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"Yo intenté enunciar cómo busco, cómo atrapo esta praxis que es el análisis. Su verdad es inestable, decepcionante, escurridiza. ¿No están en condiciones de comprender que eso obedece a que la praxis del análisis debe avanzar hacia una conquista de lo verdadero por la vía del engaño? Porque la transferencia no es en absoluto otra cosa, la transferencia en lo que no tiene Nombre en el lugar del Otro."
(J.Lacan, 20 de noviembre de 1963)

COMENTARIOS

Elena Levy Yeyati | 25 de Noviembre de 2011
El análisis es posible por ese engaño abierto a la infinitud y cancelado por su franqueamiento teñido de muerte. Decir que resta una nada que sobrevivirá por animar un deseo ya es algo. "¡Oh, cómo me gustaría que estuviera usted muerto durante dos años!", le dijo un analizante a Lacan. El deseo de muerte sale al paso del amor de transferencia en la medida en que ésta es animada por un deseo más fuerte: después de él lo llamamos deseo del analista.


Oscar Zack | 21 de Noviembre de 2011
Eficiencia
El pragmatismo privilegia el concepto de utilidad intentando emplear criterios generales para situaciones particulares que suelen no contemplar singularidades. Su concepto de eficacia se adecua al ideal del amo moderno, que es quien decide como se debe vivir. Francois Jullien diferencia la eficacia del concepto de eficiencia, que tiene sus raíces en el pensamiento chino. La eficacia se construye conforme a un modelo ideal que conduce al pensamiento clásico a partir de la intervención conjunta de dos facultades: el entendimiento, que, como dice Platón, concibe aspirando a lo mejor (forma ideal), y luego la voluntad, que se involucra para introducir esta forma ideal, proyectada, en la realidad. La eficiencia es una manera discreta de operar a partir de transformaciones silenciosas, como consecuencia de la acción indirecta tratando de promover un efecto como derivación de la acción indirecta. Desde esta perspectiva, la praxis analítica se ubica así en este sesgo, en la medida en que conjugue la prudencia -virtud aristotélica- con la eficiencia. Esta perspectiva, que privilegia la singularidad, es la propiedad nominalista del psicoanálisis que ubica en su horizonte un saber hacer. Saber hacer con su sinthome, que vuelve a un sujeto único e irrepetible en la medida en que inventó su propia solución respecto al goce.


Aníbal Tejerina | 20 de Noviembre de 2011
El análisis en todas sus versiones, y aún perversiones, si es que funciona, es decir si es que opera, operó u operará la transferencia, engaña respecto a lo que no tiene Nombre en el lugar del Otro, aquello que en el seminario 7 Lacan decía La Cosa. En ésta frase dice que "no es en absoluto otra cosa". El desengaño del adoctrinado, o de quien debería estarlo, en un lugar que no tiene otro acceso.


Luis Tudanca | 14 de Noviembre de 2011
Lo que no tiene nombre en Psicoanálisis se escribe: no hay relación sexual. Para que dicho axioma tenga peso analítico y no quede en una abstracción teórica se necesita que, en un análisis, algo toque al parletre del "no hay". Es una idea de Miller en "El lugar y el lazo": el Psicoanálisis apunta a un "no hay". Será por pasos sin pretensión de generalización: del sin nombre del principio (la neurosis) a cierta creencia en la inscripción de un nombre propio (naming) si bien,como nos recuerda Eric Laurent, "el nombre propio que buscamos es paradojal porque precisamente no puede decirse todo". Con eso, ya fuera de transferencia, hay el pase que puede culminar en una nominación (nomination), es decir, algo propuesto por el Otro del cual el parletre se desembarazó. ¿Estamos como al principio? De ninguna manera: también se trata de la invención de un significante nuevo que abre la posibilidad del nombre de sinthome a verificar en la extensión... de lo cotidiano.


