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27-04-2017
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Lacan lector de Saint-Just

Aunque Saint-Just y Sylvia Rose hayan hecho ambos sus estudios en el liceo Louis-le Grand en la rue Saint-Jacques en París, ningún encuentro entre ellos. Por lo tanto, ningún mañana puesto que no hay un hoy. Lástima. Seguro que Louis Antoine habría apreciado el discurso de Sylvia en el Fórum 18. Habría reconocido en esta estudiante de medicina un alma hermana. Sylvia se ha perdido a Molière. Ahí también, qué lastima. Sylvia fue en el pasado actriz en la compañía de aficionados de la Escuela alsaciana. ¿Quién sabe en qué se habría convertido una vez conquistado el corazón del joven Poquelin ? No sé si debo lamentar que se haya perdido también a Baudelaire. Inspirar al más grande poeta en lengua francesa, hubiera estado bien. Pero en materia de matrimonio, homo o hetero, tengo prejuicios burgueses: estoy a favor del desarrollo duradero. Sylvia también. Y Charles, no sabemos lo que hubiese resultado con un anillo en el dedo, teniendo en cuenta su espantoso complejo maternal. Sylvia no se habría entendido jamás con Caroline Aupick. Volvamos a Saint-Just. ¿Habría sido un buen partido para mi nieta? Para saberlo, interroguemos a Organt, su poema en ocho mil versos que tuvo la mala suerte de publicar en 1789, año poco propicio para el descubrimiento de nuevos talentos literarios. La obra testimonia un buen temperamento libertino.
La abadesa tuvo cuidado de avisar a las monjitas
De que grandes santos iban a visitarlas,
De que se alegrasen y estuviesen preparadas,
Y que pronto un misterio iba a estallar.
Después fue el momento de cobijarse en la torre.
Justo a tiempo. Se fuerzan las puertas;
Las ancianas hermanas se ponen a rezar,
Y de bandidos las fogosas cohortes,
Como un torrente, inundan el monasterio.
Nuestras jóvenes hermanas les esperan de rodillas,
Y desde lo más lejos, les tienden sus lindos brazos.
Viéndoles un aire terrible y enfadado.
Los dulces corderos creían haber pecado.
Se lanzaron sobre ellas como lobos.
Y las monjitas los tomaron por ángeles.
Suzanne cae en las garras de Billoi;
La noquea y con una mano lúbrica remanga jurando su devota túnica.
Cuando ella vio que asomaba no sé el que,
Suzanne pensó que era para tomarlo.
Y besarlo. Sobre el fiero instrumento
Ella aplicó santamente su boca:
Esto puso al Señor Billoi muy tierno,
Quien a partir de ese momento se comportó más educadamente.
El oleaje apresurado de su ruidoso aliento,
De sus pulmones se escapaba con dificultad;
Él la ahogaba, queriendo acariciarla,
La mordía, queriendo besarla;
Su lengua horrible y tierna con furia.
De la monjita buscaba la lengua pía,
Y nuestra hermana, que por Dios lo tomaba,
A sus esfuerzos santamente se prestaba.
Yendo al Diablo, y después abrasando a María.
Cuando el cordero, después de este dulce beso,
Sintió que el pájaro en algún sitio se colaba,
Ir, venir, y el ángel tutelar
De su blanco seno las dos rosas chupaba,
Ella comprendió que era el misterio;
Sentía un ardor divino
Calentándose cada vez más en su corazón…
Amor reía, sentado en el pináculo
Pero fue entonces otro milagro.
Cuando de repente su mirada se animó,
Su seno saltó, y su tez se alumbró;
Cuando un rayo emanado de la gracia,
La penetró, confundió sus espíritus,
Y la trasladó derecho al Paraíso.
Ella gritaba: ¡oh, potencia eficaz!
Cada felón, apuntando a su monja.
Dirigía también el misterio con buen estilo:
Se les veía, con unos riñones fuertes y robustos,
Llevando todos una cadencia justa,
Ir, venir, colocados en fila,
Como verdaderos toros, llevados por su fogosidad;
En su ruidosa y feroz insolencia.
Jurando, pegando, lo más rápido, lo más fuerte.
Y desgarrando en su impaciencia. [1]

Es audaz, pero ¿es original? No. Encontramos la inspiración del "Portero de los Cartujos" y de todos esas pequeñas novelas licenciosas que antaño comprábamos bajo mano, y que ahora se pavonean en la Pleiade, al lado del Divino Marqués. En el pasaje citado, reconozco más especialmente la influencia de "Theresa filosofo", 1748. Atribuición osada a Diderot, más seriamente al marqués de Argens. Sade alaba esta obra como "la única que haya unido agradablemente la lujuria y la impiedad." Sin embargo, Casanova que había recibido de manos del marqués "todas sus obras" no dice ni pío de "Theresa". Ver sobre este asunto la introducción de la novela en la edición Bouquins de las "Novelas libertinas del siglo XVIII", especialmente la página 563. El bisabuelo de Sylvia, un médico, antiguo alumno de los padres maristas en el Colegio Stanislas en Montparnasse, dio su opinión sobre la cuestión: "Si la cabeza de Saint-Just hubiese quedado llena de los fantasmas de Organt, tal vez habría hecho de Thermidor su triunfo". (Jacques Lacan, Kant con Sade, Escritos). ¿Distopía reaccionaria de un antiguo maurrasiano? Uno puede plantearse la cuestión cuando sabemos del odio que la fachosfera dedica al "ángel del Terror". Continuará.

 
Notas
  1. NdT: Debido a que no se ha podido encontrar una traducción oficial en castellano de los versos de Saint-Juste, nos hemos permitido esta traducción.

Traducción: Carmen Cuñat