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Entrevista de actualidad 21

Una contribución de Serge Cottet
Sábado 22 de noviembre de 2008

Novedades. Una conversación del CPCT- Chabrol, organizada por su director Fabien Grasser, tuvo lugar el sábado 22 de noviembre de 15.00hs a 19.00hs, en los locales de la ECF, con la participación de Lilia Mahjoub, presidente del Consejo de administración del CPCT, y de J.A.-Miller, presidente de su comité científico. El boletín electrónico será incesantemente ubicado sobre el sitio forumpsy.org, donde se pueden encontrar todos los números aparecidos de las "Entrevistas", los intercambios de esta Conversación no serán publicados; en cambio, los de la Conversación del CPCT-Bordeaux del mes pasado han sido trascriptos, y estarán próximamente on-line.

SONIA CHIRIACO: Furor sanandi
Muy tempranamente, Freud pone a sus discípulos en guardia contra el furor sanandi, porque había descubierto que esta tendencia de los analistas, y más particularmente de los médicos, iba contra el psicoanálisis mismo: lo impedía. Y si la cura advenía, era por añadidura: Lacan lo recordó, retomando la advertencia freudiana, después declinándola en múltiples ocasiones hasta descentrar cada vez más precisamente el fin del análisis de la intención terapéutica hacia el sinthoma que no se trata, que no se reabsorbe. Todas estas indicaciones no impidieron a Lacan, que tenía siempre una salida para todo, dar a los analistas consejos de prudencia terapéutica, en particular cuando los incitaba a no retroceder ante la psicosis. Desde el Seminario 3, dio recomendaciones precisas en ese sentido, porque se trataba por cierto, de no hacer desencadenar una psicosis compensada incitando a ciertos sujetos a la asociación libre, perturbando sus defensas, empujándolos a hacer salir los demonios hasta ese momento encerrados. Del secretario del alienado hasta la invención psicótica, pasando por el tratamiento del goce, ¡qué instrumentos conceptuales preciosos! Con la orientación lacaniana que Jacques-Alain Miller ha proseguido, hemos hecho nuestros esos instrumentos que fueron afinados, reforzados. Los tenemos ahora en nuestras manos, y podemos, ya con cierta perspectiva, testimoniar de su vigor y de su eficacia. Los éxitos no se cuentan más, al punto que los analistas de nuestra Escuela son reconocidos como los número uno en el tratamiento de la psicosis! Sin embargo, nadie se equivoca: si la psicosis se trata, no se cura.

En las Jornadas de las Secciones Clínicas, en toda la AMP, los casos son elegidos para ser discutidos, comentados, se extraen lecciones que forjan ellas mismas nuevos principios y estos se transmiten a los jóvenes practicantes en lo vivo de la clínica psicoanalítica. La categoría de la psicosis ordinaria, propuesta por Jacques-Alain Miller, tiene su lugar en este movimiento desde hace 10 años, y los casos "raros", cada vez más señalados, ya no lo son más, al contrario. Es sobre este fondo que los CPCT vinieron a inscribirse. Deben tomar el desafío de tratar el padecimiento en 16 sesiones gratuitas. El desafío fue tomado más allá de toda esperanza.

Enceguecidos por su éxito, ¿los analistas de la AMP habrán sido alcanzados por el furor sanandi? No lo creo. Al lado del psicoanálisis aplicado a la psicosis, porque finalmente se trata principalmente de eso, otras curas no han cesado de proseguirse en los consultorios de los analistas, largas curas en las que se profundiza la hiancia delante de la cual los numerosos analizantes no retroceden. Curas que se relatan también por el detalle, en el secreto del control individual. Y allí, podemos estar seguros que no es el furor sanandi el que lleva las riendas, es el deseo del analista.

