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Entrevista de actualidad 16

Jueves 13 de noviembre de 2008
Francisco Hugo Freda con Jacques-Alain Miller (2)
Publicada en 74, rue de Assas, Paris 6ème por JAM

La clínica en el CPCT
Jacques-Alain Miller: "Estoy de acuerdo, me decía usted la semana pasada, en retomar la discusión en el punto preciso de su interpretación."
Francisco Hugo Freda: Sí, ¿qué pasó en el CPCT desde el punto de vista clínico, en lo que concierne al tratamiento mismo de los pacientes? En un primer momento, era necesario ubicar bien cómo entender lo que llegaba. Muy rápidamente percibí que había puntos de vista diferentes, unos centrados sobre criterios que diría estructuralistas, en el sentido de "neurosis, psicosis y perversión", y otros criterios centrados sobre lo que podía ser la psicosis ordinaria. Al mismo tiempo, aparecían con asiduidad nociones salidas de su enseñanza a partir del Seminario sobre Joyce, El Sinthome. Poco a poco, lo más importante que se reveló, fue la presentación de casos clínicos: ¿cómo presentar el caso para que fuera legible para todo el mundo? Eso fue lo que se hizo en las reuniones mensuales, donde yo ponía el acento en los efectos de la intervención del analista. Era necesario esclarecer los efectos de la intervención misma.
Ese momento duró mucho, encontrar una manera de presentar, de interpretar, con las discusiones sobre la orientación del caso: ¿cuál era la estructura? ¿Qué fenómeno se presentaba? ¿Había habido una resolución de lo que fue la primera demanda? Se despejó una manera de orientar las cosas, pero –recuerdo haber hablado de eso al final de mi mandato, con algunos colegas, sobre todo con Serge Cottet–, faltaba un segundo momento: era necesario ir más allá de una comprensión "fenomenológica" del caso para entrar en su comprensión más íntima. Desde el inicio, y eso se fue afinando a mediada que avanzábamos en el trabajo, era la importancia de encontrar un psicoanalista lo que aparecía. ¿Qué va a producir el encuentro con un psicoanalista?
Para el paciente, encontrar un psicoanalista no es lo mismo que encontrar a cualquier otro. Es un encuentro bastante único. La idea del tratamiento era la de los efectos que produce para alguien encontrar un psicoanalista. Eso no se confunde con el hecho de que se tratara verdaderamente de un psicoanálisis. Nadie dudaba un solo instante de que no se trataba de un análisis, sino del beneficio que un paciente podía sacar por encontrar un psicoanalista, y eso determinaba en múltiples casos: un antes y un después. No era siempre positivo, eso podía no producir nada, pero nunca ha sido un encuentro indiferente.
Usted evocó el hecho de que había, sin duda, un poder de sugestión. Buscábamos localizar si había momentos de sugestión, o momentos transferenciales. Era necesario calcular el alcance transferencial, porque sabíamos que no podíamos continuar al infinito. No debíamos acelerar una máquina para, después, dejar caer al paciente. Era una preocupación importante la continuación de cada uno de los casos. Esta es la interpretación que hago del momento clínico.

