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I.
La relación entre la articulación y la investidura
La última vez opuse articulación significante
e investidura libidinal (*).
Un
binario
La articulación en tanto tal está impregnada
de formalismo. Permite dar cuenta de la operación-reducción,
de los fenómenos de repetición, de convergencia,
de evitación y se desarrolla en la dimensión
de lo necesario y de lo imposible.
A
la articulación le opuse la investidura, tomando prestado
para componer este binario, un término de Lacan y éste
último de Freud.
Ciertamente,
la investidura misma está articulada, si puedo decirlo,
con la articulación y hay lugar para hablar de los
fenómenos de repetición libidinal, de convergencia
libidinal, de evitación libidinal; pero queda un rasgo
diferencial. En la dimensión de la investidura encontramos
necesariamente, en psicoanálisis, el tope de la contingencia.
Toda salida de la investidura, toda desinvestidura y por esa
misma vía toda salida de la experiencia analítica
de una manera conforme a su lógica, permanece marcada
únicamente por lo posible.
Escribo
aquí contingente y posible. Dije particularmente que
el pase nunca es más que posible.
La
oposición de lo necesario con lo imposible por un lado
y de lo contingente y lo posible por el otro, es evidentemente
de orden lógico. Es una oposición construida
sobre el fondo más clásico de la lógica,
incluso si la formalización de estas categorías
siempre planteó problemas específicos a los
lógicos. No me interno en esa vía, al menos
por hoy.
Es
una lógica. Y considero que si Lacan recurrió
a esta lógica de las modalidades, como la llama en
un momento de su enseñanza, es precisamente porque
respecto de las modalidades brota la oposición entre
articulación e investidura. Si no trajo al psicoanálisis
esta lógica de las modalidades antes de los años
'70, es precisamente -al menos, es lo que sostengo a partir
de mi construcción- porque permite captar perfectamente,
desde el punto de vista lógico, la oposición
entre la articulación y la investidura.
Aquí
tienen resumido, de alguna manera, lo que expliqué
la última vez.
Su
declinación
Al partir de esta ubicación, pude indicar las tres
formas principales bajo las cuales Lacan pensó la relación
entre la articulación y la investidura.
La
primera forma es la separación, la oposición
entre articulación e investidura. Repercute la oposición
entre lo simbólico y lo imaginario, que al comienzo
de su enseñanza es una no-relación; el acento
estaba puesto en la distinción entre las formas de
la articulación y de la investidura y de alguna manera
su incompatibilidad, la enojosa interferencia de la investidura
en los asuntos de articulación. Al punto de invitar
al analista a dejar de lado los asuntos de investidura, para
reconocer en la articulación significante el resorte
mismo de la cura.
La
segunda gran solución de Lacan fue pensar una forma
de relación entre la articulación y la investidura
esencialmente a partir de la identificación y más
especialmente aún, a partir de la identificación
fálica, que dio una forma de solución a la relación
articulación-investidura.
Allí
vemos en particular las expresiones que desentonan en los
Escritos de Lacan y que durante muchos años
me suscitaron dificultades para situar en su lugar; en particular,
cuando evoca el falo como significante imaginario en su escrito
sobre la psicosis. La expresión misma de significante
imaginario desentona, porque leído sobre el fondo de
la primera enseñanza de Lacan, no se comprende -en
una lectura rápida- cómo se comunican de ese
modo estas dos dimensiones. Pero la expresión de significante
imaginario muestra bien que Lacan construye el falo como un
intermediario, un ser mixto entre articulación e investidura,
entre el orden simbólico y el orden imaginario.
Entonces,
para simplificar, el falo encarna esta relación y el
falo como significante identificatorio, en tanto la identificación
misma concentra la cuestión del factor cuantitativo
-como dice Freud- investido en los significantes, ya que los
significantes identificatorios son significantes que capturan
al sujeto, lo atraen -no desfilan simplemente-.
La
tercera solución -también una forma de la relación
articulación-investidura- es el fantasma, el famoso
$
a. Reúne, bajo una forma elemental,
un elemento dado deducible de lo simbólico -el $
del significante- con algo que es la versión lacaniana
del factor cuantitativo freudiano, a saber, el objeto a.
Aquí
tienen entonces resumida una declinación, a través
de la enseñanza de Lacan, de la relación entre
articulación e investidura.
Articulación e investidura

