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LA ORIENTACION LACANIANA
Una nueva modalidad del síntoma
Por Jacques-Alain Miller
[ 1 ]

Jacques-Alain Miller es psicoanalista, Director del Dpto. de París VIII, Delegado General de la AMP.

 

 

 

 

La mentirosa
[Cynthia Grinfeld]
0,30x0,40 óleo (1996)

 

Toda salida de la investidura, toda desinvestidura y por esa misma vía toda salida de la experiencia analítica de una manera conforme a su lógica, permanece marcada únicamente por lo posible

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentido gozado es también una figura de la relación entre articulación e investidura. El gozado indica la dimensión de la investidura. La palabra sentido está del lado de la articulación significante, considerado a partir del significado.

Partiendo de la articulación significante lacaniana y la investidura libidinal freudiana, Jacques-Alain Miller efectúa un recorrido que ubica la mortificación del cuerpo en el fantasma en contrapunto con la conexión del síntoma y la pulsión.

I. La relación entre la articulación y la investidura

La última vez opuse articulación significante e investidura libidinal (*).

Un binario
La articulación en tanto tal está impregnada de formalismo. Permite dar cuenta de la operación-reducción, de los fenómenos de repetición, de convergencia, de evitación y se desarrolla en la dimensión de lo necesario y de lo imposible.

A la articulación le opuse la investidura, tomando prestado para componer este binario, un término de Lacan y éste último de Freud.

Ciertamente, la investidura misma está articulada, si puedo decirlo, con la articulación y hay lugar para hablar de los fenómenos de repetición libidinal, de convergencia libidinal, de evitación libidinal; pero queda un rasgo diferencial. En la dimensión de la investidura encontramos necesariamente, en psicoanálisis, el tope de la contingencia. Toda salida de la investidura, toda desinvestidura y por esa misma vía toda salida de la experiencia analítica de una manera conforme a su lógica, permanece marcada únicamente por lo posible.

Escribo aquí contingente y posible. Dije particularmente que el pase nunca es más que posible.

La oposición de lo necesario con lo imposible por un lado y de lo contingente y lo posible por el otro, es evidentemente de orden lógico. Es una oposición construida sobre el fondo más clásico de la lógica, incluso si la formalización de estas categorías siempre planteó problemas específicos a los lógicos. No me interno en esa vía, al menos por hoy.

Es una lógica. Y considero que si Lacan recurrió a esta lógica de las modalidades, como la llama en un momento de su enseñanza, es precisamente porque respecto de las modalidades brota la oposición entre articulación e investidura. Si no trajo al psicoanálisis esta lógica de las modalidades antes de los años '70, es precisamente -al menos, es lo que sostengo a partir de mi construcción- porque permite captar perfectamente, desde el punto de vista lógico, la oposición entre la articulación y la investidura.

Aquí tienen resumido, de alguna manera, lo que expliqué la última vez.

Su declinación
Al partir de esta ubicación, pude indicar las tres formas principales bajo las cuales Lacan pensó la relación entre la articulación y la investidura.

La primera forma es la separación, la oposición entre articulación e investidura. Repercute la oposición entre lo simbólico y lo imaginario, que al comienzo de su enseñanza es una no-relación; el acento estaba puesto en la distinción entre las formas de la articulación y de la investidura y de alguna manera su incompatibilidad, la enojosa interferencia de la investidura en los asuntos de articulación. Al punto de invitar al analista a dejar de lado los asuntos de investidura, para reconocer en la articulación significante el resorte mismo de la cura.

La segunda gran solución de Lacan fue pensar una forma de relación entre la articulación y la investidura esencialmente a partir de la identificación y más especialmente aún, a partir de la identificación fálica, que dio una forma de solución a la relación articulación-investidura.

Allí vemos en particular las expresiones que desentonan en los Escritos de Lacan y que durante muchos años me suscitaron dificultades para situar en su lugar; en particular, cuando evoca el falo como significante imaginario en su escrito sobre la psicosis. La expresión misma de significante imaginario desentona, porque leído sobre el fondo de la primera enseñanza de Lacan, no se comprende -en una lectura rápida- cómo se comunican de ese modo estas dos dimensiones. Pero la expresión de significante imaginario muestra bien que Lacan construye el falo como un intermediario, un ser mixto entre articulación e investidura, entre el orden simbólico y el orden imaginario.

