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Curso del miércoles 6 de febrero de 2008

Este Curso, se ubica a 3 D del Grand Meeting de la Mutualité y hay que leerlo con lápiz y papel. Es su misma construcción la que nos inspira esta sugerencia. El recorrido que JAM realiza del Primerísimo Freud al Muy último Lacan corta el aliento. Tal es el ángulo que tomó esta vez para continuar su lectura de las tesis cognitivistas. De este modo, con un gran rigor, procede paso a paso en el desciframiento de este sistema de pensamiento, conduciéndolo a poner los reflectores sobre el punto que caracteriza este estilo cognitivista. Es decir "el abismo que hay entre multiplicidad y síntesis." Pero lo que impactó particularmente leyendo este Curso, es la nueva vuelta de tuerca a la TDL. JAM sitúa el punto donde Lacan deja el matema, no recurre ya a la lógica matemática, por lo tanto a la ciencia, para dar una "nueva base material" al psicoanálisis. De manera que los nudos deben tomarse como "el paradigma de un tratamiento de una materia a la cual el discurso científico es incapaz – al menos en este momento – de dar sus leyes."Este Curso, que hará historia en nuestra comunidad y más allá, concluye recordando la invitación que Lacan hace a los analista y que "debemos sostener para ek–sistir fuera de las normas" del discurso científico si queremos salvar al psicoanálisis.(From TLN)

"De la neu–rona al nudo"*
Yo me encarnizo, me encarnizo buscando lo que el momento cognitivista pude enseñarnos sobre el discurso analítico.

Esto me conduce a subrayar que, si quisiéramos resumir la trayectoria de la teoría psicoanalítica de Freud a Lacan, del primerísimo Freud al muy último Lacan, podríamos decir, sirviéndonos de la asonancia de las palabras, de la neu–rona al nudo (risas).

En efecto, lo neuroreal que encontramos hoy, ya Freud lo había elaborado, con los medios que estaban a su disposición, en su borrador–proyecto para Una psicología científica, alrededor de 1895, y este texto, que permaneció mucho tiempo sin publicar, cuando apareció, inspiró tanto los comentarios de fisiólogos, de neurofisiólogos, como pidió a los analistas tomar posición frente a esta primera tentativa de Freud.

El punto de partida de Freud es, de un modo perfectamente explícito, dos teoremas de los que podemos decir que los encontramos en juego en las neurociencias que se desarrollaron e impusieron a partir de 1970. Estos dos teoremas, Freud los ubica bajo las especies de la concepción cuantitativa y bajo el título de la teoría de las neuronas.El punto de vista cuantitativo, vale la pena recordarlo, se impone para Freud a partir de la psicopatología, a partir de la observación clínica de las patologías mentales, que ponen en juego, según él, la intensidad excesiva de ciertas ideas. Es en este exceso que encuentra el resorte que funda su recurso a un principio del cual hace el principio básico de la actividad neuronal, en relación con lo que él simboliza con la sigla: Q, inicial de cantidad, definida como lo que diferencia la actividad del reposo.

Por lo tanto, su referencia, el modelo, es este concepto de actividad– de actividad psíquica, de actividad neural, de actividad neuronal – que hemos visto en acción en las descripciones cognitivistas del cerebro. Esta cantidad, esta referencia, este símbolo cuantitativo, Freud se cuida de indicar – lo que es considerable – que designa una cantidad sometida a las leyes generales del movimiento. Es decir que se trata de una realidad que es de orden psíquico, que es tratable según las exigencias del programa físico matemático..

Para él, es sin ninguna duda algo material. Y podemos decir que este alcance materialista, habita la trayectoria de la teoría psicoanalítica de la neurona al nudo.

Ciertamente, la materia nodal, que Lacan en su muy última enseñanza maneja, no es susceptible de ser designada con la sigla Q. Sin duda, si los nudos obedecen a leyes, no son las leyes generales del movimiento prescritas por la física matemática. Pero podríamos decir que los nudos mantienen el lugar de esta cantidad material, que es planteada por Freud de entrada cuando trata de dar, de elaborar una psicología que sea científica. Para que sea científica es necesario que trate de algo material.

Se planteó para nosotros la cuestión de que es lo que hace a la correlación – ¿tiene o no tiene fundamente? – entre ciencia y materia.

