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Entrevista de actualidad 27

Miquel Bassols, Antoni Vicens: El debate español está comenzando
Más contribuciones de Luc Garcia et Joëlle Joffe
Viernes, 5 de diciembre de 2008
from amp-uqbar

ANTONI VICENS
Estimada Elvira Guilañá, estimados colegas:

Entré a trabajar en el CPCT de la ELP en Barcelona cuando fue fundado en octubre de 2004; durante los meses de marzo, abril y mayo de 2005 lo hice en el CPCT de la ECF en la rue Chabrol de París, hasta volver a Barcelona. He decidido interrumpir esta experiencia. Dejaré el CPCT cuando terminen los tratamientos que tengo en curso.

Estoy muy satisfecho por la experiencia que he podido adquir en el CPCT, tanto clínica como institucional. Pero creo que trabajar gratuitamente sólo debe hacerse por un tiempo limitado y teniendo claro lo que se quiere obtener; hacerlo sin límites y por inercia puede llegar a ponerse en contra de los mismos objetivos que se persiguen.

La Escuela sostiene hoy un debate sobre la experiencia del CPCT.

En el aspecto clínico de ese debate, me parece claro que, como recordaba Francisco Hugo Freda en su diálogo con Jacques-Alain Miller, la creación de los CPCT se hizo en el tiempo en que se introducía en nuestra clínica el concepto de psicosis ordinaria. Creo que explorar esta noción ha sido uno de los motores de nuestra formación reciente. El resultado de esa exploración en el CPCT ha sido muy importante.

En el aspecto institucional, los CPCT instauraron una plataforma de conversación para los miembros de la Escuela. Pero hemos de entender que este resultado había de ser temporal, pues si lo que nos unía era la esperanza de estar distribuyendo un bien a los ciudadanos, no debíamos olvidar que ese bien y esa esperanza no se corresponden con el discurso analítico.

En el aspecto político, los CPCT fueron un instrumento adecuado para descompletar el concepto de salud mental, y el de una psicoterapia aplicada a ella. Siempre sostuve que los CPCT no eran instituciones de salud mental, y que la distribución de un tratamiento gratuito nos permite distanciarnos de las iniciativas que confunden la psicoterapia con un psicoanálisis low cost.

Con todo mi afecto y mi consideración,

Barcelona, 30 de noviembre de 2008

MIQUEL BASSOLS: De matemáticos, ajedrecistas y psicoanalistas
La invitación al debate de nuestra Presidenta Lucía D’Angelo me ha llegado cuando recibía a la vez un interesante texto que acaba de publicarse en su traducción catalana. Se trata de A Mathematician’s Apology [1], "Apología de un Matemático", escrito en 1940 por Godfrey Harold Hardy, ilustre matemático inglés especialmente dedicado a la matemática pura. Su lectura me parece más que aconsejable después de la referencia que Jacques-Alain Miller dio en su primer curso de este año, Choses de finesse en psychanalyse, el pasado 12 de Noviembre, en relación a la diferencia entre matemática pura y matemática aplicada para centrar nuestro debate actual entorno al psicoanálisis puro y aplicado.

Va una cita del texto de Hardy en su defensa de la matemática pura: "Creo que podría reforzar mi argumento apelando a los sentimientos de los propios jugadores de ajedrez. Seguro que un maestro de ajedrez que juega grandes partidas en torneos importantes, en el fondo, desdeña el arte puramente matemático subyacente en los problemas de ajedrez. El jugador guarda el arte matemático como una reserva que puede utilizar en una emergencia".

La idea de Hardy es que la matemática pura –la "auténtica", llega a decir–, puede quedar entonces desdeñada, y hasta olvidada, en las aplicaciones que hacen de ella los físicos o las técnicas que encuentran su utilidad inmediata. Al maestro de ajedrez evocado por Hardy puede ocurrirle lo que a aquellos panaderos evocados por Richard Sennett y citados por nuestra colega Mercedes de Francisco en la última Jornada Ripa en Barcelona: saben apretar los botones para hacer pan, pero no saben ya cuál es el noble arte de hacer pan. El ganador de la partida de ajedrez sabe hacer los movimientos para hacer jaque mate después de haber memorizado muchos finales de partida, como hizo la máquina Deep Blue frente a Kasparov, pero puede llegar a desdeñar el arte matemático que subyace en la lógica de esos movimientos. Y puede ocurrirle entonces algún día lo que le ocurrió a los personajes del cuento de Ray Bradbury evocado por Jacques-Alain Miller en la misma Jornada Ripa, esos personajes que con sus grandes ordenadores habían olvidado cómo tratar un problema que alguien vino a resolver finalmente con un lápiz y un papel.

