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03-05-2017
El diario Extimo de Jacques-Alain Miller N°20 | Segunda parte

Leyendo a Alain Finkielkraut
por Jacques-Alain Miller

¡Bravo ! Usted no dijo: "¿Cuál es el gusanillo, dígame, que se manosea sobre mi lindo traje verde?", usted tomó su lapicera. Concluyo que usted tiene el corazón generoso. Pero, ¿ese corazón es inteligente? Mi diatriba era prolija, su artículo es conciso. Seguiré su ejemplo.

1
Usted niega toda simpatía por el FN. Sin embargo, lamenta aquí mismo que sus "cuestiones" sean diabolizadas, e incluso " los hechos que evoca". Para el equipo "Porqué combatimos", el FN no evoca hechos, miente; no hace preguntas, pone trampas. No se trata de poner la oreja cuando habla, recoger sus palabras y extraer el jugo, sino diabolizarlo o rediabolizarlo o hacer ver que siempre fue el diablo. "El hombre, decía Platón, es la medida de todas las cosas." Si el hombremedida, es el sujeto de la enunciaciónde "Porqué combatimos", entonces sí, usted es un simpatizante del FN. Un simpatizante desgraciado, vergonzoso, trastornado, incómodo, enredado, angustiado porque, en resumen, es un simpatizante finkielkrautiano, peor un simpatizante. O mejor, diría que usted coquetea con él. Si el hombre-medida, es Florian Philippot, él deplora su falta de entusiasmo por su patrona.

2
Usted tiene una tesis rara sobre los muertos. Según usted, "los muertos no están a disposición. El deber de memoria consiste en velar por la indisponibilidad de los muertos." Primera noticia. Vaya a explicarle a sus amigos de la corriente contra revolucionaria que tienen como significantes amo "la tierra y los muertos". (Barres). Los muertos siempre estuvieron a disposición de los vivos, siempre se especuló con su deseo, en general se cree que es especular: "Mueran como nosotros hemos muerto". Y los vivos , por este hecho, están a disposición de los muertos. Un analista alcanza con la punta de los dedos todos los días esto. Augusto Comteseñaló el fenómeno con una fuerte palabra muy hugoliana: " Los muertos gobiernan a los vivos". En resumen, el mundo de los muertos y el de los vivos están enredados. ¿Separar a los dos? Esto solo está justificado, me parece, en el momento de elegir la aventura de la vida contra la fascinación de la muerte. Entonces se dice: "Dejen a los muertos enterrar a los muertos".

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A usted le parece injusto, injustificable, movilizar al electorado judío contra el FN utilizando el recuerdo de la Shoah, en vistas de que ese partido nada tiene que ver, no está implicado en los hechos recientes de antisemitismo, incluso en el antisemitismo innato de los barrios musulmanes. Le respondo que decididamente, para alguien que encuentra al FN "infrecuentable", a usted le gusta hacer de su abogado. ¿Qué encanto tienen entonces para usted esos bubones de la política francesa? que usted redime, haciéndolo, al FN de la sospecha que esconde su antisemitismo para engañar; que usted deja entender, sin decirlo explícitamente, que movilizar a los judíos en contra de los musulmanes, estaría justificado - política de guerra civil que sus adeptos rechazan de ordinario a asumir claramente, incluso el valiente Zemmour, que es muy decidido; defendiendo la escoria del FN, usted ha tomado el estilo de la casa: no decir sino sobreentender, de tal modo que las palabras que enojan sean siempre "deniable": en inglés, el término califica un enunciado o un mensaje construido de tal modo que el emisor, el sujeto de laenunciación, pueda siempre negar haberlo dicho, al menos con la significación que le da el receptor. Resultado: confusión general; el público se arranca la cabeza para saber: ¿lo dijo, no lo dijo? Y el responsable del caos semántico se instala gritando por un juicio de intenciones. Usted no hace otra cosa.

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Por frecuentar demasiado a los infrecuentables, que practican el arte de la retórica fascista en un país democrático, se pescó una enfermedad vergonzosa que llamaré con su nombre inglés Total Compulsive InsidiousInnuendo Disorder (en español, trastornos de la insinuación compulsiva). Se trata de una perversión de la preterición, figura de retórica que tiene sus cartas de nobleza. El procedimiento consiste en decir algo no diciéndolo. el trastorno se instala cuando el enfermo ya no puede expresarse de otro modo que por la preterición. Se vuelve simultáneamente contagiosos, infectando a su entorno cercano, incluso a sus lectores más lejanos si es escritor.Estudios han demostrado que la canallada ordinaria que conlleva la práctica de la preterición es mejor soportada por el no judío. En consecuencia, los casos mas graves fueron descritos en los paciente judíos. En efecto, en su forma totalecompulsive, la preterición, también llamada paralipsis o pretermisión, va a pervertir nada menos que las leyes de lapalabra, las que en el judaísmo fueron recibidas directamente por Moisés de El impronunciable, sobre el monte Sinaí. Transgresión mal soportada por sujetos de cultura mosaica. Por mi parte, judío infiel, pero fiel lacaniano, intento respetar siempre en todos los puntos esas leyes de la palabra. Y sé reconocer a aquel que falta a su observancia.