Entonces, este algo material se presenta bajo dos aspectos que fueron muy bien distinguidos pro Strachey en el comentario que agregó a este texto en la Standard Edition, y hay que recurrir a él puesto que Freud no explicita esta dicotomía. Por una parte, esta cantidad material está calificada como flujo, o corriente, que pasa a través de una neurona, o de una neurona a la otra, pero en un segundo aspecto es igualmente susceptible de permanecer en una neurona. Entonces esta descripción parece tanto más metafórica cuanto que, si puedo decirlo, esta Q permanece como una X en el abordaje de Freud. Se pudo querer reconocer allí la electricidad, pero nada en el texto de Freud viene a validad esta traducción. Su naturaleza permanece desconocida.Podemos a renglón seguido, reencontrarla bajo las especies de lo que Freud llamará sin tematizar el término, la energía, la energía nerviosa, incluso la energía psíquica, la cuestión desde ese momento es saber en qué esta energía psíquica se distingue de una realidad física. Y Freud será conducido, con su invención de la pulsión, a poner en juego un término que aparece como, cuyo ser mismo aparece como un límite entre psíquico y físico.

Ya bajo el modo de esta sigla; Q, es una entidad paradojal, puesto que es una cantidad que no podemos medir – los esfuerzos cuantimétricos de Reich sobre la energía sexual quedarán como una desviación para el conjunto del discurso analítico –, es una cantidad que no se puede medir y que sin embargo es válido que digamos que aumenta, que disminuye, que se desplaza, a decir verdad, misterio y paradoja.Lo que Freud llama la teoría de las neuronas, donde encuentra el segundo principio básico de su Psicología científica, se apoya en lo que era en ese momento un descubrimiento reciente de la histología, que enseñaba al mundo que el sistema nervioso consiste en neuronas diferentes que tienen la misma estructura, que están en contacto y que se ramifican.

La Psicología científica de Freud se desarrolla a partir de dos principios: referencia a las neuronas, y a una cantidad X, que circula o que se estanca entre neuronas o en una neurona o un conjunto de neuronas.

Retengamos que el descubrimiento propiamente hablando del inconciente fue precedido por esta asignación de una base material a los fenómenos psíquicos y al conjunto de la psicopatología.

Hagamos aquí un corto circuito para darnos cuenta de que Lacan también, buscó una tal base material, y operó con esta referencia.

Entonces, no es la base material neuronal que Freud había aportado. Digamos, lo digo porque lo he dicho ya así hace tiempo, que la referencia biológica de Freud fue para Lacan reemplazada por una base material que es lingüística, que es precisamente el significante. El materialismo del significante, con el cual Lacan podía vanagloriarse a fines de los años 50 y en los años 60, era muy apropiado para satisfacer las elucubraciones de aquellos que se reconocían como materialistas dialécticos, o para los que la dialéctica no les hacía olvidar el materialismo.Por lo tanto, no se puede pretender que la búsqueda de una base material a lo mental sea extraña al psicoanálisis, por el contrario está allí desde el comienzo, está allí en el final, y atraviesa tanto la obra de Freud como la de Lacan.

La última vez señalé a propósito de la causalidad psíquica, que Lacan oponía a la causalidad psíquica, orgánica, que promovía entonces Henry Ey, una causalidad semántica, que debía buscarse en el registro del sentido. Ciertamente, no es equivocado decirlo. Pero, allí también, estaba la idea, sin embargo, de un análogo de esta base material, puesto que Lacan consideraba entonces que lo imaginario, el registro imaginario como tal, era susceptible de tener efectos reales sobre el psiquismo y sobre el organismo. Y es en la etología animal donde buscaba sus testimonios, es decir, los buscaba en un registro donde el lenguaje no estaba en función.

Había por lo tanto una cierta postulación de una base material, que no encontró y desarrollo hasta que pasó, como resorte de transformaciones psíquicas, del modo imaginario al orden simbólico, un orden simbólico al que cerró sobre una realidad material, a saber el significante. Incluso si no hizo de esto el decorado principal de su enseñanza, la palabra era como la base material de sus construcciones, y si queremos, vayamos hasta allí, la base material del inconciente.Entonces, hablé la última vez de este concepto de actividad, que está en función en la concepción cognitivista, y que en efecto, me parece crucial. Yo diría, porque ya esta concepción marca, podría marcar, la distancia en que se encuentra con el acto. Podemos decir que todo lo que se refiere a la actividad implica, va con el desarrollo, pero sutura, o forcluye todo lo que corresponde al registro del acto. Y la actividad, la referencia a la actividad psíquica, cerebral, mental, obedece a un postulado: que el psiquismo, si puedo decirlo, duplica al cerebro, que el psiquismo es el doble del cerebro, y que, lo que se observa como actividad cerebral vale ipso facto para el psiquismo.