SERGE COTTET: El camino de los alumnos
El CPCT ha sido concebido como una suerte de laboratorio experimental sin equivalente en la Escuela. Se trataba de poner a prueba en la práctica, una afinidad supuesta entre síntomas de la modernidad y el último Lacan. La ocasión de institucionalizar esta afinidad es el encuentro contingente entre el psicoanálisis aplicado, promovido en 2001, y la demanda social: se captó la oportunidad para el psicoanálisis de inscribirse en el campo social, de demostrar su atención a las derivas de la desinserción, de oponerse a las terapias comportamentales adheridas al discurso del amo: "Una de las tareas de la consulta es sintomatizar la operación contemporánea que hace del síntoma uno de los nombres del sujeto" escribía Hugo Freda en 2003.

El desmontaje de la clínica estructural operado por Lacan con el seminario sobre Joyce ha servido de modelo, dando un aval epistemológico a esta investigación. Ella encontraba su justificación con los numerosos casos de "psicosis ordinaria" encontrados en ese lugar. La justificación de las curas breves por Jacques-Alain Miller, con su teoría de los ciclos, permitía elucidar los efectos terapéuticos rápidos obtenidos sin sugestión.

Finalmente, lo que parecía al comienzo una desviación calculada del discurso analítico no tenía vocación para servir de paradigma de una nueva clínica, sino para responder presente, en ocupar el terreno allí donde nadie nos esperaba. En el plano de la formación, no podemos decir que los jóvenes practicantes se formaban como analistas en este dispositivo. Hay que destacar que esta práctica, muy cercana a la que tienen en institución, en CMPP o en otra parte, se encontraba allí esclarecida, orientada, interpretada por analistas lacanianos; ocasión única y a contra pendiente de las llamadas "síntesis" para provocar, por lo menos, una división de su ser profesional, un cuestionamiento de los estándares y los prejuicios de su formación de psicoterapeuta.

Esta orientación tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

1. Las ventajas
La aplicación de los conceptos del último Lacan a la psicosis ordinaria, obligaba a pensar una clínica pragmática, la de la suplencia más que de la interpretación. Los requisitos epistemológicos encontraban la ocasión de ser explicitados; conducían a una clínica del anudamiento explorando todos los recursos que permiten las metáforas del nudo, del agujero, del corte. Se experimentaba una clínica no freudiana, otra que la del desciframiento del síntoma por el inconciente; nada más demostrativo de la función inventiva del síntoma que esta clínica. Retiene la pendiente natural del psicoterapeuta: la de la cura y la reparación. Una clínica de la separación y de la suplencia era ofrecida a la mirada nueva del clínico. Esta atención puesta sobre las nuevas formas clínicas desembocaba en una disolución de los estándares diagnósticos usuales.

Se han visto obsesiones y fobias que no dependían de la neurosis, los donjuanismos despabilados que no dependían de la histeria moderna, los casos raros –una madre patrona de una casa de prostitutas, un médico pedófilo, una hija parricida y otros representantes de un patio de Monipodio interpelando necesariamente al CPCT sobre los límites de su acto.

Si distinguimos dos vertientes del síntoma, una hacia la inhibición y la angustia, la otra hacia el activismo y el pasaje al acto, la novedad está más bien del lado de la segunda: una clínica del empuje a gozar que intentamos frenar. En el primer caso, aflojamos una identificación mortificante, en el segundo limitamos el riesgo vital que comporta un desencadenamiento pulsional al mismo tiempo que la entrada en un discurso nuevo puede hacerlo. El dispositivo converge en la invención de una solución limitando la errancia por el solo lazo social que realiza. El simple hecho de indicar al sujeto su abonamiento al modo de goce que lo apremia, de nombrarlo, lo divide y lo frena. No parece en principio irracional permitir a sujetos de este tipo efectuar una primera vuelta que le ahorre la puesta en acto del inconciente y lo dispense de recorrer la infinidad de los significantes de su historia.