El
predominio de la articulación significante
La última vez tomé, para hacerme comprender,
algunas palabras extraídas del primer Lacan. Lo llamé
Jacquot. Enseguida me corregí al marcar que
estamos verdaderamente, en un primer nivel, en la ruptura
lacaniana. Si consideramos precisamente la coyuntura de partida
de la enseñanza de Lacan, llegó con la espada,
llegó con la guadaña. Primero tuvo que segar
la maleza -y su guadaña era la guadaña del significante.
De ese modo liberó el campo. Precisamente el campo
del lenguaje.
Una
vez operada esta ruptura, con sus paradojas, con su costado
unilateral, por supuesto, enseguida emprendió la elaboración
del problema que esta ruptura misma acababa de hacer surgir:
el problema de la relación entre el significante y
sus articulaciones, por un lado, y lo que es del orden de
la investidura libidinal. Su enseñanza -que yo había
reconstruido hace ya dos o tres años- no cesó
de retomar este problema.
Pero
de golpe, por cierto, su enseñanza está marcada
por la predominancia de la articulación significante.
Sucesivamente,
Lacan puso en relieve el carácter significante de los
principales conceptos freudianos. El fantasma es significante.
El objeto es significante. La pulsión es una cadena
significante. La libido se traduce, se encarna en significantes;
son otras tantas traducciones del concepto freudiano
de libido en un campo regido por el predominio del significante.
El concepto mismo de objeto a,
que como sabemos, no es un significante, pertenece sin embargo
a este régimen de predominio del significante y traduce
la captura de la libido en el sistema significante. La diferencia
es que, en lugar de intentar traducir la libido en términos
de significante, con el objeto a Lacan traduce la libido en
términos de significado.

El
sentido gozado
Justifica la escritura que propuse la última vez.

Quiere decir que las diferentes tentativas de traducir la
libido en términos significantes, al manipular el significante
fálico, ceden en definitiva al intento de escribir
la libido del lado del significado. Exactamente aquí,
a este nivel, se inscribe esta fórmula que figura una
vez en Lacan, en su Televisión -a la que desde
hace tiempo había echado mano y me entrenaba en manejar-,
la del sentido gozado.
El
sentido gozado es también una figura de la relación
entre articulación e investidura. El gozado indica
la dimensión de la investidura. La palabra sentido
está del lado de la articulación significante,
considerado a partir del significado. Pero, desde el punto
de vista sintáctico, sentido gozado -que Lacan escribe
en Televisión en 1973-, es exactamente lo mismo
que lo que escribe en la "Una cuestión preliminar..."
en 1958 como significante imaginario. Desde el punto de vista
sintáctico, es un acercamiento de la puesta en continuidad
de dos términos que pertenecen a estas dos dimensiones.
También se trata de lo mismo en la fórmula del
fantasma, $
a.
Todas estas fórmulas obedecen estrictamente a la misma
lógica. Y Lacan ya había tenido, en verdad,
la idea de inscribir la dimensión de la investidura
del lado del significado cuando recreó el concepto
del deseo para traducir la libido en términos de significado.
Si
toman el gran grafo de Lacan con sus dos pisos, la pulsión
está aquí como cadena significante y llama el
deseo a este vector que se presenta como un vector significado
retrógrado, sobre el cual inscribe d y el fantasma.
La noción que está presente en el sentido gozado,
es decir, la de transcribir nuevamente la libido del lado
del significado, es de hecho la misma idea que anima su concepto
del deseo.

Esto para resumir y, si era necesario, clarificar lo que aporté
la última vez.
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