Allí debemos constatar, me parece – me digo me parece porque descifré la literatura de nuestros cognitivistas, no me conduce a ello el gusto, debo confesarlo (risas) sino el sentimiento del deber y estoy lejos de haber hecho todo el recorrido de esta literatura –, debemos constatar una problemática, que es permanente, que está presente a través de los autores, una problemática con dos polos, la multiplicidad y la síntesis.

Tomo como ejemplo dos frases seguidas de mi amigo Jean–Pierre Changueux en el último texto suyo que llegó a mi conocimiento, su introducción a la obra de su alumno Dehaene sobre Las Neuronas de la lectura.Changeux escribe allí: El desarrollo fulgurante de los métodos de imágenes cerebrales ha vuelto accesible la identificación de las bases neuronales de nuestro psiquismo. Primer punto, subraya la dependencia de esta investigación respecto de la tecnología. No oculta que lo que está desarrollado tiene que ver con la aparición de un instrumento de investigación, las imágenes cerebrales, las imágenes magnéticas, que dieron acceso ¿a qué?, a nuevas percepciones, ante que todo testeadas – si quiero emplear su lenguaje – en el sistema visual. Y señala en efecto lo que sabemos, que las promesas del cognitivismo se hicieron más insistentes y más gloriosas desde hace una quincena de años. Entonces, este desarrollo, dice, ha vuelto accesible la identificación de bases. En efecto, estamos, hay que subrayarlo, en el nivel de las bases, a nivel básico. Los autores refieren un cierto número de observaciones que, salvo contra prueba, no hay razón para poner en duda, observaciones sobre la activación de zonas neuronales en el cerebro, que son bases nerviosas, bases neurales. Lo subrayo en la medida en que hay lo que me parece a mí un abismo entre lo que él llama la identificación de las bases neuronales – allí no se puede decir la identificación, no se trata de identificación, si digo los sueños de entrada es algo peyorativo – e hipótesis que se refieren a las cimas de la actividad psíquica. Por lo tanto podemos validar la frase de Changueux a condición de señalar este término de base y explicar que allí el término de identificación debe ser tomado en el sentido exacto del término localización, que Changueux evita cuidadosamente, me parece, porque se le opondría que no se trata allí sino de retomar, con una tecnología superior, la ambición de Broca – por lo tanto dice identificación..Por lo tanto, estoy de acuerdo con esta frase muy simple en esto: El desarrollo de la tecnología fue fulgurante, permitió percibir y localizar las bases neurales del psiquismo. ¿Por qué no?

Esto se refuerza con la segunda frase. No las reúno de manera arbitraria, están juntas en el texto, testimonian del razonamiento, del modo de razonamiento y abren, a mi juicio, un abismo. Lo cito. Queda sin embargo aún –este es un agregado: no hemos hecho todo – ligar entre ellos a los múltiples niveles de organización que se encastran – son los niveles los que están encastrados – los múltiples niveles de organización que se encastran en nuestro cerebro – dicho de otro modo lo que hay son módulos, módulos localizados separadamente, el pequeño detalle que todavía hay que ordenar es que hay que ligarlos entre ellos – y hacer una síntesis pertinente – allí hay un equívoco puesto que de lo que se trata es cómo estos módulos, que están localizados separadamente, nos dan una actividad de síntesis, que está aquí de algún modo confundida con la síntesis pertinente que nosotros, sabios, tendremos que hacer de estos niveles múltiples – y hacer una síntesis pertinente de ellos que nos permitirá comprender los fundamentos neuronales del pensamiento conciente o de la creación. Y de golpe, bajo pretexto de que esto, todavía resta por hacerse, saltamos de las bases neuronales del psiquismo a los fundamentos neuronales del pensamiento. .Este abismo entre multiplicidad y síntesis me parece que caracteriza al conjunto del estilo cognitivista, y digamos la promesa cognitivista que es englobar, en su investigación, el pensamiento, la creación y lo que ellos llaman de ahora en más la cultura.

