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La comunidad que compone la Escuela
de la Orientación Lacaniana vuelve hoy a
encontrarse hoy para dialogar sobre los problemas del psicoanálisis,
en la vastedad de las significaciones que de esta expresión
se quiera deducir. El mismo título de las II Jornadas
apunta a interrogar por la eficacia del psicoanálisis,
no desde siempre, sino en la actualidad. ¿Es tan eficaz
como lo era antes? El inconsciente, después de haber
sido forzado por nosotros, no va a tardar en volver a cerrarse,
anticipó Freud sin que Lacan lo desmintiera. Y Freud
quiso decir con esto algo totalmente preciso, que constituyó
toda la inquietud de los analistas llamados postfreudianos.
"Lo inconsciente no se entrega ya como en los tiempos de Freud,
y allí reside el gran cambio decisivo, la revisión
desgarradora a la que, en la década de 1930, tuvo que
constreñirse su técnica", patentiza Lacan para
referirse a un principio que atraviesa a los psicoanalistas:
no existe ningún pretexto para volver a dormirse. Que
hoy en día los pacientes lleguen al consultorio del
analista con sus interpretaciones bajo el brazo, con la pauta
preformada de regulación de horarios y honorarios,
señala la caída del antiguo bastión del
encuadre standarizado, emplazamiento del atalaya desde donde
el analista encontraba cierta comodidad en denunciar las resistencias.
Problema crucial, ya que se trataba de un modo articulado
de presentificarse lo real, cuando en esta experiencia del
decir, se pide al sujeto que se libere de las referencias
habituales. Ese sujeto, el del inconsciente, cuya inconsistencia
lógica lo hace más liviano que cualquier ser
que habita en esta tierra.
El
mundo ha cambiado en las últimas décadas del
siglo XX, así nos dicen los organizadores de las II
Jornadas, y el psicoanálisis ha cambiado también,
para no divorciarse de la subjetividad de su época.
¿Cuál es la actualidad del inconsciente? ¿Cual
es el estatuto del sujeto allí donde eso piensa sin
saber, no solamente lo que eso piensa, sino incluso que eso
piensa? El inconsciente está estructurado como un lenguaje,
se apronta en cualquier tiempo para concentrar el hecho de
que todos los lenguajes están centrados en un imposible
de decir, y, lo afirmamos con la certeza de la locura, no
hay sistema lenguagero que no tenga un poco de lo imposible,
es decir un inconsciente estructurado como un lenguaje que
apunte a nombrar lo imposible de decir de lo sexual.
Se
habla con toda justeza de los nuevos modos de gozar "que responden
a la conmoción de nuestra cultura en el tiempo de la
inexistencia del Otro", nuevos modos de sufrimiento al cual
la ciencia responde con su clásico imperativo ¡forcluyan
al sujeto que se acabó la rabia!
Y
el retorno desde lo real es siempre más espectacular,
en la época en que el reality-show quiere chuparse
al tipo que pretende ser escuchado.
Pero
he ahí que nosotros nos volvemos a reunir, y nos alegramos
en esta comunidad que se reencuentra para debatir por el porvenir,
aunque nuestro ánimo esté sacudido por las ausencias
que no se comprenden ni se descifran.
***
Es
verdad que lo que atraviesa la época es que el cambio
de discurso en la modernidad ha producido una modificación
en el discurso del amo, el discurso de la ciencia instalado
en el lugar del discurso del amo. Su consecuencia inmediata
es la llamada tiranía del saber, es que el saber no
es como en el saber antiguo un saber hacer, sino la producción
de S1 dispersos, sin que la verdad pretenda
se interrogada como tal, como verdad de la vida, la que puede
dar lugar a las charlas de café más apasionantes,
si es que se tiene el tiempo de encontrarse con los amigos.
Porque
el amigo funciona en el café como aquel que puede preguntar
sobre el saber que cada uno guarda sobre lo insondable de
la relación sexual, sobre la vida y sobre la muerte,
y en las II Jornadas les preguntamos a nuestros amigos colegas
que es lo que han entendido sobre la eficacia del psicoanálisis
en la actualidad y sus incidencias en la época.