Algunas críticas

JAM: Hace nueve días le pedí tener en cuenta, dejo modularlas como usted las entienda, las críticas que han podido ser formuladas. ¿Puede decir de qué manera tiene en cuenta esas críticas?
FHF: He reflexionado sobre eso. El CPCT era un momento particular y el producto, como le dije, de una larga historia que podemos incluso volver a trazar. Pienso en 1996, cuando hubo Angers, Arcachon, toda esa serie de movimientos que usted animó y que dan como resultado, entre otros, el Atelier de psicoanálisis aplicado en 2001. Había ahí una nueva clínica. Cuando lo modulamos, reformulamos las cosas, como usted lo hizo, a partir de sorpresas de la psicosis, de los inclasificables, etcétera, había ahí una corriente clínica absolutamente nueva, a la cual yo adhería enormemente, y usted sabe por qué, a partir de mi trabajo sobre la noción de las nuevas formas del síntoma. Entonces, hubo el momento del psicoanálisis aplicado y dos años después, en 2003, el CPCT.
El CPCT era el laboratorio que ponía en práctica y al estudio esta serie, y casi diría, sin saberlo. Me doy cuenta hoy que poníamos en práctica lo que habíamos trabajado para pensar la clínica un poco de otra manera y el encuentro con un psicoanalista. Se hizo, seguramente, con muchos defectos, incoherencias, que hay que modificar.
JAM: Sí, pero ¿cuáles son las críticas que han retenido su atención?
FHF: ¿Lo que retuvo mi atención? Preguntaban si prestábamos atención a la clínica, por ejemplo. Pienso que hay ahí un punto a considerar. ¿Estuvimos atentos a diferenciar el psicoanálisis puro del psicoanálisis aplicado? No creo que hayamos hecho del encuentro con un psicoanalista lo mismo que un análisis. Otra crítica recae sobre el número de personas. Se dijo que el CPCT aspira la energía de todos los que están dentro del CPCT. ¿Es que puedo considerar que eso fue así? La preocupación en ese momento era el lazo a la Escuela. Se creyó, quizás, que había algo que dejaba a la Escuela detenida en relación con lo que se producía en el CPCT. ¿Es que lo puedo constatar hoy?
Francamente, pienso que, quizás, habría que encontrar una articulación diferente, si es que tiene que haber ahí una articulación. ¿Buscamos esa articulación? ¿La encontramos?
JAM: ¿Podría precisar lo que buscó?
FHF: Por ejemplo, hace cuatro años, cuando la Escuela propuso un seminario sobre el psicoanálisis aplicado, nunca se puso en cuestión hacerlo. Los miembros del CPCT participaron, o lo animaron. Creo que había que estar presentes.
Una crítica que usted hizo concierne al hecho de pedir subvenciones, es decir, el lazo con el estado y las consecuencias que eso podía tener. Efectivamente, hay ahí un punto central del cual éramos concientes y del cual estuvimos muy atentos. Sabíamos pertinentemente que podía haber tropiezos mayores, que podíamos estar sometidos al control y a la evaluación. Les advertí en muchas ocasiones a mis colegas de la Escuela y al Consejo de administración del CPCT sobre ese riesgo. Es por eso que, cuando respondíamos a las ofertas, poníamos mucha atención a los sistemas de evaluación que nos pedían, para saber si se podía o no. Yo observaba eso de cerca, para saber si podíamos responder a las exigencias. Luego, medíamos hasta qué punto podíamos o no aceptar, o pedir. Había ahí una elección radical a hacer. Entonces, o se es completamente libre e independiente y hay que encontrar el modo de financiamiento en otra parte, o incluso hacer pagar a los pacientes, pero habíamos optado por la gratuidad. Por otra parte, no teníamos la posibilidad de decir: tenemos 90.000 euros todos los años que aseguran lo mínimo. ¿Puse demasiado el acento sobre ese punto? Tenía la obligación de asegurar el funcionamiento del CPCT a mediano plazo. ¿Podría haber hecho de otra manera?