El problema no es banal y la caricatura que supondría poner en serie con estos personajes un practicante actual del psicoanálisis –ese que podría olvidar su noble arte con sus aplicaciones terapéuticas– no debe escondernos la verdadera naturaleza del problema, que es el de la naturaleza misma del psicoanálisis.

Pero sigamos todavía un poco más la argumentación por el lado de la matemática, para ver qué puede enseñarnos. En la excelente Introducción a la edición catalana de la obra de Hardy, el matemático Josep Pla escribe algo que puede parecer sorprendente: "No hay que confundir la matemática aplicada con la aplicación de la matemática [...]. La matemática aplicada es matemática, forma parte de lo que se incluye semánticamente en la palabra matemática. Las aplicaciones de la matemática son los usos, más o menos restringidos, que de la matemática hacen los físicos –aquí es donde hay que ir con pies de plomo–, los ingenieros, los arquitectos, los informáticos, los biólogos, los sociólogos y muchos otros científicos. Un matemático aplicado, insisto, hace matemática". Es algo tan esclarecedor como aparentemente tautológico. Entonces, un físico, por ejemplo, no hace de hecho matemática –ni pura ni aplicada– sino que aplica la matemática de manera restringida a fenómenos que en realidad no son fenómenos matemáticos. Pero entonces, sólo el matemático hace realmente matemática aplicada cuando aplica la matemática con toda su potencialidad... ¡a los fenómenos propiamente matemáticos!

La conclusión de Hardy siguiendo esta línea de argumentación es de lo más jugosa: "Todo esto puede parecer evidente, sin embargo es bastante confuso ya que las materias más ‘útiles’ muchas veces son las que parecen más inútiles cuando las aprendemos [...]. Por mi parte, nunca me he encontrado en ninguna situación en la que mis conocimientos científicos, al margen de los que tengo en matemática pura, me hayan servido de algo" (las itálicas son nuestras). Finalmente, la mayor utilidad no es la que se deriva de las aplicaciones de la matemática en sus usos restringidos sino la que el matemático Hardy ha encontrado en la matemática pura, aquella que permite ser aplicada a los propios fenómenos matemáticos.

Debo confesar que la argumentación me parece impecable y que tal vez puede enseñarnos algo para nuestro debate.

¿No convendría distinguir también, por nuestra parte, el psicoanálisis aplicado de las aplicaciones del psicoanálisis, de los usos, más o menos restringidos, que hacemos del psicoanálisis en sus diversas potencialidades? Por ejemplo –y llego así a uno de los puntos claves de nuestro debate–, la aplicación que hacemos del psicoanálisis en los CPCT es un uso restringido, dosificado, del psicoanálisis a "consultas" y "tratamientos" específicos, es una aplicación con la que producimos, siempre por añadidura, efectos terapéuticos.

Conviene no olvidar, en efecto, que lo terapéutico es aquí también un efecto colateral –un "daño colateral", me atrevería a decir– y no tanto el campo específico de la aplicación. Y lo más útil desde el punto de vista de la demanda social no es, no debería ser en realidad, lo más interesante y útil desde la perspectiva del propio psicoanálisis. Lo más útil para el psicoanálisis es lo que parece más inútil para la demanda social en las "consultas y tratamientos", lo más útil para nosotros es lo que de todo eso podemos aplicar al propio psicoanálisis.

¿Sería exagerado decir por nuestra parte que el psicoanalista sólo hace psicoanálisis aplicado cuando aplica el análisis a los fenómenos propiamente analíticos? Me parece una perspectiva interesante. Y tal vez es lo mejor que deberíamos esperar de un analista en la Escuela.

Veo así un beneficio en esta forma "matemática" de argumentación. Y es que nos hace más presente la pregunta, que nunca debería parecernos evidente ni ya respondida en una Escuela: ¿qué es un psicoanalista? O bien, según la expresión de Lacan: lo que el psicoanálisis nos enseña, ¿cómo enseñarlo?