Piensan, a partir de los módulos donde localizan las bases neuronales, lograr desarrollarse hasta abrazar el conjunto de la cultura, caracterizando como cultura lo esencial del medio ambiente de la especie humana. Se prometen por lo tanto, estudiar la interacción del cerebro y del mundo exterior.

La cultura entra en el programa cognitivista, y en el fondo no tan mal, puesto que ella está caracterizada como un conjunto de signos, de signos materiales, con astutas referencias a Ignace Meyerson: "No hay signo sin materia" y me parece, que en la línea de Changueux, aislaron un conjunto particular de signos, que es la escritura. La investigación va en el sentido del reconocimiento de la escritura y del porqué de la estandarización relativa de los signos escritos a través de las culturas, referidos a las propiedades, lo más a menudo supuestas, de los módulos neurales.Tenemos por lo tanto una apertura. No tenemos la idea de estudiar el cerebro separado de la vida del individuo, por el contrario, el cerebro está situado en un Unwelt caracterizado ante todo como cultura, y como conjunto de signos.

Entonces, encontramos allí, hay que decirlo, en este espacio abisal, un extraordinario florecimiento de hipótesis epigenéticas. Ustedes saben lo que es la epigénesis, es la aparición, en un ser vivo, de una forma nueva, que no estaba contenida en germen en este ser, es decir que no se pretende que haya estado preformada.

Y por lo tanto, prometen estudiar las interacciones del cerebro y de la cultura, digamos, las interacciones del cerebro y del significante – para emplear nuestro término, que no ignora Changueux, lo menciona – las interacciones del cerebro y del significante, que expliquen el desarrollo extraordinario de las capacidades de pensar del ser humano.

Veo la misma lógica multiplicidad síntesis en un pasaje de Stanislas Dehaene, donde recuerda la modularidad de la corteza, que se subdivide en múltiples territorios especializados, dice, antes de apelar a una síntesis, que sería lo propio de la especie humana en relación con las especies animales – dice, en alguna parte, una síntesis de los contenidos – hay que decir que la postula, a esta síntesis puesto que la marca él mismo con el condicional.: la especie humana dispondría, prosigue, de un sistema evolucionado de conexiones transversales que aumenta la comunicación y – por lo tanto, al nivel superior, por ahora hipotético –quiebra –es su término– la modularidad cerebral. Aunque esté planteada en condicional, esta zona de síntesis es celebrado, podríamos decir, casi con poesía, es decir que se le confieren todas las capacidades superiores del pensamiento: allí es donde se realizaría la reunión entre la percepción y los recuerdos, es allí donde estas capacidades se reunirían, confrontadas las unas con las otras, recombinadas y al fin sintetizadas, de manera, dice Dehaene de evitar los fraccionamientos de los conocimientos.Hay repetidamente en estas obras, un canto que se eleva a las extraordinarias capacidades de las conexiones transversales, que son planteadas como hipotéticas y condicionales pero evidentemente necesarias, puesto que son, entre comillas, facultades que tenemos, y por lo tanto es necesario que existan en alguna parte.

Pudieron identificar la zona, allí donde por otra parte se la identificó más o menos desde siempre – salvo que ahora tenemos el ojo encima (risas) –, el lóbulo frontal, la corteza frontal. Sería él quien nos daría lo que Dehane llama de modo muy lindo un espacio de deliberación interna (risas): sería el lugar del foro interior. Esta maravillosa corteza frontal recoge a la vez el conjunto de los datos sensorio motores y las huellas de memoria – hace entonces al todo de este conjunto –, y estaría al mismo tiempo, maravillosamente desprendido de las contingencias del presente, para, cito, volverse hacia el porvenir (risas). Tenemos allí la descripción de una corteza frontal, que hace de algún modo todo lo que nosotros hacemos, y donde,– en condicional porque no somos sabios – decimos: estaría la conciencia. La conciencia reflexiva.