Roberto Adrián Cueva | 11 de Noviembre de 2011
Estos muchachos lacanianos. ¡Son incorregibles! ¡Siempre navegando entre cosas que no existen! El 21/11/63, un día después de la clase cuyo fragmento se comenta, Lacan escribe una carta dirigida a Althusser sobre el "drama" que está atravesando (el verse obligado a interrumpir su Seminario). En ella le agradece la estima que hacia ese seminario Althusser había expresado ". en una coyuntura en la que ciertamente no voy a dudar de mi empresa, pero en la que, con todo, un viento estúpido se abate furiosamente sobre mi pequeña barca, tan frágil". Esa barca lacaniana me prestaba la imagen del lugar de la verdad en la praxis analítica. Un lugar al principio resaltado, valorado (¡ella hablaba!), que paulatinamente se difumina, se desdibuja hasta transformarse en algo tan frágil y escurridizo como un pájaro al que se le quiere poner sal en la cola. La verdad perseguida en la enunciación, en el sin sentido, en lo que al ser le escapa, en lo que oculta el deseo de su falta, en las imágenes de la topología... La verdad acosada por la lógica proposicional, en la implicación material. La verdad no toda, medio dicha pero nunca ausente de la praxis. Tan contundente como la lítote. "No sin". No sin verdad. Se mece, oscila. No se hunde.


Osvaldo Delgado | 11 de Noviembre de 2011
Los restos sintomáticos de un análisis, refieren a fijaciones (fixierung); y estas son de dos tipos: unas respecto al objeto, y otras, nombran a una transcripción (niederschift). El sueño "vía regia", nombra el camino transferencial para arribar a que él "..no quiere decir nada a nadie". Esa lengua (la china) se asemeja a "como nuestro lenguaje conceptual es reducido por el trabajo del sueño a su materia prima" (Freud. S. Conferencia 15) Llegados a este punto, nuestra praxis, se orienta hacia lo que J. A. Miller nombra iteración de una letra, que sólo se puede constatar, "porque no tiene Nombre en el lugar del Otro). (J. Lacan)


Graciela Milano | 10 de Noviembre de 2011
Voy a parafrasear a Agamben cuando refiere a un "Elogio a la profanación" Profanar es restituir lo sagrado (dominio de los dioses) al uso (propiedad libre de los hombres). Este elogio es el calificativo más apropiado para una praxis lacaniana, la de la última enseñanza de Lacan, que desacraliza la primacía de lo simbólico y abre a una clínica de lo real. Una praxis lacaniana que esquiva el quedar adherida al discurso amo. Ya no es el Otro del mito individual del neurótico el que comanda el desciframiento para acceder a la verdad; sino que ésta conlleva la variabilidad del síntoma. La neurosis es la inmersión del Uno en el Otro, la tarea analítica requiere pues la desconexión con ese Otro memorioso, ese Otro inmerso en las relaciones sociales. Un exceso de primacía en lo simbólico dejaría por fuera lo real y con él a lo imposible. J.A. Miller en su reciente libro Sutilezas analíticas propone abstraerse hipotéticamente de lo simbólico para descubrir la dimensión contingente de lo real. Dice: "Si lo real es más contingente que imposible percibimos la relación entre lo real y el inconciente, el modo de sorpresa con el que el inconciente se manifiesta". En la singularidad del caso por caso se constatará ese real que perturba el orden, que escapa al "saber", que crea novedad, que genera sorpresa, imprevisto. Una praxis lacaniana que desustancializa al inconciente, con la atención de que esto no quiere decir que no haya orden pero éste es circunstancial. La verdad pierde valor, se vuelve mentirosa. Una verdad que tiene estructura de ficción. Una ficción que se destruye en la búsqueda de la opacidad de lo real.


Angélica Marchesini | 10 de Noviembre de 2011
¿Miente la verdad? Ella miente porque esa es la manera en la que el sujeto enuncia la verdad de su deseo, porque no hay otra manera de enunciarlo que por la mentira. Freud trató de defender la verdad, mientras que Lacan no se dedica a salvarla. Hacia el final, dice Miller, aparece en la experiencia analítica una división tajante entre todo lo que es invención (y que no es simplemente fantasía, las invenciones tienen consecuencias): invención de nuevas verdades para el sujeto, verdades que el sujeto ensaya, las puede apartar como también puede aferrarse a ellas -se trata de verdades que tienen una cierta densidad-. Entonces, por un lado, radicaliza la invención, invención que es del analizante de una verdad que, de todos modos, será mentirosa. Y por el otro, radicaliza la inercia, el carácter estático de un sinthoma que se repite, pero lo hace de manera estacionaria.