En eso estamos. Y es por este sesgo que lo que llamamos psicoanálisis puro, entendido como una experiencia y no como una terapéutica, tiene hoy su mayor razón de ser. Pero esto puede ser ya motivo para otra contribución al debate.

Notas
1- El texto en inglés puede consultarse en http://www.math.ualberta.ca/mss/misc/A%20Mathematician's%20Apology..pdf

LUC GARCIA: Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado
A veces, pienso que la sala de espera de un psicoanalista que practica en la ciudad, en la consulta privada, como profesión liberal, se parece a una institución. Los pacientes toman algunas veces, después de sus sesiones, un café entre varios, dos, cuatro o más. Una necesita hablar con la otra, la otra se encuentra con el otro en el tren, lo otra guarda discreción porque piensa que esta gente habla por hablar para eliminar el hilo cortante de una sesión con el fin de disolver su alcance y lo vivido, dice que está trabajando sobre sus sesiones, que son cosas íntimas, que no cuadran y que no se pueden compartir. Otro tampoco charla pero por motivos distintos que no se saben pero nos los imaginamos, así están las cosas etcétera. En el barrio mismo de un psicoanalista, algunas tiendas se van enterando poco a poco de las citas de los pacientes... la panadería asaltada, la tienda de ropa situada en la esquina de la calle. En definitiva, se trata de una "institución espontánea" –término utilizado ya en otro marco por Jean-Robert Rabanel, el responsable terapéutico del Centro Terapéutico y de Investigación de Nonette–. La sala de espera del psicoanalista constituye este lugar singular donde se codean los lectores del Figaro o los lectores del Courrier International, los pobres, los ricos, los desgraciados, los seguros de sí mismos o los que, encuentran un momento de tranquilidad para llamar por el móvil incluso algunas veces a alguien que no podrían llamar desde otro lugar. Se llora, uno se esconde, se desencanta o se está encantado, se llega un poco perdido, se sale fortalecido por la transferencia o se da un portazo hasta la próxima sesión. Se trata de una sala de espera, es cierto, pero el vínculo entre ellos es la transferencia.

De una manera pura o aplicada, no podría distinguir de entrada en la definición poco hábil de interrogar el significante para hacerle hablar. Pasa en un momento dado por la experiencia, por lo corporal vivo de la experiencia y de lo que se agarra a ella, esto es, lo que se ignora y que se denomina inconsciente que se deforma, se reforma pero no se negocia. Siempre me ha parecido que una dimensión del psicoanálisis siempre está obrando independientemente del lugar, de la hora, de las circunstancias, simplemente las de la transferencia, este punto de confianza como anclaje. Por el hilo cortante algunas veces de su una sesión de tres minutos. Con la transferencia tampoco hay negociación posible.

Si denominamos "aplicado" al psicoanálisis que utilizaría los instrumentos freudianos "en otro sitio", "al exterior" , la transferencia, el inconsciente, por mencionar sólo estos conceptos que me resultan centrales, si además el psicoanálisis "aplicado" sería esta maravilla de la que se tenía más expectativas y que resultaría necesaria a fuerza de constatar que el psicoanálisis se apoya en un discurso analítico y que uno constata sorprendido que se difunde como un discurso, si francamente, es preciso que el psicoanálisis sea "aplicado" para encontrar maravillas en la práctica, entonces, de vuelta, inversamente, me pregunto porqué se le ha ignorado todo este tiempo en que no se hablaba del psicoanálisis "aplicado". Es entonces cuando el "psicoanálisis puro", por contraste, vive en la ignorancia de sus propios usos. Y esto, lo menos que se puede decir, es que es raro.

A priori, ignorar en qué opera el psicoanálisis me inquieta. Sorprenderse que opere por el hecho (y es esta conjunción la que resulta inquietante) de que se abran oficinas para este efecto, resulta aún más sorprendente. Aún más inquietante resulta la claridad y la orientación que está adoptando una práctica del psicoanálisis, la ética que fundamenta el acto analítico. Sabemos de sobra, sin embargo, que el psicoanálisis y el rechazo de la verdad por la cual opera el psicoanálisis no hacen buenas migas o hacen algo así como barrer las migas debajo de la alfombra.

