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Por Jacques-Alain Miller
Una nueva modalidad del síntoma
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En lo simbólico, el sujeto histérico se desvela por verificar, de todas las formas posibles, que de cierta manera, es rechazado, que se lo separa de su lugar. Su lugar le fue sustraído, por no se sabe qué demonio: el dém-on. Ahí está, el on es el demonio. Por otra parte esta exclusión pude encarnarse clínicamente en el vértigo, en el desvanecimiento, que es una realización de esta investidura del menos-uno. En verdad es: no estoy más para nadie.

Obsesión. La obsesión también inviste a su manera la significación de menos-uno, la exclusión. Esta vez bajo la forma de la supresión "voluntaria" del sujeto, su sustracción respecto de todos los otros, que por esta misma vía constituye un todos los otros, salvo yo. Y por este hecho, una sobreinvestidura de su lugar, su auto-encierro en un lugar que construye como una fortaleza, un fuerte, dice Lacan, que lo protege de la intrusión del Otro. Pero lo hace al precio de apresarse él mismo

II. La significación de menos-uno
Prosigamos ahora, e intentemos animar un poquito el valor a darle a esta fórmula: a es equivalente a s. Intentemos representarnos la investidura libidinal de una significación, que ciertas significaciones tengan un valor excepcional, determinante para un sujeto.

¿Qué significación podríamos elegir? me pregunté. Una de las más comunes, por ejemplo: ser excluido. ¡Ah! es lo más común, precisamente porque la exclusión es el estatuto original del sujeto. Cuando escribimos el matema del $, lo escribimos como excluido de la cadena significante que se inscribe en significantes positivos. Sólo encontramos este sujeto entre los significantes, donde no emerge más que para desaparecer al instante. Su estatuto lógico es de exclusión.

Lacan lo demuestra de diversas maneras. El sujeto se produce como un menos-uno y podemos decir que la libido inviste de manera electiva este menos-uno.

Dos versiones clínicas
La histeria, ¡ah! Ahí verdaderamente habría que ser sordo y ciego para no constatar -ni siquiera se necesita la experiencia analítica para esto; a decir verdad, me mantengo aquí a un nivel de la percepción común, esclarecida evidentemente por el análisis- la presencia, el exceso de presencia del sentimiento, del afecto de no estar nunca en su lugar, el gusto de no estar en su lugar y el dolor de no estar en su lugar. A nosotros no nos molesta que haya gusto y dolor. Cuando decimos goce, esto vale tanto para una como para la otra de estas vertientes, el no estar en su lugar. En lo simbólico, el sujeto histérico se desvela por verificar, de todas las formas posibles, que de cierta manera, es rechazado, que se lo separa de su lugar. Su lugar le fue sustraído, por no se sabe qué demonio: el dém-on. Ahí está, el on (**) es el demonio. Por otra parte esta exclusión pude encarnarse clínicamente en el vértigo, en el desvanecimiento, que es una realización de esta investidura del menos-uno. En verdad es: no estoy más para nadie.

Obsesión. La obsesión también inviste a su manera la significación de menos-uno, la exclusión. Esta vez bajo la forma de la supresión "voluntaria" del sujeto, su sustracción respecto de todos los otros, que por esta misma vía constituye un todos los otros, salvo yo. Y por este hecho, una sobreinvestidura de su lugar, su auto-encierro en un lugar que construye como una fortaleza, un fuerte, dice Lacan, que lo protege de la intrusión del Otro. Pero lo hace al precio de apresarse él mismo. Es la paradoja de la posición del obsesivo -parece el título de una novela de los años treinta, Prisionero de sí mismo-. Y en este fuerte, parapetado en su Fuerte Chabrol, goza sólo de su soledad, bajo una forma que puede comportar el goce masturbatorio o, también, la atracción a este dominio de partenaires momificados, que tendrán que mantenerse en su lugar.

Aquí tienen, de la manera más simple, dos versiones del menos-uno: la versión histérica y la versión obsesiva típicas; son dos versiones de la investidura de la significación de exclusión. La primera se realiza bajo el modo de la evanescencia, la segunda bajo el modo de la densidad.

Se siguen dos conductas típicas. Del lado de la histeria, la intriga por todos lados, y del lado obsesivo, la obstinación malévola.

Incluso podemos incluir aquí la psicosis paranoica, en la que la significación del menos-uno está igualmente investida como la del ser-a-parte, el ser excepcional, blanco de la hostilidad universal, incluso de una persecución divina, ser excepcional prometido, sin embargo, a un destino incomparable. Precisamente en este punto observamos clínicamente, llegado el caso, las afinidades entre la obsesión y la paranoia o las afinidades entre la histeria y la paranoia. Hay casos en los que uno permanece mucho tiempo, o en todo caso un cierto tiempo, intentado captar el rasgo diferencial. Tuvimos ejemplos de ello en algunas de las discusiones clínicas durante la Conversación de Arcachon el año pasado y esto fue publicado en un volumen que tiene todo su interés.

Sólo propongo éste como otro de los tantos ejemplos de la investidura libidinal de una significación.