Esto no es francamente nuevo, puesto que, en el siglo 19 ya se buscaba el órgano de las síntesis mentales, se buscaba identificar lo que Aristóteles llamaba el sentido común, y Dehaene cita a Avicenne quien, desde el año mil, localizaba el sentido común no muy lejos de la corteza frontal – pero sin nuestros medio de investigación. Corteza frontal o prefrontal según los autores o los momentos.Esto permite a Dehaene enunciar la hipótesis que la competencia a la cultura, la conciencia reflexiva, y la existencia de una poderosa red de conexiones en la corteza frontal o prefrontal, ¡y bien! son fenómenos ligados – no va más allá de la ligadura, se detiene en los bordes de la causalidad.

Y por lo tanto tenemos aquí – es lo que voy a verificar en los tiempos venideros ampliando mis lecturas –, tenemos de todos modos un abismo, un abismo entre la identificación de las bases y luego las hipótesis epigenéticas sobre las cimas. Y no hay, para colmar este abismo mas que hipótesis, no hay observaciones, más que las de la densidad de la red de conexiones en ciertas partes de la corteza.

Por lo tanto, estamos allí suponiendo que se puede hacer la conexión entre el ser y el cerebro, que es fundamentalmente una computadora elemental – la palabra está allí: una máquina de Turing –, la conexión entre una máquina de Turing y las creaciones más elaboradas de la cultura. Y lo que, ciertamente, permite hacer la conexión, según este autor, es que el cerebro puede beneficiarse de la acumulación y de la transmisión cultural que se extendió durante milenios.

A decir verdad, para un filósofo, no vemos que estemos aquí muy lejos de este atomismo que criticaba, hace mucho tiempo, Maurice Merlau–Ponty, en su libro al que hice referencia una vez en este Curso, La Estructura del comportamiento, donde señalaba ya que, con una mano, se descompone en unidades, o en módulos, se aíslan procesos, se los yuxtapone,, y luego se escucha corregir este atomismo con nociones, de la época – era en 1943 –, él decía nociones de integración y de coordinación. La palabra clave que usa Dehaene es la recombinación, la recombinación de las percepciones, de lo sensorio motor y de los recuerdos. Por lo tanto, se agrega un acento de combinatoria, pero esto se inscribe, podemos decir, en el mismo lugar.Entonces, esta referencia a la cultura es de todos modos extremadamente masiva. Está precisada por la idea de conjunto de signos, y puede ser que el estructuralismo tenga algo que ver en esta precisión, por otra parte se apropian de algunos pasajes de Levi–Strauss para ir en esa dirección, pero la cultura es de todos modos aquí una referencia masiva. Estos autores notan bien la insuficiencia, lo flou de esta implicación, y por lo tanto elevan una hipótesis más precisa sobre la puerta de entrada del niño al pequeño cerebro, si puedo decirlo – evidentemente, su desarrollo va a extenderse varios años –, hacen una hipótesis sobre la entrada del pequeño cerebro en la cultura. Dije que había numerosas hipótesis epigenéticas, que no les menciono, pero esta vale la pena señalarla. Los niños humanos, cito, comienzan a comprender que las otras personas son agentes intencionales como ellos – este es un factor cerebral capital (risas). Es esta comprensión que les da acceso al aprendizaje cultural. Esta es muy precisamente la hipótesis más precisa que debe complementar y de algún modo colmar este abismo: el niño comprende que los otros tienen intenciones como él, y es esta comprensión del otro lo que le da acceso al aprendizaje cultural.Es por lo tanto una hipótesis sobre el otro. Es una hipótesis sobre la lectura, el desciframiento de la intensión del otro, el desciframiento del otro como sujeto intencional. Tenemos aquí, por lo tanto en un desarrollo cognitivista, la irrupción del otro como sujeto intencional que el sujeto comprende.

Esto se acompaña de la hipótesis complementaria de que debe haber, cito, un módulo cerebral especializado en la representación de las intenciones y de las creencias del otro, quien, por el momento, no es el objeto de una identificación a la Changueux, pero, puesto que todo tiene su lugar en el cerebro, debemos suponer que hay un módulo cerebral especializado para ello. Lo que hace que, y bien, comprendamos cómo funciona esto: ustedes ponen de relieve tal o cual rasgo del pensamiento o del comportamiento o de la creación y la respuesta es la hipótesis que debe haber allí un módulo especializado para ello que terminaremos por ver con las imágenes del cerebro.