La atención puesta en el efecto terapéutico no puede tratarse de desviación. La creación del CPCT lo reivindica. Resta solamente saber sobre qué eficacia de la palabra se apoya. Allí hay todavía dos vías: o bien la adaptación del sujeto al ideal social y familiar, o bien el efecto de apaciguamiento y alivio que permite este encuentro imprevisto, a saber la reconciliación del sujeto con su satisfacción –que está conforme o no a la normas en vigor–. Es sobre este punto que la clínica llamada continuista es aplicable: ella es cuantitativa, mide las intensidades, calcula el más y el menos, las presiones, las exigencias, los grados de alivio, los beneficios o los inconvenientes del síntoma, en función del significante que se introduce. No dispensa de un diagnóstico de estructura.

Tenemos un ejemplo con el tema de la soledad en la ciudad que fue objeto de las jornadas de Estudio del CPCT el 15 de noviembre. La desinserción y el aislamiento se encuentran dialectizados por una elección del sujeto que ninguna obligación social o familiar explica. En esta ocasión, Jacques-Alain Miller ha comentado el caso de esta joven mujer de 25 años disgustada con los tiempos que corren y el imperativo de goce que comanda. Ella está avergonzada de ser aún virgen: vieja niña, no es una verdadera mujer. Se le dijo al contrario que su reserva la honra haciéndole valer los méritos de una mujer libre, posición que todas le envidian. Teniendo en cuenta la estructura de la persona, no pareció oportuno empujarla hacia el hombre.

El ideal, lo sabemos, "es esclavo de la sociedad". Nunca el consultante del CPCT ha sido alentado a servir de guía en la realidad, ni de mentor. Se trata más bien de hacer funcionar una terapia crítica del significante amo.

No se puede pretender, por otra parte, que el discurso del amo no tenga su lugar en el dispositivo. Es la consulta. Ella selecciona los sujetos (en todos los sentidos de la palabra) y orienta. Una "focalización" del significante en las primeras entrevistas limita y previene un desbocamiento del inconciente considerado perjudicial para el interesado. Tenemos entonces la idea de lo que es tratable en el CPCT y de lo que no lo es, buscando en el síntoma mismo lo que protege al sujeto de lo peor. Tales esos SDF que rechazan las soluciones de alojamiento y los hogares que les propone, prefiriendo su errancia a una localización de su ser en el colectivo, anticipando ellos mismos un desencadenamiento psicótico en caso de inserción abusiva. Una paciente me decía que trabajar en la oficina era para ella una tumba. La mirada pragmática de la focalización, que consiste en aislar en el material lo que puede hacer lazo social o suplencia en la perspectiva de remediar la precariedad simbólica, debe permitir a priori calcular los riesgos y evitar un psicoanálisis salvaje. Sólo la formación rigurosa del clínico concerniente a lo real del síntoma, permite esta evaluación.

Es verdad que la inyección de un significante nuevo en este marco, cortocicuita la interpretación: ella es defendible por los efectos de separación que produce, con tal que desprenda al sujeto de una identificación. Tratándose de los adolescentes, P. La Sagna hace valer esta clínica de la separación. ¿Cómo hacer renunciar a una joven a un embarazo precoz? ¿Cómo un síntoma depresivo es desplazado sobre sus orígenes familiares? ¿Cómo un acting-out es evitado? No sabríamos decir si estas interpretaciones ponen o no al inconciente a trabajar, lo que es seguro es que el sujeto está en condiciones de asociar su malestar a un significante nuevo. Se han obtenido resultados en este sujeto, en el sentido de la suspensión de una desinserción –como si las virtudes del diálogo y la escucha, encontraran, en el campo social, una consecuencia, una salida inesperada. Es esta la transferencia en el CPCT, el desplazamiento en el campo social de las experiencias del diálogo. La posibilidad de una trascripción en el campo familiar y profesional de un decir imposible hasta ese momento.