Gabriela Camaly | 9 de Noviembre de 2011
Por momentos Lacan se vuelve casi un poeta... Se entra al análisis en busca de una verdad, y frecuentemente sin querer saber nada ni de la pulsión ni del deseo. Se hace allí la experiencia de que la verdad que nos concierne es inestable, decepcionante, escurridiza... Se devela así que la verdad no es más que un semblante. Pero la praxis lacaniana agrega algo más, agrega la experiencia de un real. Entonces, me gustó lo que decía Pablo Fridman en su comentario a la frase anterior del a-muro; si no hay la verdad, si hay un innombrable de la compleja experiencia de ser seres hablantes, se hará necesaria la transmisión de "los efectos que quedan luego de atravesar la praxis de lo real". En síntesis, pienso que si hay praxis lacaniana, si se trata de una experiencia singular del saber, de la verdad y del goce que anuda un real para cada uno, entonces, eso tiene que producir efectos que pasen a la vida y al lazo con los otros. En caso contrario, sólo nos queda la religión o la filosofía.


Walter Capelli | 3 de Noviembre de 2011
1.-El psicoanálisis opera con lo singular de cada sujeto .Saber y verdad en psicoanálisis no siempre van juntos ,hay una verdad sobre un saber no sabido y el sujeto padece de esa verdad que se encarna en el síntoma. Cuando Lacan define la praxis como la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico lo posible de la frase, marca que no existe una correspondencia exacta entre simbólico y real .De la misma manera no hay una correspondencia exacta entre teoría y práctica. De ese desfasaje, de esa falla, algo de la verdad puede ser dicha por el sujeto 2.-Una praxis es una práctica que acepta interrogar los supuestos que pone en acto. No es una cuestión metodológica ya que no se trata meramente de la aplicación de una teoría en tanto que el analista no se desentiende de su implicación en la transferencia. Esta es la conexión de la praxis con la ética.


Marita Salgado | 3 de Noviembre de 2011
..inestable, decepcionante, escurridiza. El seminario inexistente marca una ruptura luego de los acontecimientos que separaron a Lacan de la IPA. Develar el secreto del padre, es lo que se sustrae al suspender el dictado del seminario, que Lacan recorre en su enseñanza hasta situar al padre como semblante, demostrando que no hay una manera enseñable de develar ese secreto, que se sostiene en un vacío. Lacan pasa de la suposición esencial a la equivocación esencial, que quiebra la juntura del Nombre-del-Padre con el Sujeto Supuesto al Saber. En dicho quiebre "se encuentra la posición del psicoanalista suspendida en una relación muy hiante"[1] , hiancia que funda el inconsciente. En esta frase se anticipa y condensa la apertura que la ruptura institucional y política comporta para la praxis, esto es, la ubicación de la transferencia más allá del Otro, "no tiene nombre en el lugar del Otro", ya que la verdad miente, dando lugar a la praxis que se sostiene al costado de lo verdadero, que es " inestable, decepcionante, escurridizo", siendo estas condiciones mismas las que constituyen su potencia. Esta transmisión de Lacan, acerca de la verdad como inconsistente, cobra toda su importancia a la luz de una época: la nuestra, de la que Miller nos dice: " vemos a la burocracia, con ayuda de la ciencia, soñar en cambiar al hombre en aquello que tiene de más profundo -por la propaganda, la manipulación directa del cerebro, la biotecnología, o aún el social engineering. Antes ciertamente, esto no estaba bien, pero mañana podría ser peor " [2]. La praxis lacaniana se sostiene en el revés de la ciencia, dando lugar a lo más profundo de una verdad engañosa.

Notas
1- Lacan, Jacques y otros, Momentos cruciales de la experiencia analítica, "La equivocación del sujeto supuesto al saber", Buenos Aires, Manantial, 1987, p. 34
2- Lacan, Jacques, Je parle aux murs, Contratapa escrita por Jacques-Alain Miller, Seuil, 2011, Paris.


Juan Gomez Peralta | 1 de Noviembre de 2011
Estas reflexiones nos imponen un rodeo epistemológico. Lacan distingue entre conocimiento (imaginario), saber (simbólico) y verdad (real). El conocimiento está vinculado con la voluntad de comprensión unitaria por parte del yo, es una ilusión que aspira al poder y al dominio, registro en que se ubica la pretensión defensiva de autoconocimiento. El saber, en cambio, es siempre un saber inconciente, un saber del sujeto: el método psicoanalítico trabaja en función del pasaje desde el conocimiento imaginario hacia el saber simbólico, en tanto implica la articulación del deseo inconciente en palabras; "el análisis vino a anunciarnos que hay saber que no se sabe" : mientras el conocimiento es aquello que se cree tener sin tenerlo, el saber es aquello que se tiene sin saber que se tiene. La verdad, por su parte, es aquello que se tiene, pero que no se puede saber del todo: la verdad es el resto del saber que se resiste a ser tramitado a nivel simbólico. Es el psicoanálisis la experiencia que nos revela que la verdad sólo puede ser dicha de manera parcial y en forma desfigurada: "en cuanto al análisis, si con una pretensión se postula, es ante todo la siguiente: que puede constituirse a partir de su experiencia un saber sobre la verdad. (...) No la verdad que pretende ser toda, sino la del decir a medias (...). Lo verdadero (...) nunca se alcanza sino por vías torcidas" . La verdad es siempre parcial, finita y particular, enemiga de las totalidades, las síntesis y las generalizaciones. Mientras que el conocimiento está en relación con el sentido y lo simbólico con la cadena significante, lo real refiere al sin-sentido: la verdad, como tal, es imposible, "inestable, decepcionante, escurridiza. (...) La praxis del análisis debe avanzar hacia una conquista de lo verdadero por la vía del engaño".


