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La Nación | Sábado 3 de julio de 2010
OSCAR MASOTTA
Pensar aquello que debe ser pensado
 

Por Edgardo Dobry

Pensar aquello que debe ser pensadoEn septiembre de 1979 Oscar Masotta murió en Barcelona, a los cuarenta y nueve años (dos años antes había fundado la Biblioteca Freudiana de Barcelona). Quizá, el homenaje que se le tributó en marzo en Casa América Catalunya debería haberse realizado meses antes, al cumplirse treinta años de su desaparición. No obstante, la recuperación de la obra de Masotta que viene haciendo la editorial Eterna Cadencia (salieron Sexo y traición en Roberto Arlt, Introducción a la lectura de Jacques Lacan y Conciencia y estructura ) resultó un pretexto más interesante que el aniversario. No sólo porque da mayor contundencia intelectual al acto sino porque verifica que aquellos libros tienen posteridad.

El libro sobre Roberto Arlt se publicó originalmente en 1965; el de la lectura de Lacan, en 1970. Desde entonces la bibliografía sobre ambos autores no ha hecho sino crecer: Arlt se ha consolidado como un clásico indiscutible de la literatura argentina. En cuanto a Lacan, no hay otro humanista de la segunda mitad del siglo XX que haya tenido una influencia comparable y siga teniendo tal cantidad de glosadores, comentaristas, exégetas. ¿Por qué leer todavía a Masotta? Con ese interrogante se abrió el acto que lo homenajeaba.

Por otra parte, cuando dictó su "seminario sobre el seminario de Lacan" (como él mismo lo llama), que a su vez era una lectura de un cuento de Poe ("La carta robada"), no existía aún edición castellana de los Escritos de Lacan. Ésta apareció en 1971, traducida por Tomás Segovia, un poeta español exiliado en México. En su momento, las clases de Masotta sirvieron para divulgar una producción intelectual de difícil acceso material (la edición francesa de los Écrits, de 1966, no circulaba en Buenos Aires) e intelectual (la complejidad conceptual de Lacan no es menor que el estilo hermético de su prosa). Hoy vemos que el magisterio de Masotta iba más allá de la divulgación, que estaba sostenido por una manera de pensar lo que Lacan había pensado.

Se trata, en parte, de la forma en que Masotta cristalizó la enorme energía intelectual del Buenos Aires de entonces. No es ocioso recordar que sus seminarios tuvieron lugar en el Instituto Di Tella, sede de la vanguardia artística argentina. Era un momento en que el happening convivía con la lectura de Sartre -muy presente en el libro sobre Arlt- y el arte pop con el estructuralismo y con Lacan. No es la pureza doctrinal lo que da vigencia a Masotta sino su pregnancia de todas las prácticas y discursos circulantes, su inteligencia para comprender que las transiciones entre disciplinas y cambios de tendencia no debían esconderse sino, al revés, razonarse y exhibirse como lo que verdaderamente debe ser pensado. Eso que todavía hoy, como ahora se demuestra, sigue pensándose.

 
 
Notas
* Fuente: La Nación