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La orientación lacaniana en los Estados Unidos
Por Mónica Prandi
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Además de que el número de sesiones es limitado por cuestiones económicas de los seguros, también ha entrado fuertemente en vigencia la importancia de la cuantificación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Del discurso social americano el psicoanálisis ha desaparecido completamente. El discurso médico y el administrativo, llamémosle así, ocupan todo el espacio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justamente todos aquellos que no pueden hacer lazo, que no pueden abrocharse de algún modo en toda esta estructura de cosas, van quedando fuera, exilados del sistema y una de sus consecuencias es la entrada brutal al pasaje al acto.

En tu opinión ¿cuál es el estado actual y general del psicoanálisis en los Estados Unidos?
Si lo vemos desde la clínica cotidiana, no hay duda que está afectada por un enorme aparato administrativo llamado Managed Health Care System, que tiene que ver con los seguros. Aquí se privatizó la salud antes de la presidencia de Clinton, pero con su administración se la profundizó, incluyendo a la salud mental.

Eso implica que hay muchísimas instituciones que ofrecen atención en salud mental, ya que todos en este país tienen un seguro que la cubre. La gente está acostumbrada a consultar a un psicólogo, que el seguro pague y el paciente contribuya con un mínimo co-pago. Eso implica pasar por todo el sistema que los seguros imponen, que limita el número de sesiones que pueden ser cuatro, seis o máximo veinte al año; pero también trabajar con los diagnósticos del DSM IV, hacer planes de tratamiento por escrito que sitúan las intervenciones a realizar en relación a cada síntoma, la frecuencia del tratamiento, su duración exacta, etc. Todo esto ha provocado que las instituciones se adapten a lo que los seguros necesitan, a lo que piden, porque de lo contrario no serían consideradas como proveedoras, lo que determina la forma de trabajo.

Además de que el número de sesiones es limitado por cuestiones económicas de los seguros, también ha entrado fuertemente en vigencia la importancia de la cuantificación, que en este momento es uno de los aspectos fundamentales para que a alguien lo contraten como proveedor, que implica que el tipo de trabajo que realiza sea algo cuantificable en una hojita de papel, o incluso en muchas, ya que es excesivo el papeleo que deben llevar los profesionales que trabajan para los seguros. Una colega me comentaba lo que le exigían en la institución donde ella trabaja; frente a un caso que se había considerado bajo cierta orientación terapéutica como un síntoma de baja autoestima, tenía que escribir cuál era el porcentaje de autoestima que esa persona aumentaba cada semana, ¡y esto había que volcarlo en números! Realmente se está llegando al absurdo. Esa colega me hablaba de su incomodidad, porque la situaban frente a un imposible, y debía hacerlo.

Hasta hace poco, nuestra preocupación era el aplastamiento del síntoma, que se producía al estilo del que realiza el conductismo, pero ahora vemos que lo que lo más grave es que lo que interesa a los seguros no es ni siquiera que la persona se cure, que elimine los síntomas. Se trata de poder llenar las planillas, así el caso queda excluido de las prestaciones. En las supervisiones institucionales generalmente no queda tiempo para discutir los casos, se discuten las planillas.

Entonces, teniendo en cuenta que es necesario que un analista siempre esté a la altura de lo real de su época, ¿habrá que ir pensando alguna política de diálogo con la ciudad?
Pienso que es fundamental. Hace tiempo que nos venimos planteando qué hacer con esta realidad, ya que si bien es verdad que uno puede decidir no trabajar con los seguros, eso implica todo un trabajo de orientación e información respecto a otras opciones. Pienso que muchas personas pueden interesarse en un verdadero tratamiento, ya que hay muchas quejas respecto a lo que está pasando, y han ocurrido también muchos desastres con respecto a todo este aparato administrativo, porque obviamente no resuelve los problemas, e incluso muchas veces los complica. La gente se interesa, pero también hay que orientarla e informarla acerca de que existen otras alternativas. Y en cuanto a los colegas, los clínicos, pienso que el efecto en ellos es también devastador, depresivo, la profesión está cada vez más descalificada, la gente llega diciendo: "yo ya no hablo de clínica en mi institución".

Una de las cosas que queremos hacer es abrir espacios para retomar la clínica, invitar a la gente de salud mental a que venga no solamente a un lugar creado por psicoanalistas para hablar de psicoanálisis puro, sino hacer énfasis en que vamos a hablar de la clínica de todos los días que ellos ven en sus instituciones. Aquí más que en ninguna otra parte hay que hablar de psicoanálisis aplicado, porque alguien que estudió psicología o algunas de las profesiones de la salud mental tiene, obviamente, interés en hablar de casos clínicos.

Esa política se dirigiría a rescatar este interés...
Sí, a dar el espacio que va quedando desarraigado de las instituciones, abrirlo hacia afuera, discutir la clínica, hablar de qué es un síntoma, de por qué una intervención tiene que ver con la transferencia, de cómo se hace un diagnóstico. En fin, cosas a lo mejor sencillas pero fundamentales a la vez. Por lo que hemos podido ver, las veces que hemos llegado a los profesionales, se interesan y se entusiasman. Es hablar de algo que tiene que ver con su deseo, que despierte su interés.

Se vivifica algo allí, y es muy interesante porque la propuesta de ustedes ya es una lectura de los efectos que produce este tipo de trabajo más administrativo que clínico...
Va aplastando el deseo de una manera terrible, la gente está sometida a esto porque no hay alternativa.

En ese sentido ¿dirías que no hay ningún tipo de demanda social que convoque a los analistas? ¿No hay demanda social que haga uso del objeto analista que también está en el mercado?
Pienso que no. Del discurso social americano el psicoanálisis ha desaparecido completamente. El discurso médico y el administrativo, llamémosle así, ocupan todo el espacio.

Este país delimita un buen espacio dentro del cual se pueden precisar reflexiones acerca de la subjetividad actual. ¿Podríamos entonces rescatar los rasgos que permitan darnos cuenta de cómo se reflejan los movimientos de la época en la clínica? Desde tu práctica y la de los colegas que te rodean, podría relevarse algún paradigma clínico...
Yo creo que lo que se ha venido trabajando en la AMP con respecto al partenaire-síntoma debe ser tenido en cuenta porque tiene mucho que ver con todo lo que está pasando acá. Realmente aquí uno ve como la clasificación del DSM produce efectos, logrando que cada uno se identifique a su síntoma y se instale en él. Como dice Èric Laurent se produce un ordenamiento social de los goces particulares sin consecuencias clínicas, sólo las tribus marcadas por el rasgo sintomático. Es algo muy evidente, lo ves en las calles, en las revistas, en Internet... Eso sí está en el discurso social y lo puedes palpar muy claramente cuando el síntoma funciona como lazo social, por otro lado está el otro extremo que es el pasaje al acto. Justamente todos aquellos que no pueden hacer lazo, que no pueden abrocharse de algún modo en toda esta estructura de cosas, van quedando fuera, exilados del sistema y una de sus consecuencias es la entrada brutal al pasaje al acto.

Hemos tenido en estos últimos años estas experiencias con los niños y adolescentes que disparan y que matan en los colegios, de esta manera tan brutal, tan terrible.

Es un fenómeno que se desplaza de un lugar a otro tal vez por la identificación que se produce, aquí lo llaman el fenómeno copycat, pero no creo que sea sólo eso; también habla de algo más, de que hay pasaje al acto cuando no hay recurso simbólico al síntoma.

Ese es un tema que me interesa mucho, que hemos trabajado en el grupo, y que vamos a seguir trabajando, pienso que eso habla de ciertos agujeros de sentido que hay que poder explicar.

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