¿Cuál es la idea de Lacan al respecto? Su idea fue pensar la investidura de la significación, pensar la significación libidinalmente investida, pensar el sentido gozado, pensar a equivalente a s sobre el modelo del cálculo del significado.

¿De qué se trata? Lacan admitió y enseñó que el efecto de significado era deducible de una articulación del significante, e incluso fue cuando introdujo este cálculo del significado que todo el mundo verdaderamente tuvo el sentimiento de que había nacido el lacanismo.

Lo realiza en "La instancia de la letra...", sobre la cual por otra parte se ejerció la ingeniosidad de los filósofos que reconocieron en ella, en efecto, un cierto pasaje al límite y el nacimiento de un nuevo enfoque. Ahora bien, La instancia de la letra presenta un cálculo del significado y explica que el efecto de significado es engendrado por las relaciones internas al significante de dos maneras diferentes. Como recuerdan, es la fórmula de la metáfora, que indica que es función de una sustitución significante respecto de un contexto que significa la emergencia de un significado bajo la forma metafórica y que, a partir de la conexión significante, en un contexto significante, se obtiene otro tipo de efecto significado, un efecto retenido, llamado metonímico.

¿Qué son estas fórmulas? Son las fórmulas de un cálculo del significado a partir del significante. Si el significante está en una cierta organización, el significado que resulta responde a ciertos criterios. Llamo a esto un cálculo del significado.

El efecto-sujeto, un efecto neutro
Así voy a presentar las cosas ahora. Voy a decir que estas dos fórmulas se resumen en definitiva en una -que encontramos en Lacan si nos servimos de algunas modificaciones-, que consiste en decir que es función de toda relación significante S1-S2, un cierto efecto significado que Lacan escribe $. Escribe el efecto-sujeto.

Son innumerables las circunstancias en que Lacan explica que el primer efecto de la relación del significante como tal -sea metafórico o metonímico-, es la emergencia del sujeto barrado. Y llegado el caso expresa simplemente que a partir de que hay una cadena significante y que hay dos significantes, hay un intervalo y el sujeto es ese intervalo mismo, por ejemplo. El sujeto es, entonces, el efecto principal, mayor, de la articulación significante.


Pero lo que agrego, lo que les invito a advertir aquí, es que se trata de un efecto, si se quiere, neutro, en tanto no está investido libidinalmente. Este $, como Lacan mismo lo subraya, es un sujeto mortificado, un sujeto, si podemos decirlo así, sin el cuerpo. Es el puro sujeto del significante que permanece allí, incluso mucho tiempo después de que ustedes hayan desaparecido, bajo las especies de sus nombres y así continúan siendo transmitidos. Por otra parte, este sujeto del significante está allí antes que ustedes -para imaginarlo: cuando los padres ya están allí hablando del niño por nacer-. Y hoy, lo más importante de la existencia de alguien se pone en cuestión antes de su nacimiento: ¿Vamos a dejarlo vivir?, como dicen algunos. Su estatuto de sujeto del significante está claramente allí, y hasta qué punto, antes que llegue a la existencia. Este $ está allí antes del nacimiento, incluso antes de la concepción y permanece después de ustedes. Entonces, es casi indiferente a la existencia física. Este significante es el que Lacan ve emerger, por ejemplo, en el sueño del padre que vela a su hijo; ese sujeto que si estuviese muerto ni siquiera lo sabría, porque ya lo está. Este $ es entonces un efecto neutro del significante -digo neutro desde el punto de vista de la libido-; es un efecto de libido cero. Este concepto de $ es un pivote de la enseñanza de Lacan.

Un efecto de significado investido
Respecto de este efecto neutro debe ser pensado esta vez, un efecto cargado, un efecto investido. Lacan lo intenta, a saber, escribir en función de la relación entre los significantes otro tipo de efecto significado, que es precisamente a, el efecto de significado investido. Este es un nuevo cálculo, diferente del cálculo de metáfora y metonimia. Un cálculo que está hecho desde el punto de vista de la libido y que distingue dos efectos. No la metáfora y la metonimia, sino el efecto-sujeto y el efecto-a, que distingue el efecto de mortificación y este efecto que es, por el contrario, un efecto del plus-de-gozar.

Se trata aquí de dos efectos significados del significante que están precisamente reunidos en el matema llamado por Lacan del discurso del amo, pero que es también llamado por Lacan el discurso del inconsciente. Podemos decir que representa la articulación significante en el inconsciente con sus dos efectos principales y opuestos, el efecto $ y el efecto a, es decir el lado desinvestido y el lado investido.


En la línea superior encontramos la articulación significante mínima, S1-S2 y en la línea inferior, los dos efectos contradictorios o antinómicos del significante: el efecto muerto del lado de $ y del otro lado el producto, el goce, que por el contrario, supone la vida.

Advertimos una vez más la necesidad de la fórmula del fantasma, que reúne $ y a y la razón por la cual pudo atravesar la enseñanza de Lacan casi en su conjunto.

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(**) (N. de la T.) pronombre personal aproximado al se español.
 
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