APP EOL para móvilesAPP EOL para iOSAPP EOL para Android
Prensa
América

2017
2016
2014
2013
2012
2011
2010
2009
2008
2007
2006
2005
2004
2003
1999
La mujer de mi vida | Nº 7 | Octubre de 2006
La figura del héroe [*]
 

Por Luis Tudanca

El héroe trágico
El héroe necesita que la tragedia le ofrezca su escenario para que despliegue allí su acción que, irremediablemente, lo conducirá a producirse como deshecho de su propia empresa rebelando la dimensión de sacrificio que lo acompaña.

Así termina toda tragedia digna de ese nombre: el héroe muere casi siempre por sostener hasta el final un ideal idealísimo que lo empuja fuera de los límites morales, ideológicos, políticos en los que estuvo inmerso hasta el momento de su acto heroico y de los que reniega mientras los que lo rodean no entienden sus razones y piensan que se volvió loco.

Es que el héroe es un poco loco... como todos.

¿Quiere decir esto que todos somos un poco héroes? No exactamente, pero algo hay en la figura del héroe que produce identificación.

Será su lucha en soledad, que no lo comprenden, que no conoce ni temor ni piedad, su acción indeclinable que no se detiene hasta el final, su ubicación en una zona entre la vida y la muerte, en fin, su decisión, habida cuenta de las dificultades en todos estos rubros que padecemos los pobres mortales.

Lo que es seguro es que para ser héroe se necesitan condiciones: autonomía que se confunde a veces con individualismo, voluntad inquebrantable y cierta arbitrariedad de decisión que acompaña la incidencia aislada de su acción.

Para ser héroe... occidental y cristiano. Porque otras tradiciones –la oriental y en particular la china– prescinden, no se les hace necesaria tal figura ya que denotan un privilegio de lo transindividual por sobre lo individual.

Refugio del héroe en el hombre
Desde el psicoanálisis verificamos que la heroicidad está presente en las fantasías de cualquier sujeto.

Es incluso el refugio donde compensar una vida rutinaria colmada muchas veces de aburrimiento.

Si bien son de distinta índole y con variaciones singulares las fantasías en que un sujeto construye su héroe y se construye a sí mismo como tal recurren a temas comunes que preocupan a los hombres desde tiempos inmemoriales: la autoridad y en quiénes se encarna, los males de la humanidad y cómo resolverlos con ingenio y hasta ciertas formas en que se presenta el amor.

Pero aquí hay que hacer una distinción: ellos se la creen mas que ellas.

Es así que para los hombres es común librar grandes batallas a la antigua, aún en la posmodernidad, cuerpo a cuerpo donde el sudor y el rostro taciturno los hace verdaderos hombres más hombres que los otros hombres que también son bravos y que cuesta vencerlos pero son dignos rivales.

Claro que esto ocurre sólo en el plano de la imaginación, en los juegos y cuando nuestro proyecto de héroe duerme, en los sueños.

Así, desde niños, los hombres leen, escuchan, miran y se disfrutan las historias de héroes, súper-héroes, anti-héroes y también sueñan despiertos con grandes inventos, con conquistas y con triunfos agónicos.

La mujer de mi vida
A veces, cuando el héroe descansa de tantas batallas, olvidándose un poco del ejercicio desenfrenado de la competencia fálica, se hace sorprender por el amor.

Pero resulta que ella está en problemas: es maltratada, no tenida en cuenta, despreciada por alguien, puede ser su marido, su amante, su jefe, su padre.

El héroe enamorado de esa pobre mujer frágil e indefensa cree poder resolverle su problema de la misma manera que en sus batallas interminables de grandes riesgos y proezas.

Así intenta salvarla, rescatarla aunque nunca sabe del todo si lo hace por ella o por él mismo.

Ella corresponde a ese amor extraño halagada ya que por fin alguien la comprende pero pronto comienza a sospechar que ocupa un lugar para él donde se confunden la pasión, los celos y las exigencias excesivas.

En algunos casos hay variaciones y la cosa llega lejos ya que se renuncia a la competencia misma, ya que el héroe la rescata por amor para renunciarla y entregarla...al rival ( Casablanca es un paradigma de esta posición ) realizando un sacrificio de sí por la realización de ella.

Ella no lo olvidará jamás, pero se quedará con el otro.

El héroe posmoderno
Si, como dicen, ya no hay hombres, entonces que queda en la posmodernidad de la figura del héroe: una ficción degradada que, encarnada, produce comicidad.

Desligada de los ideales, descentrada de la acción que produce cambios se concentra en el héroe anónimo, singular.

No está nada mal. Al no haber ya grandes relatos la sociedad prescinde del héroe total.

Pero todavía el Psicoanálisis nos aporta un dato. El héroe insiste y permuta, se desplaza camuflado en lo que persiste como conciencia ¡en los hombres!

Su fórmula es simple: me veo salvándote, no muy diferente de lo que Hegel bautizó autoconciencia.

Sus figuras: el ecologista, el militante por los derechos de las minorías, el que lucha contra la extinción de las especies, etcétera.

Lo que el Psicoanálisis escucha en cada uno de ellos si se analizan es que, tras la idea de salvar al planeta se esconden las dificultades en el amor, en el deseo, en el goce.

Por consecuencia ellos ya no aplican tanto la fórmula a ellas habida cuenta de la debilidad de los lazos de amor que caracteriza nuestra época por lo que se desdibujan las características de la heroicidad en el amor. ¡Por suerte!

Ya casi no hay mas héroes para ellas a no confundir con que ya no hay mas hombres, por lo menos mientras exista la conciencia como síntoma y su inagotable fantasía salvacionista, lo que permite y renueva  el lugar para el psicoanalista y su herramienta: la interpretación.

 
 
Notas
* Analista, Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación mundial de Psicoanálisis (AMP). Este texto forma parte como Apéndice de su libro De lo político a lo impolítico.