No podemos evitar la idea de que tenemos que vérnosla con un balbuceo, que la fenomenología del estadio del espejo es mucho mas rica en los que respecta a la relación con el otro, y que el concepto de orden simbólico es evidentemente mucho más preciso que el de cultura del que hace uso la psicología cognitivista.Por otra parte, nos damos cuenta de la función que tenía el estadio del espejo para Lacan cuando lo propuso: proponía en efecto el estadio del espejo como una solución de la problemática multiplicidad síntesis. La multiplicidad en cuestión era entonces la del cuerpo fragmentado, y es por el espejo que la forma total del cuerpo venía a ser percibida y, de este modo podía simbolizar la permanencia mental – son los términos de Lacan –, la permanencia mental de lo que él llamaba el yo (je). Y daba a este fenómeno un lugar eminente en el desarrollo mental, puesto que caracterizaba este desarrollo como necesario en vista de lo prematuro del nacimiento en la especie humana.

Tan rudimentaria como sea esta hipótesis cognitivista, designa, me parece, lo que hace agujero en su construcción, que es necesaria una puerta de entrada del cerebro en la cultura, en el aprendizaje cultural – como se expresan puesto que no tienen la idea de saber más que a través del aprendizaje. Y en el fondo, este abismo, lo colman designando una relación de comprensión global con la instancia del otro. Por lo tanto, en su lenguaje, esto supone que recurran a una hipótesis suplementaria, la de un módulo especializado para realizarla..Pero finalmente sentimos que todo el discurso sobre la conexión con el registro de la cultura supone ya identificar el momento inaugural de una entrada, que está presentada en los términos de la psicología mas elemental, la psicología digamos positivista, el desciframiento de la intención del otro. Con la suposición, sea dicho al pasar, de que el sujeto sería, ya, para sí mismo un sujeto intencional – cito exactamente: Los niños humanos comienzan a comprender que las otras personas son agentes intencionales, como ellos. Por lo tanto este encuentro, que parece indispensable para el aprendizaje cultural, supone que, ya para sí mismo el niño humano sea un agente intencional.

Estamos allí, hay que decirlo en una fantasmagoría extraordinaria. Salvo recurriendo, no digo que es la respuesta más desarrollada –, a la noción lacaniana de orden simbólico, que da consistencia al medio donde el desciframiento y el querer decir son concebibles.

Pero eso supone una estructura más desarrollada que la de la imitación – que está allí subyacente –, supone una estructura cuyo punto de partida está, ya, hecho de una retroacción, y que localiza, en el Otro: A, el lugar previo, como se expresaba Lacan, del sujeto del significante.

Para Lacan, para el Lacan más clásico, antes de que la deshaga, la base material era la estructura del lenguaje, aquella que él pensaba que podía demostrar que sostenía el síntoma al sentido psicoanalítico, donde en el fondo el síntoma se demuestra en relación con una estructura significante que lo determina.

Vemos bien como Lacan pensó ganarse al discurso científico, o conseguirle al psicoanálisis un lugar en el discurso de la ciencia, con un recurso, que es hoy mucho menos probatorio que a mediados del siglo 20, por el sesgo de la lingüística estructural, que se encontró progresivamente reprimido por otros abordajes de la lingüística. Apoyándose en la lingüística estructural, en la de Saussure y Jakobson, Lacan podía pensar y decir que el lenguaje conquistó su estatuto de objeto científico. Permaneció como el soporte intocado de su enseñanza hasta que en su muy última enseñanza, quiebra esta base con una frase lapidaria que mencioné el año pasado.

Les gustaba en esa época, reproducir su escritura de la diferencia del signifícate y significado, bajo la forma de algoritmo, decía.

Este algoritmo tenía por objeto marcar que las ligaduras internas al significante tenían las funciones más amplias en la génesis del significado. Es lo que dio a su escrito de "La instancia de la letra" su valor de punto de capitón, y es lo que endureció, a continuación, haciendo del significante la causa, no solo del significado sino del sujeto. Dicho de otro modo, pudo darle a la verdadera causalidad psíquica la forma de la causalidad significante, y basado en esto su enseñanza, la parte mas clásica de su enseñanza pudo desarrollarse.

Entonces, el término mismo de sujeto, que Lacan aportó al psicoanálisis, si se lo considera por reflexión a partir del cognitivismo, digamos que tiene este valor de romper la relación de doble entre lo que es psíquico y lo que es orgánico.

