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29-03-2017
El diario éxtimo

Retomo la actividad a las 06:30.

ELLA Y EL. Encontré un aire de Lauren Bacall en la encantadora joven con quien tuve el placer de cenar anoche a solas. Ni analista ni analizante, enseña filosofía en un liceo de la Seine Saint-Denis que figura en el historial de los mejores establecimientos del departamento, de lo que ella no está poco orgullosa. Lee irregularmente Lacan Cotidiano, encontró en el Matinal de Le Monde mi reciente tribuna, y en seguida me envió un mail que llamó mi atención. Votará a Hamon mientras que su marido es insumiso melenchoniano. Este joven especialista en electrónica ambicioso, que se gana muy bien la vida, hijo de una vieja familia del Centro donde se es comunista y ateo de padre a hijo, estuvo en "la Marcha". Quería llevar a su hijita de siete años , pero ella se opuso. Fue conquistado por la diatriba de Gérard Miller, que incluso encontró más contundente que el discurso de Jean-Luc Mélenchon, demasiado largo para su gusto. Ella, ella está fascinada por Alain Finkielkraut, «el único que dice lo que ocurre en el 93", considerando que un Éric Zemmour por ejemplo "va demasiado lejos, es un racista, un fascista disfrazado que defiende la guerra civil y la remigración", etc. Ella es desde este año universitario una fiel oyente de la emisión semanal de Finky. El espíritu de la escalera, que sigue en Causeur.fr. Cuando le pregunto si vio la última emisión donde, parece, ajusta cuentas a Christine Angot, me responde:" ¡Por supuesto!" No vio la emisión de France 2 con François Fillon, al que no aprecia; aprecia en Angot a la feminista, la escritora; pero ella le dará su voto al nuevo académico. "Lauren" se dice socialista, pero no está afiliada; católica, creyente, pero no va a la iglesia sino en las grandes ocasiones familiares, nacimientos, matrimonios, decesos; humanista, pero a condición que el hombre no usurpe el lugar de Dios; se disculpa por encontrar mi posición sobre el Votoutil errónea y "no franca", pero ella piensa no obstante que conozco verdaderamente bien la obra de Lacan, que leyó muy poco aún, pero cuando comprende, "las luces del baile se encienden". Quisiera hacerme captar, "porque usted es muy escuchado entre los psi", lo que es enseñar filo en el 93, y para ello tomará el ejemplo de lo que vivió esa mañana misma con una de sus clases.

EL INSTANTE DE VER Lunes por la mañana, Lauren da un curso de una hora en una Terminal S: 34 alumnos, ninguno de los cuales es europeo de origen, y solo hay seis chicas. Unos diez quieren trabajar, entre ellos una chica de 17 años que obtuvo un 17 en su disertación de filo en el última práctica para el examen del bachillerato, corregido no por Lauren, sino por una colega. En cuanto a los otros, son, dice, "djihadistas". La mayoría son chicos robustos, brutales, dos o tres chicas están con ellos, se quejan todo el tiempo de las injusticias de las que son víctimas, reivindican sin cesar sus derechos, no se reconocen ningún deber, no trabajan en clase cuando vienen, impiden que los otros trabajen, los intimidan, juegan con facilidad con cuchillos. Un tercio sostiene abiertamente el Estado islámico; todos o casi consideran al Islam, del que no saben nada o muy poco, como la única y verdadera religión, llamada a triunfar, como último recurso. Todos, sin excepción parece, son fans de Dieudonné y de su gesto, persuadidos que el CRIF dirige Francia y que los judíos tiene al mundo en sus manos. Se inquietan por saber si sus profesores no serán por casualidad de la raza maldita. En resumen, no es "el islamo fascismo", dice con su voz un poco ronca, sino ni más ni menos que "un nazismo militante bajo la bandera del Islam en lugar que sea bajo la cruz gamada".

Incluso si lo estima a Finkielkraut, "un poco débil como filósofo, demasiado heideggeriano para mí, sobre todo con todo lo que sabemos hoy de él" es el único que sabe verdaderamente de lo que habla. Lauren comenzó por estar de acuerdo con Olivier Roy, que le parecía más optimista, más consensual, más acorde con su propio humanismo, terminó por pensar que un Gilles Kepel, demasiado estridente tal vez, está después de todo más cerca de la verdad. Aun el año pasado ella como buena ciudadana cristiana trataba de conducir a los "djihadistas" a través de la dulzura, en vistas de su miseria social, su calidad de víctimas (del capitalismo, del colonialismo, del liberalismo desenfrenado), considerando también la tristeza del porvenir que se preparan. Ella encontró un muro, o más bien una suerte de fortificación mental inexpugnable, toda erizada de púas. A partir de ese día de noviembre último en que una alumna a quien ella le había puesto la mano en la espada para señalarle un punto de la amonestación que le había dirigido, se dirigió inmediatamente al director para denunciarla y acusarla de violencia con injurias racistas, fecha del giro de 180 grados de Laurent. Decidió sola no buscar el porqué del cómo; proscribir todo autoreproche; desinteresarse por aquellos que, rechazando aprender, molestan a los que hacen todo por salir adelante. De ahora en más consagrará su esfuerzo a estos últimos. ¡ Es así. No hay elección! Después de todo, hay guerras justas, y Cristo echó a los mercaderes del Templo, no los catequizó.

LA MIRADA Y LA BOCA Me pierdo. Conozco bien por mi análisis mi debilidad por la mujer fuerte, quiero decir la mujer delgada pero decidida, de Jeanne d´Arc a la Thatcher. Miterrand inspirado dijo un día "La mirada de Marilyn, la boca de Calígula" de la inglesa, hija de un almacenero. Tengo frente a mí la mirada de Bacall y la boca de Bacall, además con la determinación de Bogart cuando no de dejaba intimidar, aunque desarmado, por Edward G. Robinson y su banda de gánsters en el a puertas cerradas de Key Largo. Para combatir la fascinación que aumenta en mí, lo siento, objeto a Lauren: "No veo verdaderamente que le ve a su Hamon. Hace guiños a los Frérots (Los hermanos musulmanes) hasta desgarrarse las pupilas, todo eso para tirar el anzuelo a sus votos. Al menos Mélenchon, con el azul blanco rojo de su Corta Marcha, no se come eso, y no se los hace fácil a los djihadistas en ciernes. Usted me hace descubrir que prefiero la boca de Mélenchon a la mirada de Hamon". ¡Touchée! Reconoce que había votado por Manuel Valls en las dos vueltas de la primaria socialista, y que se une sin entusiasmo al voto Hamon por fidelidad al PS. Empujo la ventaja que tengo: "En resumen, me dice que usted, una filosofa, sacrifica la verdad por un interés de negocios. La verdad: aquella cuya flecha imprevista le golpeó el corazón un día de noviembre. El negocio está además en quiebra. Una pandilla que fracasó". Etc. Estoy lanzado. Me para con sequedad. "Usted se pone a hablar del partido socialista como habla Melenchon . O mi marido. Cuando lo hace, le digo que es un idiota". La pequeña tiene coraje. ¿Tiene la boca de Calígula? ¿O la de Bigard? Sigue mañana.

 

Traducción: Silvia Baudini