Paula Husni | 1 de Noviembre de 2011
Pienso que es justamente por lo escurridizo de la verdad que Lacan, efectivamente, buscó hasta el final atrapar eso que siempre, por estructura, se escabulle. Y nos orienta, una vez más: la condición para que un análisis avance es dejarse engañar por lo verdadero. Otro modo de decir que el Nombre del Padre es un engaño necesario. Para ser incautos del inconsciente, para establecer las condiciones de la transferencia. El problema es que lo real insiste; la verdad, en lo que al goce se refiere, es mentirosa. Los efectos de verdad de un análisis no alcanzan para resolver los problemas de la existencia, allí está lo real como residuo que siempre se impone, establece J.A. Miller en Sutilezas Analíticas. Porque eso, esquivo, insiste. La caída del engaño del padre, devolviéndole su estatuto de semblante, es entonces una consecuencia lógica. El analista, como soporte de la transferencia, tendrá también su destino de palea. "La verdad se va volando precisamente cuando uno ya no quiere pescarla." Lacan, J., El Seminario, Libro 17, El Reverso del Psicoanálisis, Paidós, Bs. As., pág 60.


Carmen Gonzalez Taboas | 31 de Octubre de 2011
Freud [1] excluye los fenómenos del ocultismo del contenido "psíquico" de los sueños; son "residuos" que resisten al cifrado. Lacan dice: "lo oculto" freudiano es lo real incifrable, la "escritura" que hace del cuerpo viviente un cuerpo pulsional. Lacan ensancha así el horizonte de la práctica analítica, hace posible una aproximación -que no será "sin vueltas ni desvíos"- a lo que se manifiesta en la opacidad de los discursos actuales que se presentan sin pliegues, sin la abertura de una interrogación cualquiera, del lado de las adicciones y los automatismos. Lo que ahí se manifiesta "concierne estrictamente al goce" y exige una práctica de la invención A lo que J.-A. Miller [2] aporta una valiosa precisión: se trata de "desatar una parcela de goce, constituirla en objeto, y para empezar, en objeto de una narración, mito o fantasma".

Notas
1. Lo que sigue surge de Lacan, Jacques, su comentario en Les non dupes errent, (20/11/1973) Inédito.
2 Miller, Jacques-Alain, "La salvación por los desechos", Internet, Enapol V, 2010. Carmen González Táboas


Damasia Amadeo de Freda | 29 de Octubre de 2011
Lacan habla de cómo él practica. Es un hecho raro, las referencias al respecto son casi inexistentes. Como Freud, fue reacio a dar consejos técnicos. Por otra parte, define la praxis psicoanalítica en términos no muy alentadores, dado que es a partir del engaño que el recorrido hacia lo verdadero es posible. Es asombroso que sea a partir del engaño que se toque lo verdadero. Pero justamente ese es el misterio de la transferencia, ya que por no tener Nombre ni tener un lugar definido en el Otro hace que lo verdadero del sujeto sea posible, ubicando al psicoanálisis fuera de toda psicoterapia. Al mismo tiempo y muy sutilmente, definiendo de esa manera a la transferencia hace que la práctica analítica pueda ir más allá del Otro, más allá de la determinación y rozar lo que puede ser lo verdadero. Debemos darle a "lo verdadero" su justa definición. Es un sinónimo de lo real del sujeto que de ninguna manera debe ser homologado a un rasgo psicológico como podría ser la autenticidad.