Achicar las velas
JAM: Desde la semana pasada, se me comunicó, y busqué un cierto número de informaciones de las que no disponía durante nuestra entrevista anterior. Comienzo por un elemento extremadamente simple –por otra parte, todo es simple. Recibí esta mañana por correo un envío de Fabien Grasser. Él me dirige, a pedido mío, los procesos verbales de las Asambleas generales del CPCT. Estos fueron establecidos por Luis Solano y firmados por los responsables que tienen que hacerlo. No tuve tiempo de leer esos documentos en detalle, me contenté con tomar el primero, con fecha del 6 de julio de 2004 y el último, del 9 de julio de 2008.
El 6 de julio de 2004, la Asamblea del CPCT se reunió en rue Huysmans. Se señala la presencia de un "invitado especial", JAM –había olvidado eso. Estamos entonces en el décimo cuarto mes de funcionamiento del CPCT. Alguien –parece que fuera usted– dice: "las 600 consultas en el CPCT hasta el día, provocan una cierta inquietud en la dirección". Hasta la fecha, el presupuesto previsional 2004 es de 62.600 euros, y está indicado que: "las subvenciones públicas hasta el momento no son más que promesas", lo que quiere decir que, en esa fecha, el CPCT no funciona todavía más que con la subvención de la ECF. Hay toda una página donde están anotadas mis palabras sobre la clínica en el CPCT y sobre las diferentes cuestiones abordadas. Extraigo esta frase: "a mi parecer, hay que achicarlas velas, [...] achicar nuestras velas para poder funcionar convenientemente".
Tomo ahora la Asamblea del 9 de julio de 2008, cuatro años más tarde. Era justo antes de las últimas vacaciones, hace cuatro meses. El informe de actividad y de gestión fue presentado por Fabien Grasser. El dijo: "1.400 demandas fueron tratadas. 530 nuevos tratamiento fueron comenzados. Hay actualmente 90 intervinientes, de los cuales 45 son miembros de la Escuela, diez en formación en la ECF, 35 provenientes del Atelier de psicoanálisis aplicado". Indicó también, cito, "que los grupos de control clínico pasan de 16 en 2007 a 28 en 2008": es el 75 por ciento de aumento en un año. "la Unidad-adolescentes encuentra un nuevo local, transformándose en Punto de acogida-Escucha jóvenes". Había un local, ahora hay dos: el doble. La totalidad del balance 2007 se equilibró en 154.772 euros. Si acercamos estos dos documentos, ¿es excesivo concluir que la opinión que yo había dado en su invitación de 2004 no fue seguida?
FHF: Recuerdo muy bien esas dos reuniones. La dirección de ese momento tomó muy en serio la pregunta de cómo hacer para achicar las velas. Era necesario encontrar los medios apropiados para hacerlo. Eran simples. Había un problema: ¿cómo hacemos para reducir las demandas y cómo seriarlas? Había un problema técnico, la gente continuaba viniendo y nosotros debíamos, sin embargo, achicar las velas. ¿Cómo hacerlo? Fue ahí que surgió una discusión sobre cómo ser absolutamente estricto en relación con la consulta. No teníamos la intención de reducir ese tipo de demandas venidas del exterior. No sabíamos qué hacer delante de ese hecho. Qué posibilidades teníamos, cuando alguien llamaba por teléfono, de decir: "No, usted no puede" a uno y "sí, usted puede" al otro. Evaluamos esta posibilidad, pero en ese momento concluimos que lo que había que hacer era filtrar el número de pacientes que venían. Hay que distinguir en los pacientes, los que vienen de los que siguen el tratamiento. ¿Qué indican las cifras? La cantidad de personas que vienen una vez. Hay que saber cuántas, sobre esas 1.600 personas, continuaron el tratamiento. Les decíamos a muchos pacientes, después de dos o tres consultas, que no le podíamos dar continuidad al tratamiento. La única manera que teníamos de reducir era con un cierto filtro clínico, saber si podíamos o no brindarle un servicio al paciente.
JAM: De todas maneras, diríamos más bien que usted tomó lo contrario de mi opinión, sino no estaríamos en la situación en la que estamos hoy.
FHF: ¿Por qué lo contrario? Tratamos el problema, que no era simple de resolver.
JAM: Bien. No innovaba mucho en la Conferencia institucional de mediados de septiembre diciendo que había que achicar las velas porque empleé la misma expresión que cuatro años antes. No me desanimo, vamos a terminar por llegar ahí.
Tuve hace unos días un intercambio con Bernardino Horne, quien me pedía una indicación a propósito del CPCT- Bahía, y le respondí en español:
"A) No crecer más: ni una hora más, ni un solo cartel más, ni una sola persona más; si se desea integrar nuevas personas, hacerlo por permutación.
B) Separar totalmente las reuniones clínicas y las reuniones de gestión; las de gestión, sólo para un pequeño número de personas (cuatro o cinco); hacer públicas las cuentas y las decisiones de gestión dos veces por año, en un documento escrito".
FHF: Está muy bien.
JAM: Esto es lo que propongo, si usted está de acuerdo: que los CPCT existentes no crezcan más, no reciban muchos más pacientes, no creen nuevas unidades, no hagan entrar nuevos consultantes, que sea por la permutación de los que ya están ahí. Entonces, primer tiempo: congelar el crecimiento, lo que nos dejará en un segundo tiempo la elección de estudiar la situación de los CPCT, a la vez en su conjunto y uno por uno. "Las supervisiones", "las citas de formación", los RIM, etcétera, todo eso que se desarrolló sobre el modelo del CPCT-Chabrol, y que no formaba parte del proyecto inicial, ¿eso debe ser mantenido en ese estado? Habrá igualmente que proceder a una redefinición de los CPCT con relación a las Secciones clínicas –a un acercamiento, se trata de los estudiantes– y con relación a la Escuela. En fin, habrá que preguntarse también qué CPCT habrán de sufrir, si puedo decirlo, una cura de adelgazamiento, a fin de responder lo mejor posible a su misión. ¿Esto le parece admisible?
FHF: Absolutamente. Ningún problema. Es un buen plan para el momento actual.
JAM: La Conversación de Bordeaux hizo aparecer también que ganaríamos separando las reuniones clínicas de las de gestión, que están actualmente confundidas en lo que usted llamó los RIM, reuniones institucionales mensuales. No es sano, creo, que las cuestiones de gestión sean mezcladas en los debates clínicos, en tanto que tienden a absorber todo. Es preferible que sean tratadas por una dirección de cuatro o cinco personas, con una difusión de las informaciones por escrito, a todos los intervinientes, en intervalos regulares. Es, en todo caso, lo que aconsejé para Bordeaux y para Bahía. Me gustaría que ahora dejáramos de lado la cuestión del CPCT y que volvamos a la Escuela de la Causa Freudiana. Pero, ¿estaría de acuerdo en continuar mañana por la noche?
FHF: De acuerdo, a la misma hora.

Palabras recogidas el 31 de octubre de 2008.

 
Traducción: Damasia Amadeo de Freda