Entonces, para simplificar, el falo encarna esta relación y el falo como significante identificatorio, en tanto la identificación misma concentra la cuestión del factor cuantitativo -como dice Freud- investido en los significantes, ya que los significantes identificatorios son significantes que capturan al sujeto, lo atraen -no desfilan simplemente-.

La tercera solución -también una forma de la relación articulación-investidura- es el fantasma, el famoso $ a. Reúne, bajo una forma elemental, un elemento dado deducible de lo simbólico -el $ del significante- con algo que es la versión lacaniana del factor cuantitativo freudiano, a saber, el objeto a.

Aquí tienen entonces resumida una declinación, a través de la enseñanza de Lacan, de la relación entre articulación e investidura.

Articulación e investidura


El predominio de la articulación significante
La última vez tomé, para hacerme comprender, algunas palabras extraídas del primer Lacan. Lo llamé Jacquot. Enseguida me corregí al marcar que estamos verdaderamente, en un primer nivel, en la ruptura lacaniana. Si consideramos precisamente la coyuntura de partida de la enseñanza de Lacan, llegó con la espada, llegó con la guadaña. Primero tuvo que segar la maleza -y su guadaña era la guadaña del significante. De ese modo liberó el campo. Precisamente el campo del lenguaje.

Una vez operada esta ruptura, con sus paradojas, con su costado unilateral, por supuesto, enseguida emprendió la elaboración del problema que esta ruptura misma acababa de hacer surgir: el problema de la relación entre el significante y sus articulaciones, por un lado, y lo que es del orden de la investidura libidinal. Su enseñanza -que yo había reconstruido hace ya dos o tres años- no cesó de retomar este problema.

Pero de golpe, por cierto, su enseñanza está marcada por la predominancia de la articulación significante.

Sucesivamente, Lacan puso en relieve el carácter significante de los principales conceptos freudianos. El fantasma es significante. El objeto es significante. La pulsión es una cadena significante. La libido se traduce, se encarna en significantes; son otras tantas traducciones del concepto freudiano de libido en un campo regido por el predominio del significante. El concepto mismo de objeto a, que como sabemos, no es un significante, pertenece sin embargo a este régimen de predominio del significante y traduce la captura de la libido en el sistema significante. La diferencia es que, en lugar de intentar traducir la libido en términos de significante, con el objeto a Lacan traduce la libido en términos de significado.

El sentido gozado
Justifica la escritura que propuse la última vez.


Quiere decir que las diferentes tentativas de traducir la libido en términos significantes, al manipular el significante fálico, ceden en definitiva al intento de escribir la libido del lado del significado. Exactamente aquí, a este nivel, se inscribe esta fórmula que figura una vez en Lacan, en su Televisión -a la que desde hace tiempo había echado mano y me entrenaba en manejar-, la del sentido gozado.

El sentido gozado es también una figura de la relación entre articulación e investidura. El gozado indica la dimensión de la investidura. La palabra sentido está del lado de la articulación significante, considerado a partir del significado. Pero, desde el punto de vista sintáctico, sentido gozado -que Lacan escribe en Televisión en 1973-, es exactamente lo mismo que lo que escribe en la "Una cuestión preliminar..." en 1958 como significante imaginario. Desde el punto de vista sintáctico, es un acercamiento de la puesta en continuidad de dos términos que pertenecen a estas dos dimensiones. También se trata de lo mismo en la fórmula del fantasma, $ a. Todas estas fórmulas obedecen estrictamente a la misma lógica. Y Lacan ya había tenido, en verdad, la idea de inscribir la dimensión de la investidura del lado del significado cuando recreó el concepto del deseo para traducir la libido en términos de significado.

Si toman el gran grafo de Lacan con sus dos pisos, la pulsión está aquí como cadena significante y llama el deseo a este vector que se presenta como un vector significado retrógrado, sobre el cual inscribe d y el fantasma. La noción que está presente en el sentido gozado, es decir, la de transcribir nuevamente la libido del lado del significado, es de hecho la misma idea que anima su concepto del deseo.

Esto para resumir y, si era necesario, clarificar lo que aporté la última vez.

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(*) Lección n°17 del curso de J.-A. Miller del año 1997-98, La orientación lacaniana II, 15, pronunciado en el marco del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII. Texto establecido por Catherine Bonningue. Publicado con la amable autorización de J.-A. Miller.
 
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