Paula Rodríguez Acquarone | 26 de Octubre de 2011
Las palabras de Ernesto Sinatra "se trata de interponer algo...algo que está destinado a fallar" en consonancia con el comentario de Marisa Chamizo; me evocaron el texto de J. Lacan "El triunfo de la Religión" y cómo Lacan opone allí el triunfo, entendido como "rechazo de lo real" al fracaso, la falla, en el sentido del síntoma, lo que no anda, y el analista a título de síntoma. J.A.Miller retomando este texto de Lacan sitúa la práctica como imposible de reducir al orden simbólico y al significante, y propone pensar la política del psicoanálisis bajo el principio del "eso falla", como dice también en Comandatuba. La práctica, entonces, si bien se refiere, en tanto acción humana, a lo contingente y a lo posible, no es sin el "eso falla" y que manifiesta la relación con un imposible. Lugar que el analista está destinado a encarnar.


Esteban Stringa | 25 de Octubre de 2011
Nuestra praxis no es como la que creó al Golem que escribiera Borges. En el lugar del Nombre que cifra la esencia del Padre, los S1, sus herederos al decir de Miller, recuperan un poco de goce, a condición, claro, de no hacerlos la respuesta de una verdad última. Así, la transferencia misma guiará al sujeto hacia lo verdadero si el analista llena con un engaño el vacío del Padre muerto, si se encuentra en posición de ofrecer un semblante de solución. El proceso de franquear sus engaños, como acontecimientos de verdad, son los momentos en los que, a partir de los simbólico, algo real es tocado.


Fabián Abraham Naparstek | 24 de Octubre de 2011
El 20 de noviembre de 1963 Lacan habla a su público luego de enterarse pocas horas antes de lo que luego llamaría su excomunión. Allí nos da algunas pistas de lo que hubiese sido aquel seminario de "Los nombres del padre", finalmente inexistente. A la par, no deja de señalar que el paso que estaba por dar y que implicaba su exclusión se encontraba directamente ligado a la praxis del psicoanálisis. Todo el asunto queda resumido en aquella clase en la que interrumpe el seminario y que culmina con el párrafo al que hacemos referencia. Sin embargo, hay una indicación muy precisa donde Lacan señala "que la teoría y la praxis del psicoanálisis se encuentran detenidas" (Lacan, J.: "De los nombres del padre", ed. Paidos, Bs. As., 2005, pag. 84) y esto se debe a que "que Freud coloca en el centro de su doctrina el mito del padre" (Ibidem). En efecto en lo que sigue se dedica a pensar una clínica que no se detenga en la concepción de un padre ideal y muerto. En la misma clase saca las consecuencias de la introducción del objeto a en su enseñanza y adelanta con una perspectiva impactante un programa de trabajo a largo plazo. Ya allí da señales de lo que va a ser su seminario sobre el fantasma y el acto analítico. En resumen pone en conexión la angustia ligada al pequeño a con el fantasma y el acto. En efecto cuando se detiene en la angustia termina indicando que "a esto se subordina la función del acto. Si bien el desarrollo de esta función estaba reservada para el futuro, les aseguro que no se la perderán" (Ibidem, pag71). Toda esta perspectiva lleva directamente a la clínica del pase y de un Lacan que avanza más allá de Freud. Dicha clínica supone una praxis que no se detiene en lo que de Freud se hace "inoperante" (ibidem, 103) y en la "impostura" (Ibidem). Finalmente aclara que el alegato no es por su persona y debemos concluir que es un alegato por una praxis que esté a la altura de los acontecimientos. Ese alegato por una praxis que no sea de la impostura está presente en nosotros, más allá que la enseñanza de Lacan haya progresado y - una vez más - no se haya detenido en la clínica del fantasma y del acto. Así entiendo su alegato hacia una praxis que pueda renovarse cada vez y estar a la altura de los acontecimientos.


Elena Bisso | 24 de Octubre de 2011
Que en psicoanálisis el analista sea el hiptnotizado es una metáfora maravillosa de Lacan, del seminario 16. Tal vez esta cita que transcribo sea otro buen motivo para sumergirse en la tesis doctoral de Osvaldo Delgado, que trata las competencias del analista en el momento crucial: "Si sostenemos que el análisis consistió en la ruptura con la hipnosis, tal vez se deba a una razón sorprendente de considerar, y es que en el análisis, al menos en la manera en que se detiene, el analista es el hiptnotizado. Al final el analista termina por volverse la mirada y la voz de su paciente, lo cual es muy diferente de lo que se presenta, ilusión del pensamiento, como un recurso a la clínica. Tal vez no sería desprenderse de la clínica cuidar que no se produzca esa mutación." (LACAN, 23.04.1969)


