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En tu opinión ¿cuál
es el estado actual y general del psicoanálisis en
los Estados Unidos?
Si lo vemos desde la clínica cotidiana, no hay duda
que está afectada por un enorme aparato administrativo
llamado Managed Health Care System, que tiene que ver
con los seguros. Aquí se privatizó la salud
antes de la presidencia de Clinton, pero con su administración
se la profundizó, incluyendo a la salud mental.
Eso
implica que hay muchísimas instituciones que ofrecen
atención en salud mental, ya que todos en este país
tienen un seguro que la cubre. La gente está acostumbrada
a consultar a un psicólogo, que el seguro pague y el
paciente contribuya con un mínimo co-pago. Eso implica
pasar por todo el sistema que los seguros imponen, que limita
el número de sesiones que pueden ser cuatro, seis o
máximo veinte al año; pero también trabajar
con los diagnósticos del DSM IV, hacer planes de tratamiento
por escrito que sitúan las intervenciones a realizar
en relación a cada síntoma, la frecuencia del
tratamiento, su duración exacta, etc. Todo esto ha
provocado que las instituciones se adapten a lo que los seguros
necesitan, a lo que piden, porque de lo contrario no serían
consideradas como proveedoras, lo que determina la forma de
trabajo.
Además
de que el número de sesiones es limitado por cuestiones
económicas de los seguros, también ha entrado
fuertemente en vigencia la importancia de la cuantificación,
que en este momento es uno de los aspectos fundamentales para
que a alguien lo contraten como proveedor, que implica que
el tipo de trabajo que realiza sea algo cuantificable en una
hojita de papel, o incluso en muchas, ya que es excesivo el
papeleo que deben llevar los profesionales que trabajan para
los seguros. Una colega me comentaba lo que le exigían
en la institución donde ella trabaja; frente a un caso
que se había considerado bajo cierta orientación
terapéutica como un síntoma de baja autoestima,
tenía que escribir cuál era el porcentaje de
autoestima que esa persona aumentaba cada semana, ¡y
esto había que volcarlo en números! Realmente
se está llegando al absurdo. Esa colega me hablaba
de su incomodidad, porque la situaban frente a un imposible,
y debía hacerlo.
Hasta
hace poco, nuestra preocupación era el aplastamiento
del síntoma, que se producía al estilo del que
realiza el conductismo, pero ahora vemos que lo que lo más
grave es que lo que interesa a los seguros no es ni siquiera
que la persona se cure, que elimine los síntomas. Se
trata de poder llenar las planillas, así el caso queda
excluido de las prestaciones. En las supervisiones institucionales
generalmente no queda tiempo para discutir los casos, se discuten
las planillas.
Entonces, teniendo en cuenta que es necesario que un analista
siempre esté a la altura de lo real de su época,
¿habrá que ir pensando alguna política
de diálogo con la ciudad?
Pienso que es fundamental. Hace tiempo que nos venimos planteando
qué hacer con esta realidad, ya que si bien es verdad
que uno puede decidir no trabajar con los seguros, eso implica
todo un trabajo de orientación e información
respecto a otras opciones. Pienso que muchas personas pueden
interesarse en un verdadero tratamiento, ya que hay muchas
quejas respecto a lo que está pasando, y han ocurrido
también muchos desastres con respecto a todo este aparato
administrativo, porque obviamente no resuelve los problemas,
e incluso muchas veces los complica. La gente se interesa,
pero también hay que orientarla e informarla acerca
de que existen otras alternativas. Y en cuanto a los colegas,
los clínicos, pienso que el efecto en ellos es también
devastador, depresivo, la profesión está cada
vez más descalificada, la gente llega diciendo: "yo
ya no hablo de clínica en mi institución".
Una
de las cosas que queremos hacer es abrir espacios para retomar
la clínica, invitar a la gente de salud mental a que
venga no solamente a un lugar creado por psicoanalistas para
hablar de psicoanálisis puro, sino hacer énfasis
en que vamos a hablar de la clínica de todos los días
que ellos ven en sus instituciones. Aquí más
que en ninguna otra parte hay que hablar de psicoanálisis
aplicado, porque alguien que estudió psicología
o algunas de las profesiones de la salud mental tiene, obviamente,
interés en hablar de casos clínicos.
Esa
política se dirigiría a rescatar este interés...
Sí, a dar el espacio que va quedando desarraigado de
las instituciones, abrirlo hacia afuera, discutir la clínica,
hablar de qué es un síntoma, de por qué
una intervención tiene que ver con la transferencia,
de cómo se hace un diagnóstico. En fin, cosas
a lo mejor sencillas pero fundamentales a la vez. Por lo que
hemos podido ver, las veces que hemos llegado a los profesionales,
se interesan y se entusiasman. Es hablar de algo que tiene
que ver con su deseo, que despierte su interés.
Se vivifica algo allí, y es
muy interesante porque la propuesta de ustedes ya es una lectura
de los efectos que produce este tipo de trabajo más
administrativo que clínico...
Va aplastando el deseo de una manera terrible, la gente está
sometida a esto porque no hay alternativa.
En
ese sentido ¿dirías que no hay ningún
tipo de demanda social que convoque a los analistas? ¿No
hay demanda social que haga uso del objeto analista que también
está en el mercado?
Pienso que no. Del discurso social americano el psicoanálisis
ha desaparecido completamente. El discurso médico y
el administrativo, llamémosle así, ocupan todo
el espacio.
Este
país delimita un buen espacio dentro del cual se pueden
precisar reflexiones acerca de la subjetividad actual. ¿Podríamos
entonces rescatar los rasgos que permitan darnos cuenta de
cómo se reflejan los movimientos de la época
en la clínica? Desde tu práctica y la de los
colegas que te rodean, podría relevarse algún
paradigma clínico...
Yo creo que lo que se ha venido trabajando en la AMP con respecto
al partenaire-síntoma debe ser tenido en cuenta
porque tiene mucho que ver con todo lo que está pasando
acá. Realmente aquí uno ve como la clasificación
del DSM produce efectos, logrando que cada uno se identifique
a su síntoma y se instale en él. Como dice Èric
Laurent se produce un ordenamiento social de los goces particulares
sin consecuencias clínicas, sólo las tribus
marcadas por el rasgo sintomático. Es algo muy evidente,
lo ves en las calles, en las revistas, en Internet... Eso
sí está en el discurso social y lo puedes palpar
muy claramente cuando el síntoma funciona como lazo
social, por otro lado está el otro extremo que es el
pasaje al acto. Justamente todos aquellos que no pueden hacer
lazo, que no pueden abrocharse de algún modo en toda
esta estructura de cosas, van quedando fuera, exilados del
sistema y una de sus consecuencias es la entrada brutal al
pasaje al acto.
Hemos
tenido en estos últimos años estas experiencias
con los niños y adolescentes que disparan y que matan
en los colegios, de esta manera tan brutal, tan terrible.
Es
un fenómeno que se desplaza de un lugar a otro tal
vez por la identificación que se produce, aquí
lo llaman el fenómeno copycat, pero no creo que sea
sólo eso; también habla de algo más,
de que hay pasaje al acto cuando no hay recurso simbólico
al síntoma.
Ese
es un tema que me interesa mucho, que hemos trabajado en el
grupo, y que vamos a seguir trabajando, pienso que eso habla
de ciertos agujeros de sentido que hay que poder explicar.
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