Por ello Lacan podía decir que admitía la definición aristotélica del alma como forma del cuerpo, y de cierto modo el estadio del espejo, es una génesis del alma en el sentido aristotélico, es el paradigma que ilustra la emergencia del alma.Lo que nos desarrollan bajo las especies de la actividad neuronal, y en sus formas supuestamente más elevadas, sus formas integrativas y recombinantes, incluso reflexivas, son génesis del alma aristotélica las que nos proponen. Y Dehaene cree validar su esquema diciendo; es lo mismo que el esquema aristotélico del sentido común. Hace falta un lugar donde eso se reúna.

En relación con esto, es sensible que el sujeto está en posición descompletada. El sujeto del que se trata en Lacan no es el sujeto psíquico.

De la misma manera que el saber del que se trata en el inconciente no tiene nada que ver con el saber tal como está puesto en función en el cognitivismo, como información, que constituye el objeto de un almacenamiento de memoria, que constituye el objeto de un aprendizaje, o que constituye el objeto de una pedagogía. El saber figura en el cognitivismo bajo la forma del aprendizaje y de la pedagogía, mientras que el saber del que se trata en el inconciente como diría Lacan, se ubica en otra parte: se ubica en el discurso, y en un discurso donde se interroga el inconciente bajo el modo, decía Lacan – que diga porqué, es decir interrogamos con el modo del desciframiento.Y, por lo tanto, el sujeto de Lacan, es un sujeto del que podemos decir que está pura y simplemente abolido en la neurociencia, puesto que para ella el postulado es aristotélico: lo que es psíquico se desprende, es el doble de lo orgánico.

Vemos bien que, incluso si Freud tomó prestado de la biología, por supuesto no es a partir de la biología como podemos aislar la pulsión de muerte; no podemos hacerlo mas que como una función del discurso, es decir, precisamente bajo el modo de la función de la repetición.

Esto no implica, ni por asomo, una negación – ¿Cómo decirlo? – de lo real del cuerpo, no implica una negación de lo real del esquema mental, incluso si es imaginario. Esto implica, diría generalizando una proposición de Lacan, esto implica que las integraciones son siempre parcelarias.

Lacan lo dice a propósito de la imagen del cuerpo: incluso el acceso a la forma total del cuerpo no anula la fragmentación inicial de la relación con el cuerpo, y por lo tanto la integración especular nunca es total, es contradictoria. Y bien, podemos decir que, de la misma manera, la integración, lejos de ser una función de síntesis, lejos de que haya una función de síntesis mental total, la integración mental es siempre parcelaria, y lo que nosotros llamamos sujeto es justamente lo que es parcelario en esa integración.Cuando Lacan se ocupa, trata el moi, es en la línea freudiana que ve allí un revoltijo de identificaciones, separadas, que está a mil leguas del lugar de deliberación interna y reflexiva que constituye el objeto de la hipótesis cognitivista.

Este sujeto que Lacan recomendaba no encarnar jamás – e incluso cuando lo representaba bajo las especies del conjunto vacío podemos decir que era todavía demasiado –, este sujeto, es inútil decirlo, no es ciertamente susceptible de encarnarse en el cerebro. Hay allí otra función, una función disjunta., que no puede ser abordada – no digo conocida, sino que no puede ser abordada –más que en la referencia al discurso.

Después de todo, a partir del momento en que admitimos que no podemos cerrar el conocimiento científico del cerebro sin apelar a la cultura, y bien me parece que es muy difícil negar que el discurso, la relación al otro por el discurso, constituye un orden de realidad que es propio. E incluso la hipótesis de la que no podemos prescindir del desciframiento de la intención del otro es ya un testimonio de que no podemos negar la densidad de real que hay en el hecho del discurso, puesto que, después de todo, incluso en este ejemplo sumario que nos dan, en esta apelación sumaria que se hace al otro, es cuestión de desciframiento.

Por lo tanto, pretendemos que el sujeto, es una función que se desprende de este orden de realidad sui generis, que es el discurso.Es esto, entonces lo que Lacan, en su enseñanza mas clásica desarrollo hasta este punto, que he señalado la última vez, donde encuentra un corte de la causalidad.

