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Gabriela
D'Argenton es psicoanalista, psicomotricista, AE de la
Escuela de la Orientación Lacaniana, y Miembro de la
Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Titan
- Latidos y germinación de la tierra
[Cynthia
Grinfeld]
0,60x0,80 oleo (1996)
De
allí que el legado freudiano sobre el fin de la cura
analítica pueda traducirse en la pregunta: ¿qué
hacer con el resto pulsional?, ese "quantum libidinal",
el factor cuantitativo que atraviesa los últimos capítulos
de "Análisis terminable e interminable".
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| El
destino de la transferencia analítica es el eje que releva
la autora al tomar algunas formulaciones freudianas y lacanianas
sobre el amor, para proponer el pase y la Escuela como un destino
posible del amor de transferencia. |
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Hace algún tiempo asistimos como miembros de la Asociación
Mundial de Psicoanálisis a lo que dio en llamarse
"la guerra de los carteles", que se instaló
a partir del desacuerdo abierto en los carteles del pase de
la Ecole
de la Cause Freudienne sobre si en el fin de análisis
habría o no liquidación de la transferencia
(1). Ya el término
"liquidación" indica a mi juicio un desplazamiento
de las coordenadas de Lacan sobre la estructura del dispositivo
analítico, y son diversos los momentos de su enseñanza
en los que expresa su oposición a este pensamiento.
Les transmito tres en los que Lacan se refiere a esto. En
el Seminario 11 dice: "¿Qué se querrá
decir con esto? ¿A qué contabilidad se referirá
la palabra liquidación? (...) Si la transferencia es
la puesta en acción del inconsciente, ¿querrán
decir que la transferencia podría ser liquidar al inconsciente?
¿Acaso ya no tenemos inconsciente después de
un análisis?" (2).
Lacan hace allí un sustitución: donde los otros
piensan la liquidación, él ubica un encuentro,
un descubrimiento, lo dice así: "(...) justo en
ese punto de convergencia hacia el cual es empujado por la
faz engañosa que encierra la transferencia, se produce
un encuentro que es una paradoja -el descubrimiento del analista."
(3).
En la proposición del 67, tres años más
tarde, nos dice que en la "futilidad" del término
liquidación, no ve sino la negación del deseo
del analista, siendo que a ese lugar viene "el agujero
donde únicamente se resuelve la transferencia"
(4). Aquí
entonces es interesante notar cómo en ese momento de
torsión que implica el fin del análisis, en
ese momento en que se revela para el sujeto lo que él
es como ser de goce a partir de saber sobre lo que lo causa,
Lacan no ubica una vuelta a cero de la transferencia, sino
un "renacer". Dice: "Así el ser del
deseo alcanza el ser del saber para renacer en su anudamiento
en una banda de borde único donde se sostiene una sola
falta, la que sostiene el agalma" (5).
Mucho más tarde, en su Seminario del '74, "Les
non dupes errent", tras definir a la transferencia como
"la verdad del amor" (6),
recuerda que nunca se supo bien qué hacer con ella
salvo decir "que era preciso reducirla, liquidarla"
(7). Lacan critica
así lo que del analista se pone en juego como rechazo
de la verdad que a él, al analista, lo toca. Entonces,
nos recuerda que en "la experiencia analítica,
la transferencia es lo que ella no puede soportar, sino padeciendo
por su causa fuertes dolores de estómago" (8).
Voy a tomar la vía del amor de transferencia interrogando
sus meandros durante la cura; su estado al fin del recorrido
analítico y su posible destino.
1. El amor freudiano
Sabemos que Freud ubica en el principio de la transferencia
al amor diciendo que los episodios amorosos son inconmensurables
y se ubican -dice- "en una página especial que
no admite ninguna otra escritura" (9).
Así, nos indica la paradoja que presenta la transferencia
al ser al mismo tiempo el único motor posible de la
cura, palanca del tratamiento, y su más difícil
escollo. Despeja Freud, inmediatamente, que no se puede cargar
a la cuenta del psicoanálisis esta cuestión,
sino a la neurosis que, a través de la acción
conjugada de disposición y azar, produce en el ser
humano una respuesta tal que "adquiere una especificidad
determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea para
las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones
que satisfará" (10).
Así define Freud de entrada la transferencia. Notemos
que articula aquí al amor con la pulsión a partir
de lo que llama "condiciones", es decir que anudará
el sujeto al analista la investidura libidinal singular con
las que tendrá que vérselas el psicoanalista
hasta el fin. Es, entonces, una articulación entre
el amor y el goce, ya que hace valer su carácter "necesario"
para la elección del objeto, es decir su sometimiento
a reglas, que es lo que Jacques-Alain Miller aclara diciendo
que en la expresión alemana "condición
de amor" se encuentra bien formalizado que se trata de
condiciones de goce que determinan la elección de objeto
de amor (11).
Freud indica a los psicoanalistas prudencia, pero alerta
sobre la importancia de dejar subsistir en el paciente esta
fuerza del trabajo, sin apaciguarla, ya que consentir al amor
es tan funesto como ahuyentarlo.
Pero no todo es color de rosa, porque al revelarse el amor
en su vertiente real, el goce al que está enchufado,
Freud descubre la condición de síntoma que el
psicoanálisis tiene para el sujeto, es decir la satisfacción
intrínseca a la cura misma. De allí que en 1919
nos diga que "el enfermo busca la satisfacción
sustitutiva sobre todo en la cura misma, dentro de la relación
de la transferencia con el médico, y hasta puede querer
resarcirse por este camino de todas las renuncias que se le
imponen en los demás campos" (12).
De allí que el legado freudiano sobre el fin de la
cura analítica pueda traducirse en la pregunta: ¿qué
hacer con el resto pulsional?, ese "quantum libidinal",
el factor cuantitativo que atraviesa los últimos capítulos
de "Análisis terminable e interminable".
La roca freudiana de la castración localiza un resto
incurable, imposible de analizar tanto en el hombre como en
la mujer que son consecuencia del muro del padre y llevan
a Freud a plantear un retorno al análisis cada cinco
años.
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| [1] |
Este
problema se encuentra desplegado en el apunte realizado
por el directorio de la Escuela de las Orientación
Lacaniana, sobre "Noches de la Escuela Una",
convocadas por el comité consultivo de la
Escuela Una. |
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| [2] |
Lacan,
Jacques, El Seminario, Libro 4, Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis. Buenos
Aires, Paidós, 1987, pág. 275. |
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| [3] |
Ibid.
pág. 276. |
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| [4] |
Lacan,
Jacques, "Proposición del 9 de octubre
de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela",
en Momentos cruciales de la experiencia analítica.
Buenos Aires, Manantial, 1987, pág. 19. |
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| [5] |
Ibid. |
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| [6] |
Lacan,
Jacques, "Los desengañados se engañan
o los nombres del padre". Ficha inédita,
clase del 19/03/74. |
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| [7] |
Ibid. |
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| [8] |
Ibid. |
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| [9] |
Freud,
Sigmund, Obras completas, Vol. XII (2da.;
edición). Buenos Aires, Amorrortu, 1986,
pág. 163. |
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| [10] |
Ibid. |
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| [11] |
Miller,
Jacques-Alain, "Una charla al simposio (sobre
el amor)". Buenos Aires, 20/07/88. |
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| [12] |
Freud,
Sigmund, Op. Cit., Vol. XVII, pág.
159. |
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