5
Te lo digo, Alain Finkielkraut: por frecuentar a los infrecuentables o las frecuentaciones de infrecuentables, has adquirido sus malas costumbres. Pasas el tiempo haciendo trampas mientras que la verdad es que flirteas desde hace tiempo ahora con lo peor. La Academia francesa en su astucia te ofrece ocupar el sitio de un fascista patentado y tuhaces su elogio y le sacas la lengua a aquellos que tiene la mente lo suficientemente estrecha como para pensar que A fascist is a fascist is a fascist, dicho sea para parodiar a Gertrude Stein. ¿No ves a lo que sirves? ¿No ves con que cadenas estás cargado? Estas en un mal camino, te lo digo, Alain, haces una ruta falsa. Vas derechito a la abyección política: compañero de ruta crítico del FN. ¿Y tú me amonestas? ¿Quien me da lección? ¿No te leo lo bastante? ¿Debería tragarme una hora de tu bla bla en tu emisión de Radio J para tener derecho a comentar tus torpezas y tus rollos? Me bastan tres líneas tuyas para descifrar tus trucos.

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Tomemos un ejemplo: el último párrafo del artículo que me consagraste. Conlleva tres frases. La primera es para definir a los intelectuales dreyfusianos como militantes "del escrúpulo", indignados por "las manipulaciones y las mentiras" de los jefes del Ejército. La segunda es para eliminarme de la tradición intelectual francesa que procedede este episodio fundador. Allí donde estaba el escrúpulo, doy prueba de desenvoltura frente a un eminente dreyfusianollamado Alain Finkielkraut, y practico la injuria en su contra. En consecuencia, el jurado presidido por Charles Péguy se ve en la obligación de negarme el carnet del Partido de los intelectuales, y considera que me inscribo "en una tradición muy diferente". La última frase se basa en una palabra que expresa ese arrepentimiento. Luego de la lectura de la sentencia, la condena se pone en ejecución. La cabeza cae en el cesto. El reverendo padre Finkielkraut hace el signo de la Cruz con el asentimiento del jefe. Suspira: "Que pena..."

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Ahora el comentario. ¿Quieres decirme que mi desenvoltura y mi práctica de la injuria me unen mas bien a la tradición antidreyfusiana? Y bien, dilo. No, no llegas a decirlo, te ves obligado a insinuármelo. Esto significan simplemente que eres un caso medianamente grave del Compulsive InsidiousInnuendo Disorder. Eso se cura bien, sabes. La cura conlleva dialogar con alguien que llama a las cosas por su nombre, alguien de mi tipo. Eso cae bien: estoy jubilado de la Universidad, tengo tiempo libre. Contribuir a salvar de ese trastorno invalidante a uno de las buenas mentes de este tiempo, uno de los más celebres escritores judíos de la época, un hombre cubierto de gloria, hace vibrar mi fibra terapéutica. En todo caso, la oferta está sobre la mesa.

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¿Qué más? Ah si! Te equivocas cuando piensas que la polémica injuriosa es el privilegio de los contra revolucionarios, de la Acción francesa, de los antidreyfusianos, de los fascistas, mientras que en la izquierda, se polemizaría siempre limpiamente, con el elemento de la delicadeza moral, con tu querido "escrúpulo" - del latin scrupulus, ese pequeña piedra en el zapato que da ese aire preocupado, incómodo, angustiado, del que túhiciste una especialidad en tus apariciones televisadas, y que prohíbe dar estocadas de Jarnac como saltar haciendo piruetas como el Marcarilla de Moliere. En vista de tu edad, que es cercana a la mía, supongo que leíste las Situacionesde Sartre. No has conservado el recuerdo de la manera en que trata a Jean Kanapa, su ex alumno y familiar, cuando este, dirigente del PC, lo importunaba vigorosamente por tonterías a propósito del existencialismo? Después de todo un artículo argumentado por el filósofo vivo más célebre, la última frase cayó como un hacha: "El único cretino, es Kanapa." El trazo dejó una marca imborrable, verdadero estigma que el alumno rebelde, el marxista dogmático, el dirigente comunista, debió llevar toda su vida, y hasta en la muerte, porque LIbération tituló en ocasión de su desaparición en 1978: "La muerte del más célebre cretino del mundo." Kanapa tiene su reseña en el Maitron, el Diccionario biográfico del movimiento obrero francés. Aparentemente era un hombre encantador, hijo de banquero, entregado en cuerpo y alma al Partido, aficionado a las intrigas políticas de alto nivel. No es divertido pasar a la posteridad marcado a fuego por el genio literario de un Sartre. En cuanto a la polémica comunista de los buenos años, lo menos que puede decirse es que era sin tregua, sin piedad y sin escrúpulos - ¿y los comunistas, también son la izquierda ¿no?

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Tú votas a Péguy. En esto, te encuentras con Plenel, y yo estoy del otro lado. No hay confianza. Demasiados buenos sentimientos para mí. Y terminaré rindiendo las armas. Sí, es verdad, tratándose de la técnica de la polémica, prefiero La Acción francesa a los Cahiers de la Quinzaine. Desde el punto de vista literario, doy todo Peguy por tres páginas de Léon Daudet. Sabes, Lacan fue de la Acción francesa en su juventud, y su polémica de diez años con el psicoanálisis americano lleva la marca. Golpes bajos, trompadas, rabias, ataques con vitriolo, ataques por debajo del cinturón, box sin guantes, con los pies, retorcer la nariz, bastonazos en las orejas, como dice el padre Ubu, todo vale. Yo lo adoro. Pero también me gusta la crueldad de Mauriac y la maldad de Pascal, no tan escrupuloso en su polémica con la Compañíade Jesús. Y la respuesta de Voltaire a Rousseau, "Recibí, Señor, su nuevo libro contra el género humano. Nunca se usó tanto humor para querer volvernos Bestias. Uno tiene ganas de caminar con cuatro patas cuando se lee su obra" ¡Qué mala fe! Y al mismo tiempo, es verdad! Suyo, estimado Finkielkraut. JAM

Traducción: Silvia Baudini