El psicoanálisis inicia una tragedia, una apuesta, un deseo, un movimiento por el cual ya nada es como antes. Por lo tanto, se trata de una relación con el acto. En 16 sesiones, se queda uno estupefacto de que haya un antes y un después. ¡Pero vaya!, ¿ya nos habíamos olvidado o no habíamos experimentado de que una sola palabra, una interpretación, una sesión, un instante por corto que sea pueden cambiar una vida? ¿Qué cura, o qué olvido de la cura, (depende y aquí hay que distinguir) ha marcado a los "curtidos" para necesitar que se abran estructuras inmensas, a veces pequeñas, para volver a encontrar el gusto por la subversión analítica en cuanto al discurso? ¿Cómo pueden haber olvidado esta subversión que salva la vida, que aporta aire, que sostiene, que ofrece un lugar? ¿O bien, qué es lo queremos olvidar de paso? Aquí aparece el enigna de lo reprimido. Si por aplicado se entiende el paso, por fin, hacia la asunción de lo que implica un acto, entonces lo que se plantea ya no es sencillamente la cuestión de lo puro o lo no puro o la necesidad inmediata de ir a pescar cheques sino, en primer lugar, la fidelidad hacia un encuentro y del compromiso que conlleva. ¿Era realmente necesario pasar por un "mini-se-taire" (¿mini silencio?), para tocar la sustancia del discurso analítico? ¡Qué lástima! ¡Qué lástima sobre todo para los psicoanalistas y, por extensión, para cada uno de nosotros seamos psicoanalistas de profesión o no!

De todo esto resulta ese lado conexión con el Otro para asumir su acto. Esta lado "consecuente" conocido por el que gestiona ya sea un ministerio o un establecimiento de psicoanálisis aplicado, y retomo aquí las palabras excelentes de J.-A. Miller, un establecimiento de psicoanálisis aplicado como si se tratara de un restaurante de provincia donde se cocina con delicadeza una muselina insípida pero donde el camarero empalagoso y envolvente saca su lupa para retratar e interpretar. "¡Ah!, al señor le gusta la muselina, el señor tiene buen gusto, el señor es así o así, ya sé lo que le gusta al señor...". Mientras que sabemos bien que precisamente el acto opera de una inconsecuencia y que el lugar, el objeto a del psicoanálisis, es un diván donde se puede encontrar como causa, como causa horrible, como causa no fácil, como causa terrible, genial, fabulosa, no ideal, etcétera. Pero, ¡caramba!, no lo olvidemos y no busquemos almas buenas y admirativas por medio de la casta administrativa para recordarlo. Y venga, vuelta al diván si es necesario.

JOËLLE JOFFE: CPCT y ECF
Cuando Moisés, ausente "demasiado tiempo", descendió del Monte Sinaï con las Tablas de la Ley, el Pueblo había reclamado a un Dios, había dado a Aarón "los pendientes de oro" de sus mujeres, hijos e hijas y adoraban el becerro de metal realizado con la sustancia quemada. Durante las Jornadas de la Escuela, JAM ha vuelto a colocar al psicoanálisis y la formación del analista (análisis personal, control, pase) vía la transferencia al centro de la Escuela.

Solicitada por su director poco después de los inicios del CPCT, acepté de buen grado ofrecer mi tiempo y mi experiencia práctica y trabajé allí los dos años a los que me había comprometido.

El trabajo clínico era muy serio y podía aportar satisfacción y enseñanza, lo cual agradezco a mis colegas. Sin embargo, para un miembro reciente de la ECF como yo (pase en la entrada), la experiencia resultó extraña:

- Las dudas lógicas de una práctica clínica nueva me han llevado a comprender rápidamente la pertinencia afirmada de reglas diferentes en enunciados sucesivos de "verdad" más que lo Real imposible (inscribirse en el discurso del Amo rechazando, o... el número creciente de "pacientes"). "Es característico de lo falso convertir todo en verdadero" se lee en la lógica del fantasma.

- Una transferencia "mínima" era necesaria para que un sujeto volviera pero el final programado también debía protegerlo.

- La mejoría del síntoma sin tocar al fantasma era el objetivo, el efecto terapéutico apuntado.

- La cuestión de la gratuidad en un momento evocada fue dejada de lado. Se trata, por lo tanto, no de una clínica bajo transferencia sino de una clínica under control.

