice Lacan, desde el apoyo que tiene del discurso científico.
¿Qué nos procura la ciencia, al fin de cuentas? se pregunta Lacan: algo para distraer el hambre en lugar de lo que nos falta en la relación, algo que se reduce a gadgets, una contrapartida "parasexuada" del falo. Dice: "Sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con qué hacer lazo social, dicho con otro término, semblante". El parlêtre, proletario contemporáneo, sin división, despojado de su saber, cae como desecho del lazo de producción. De allí los intentos de retorno al lazo social, los modos de goce actual (tribus urbanas, comunidades terapéuticas anónimas...) que, indica Miller, sólo se sitúan por el plus de gozar, ya no están garantizados por la colectividad del modo de gozar.
De ello se desprenden cuestiones precisas sobre cómo orientarse respecto del síntoma, qué debe ser la interpretación, qué debe hacer el analista y cuál será su misión.
Raúl Vera Barros, Rosario |