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II.
La significación de menos-uno
Prosigamos ahora, e intentemos animar un poquito el valor
a darle a esta fórmula: a
es equivalente a s. Intentemos representarnos la investidura
libidinal de una significación, que ciertas significaciones
tengan un valor excepcional, determinante para un sujeto.
¿Qué
significación podríamos elegir? me pregunté.
Una de las más comunes, por ejemplo: ser excluido.
¡Ah! es lo más común, precisamente porque
la exclusión es el estatuto original del sujeto. Cuando
escribimos el matema del $, lo escribimos como excluido
de la cadena significante que se inscribe en significantes
positivos. Sólo encontramos este sujeto entre los significantes,
donde no emerge más que para desaparecer al instante.
Su estatuto lógico es de exclusión.
Lacan
lo demuestra de diversas maneras. El sujeto se produce como
un menos-uno y podemos decir que la libido inviste de manera
electiva este menos-uno.
Dos
versiones clínicas
La histeria, ¡ah! Ahí verdaderamente habría
que ser sordo y ciego para no constatar -ni siquiera se necesita
la experiencia analítica para esto; a decir verdad,
me mantengo aquí a un nivel de la percepción
común, esclarecida evidentemente por el análisis-
la presencia, el exceso de presencia del sentimiento, del
afecto de no estar nunca en su lugar, el gusto de no estar
en su lugar y el dolor de no estar en su lugar. A nosotros
no nos molesta que haya gusto y dolor. Cuando decimos goce,
esto vale tanto para una como para la otra de estas vertientes,
el no estar en su lugar. En lo simbólico, el sujeto
histérico se desvela por verificar, de todas las formas
posibles, que de cierta manera, es rechazado, que se lo separa
de su lugar. Su lugar le fue sustraído, por no se sabe
qué demonio: el dém-on. Ahí está,
el on (**) es el demonio. Por otra parte esta exclusión
pude encarnarse clínicamente en el vértigo,
en el desvanecimiento, que es una realización de esta
investidura del menos-uno. En verdad es: no estoy más
para nadie.
Obsesión.
La obsesión también inviste a su manera la significación
de menos-uno, la exclusión. Esta vez bajo la forma
de la supresión "voluntaria" del sujeto, su sustracción
respecto de todos los otros, que por esta misma vía
constituye un todos los otros, salvo yo. Y por este hecho,
una sobreinvestidura de su lugar, su auto-encierro en un lugar
que construye como una fortaleza, un fuerte, dice Lacan, que
lo protege de la intrusión del Otro. Pero lo hace al
precio de apresarse él mismo. Es la paradoja de la
posición del obsesivo -parece el título de una
novela de los años treinta, Prisionero de sí
mismo-. Y en este fuerte, parapetado en su Fuerte Chabrol,
goza sólo de su soledad, bajo una forma que puede comportar
el goce masturbatorio o, también, la atracción
a este dominio de partenaires momificados, que tendrán
que mantenerse en su lugar.
Aquí
tienen, de la manera más simple, dos versiones del
menos-uno: la versión histérica y la versión
obsesiva típicas; son dos versiones de la investidura
de la significación de exclusión. La primera
se realiza bajo el modo de la evanescencia, la segunda bajo
el modo de la densidad.
Se
siguen dos conductas típicas. Del lado de la histeria,
la intriga por todos lados, y del lado obsesivo, la obstinación
malévola.
Incluso
podemos incluir aquí la psicosis paranoica, en la que
la significación del menos-uno está igualmente
investida como la del ser-a-parte, el ser excepcional, blanco
de la hostilidad universal, incluso de una persecución
divina, ser excepcional prometido, sin embargo, a un destino
incomparable. Precisamente en este punto observamos clínicamente,
llegado el caso, las afinidades entre la obsesión y
la paranoia o las afinidades entre la histeria y la paranoia.
Hay casos en los que uno permanece mucho tiempo, o en todo
caso un cierto tiempo, intentado captar el rasgo diferencial.
Tuvimos ejemplos de ello en algunas de las discusiones clínicas
durante la Conversación de Arcachon el año pasado
y esto fue publicado en un volumen que tiene todo su interés.
Sólo
propongo éste como otro de los tantos ejemplos de la
investidura libidinal de una significación.
¿Cuál
es la idea de Lacan al respecto? Su idea fue pensar la investidura
de la significación, pensar la significación
libidinalmente investida, pensar el sentido gozado, pensar
a
equivalente a s sobre el modelo del cálculo
del significado.