2. Los inconvenientes
a. La contra-experiencia: Se ha designado allí la cura tipo en 16 sesiones: el ideal tipo de una cura llevada en el CPCT debía dispensar al sujeto de una prolongación de su terapia en el exterior. Se suponía al sujeto de entrada desabonado del inconciente sin calcular los riesgos de constituir uno para el porvenir.

En las condiciones en que las preocupaciones concernientes a la estructura estaban sub evaluadas, la proximidad era grande entre el rechazo del inconciente en la psicosis y el desabonamiento del inconciente como índice del fin del análisis en la doctrina. De donde el deslizamiento entre, por una parte, el agotamiento de los significantes en el desarrollo de una cura ortodoxa y la ausencia de análisis, pura y simplemente. Digamos que un cierto modelo de fin de análisis lacaniano, especialmente la identificación al síntoma, se vio promovida como paradigma a realizar sin que un trabajo de fondo se haga sobre la oportunidad de un desciframiento o no del síntoma.

La analogía entre pase y cura en el CPCT viene de allí. Sólo la seducción operada por los conceptos vecinos del desabonamiento, han podido inspirarla. Ella es evidentemente falaz. Que los consultantes sean considerados como estando ellos mismos en el pase a título de estar confrontados con esta clínica del síntoma, surge de la más grande confusión. Es verdad que esta elucubración jamás ha constituido una orientación mayoritaria de la práctica. Así, no se puede decir que el trabajo efectuado cortocircuitaba el pase ni los estándares del psicoanálisis puro. Al contrario, es una aplicación abusiva de la cultura del goce y del síntoma lo que ha movilizado en la contra-experiencia las preguntas cruciales de la Escuela sobre el fin del análisis, mientras que no era cuestión en la mayoría de los casos de comenzar uno. No es la primera vez que esto se produce: ocurrió a veces que algunos síntomas de la psicosis inspiran a los psicoanalistas en su esfuerzo de transcribir los momentos de pase como franqueamiento.

Las preguntas diagnósticas, a menudo descuidadas en función de ese estándar prestigioso, felizmente volvieron necesaria la confrontación con la clínica clásica (por ejemplo, la neurosis obsesiva femenina trabajada en la ECF por Esthela Solano).

b. La subestimación de los problemas ligados a la transferencia como los medios empleados para impedir su puesta en acto procedente de un abuso de autoridad que no es más que la resistencia del psicoanalista.

¿Qué fotógrafo artista puede regular el ángulo de abertura del inconciente, qué plomero obstinado puede asegurar el cierre? Por otra parte sabemos que el cierre autoritario del inconciente no corta la vía a la dialéctica de la transferencia. La resistencia del analista no le impedirá manifestarse como lo real que no se espera. La prolongación del tratamiento más allá del límite estándar es entonces, necesario en muchos de los casos. Sin producir estadísticas sobre este tema, debemos admitir que al menos un caso sobre tres continúa el tratamiento en el exterior con otro terapeuta sea liberal o en institución.

c. La duración: podemos discutir sobre el forzamiento del tiempo. El tiempo del CPCT no es real sino simbólico y social. Se ha dicho que es una clínica de lo real, esta supone el tiempo lógico. O es esto último lo que está abolido. El tiempo de los relojes no le da al sujeto todo el tiempo para comprender pero lo acelera. Esta aceleración encuentra justificaciones independientes de la demanda social: es irreductible a la performance terapéutica que comanda. Esta aceleración está por cierto legitimada por la selección que se ha hecho previamente: la del síntoma lo más accesible a su rectificación y a su tratamiento en lo social. Una anticipación del momento de concluir es obtenido, pero, hay que decirlo, por un forzamiento institucional. Es por lo cual puede haber contradicción entre topología y temporalidad, la "topología y el tiempo" –es un tema de trabajo de psicoanálisis puro sobre el cual debería articularse el CPCT–. Nada prueba que lo arbitrario del tiempo impuesto conviene a los anudamientos, ni que los cortes realizados subsisten de una vez para todas.