Podemos decir que, a todo lo largo de su enseñanza, adoptó con su valor de provocación, el lenguaje causalista, listo para enfrentar, en su terreno al discurso de la ciencia, si puedo decirlo, y hasta aislar un corte de la causalidad, un corte de la determinación, encontrando, sintetizando – ¿por qué no decirlo? – un cierto número de resultados bajo la forma de: no hay causalidad sexual. Dijo relación. Dijo relación para decir: no hay allí causalidad y no hay ley de la relación entre los sexos.

Pensó con esto oponer a lo real de la ciencia, que es un real que contiene un saber, el real propio del psicoanálisis bajo la forma de un real que no contendría un saber, y que vehiculizaría el saber del inconciente. Pero justamente vehiculizando especialmente la ausencia de ley, vehiculizaría precisamente el agujero de ese saber.No hay relación sexual, es la noción de una ausencia de ley. La ley sexual no puede escribirse.

Esta contingencia está ubicada para Lacan en el nivel de la constatación, que es validada por el discurso analizante, por la experiencia analítica, y digamos, por la multiplicidad de la que testimonian los modos bajo los cuales los dos sexos entran en relación. Hay allí una multiplicidad clínica, y digamos que, bajo su forma sintética, permite, por el hecho de que esta contingencia no se desmiente, permitiría enunciar, ser tomada como demostrando la imposibilidad de escribir una ley en ese lugar.

Y entonces que, podemos decir, que el termino contingencia se torna en efecto una palabra clave en el lugar de la causa.Lo que podría ser considerado aquí como una impotencia del discurso analítico para formular la relación sexual es, para Lacan, tratado como una imposibilidad. Y el análisis deviene el lugar propio donde el inconciente testimonia de este real, que es un real, si queremos, sin saber.

Entonces, ¿En qué medida hay un matema de lo real?

Estamos obligados a decir que es un real sin matema. Lacan, finalmente, si seguimos todas las etapas – lo que no he hecho, lo veríamos retroceder el lugar del psicoanálisis: del de la ciencia al de la ciencia conjetural, luego al de la ciencia al borde de la ciencia, y luego al de la formación discursiva en el borde exterior de la ciencia. Y allí, en el fondo, inventa un real sin matema, o: hace de la relación sexual un real sin matema, donde la cuestión es saber en qué medida es transmisible. Lacan da como respuesta: solo es transmisible por la fuga a la cual responde todo discurso. Es esencialmente transmisible por la experiencia analítica misma, me parece, es decir por la experiencia misma de la fuga.

Entonces, cuando Lacan pudo formular, como lo he subrayado, en su último texto escrito, que el inconciente es real, entiendo con ello que el inconciente no es imaginario, que era si queremos, la tesis a la que conducían sus "Propos pour la causalité psychique", que el inconciente no es simbólico, al menos en su fase más profunda, que el inconciente esta a nivel del sin ley, y que no representa incluso el retorno de la verdad en el campo de la ciencia, porque la verdad, comparada con este real, no es más que un espejismo.De allí, entonces, el soporte que creyó poder tomar en el nudo, del que podemos decir que hizo una materia del inconciente, la base material del psicoanálisis, pero digamos a condición de que precisamente no se desarrolle en las normas del discurso de la ciencia. No es falta de saber que le hizo evitar el simbolismo matemático de los nudos, me parece que es ante todo para dar el paradigma de un tratamiento de una materia a la cual el discurso científico era, en ese momento, incapaz de darle sus leyes.

Y por lo tanto, es sin duda la invitación que hace a los analista, y que debemos sostener ante las avanzadas, por una parte de observaciones, pero por otra parte, hay que decirlo de las hipótesis para los creyentes – no podemos decirlo de otro modo –, que ante estas avanzadas de observaciones o de ficciones, su invitación a los analistas es esforzarse por ek–sistir, es decir existir fuera de esas normas – no estando prohibido, por operaciones de comando, si puedo decirlo, minar un cierto número de fundamentos. Es lo que, con mis medios, trato de hacer hoy, y trataré de hacerlo la vez próxima.

(Recapitulación de lo que está escrito en el pizarrón)


* NdT: juego de palabras entre neu (homófónico con noeud: nudo)

Fin de la Novena Sesión del Curso JAM 2007-2008 - 6.02.08