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30-04-2017
El diario Extimo de Jacques-Alain Miller N°18

"Las mejores frutillas…"

Anoche, Rose-Marie Bognar y Didier Cremniter me acompañaron a casa luego de un último trago en [el Café de] l'Esplanade –siempre en Les Costes. Les comunico mi sobreabundancia: ¡tantas cosas para decir este sábado, y tan poco tiempo para dormir!

El viaje a Montpellier. Las reuniones con la encantadora estadounidense Julia Richards, que tiempo atrás me había acompañado en una comida en el ayuntamiento y a quien Georges Frêche había intentado seducir, ante mis ojos, a fuerza de citas latinas, antes de las tentativas más osadas, días después, cuando la invitó a visitarlo en privado. Ella había tenido que mentirle y decirle que era mi amante, para poner fin a su cortejo. Julia es analista, miembro de la École de la Cause freudienne.

El Foro organizado con mano maestra, a pedido mío, por mi colega y amigo el Dr Marc Lévy, fue un éxito. Duros debates con los mélenchonianos del lugar. Agudos intercambios con el elocuente Christol, presidente del colegio de abogados indignado por la virulencia de lo que él denominaba mi requisitoria contra Mélenchon y su mentor hitleriano, antes de declararse, in fine, "absolutamente de acuerdo" conmigo. Mis arrumacos políticos con el socialista Michaël Delafosse, hombre joven y apuesto lleno de pujanza y porvenir. La Prof Anne Brissaud, a quien yo no había tenido oportunidad de decirle en qué medida comparto su explicación de la estrategia de influencia de la UDI [Unión de Demócratas e Independientes] a la cual esta joven rubia pertenece. Las payasadas de cierto energúmeno, en análisis desde hace décadas "con un lacaniano" y que se considera "miembro de la familia", cosa que le permitía declararnos a todos que nosotros éramos inútiles y que por nuestra inutilidad habíamos frustrado las esperanzas que él había cifrado en este Foro. El senador alcalde de Castelnau-le-Lez, Sr Grand, amigo de Juppé, gaullista de antología, hablando como un personaje grandilocuente [père noble], quien provocó en mí una violenta transferencia salvaje que me llevó a pensar qué lindo sería ser de Castelnau y aportar la propia voz de izquierda a su alcalde de derecha. Y, para finalizar, el Sr Max Levita, profesor de economía, primer asistente del alcalde, que en 1969 conoció a Judith y recuerda que ella clamaba en un mitin el "Hay que destruir la Universidad" que le valió ser expulsada de ésta.

Le cuento los entretelones de la historia. Lacan fue a defender la causa de su hija ante Olivier Guichard, por entonces ministro de Educación nacional. Y éste le responde mediante un non possumus. La orden provenía del presidente Pompidou, quien, leyendo en la cama L'Express, había encontrado allí la entrevista de Judith con Michèle Manceaux. De inmediato había levantado su teléfono, llamado a Guichard, y le había ordenado echar a esa mujer de inmediato. Así fue como la número uno en el concurso de filosofía de 1965 fue relegada a la enseñanza por correspondencia a pesar del don de gentes paterno.

Precisaría horas para contar en el Diario éxtimo este Foro tan vivo en el que no me dejaban olvidar ni por un instante que yo era el parisino que había ido al Sur y, por lo tanto, de entrada y antes de proferir palabra alguna, un invasor, casi un colonizador, arrogante y brutal, "condescendiente", miembro de una elite separada de las realidades, que ignora y desprecia a la gente real, etcétera. A este respecto, Lacan hablaba de "preinterpretación". ¡Tú lo has dicho!

Esto no era todo. El viaje mismo, la espera del avión por la mañana, las tres horas de tren al regresar, me habían permitido proceder a un desmenuzamiento completo de la prensa del día. Había comenzado por Le Figaro magazine: los brillantes retratos cruzados de François Barouin y Laurent Wauquiez realizados por Charles Jaigu, el esposo de France –que es miembro de la École de la Cause freudienne; la crónica por primera vez poco inspirada de Éric Zemmour; la despiadada oración fúnebre de Fillon por parte de Carl Meeus, los análisis marxizantes del politólogo Jérôme Sainte-Marie; y la maliciosa columna de François d'Orcival que pierde en Le Figaro la mención "del Instituto" que jamás deja de adornar su nombre en Valeurs actuelles.