Un "tratamiento de psicoanálisis" sin transferencia, sin fantasma, sin circulación de dinero, todo orientado hacia el síntoma que se trataría de volver psicoanalítico, sin embargo, y de suprimir en un tiempo fijado de antemano estaba previsto para sujetos la mayor parte de las veces fuera del discurso, muy desarrumados o por lo menos en una "precariedad simbólica" según la bonita expresión de Francisco-Hugo Freda.

Psiquiatra del sector público de origen, incorporado a la ECF para pertenecer a una comunidad de psicoanalistas, el encuentro tomaba aires de malentendido.

Las discusiones sobre la búsqueda de subvenciones han sido invasoras. Las gestiones del director del CPCT y de algunos colegas con el Otro social y político tuvieron éxito pero en este punto, podemos preguntarnos si el coste financiero no era inferior al coste de esta "pompa de líbido" evocada por JAM. Por otro lado, es verosímil, y he escuchado tales comentarios, que jóvenes colegas se hayan perdido un poco en la confusión de una práctica clínica incluso controlada por analistas de la Escuela y en la formación de un analista.

Un cierto número de colegas de la Escuela y especialmente lo que tenían responsabilidades clínicas en instituciones han podido sorprenderse de un lugar de escuela al final poco alejado de la práctica de su lugar de trabajo orientado por el psicoanálisis lacaniano con la diferencian notable de que no se habrían atrevido a afirmar que hacían psicoanálisis ni formaban a analistas. Prácticos clínicos iluminados, psicólogos o psiquiatras encuentran allí un lugar.

El entusiasmo era tal en las instancias del CPCT que estas voces a menudo tímidas no podían hacerse oír en esta armonía feliz a pesar de una inflación progresiva de reuniones.

En este sueño de "blend" una lengua "maîtr/ane".

El "psicoanalista del mundo exterior" debe resguardarse de los dos excesos opuestos: querer el "bien" de un sujeto muy a su pesar como hacen nuestros gobernantes y querer que todo sujeto se convierta más o menos en un analizante.

La ECF es ahora de utilidad pública, lo cual es deseable en nuestra época.

Los CPCT tienen una función de "ventana sobre el mundo" tanto para el Campo freudiano como para el Otro de la demanda social, más allá de los "servicios dados".

Con la vuelta a los significantes contemporáneos (niños, adolescentes, depresión, precariedad...) para crear unidades "dedicadas" con subvenciones incluidas y efectos de seducción obligados, la ECF corre el riesgo de enfrentarse con una alternativa imposible, renunciar o someter el discurso analítico al discurso del Amo. La práctica de la responsabilidad de un sector de psiquiatría pública siempre pletórico de "éxito", si uno se refiere a la cantidad exponencial de las demandas, nos transmite esta enseñanza en cuanto aspiramos a un proyecto "apuntado por el Otro" en posición de Amo.

El psicoanálisis aplicado a la terapéutica o más bien la "psicoterapia orientada por el psicoanálisis" (sin demasiada sugestión ni subjetividad del terapeuta! efecto de alivio del sujeto, solución elegante, suplencia) puede encontrar su lugar y, de hecho, es el caso, en los lugares de "escucha y de cuidados" donde trabajan muchos colegas de la Escuela.

También leo la modestia de los colegas que han creado recientemente nuevos lugares bajo el impulso actual.

La ECF, para mantener su singularidad, debe permanecer vigilante para no ser invadida por el éxito calificativo y cifrado de sus consultantes. Un "escaparate" es importante, pero no un show room. Nuestra Escuela de psicoanálisis atrae a los colegas orientados por la enseñanza de Lacan prorrogada por la de JAM y de algunos otros colegas con la gracia de la transferencia. El porvenir de una ilusión con el Padre era problemática; sin el Padre es poco probable que el psicoanálisis sea algún día un éxito par el gran público; algunos se sienten orgullosos por ello, otros se resignan. Decimos que lo Real es imposible. La cantidad de líbido y el tiempo de cada uno es limitado; acaso no es deseable que la de los analistas de la Escuela sea orientada hacia la práctica, la enseñanza, la investigación del psicoanálisis puro y que una actividad "social" de psicoanálisis aplicado dependiente de la ECF permanezca por cierto presente en el mundo contemporáneo pero de manera marginal.

¿El embrollo subjetivo de los sujetos uno por uno y los momentos de pase enunciados no reflejan acaso más el trabajo de una escuela de psicoanálisis que la escucha a corto plazo del innumerable sufrimiento?

 
Traducción: Dora Maestre