3. Los llamados grupos de control, la formación de la Escuela
Estos grupos funcionan sobre el modelo de los seminarios de la Sección clínica y del Atelier de psicoanálisis aplicado. Se discuten los casos juntos. Son grupos de elucidación de las prácticas donde cada consultante presenta un caso e indica sesión por sesión la orientación seguida, los resultados obtenidos, la continuación a dar. El término de cartel no conviene porque no se extrae el producto propio de cada uno, sino que a través de un caso particular se hace un trabajo colectivo. Contrariamente al control clásico no se puede implicar igualmente al consultante en un acto financiado y del cual la institución es responsable. El CPCT juega también su parte. Más aún cuando se ha puesto por delante la transferencia a la institución más que a la persona. Una puesta en común del problema obliga a cada uno a preguntarse qué orientación le daría a un caso parecido. Se busca entre todos los mejores instrumentos provistos por el psicoanálisis para tratarlo. La continuación a dar, es decir el seguimiento del caso, es el objeto mismo de la elaboración del grupo. Este problema crucial está en el centro de las discusiones de la RIM. No sabría reducirse a recetas de saber hacer, a modos de empalme del ego en los dropout y los precarios.

El efecto de formación es innegable. La mayoría de los testimonios provistos por los jóvenes clínicos no deja ninguna duda. Es la ocasión como nunca de poner entre paréntesis un saber premoldeado y de inventar algo que la singularidad del caso sugiere. Hay que inventar la fórmula del diagnóstico, concebir el tratamiento como solución elegante y no como cuidado. El retraso de la clínica sobre las formas modernas del síntoma obliga a una actualización.

La singularidad y la extrañeza misma de ciertos casos desencadena un brainstorming sin equivalente: desesperan las certidumbres adquiridas, los sintagmas coagulados, el confort de la ortodoxia. Esta transferencia de trabajo, estimulando la investigación, en una buena lógica debe converger sobre el psicoanálisis puro. El aporte que constituye para la Escuela no debe restar al margen. Los mismos principios de orientación, la misma epistemología son puestos en práctica.. En ese sentido, en el CPCT se puede elaborar una contribución a la doctrina del síntoma. Ella ayuda, entre otras cosas, a diferenciar los restos sintomáticos que conciernen a lo incurable de una cura analítica de las formas de suplencias entrevistas en la institución.

No está demostrado que los jóvenes consultantes utilicen esta oportunidad para cortocircuitar la formación en la Escuela. La institución no sostiene un lugar de escuela paralela. Los consultantes vienen de la Escuela, están en análisis en la Escuela, pasan por el CPCT y retornan. Los testimonios son numerosos para decir sobre los efectos que han tenido sobre ellos el trabajo en ese lugar, favoreciendo su transferencia a la Escuela lejos de desviarlos: demanda de controles individuales, estimulación para un trabajo de doctrina más profundo en los seminarios, reinscripciones en la sección clínica, et. Desde esta perspectiva, el CPCT debería reforzar la Sección clínica, más que suplir las carencias de los poderes públicos en materia de ayuda y de cuidado. Aún menos debe entrar en la perspectiva de hacer cifra en esta ocasión.

El riesgo evocado por Lacan, "de reclutamiento del practicante" en lo social, recordado recientemente por Jacques-Alain Miller es grave. A mi parecer, no es consustancial con el CPCT ni con el psicoanálisis aplicado a la terapia, a condición de rechazar las ofertas sociales que le harían olvidar "que su responsabilidad primera está alrededor del lenguaje".

El futuro "psicoanalista del siglo XXI", si tiene en cuenta la advertencia, no hará una economía en su formación bajo pretexto de un desvío por el CPCT. Es el camino de los alumnos entendido de la buena manera. El que lo vuelve a llevar a la Escuela, rico por su extravío fuera de los caminos trillados.

Publicado en 74 Rue D‘Assas en París 6è por JAM

 
Traducción: Silvia Salman