También estaba Marianne, con su número extraordinario, el mejor que este semanario haya publicado, el mejor que he leído en muchísimo tiempo en la prensa francesa. Ya va siendo hora de que Marianne consiga el sorpasso de Le Nouvel Observateur, en pleno colapso político-moral desde que el trío BNP [Bergé, Niel, Pigasse] guillotinó a Aude Lancelin por orden de François Hollande, según ella misma dice. El ejemplo de Judith en 1965, bajo otro Príncipe, muestra que esa hipótesis nada tiene de inverosímil. La bella Aude, concursada de filosofía como Judith, se vengó de la mejor manera obteniendo el premio Renaudot por su descripción, con ácido sulfúrico, de la intimidad del periódico (lamentablemente, sin chismorreos sexuales). Sus páginas sobre Jean Daniel, el señor de L'Obs, y sobre Matthieu Croissandeau, su incapaz Secretario de Estado, son piezas de antología. Es obvio que el infortunado órgano fundado por Kahn y Szafran y retomado por el Sr. Chaisemartin, hoy en situación de cesación de pagos, encontró en Renaud Dély el director que necesitaba.

Yo tenía ganas de hablar de todo el mundo aquí reunido: Jacques Julliard en su apogeo, erudito y profeta; Jean-François Kahn, por primera vez calmo y preciso, que decía lo mismo que el senador Grand en Montpellier: "Que Marine Le Pen, el 7 de mayo, con el apoyo de la derecha pétainizada, supere el 40% (¡gracias, prensa de izquierda!), y la señal de alarma tomará la forma de un trueno". Y el desfile de grandes nombres del "komentariat" francés: Marcel Gauchet, los Pinçon, Hervé Le Bras, François Ruffin, Gaspard Koenig, Christophe Guilluy, Dominique Reynié, Guy Konopnicki, Caroline Fourest, y una pequeña novedad, Florence Weber, directora del departamento de ciencias sociales en la École normale supérieure.

Y aún no agoto lo que querría decir de ese número, que además contiene un dossier sobre el duelo en literatura, cine, etcétera, la crónica gastronómica del genial Périco Légasse, un análisis del boulangismo, "Un populismo a la francesa". Todo es talentoso, directo y alegre, mientras que L'Obs es siniestro, mal escrito, y de una calidad constante en la mediocridad y la maldad.

Falta todo el resto de la prensa nacional, a la que aún se añade The Times, que desmenucé durante el encantador almuerzo junto a mi viejo y fiel amigo Augustin Ménard, acompañado por su esposa Monique, mélenchoniana, aunque agradable, muy agradable.

Y ahora están además las últimas publicaciones que acabamos de comprar en el Drugstore. ¿Cómo dar cuenta y razón de todo eso? ¿Por dónde comenzar? Estoy perdido.

En ese momento, Rose-Marie tuvo una de esas réplicas fulminantes que a veces le llegan de no se sabe dónde: "Haga como dice Françoise Giroud, las mejores frutillas arriba de todo".

"¿Giroud dijo eso? –Sí. –¿Y qué significa? –Que en el periodismo se empieza por lo mejor, ya que la gente lee rápido y poco. –¡Lo haré! –¿Y qué es lo mejor que usted tiene? –La idea que tuve esta mañana, a las 10:15, bebiendo mi expreso doble en el Café d'Orly. Me iluminó. Un verdadero instante-de-ver. –¡Oh!, ¿qué es? –Mañana lo verá".

Continuará

PS. Logré encontrar la referencia en Google –luego de varias tentativas, ya que el motor de búsqueda transformaba "plus belles fraises" [mejores frutillas] en "plus belles fesses" [mejores culos]. Hela aquí: "Preguntaron a Françoise Giroud, por entonces redactora responsable de L'Express, cuál era el secreto del buen periodismo. Respondió: 'Ponga las mejor frutillas arriba de todo'. Ella tenía razón: para el público y el periodista, el 'orden lógico' no existe. No hay más que un orden de interés".

Traducción: Gerardo Arenas