¿De
qué se trata? Lacan admitió y enseñó
que el efecto de significado era deducible de una articulación
del significante, e incluso fue cuando introdujo este cálculo
del significado que todo el mundo verdaderamente tuvo el sentimiento
de que había nacido el lacanismo.
Lo
realiza en "La instancia de la letra...", sobre
la cual por otra parte se ejerció la ingeniosidad de
los filósofos que reconocieron en ella, en efecto,
un cierto pasaje al límite y el nacimiento de un nuevo
enfoque. Ahora bien, La instancia de la letra presenta un
cálculo del significado y explica que el efecto de
significado es engendrado por las relaciones internas al significante
de dos maneras diferentes. Como recuerdan, es la fórmula
de la metáfora, que indica que es función de
una sustitución significante respecto de un contexto
que significa la emergencia de un significado bajo la forma
metafórica y que, a partir de la conexión significante,
en un contexto significante, se obtiene otro tipo de efecto
significado, un efecto retenido, llamado metonímico.
¿Qué
son estas fórmulas? Son las fórmulas de un cálculo
del significado a partir del significante. Si el significante
está en una cierta organización, el significado
que resulta responde a ciertos criterios. Llamo a esto un
cálculo del significado.
El
efecto-sujeto, un efecto neutro
Así voy a presentar las cosas ahora. Voy a decir que
estas dos fórmulas se resumen en definitiva en una
-que encontramos en Lacan si nos servimos de algunas modificaciones-,
que consiste en decir que es función de toda relación
significante S1-S2,
un cierto efecto significado que Lacan escribe $. Escribe
el efecto-sujeto.
Son
innumerables las circunstancias en que Lacan explica que el
primer efecto de la relación del significante como
tal -sea metafórico o metonímico-, es la emergencia
del sujeto barrado. Y llegado el caso expresa simplemente
que a partir de que hay una cadena significante y que hay
dos significantes, hay un intervalo y el sujeto es ese intervalo
mismo, por ejemplo. El sujeto es, entonces, el efecto principal,
mayor, de la articulación significante.

Pero
lo que agrego, lo que les invito a advertir aquí, es
que se trata de un efecto, si se quiere, neutro, en tanto
no está investido libidinalmente. Este $, como
Lacan mismo lo subraya, es un sujeto mortificado, un sujeto,
si podemos decirlo así, sin el cuerpo. Es el puro sujeto
del significante que permanece allí, incluso mucho
tiempo después de que ustedes hayan desaparecido, bajo
las especies de sus nombres y así continúan
siendo transmitidos. Por otra parte, este sujeto del significante
está allí antes que ustedes -para imaginarlo:
cuando los padres ya están allí hablando del
niño por nacer-. Y hoy, lo más importante de
la existencia de alguien se pone en cuestión antes
de su nacimiento: ¿Vamos a dejarlo vivir?, como dicen
algunos. Su estatuto de sujeto del significante está
claramente allí, y hasta qué punto, antes que
llegue a la existencia. Este $ está allí
antes del nacimiento, incluso antes de la concepción
y permanece después de ustedes. Entonces, es casi indiferente
a la existencia física. Este significante es el que
Lacan ve emerger, por ejemplo, en el sueño del padre
que vela a su hijo; ese sujeto que si estuviese muerto ni
siquiera lo sabría, porque ya lo está. Este
$ es entonces un efecto neutro del significante -digo
neutro desde el punto de vista de la libido-; es un efecto
de libido cero. Este concepto de $ es un pivote de
la enseñanza de Lacan.
Un
efecto de significado investido
Respecto de este efecto neutro debe ser pensado esta vez,
un efecto cargado, un efecto investido. Lacan lo intenta,
a saber, escribir en función de la relación
entre los significantes otro tipo de efecto significado, que
es precisamente a,
el efecto de significado investido. Este es un nuevo cálculo,
diferente del cálculo de metáfora y metonimia.
Un cálculo que está hecho desde el punto de
vista de la libido y que distingue dos efectos. No la metáfora
y la metonimia, sino el efecto-sujeto y el efecto-a,
que distingue el efecto de mortificación y este efecto
que es, por el contrario, un efecto del plus-de-gozar.
Se
trata aquí de dos efectos significados del significante
que están precisamente reunidos en el matema llamado
por Lacan del discurso del amo, pero que es también
llamado por Lacan el discurso del inconsciente. Podemos decir
que representa la articulación significante en el inconsciente
con sus dos efectos principales y opuestos, el efecto $
y el efecto a,
es decir el lado desinvestido y el lado investido.

En
la línea superior encontramos la articulación
significante mínima, S1-S2 y en la línea inferior,
los dos efectos contradictorios o antinómicos del significante:
el efecto muerto del lado de $ y del otro lado el producto,
el goce, que por el contrario, supone la vida.
Advertimos
una vez más la necesidad de la fórmula del fantasma,
que reúne $ y a
y la razón por la cual pudo atravesar la enseñanza
de Lacan casi en su conjunto.
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