Alicia Yacoi | 23 de Octubre de 2011
¿Cual es la especificidad del abordaje de la verdad en una praxis, el psicoanálisis de la orientación lacaniana? Nosotros no estamos sin relación a la verdad (1) al enunciarla "no sin" Lacan la formula igual que a la angustia, lo que no engaña respecto de lo real. Cuando indica dejarse engañar en la instalación de la transferencia, suelda verdad y engaño en una fórmula cartesiana: Si miento . deseo. La vía del chiste abre al no de sentido, pesa en el cuerpo, lo toca. "Diga la verdad, sólo la verdad, y nada más que la verdad". Lo que se le pide al acusado es que confiese su goce, en el lugar donde se interroga la verdad el sujeto queda dividido por su goce. La verdad, la verdad singular de cada cual se presenta en su extrañeza, es unheimlich. Que apunte a lo real, dependerá de la reducción de su pretensión de ser Toda . 1- Lacan Jacques El reverso del Psicoanálisis Cap IV Verdad, hermana del goce, pág. 61.


Karina Millas | 23 de Octubre de 2011
Hace algunos años escribi un trabajo en relacion a la transferencia analitica al que llame "Es la historia de un amor como no hay otro igual..", parafraseando un viejo bolero, un tanto depresivo, pero en el que no deja de resonar una verdad medio dicha. De que se trata esa desigualdad del amor en el analisis? la frase elegida del Seminario inexistente me evoca directamente a la falta de referencia y a la textualidad de un saber que en el transcurso del analisis se escribe. Ademas refresca frente a cualquier elucubracion teorica porque toca lo que para mi es el corazon de lo que hace marchar un analisis, que al ser finito, introduce la dimension de una prisa orientada por deconsistir el sentido, por buscar lo que se escapa, lo incifrable de la experiencia. La praxis del analisis se pone en marcha, como en el momento magico en el que comienza a sonar una orquesta, con la presencia del deseo del analista al que Lacan hacia resonar diciendo "lo unico que les pido es que no esten demasiado satisfechos".

Beatriz Udenio | 23 de Octubre de 2011


De Beatriz Udenio Nunca un impacto de lectura de textos de Lacan pudo superar la impronta inaugural que tuvo en mí el primer encuentro con su Seminario 10. Me di cuenta, bastante tiempo después, que lo que me interesó vertiginosamente era el contexto en el que Lacan desplegó ese Seminario: el de su inminente excomunión. Es decir, sin saberlo, me guiaba por su enunciación y lo que de ella se hacía acto de decisión y de invención, en cada paso de su curso. A partir de allí, cada lectura sigue la traza de ese surco inaugural, marcado por una avidez de desentrañar su contexto. Así me capturó también desde un principio la lectura de esta única lección de ese seminario inexistente. Y esos párrafos últimos donde Lacan decretaba un final, allí donde la lógica que había desplegado para atrapar un punto de densidad, no había sido debidamente escuchada. ¿Qué era eso que intentaba transmitir? Lo que no puede sino enunciar como una búsqueda que encuentra en un acto la posibilidad de atrapar algo que es esa praxis -resuena aquí la contribución de Néstor Yellati. Atrapar la praxis - pero no la supuesta "Una" verdad, inatrapable, inexistente- allí donde su guía es un engaño necesario, una equivocación fundamental. Y si eso no fue debidamente escuchado, entonces el acto de decretar un final antes de su comienzo mismo. Vacío. Demostrando en ese mismo acto que no hay Nombre que cubra ese vacío en cuanto a la verdad -donde resuena, también, la contribución de Marisa Chamizo.


Esteban Pikiewicz | 22 de Octubre de 2011
Si la verdad de la praxis analittica es inestable, decepcionante, escurridiza, como señala Lacan, podria decirse que lo es por tener en su horizonte, el sexo en tanto Otro, real, imposible. A mi juicio, es en dicho punto donde en cierto nivel de tension con nuestra epoca, se dibuja un pragmatismo peculiar, orientado por dicho real para nuestra praxis. Terminos como saber arreglarselas con el sintoma en dicha dimension, señalan algo de esta direccion.


Gerardo Arenas | 21 de Octubre de 2011
Me parece interesante cruzar esta frase con dos afirmaciones. Una pertenece a la última enseñanza de Lacan, y ha sido largamente comentada: Lo real miente al partenaire. La otra es novedosa, pertenece a Miller, y figura en "Sutilezas analíticas": El goce no miente. ¿Acaso abre esto último la posibilidad de una praxis diferente?


 
 
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