Ya
el hecho de que nos disponemos a interpretar la sociedad moderna
como un efecto del discurso de la ciencia permite pensar que
contamos con los medios para dar la cara a la sociedad sobre
este problema. Y acá es donde nos encontramos reunidos.
Para ubicar esos problemas y para determinar la responsabilidad
que nos cabe ante ese discurso homogeneizante.
Como
plantea Lacan en la época de La tercera la primera
regla a aplicar a nuestra posición es la de enfrentar
lo real, y eso lo hacemos más que los científicos,
y en tanto lo real es lo que no anda, además estamos
obligados a resistir, a poner el hombro. Y esto lo subrayo,
para lograrlo hay que estar acorazados contra la angustia
que es una manera fuerte de decir que hay que poder aguantar.
Y ante lo que llama chismes de consumo como a la TV devoradora,
o los cohetes a la luna, Lacan declara que su posición
no se encuentra ni entre los alarmistas ni entre los angustiados
ante la pasión devoradora de los pequeños y
grandes gadgets y sus consecuencias.
Por
eso ubicarnos en ese cambio del discurso del amo, quiere decir
no sólo que estamos inmersos y que por eso tenemos
que responder, sino, como bien ha planteado Marie-Hélène
Brousse, es que también somos productos de eso, estamos
determinados por el cambio en el discurso del amo. ¿Qué
hacemos? En principio el mismo dispositivo analítico
tiene una acción sobre el discurso histérico
generalizado, ese productor de S1 dispersos, porque los aloja,
los organiza, y los pone en relación con un goce. La
operación del discurso analítico es poner en
relación los S1 de la libre asociación
con el objeto de goce. Y no sólo eso, sino que cualquier
analista que escucha, puede armar una pequeña enciclopedia
de la vida cotidiana sólo con lo que recoje cada día
en su consultorio.
¿Estamos
preparados para acoger esa diversidad de síntomas?
Digámoslo de otra manera, ¿está cada uno
listo para comprender de que goce se trata? Me permito recurrir
a Eric Laurent para responder a estas "simples" preguntas,
y considerar que la eficacia de la que se trata, es la de
permitir al mayor número de sujetos tener acceso a
lo que el psicoanálisis les puede ofrecer. Y entonces
nuestra apuesta más importante es la de formar analistas
que puedan responder a una nueva función, un psicoanalista
abierto en sus indicaciones, uno que sabe que no se le habla
de la misma manera a un sujeto neurótico, perverso,
psicótico o un inclasificable, es decir un sujeto que
no logra ubicarse por sí mismo en sus referencias.
Y no olvidarnos que lo que está en juego en las personas
que vienen a consultarnos es su satisfacción. Si no
encuentran ninguna satisfacción en el análisis
no volverán, de allí esa famosa apreciación
de Lacan en la conferencia en Yale, ese fenómeno, prácticamente
impensable, de que tantas personas lleguen al análisis,
releva un real problema. "¡No sólo llegan a nosotros
sino que retornan! ¿Que es lo que puede inducirlos a
encontrar una satisfacción tal en el análisis,
cuando pasar por el análisis es una experiencia tan
poco confortable?...No todos son capaces de hacerlo. Es necesario
tener una cierta dosis de eso, haber escuchado suficientemente
sobre él para saber que puede tener ciertos efectos
esos efectos sobre los cuales cuentan realmente las
personas que emprenden un análisis, aquellos que yo
llamo los analizantes. Ellos cuentan sobre esos efectos, particularmente,
teniendo a la vista las cosas que traban su camino..."
Hablar
sobre los efectos de un psicoanálisis es un modo de
decir que hablaremos sobre la satisfacción antes, durante
y después del análisis, sobre la vigencia del
psicoanálisis también, sobre las categorías
clínicas, sobre su lugar en las ciencias, en la cultura,
en la ciudad. El tema "La eficacia del psicoanálisis"
pone nuevamente a prueba la Escuela como una herramienta cuyo
principal uso es que favorezca el discurso analítico.
Contamos con una nueva ocasión para que la Escuela
de la Orientación Lacaniana se prodigue en la comunidad,
invite al debate y sostenga la innegable disposición
a la invención que nos proporciona este particular
modo de lazo social.
Mayo de 2000
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