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Recordemos
también el respeto de Freud por las piedras: "Saxa loquuntur"
dice, piedras locuaces, su Gradiva y sus objetos de colección.
Palabra
de lalengua de Superman, ésta letra fija un goce singular
y necesario que no cesa de escribirse, constituyendo al mineral
contingente surgido de la explosión en trauma que no cesa
de repetirse.
Obedeciendo
a una lógica implacable, construye la llamada "Fortaleza de
la soledad" donde alojar su objeto. [Como todo buen americano,
Superman es un individuo respetuoso de su muro]. Vale la pena
recordar aquí la definición de falo como mueble del cuerpo.
En ese verdadero templo del Uno, él se encierra con su bien
en primer grado para gozar del desciframiento, desenterrar
el pasado que lo convoca, permanecer cautivo de su fantasma.
El número atómico, 36, el peso 83.30, 3d10 4s24p6, las letras
de la valencia se multiplican y Superman no sosiega en cifrar
y descifrar. La proximidad de lo que quiere mantener distante
es su estrategia. Cito Lacan en Encore, "Ella, la soledad,
en ruptura con el saber, no solamente puede escribirse, sino
que además es lo que se escribe por excelencia, pues es lo
que de una ruptura del ser deja huella." [8]
Esta
excelencia puede ser encontrada en la escritura del británico
pakistaní Hanif Kureishi, en su ultimo y feroz romance Intimidad,
y en Partículas elementales de Michel Houllebecq, ambos
toques de lo real por medio de la letra que feminiza -ambos
registran el nombre de Lacan entre sus letras.
Por
otro lado, ¿qué malabarismos refinados [9]
Superman acciona para continuar a ser el amante cortés
de Luisa Lane, ella quien justamente lo nombra? Cuanto más
se presta él a que ella lo confunda con Dios, menos ama, menos
es, y obviamente, menos sale de su fortaleza, única opción
para los actos de amor, de amuro, del hombre de acero.
Más
conocida todavía es su capacidad de vaciar el amor de sentido
sexual por medio del modelo de amor al prójimo que nos presenta,
SuperRoosevelt. Debo, con pesar, dejar los suculentos detalles
del mito para otra ocasión, nada fue dicho de su desdoblamiento
en Clark Kent, hombre estilo pequeño Hans como inventa J.-A.Miller
en "Buen día sabiduría", ni del valor erótico de las ropas,
ni del goce fálico de Luisa, la periodista, mujer del postizo.
Imagino
que, inspirados por el "más fuerte que yo", la mayoría debe
haber visto Unbreakable, última película del hindú
de moda, M. Night Shyamalan. Haciendo un aporte a la serie
inaugurada por Freud oímos decir por boca del doble frágil
del yo fuerte: "Cada uno tiene su propia kryptonita" como
cada uno tiene sus ratones, sus lobos, hasta su tos, para
hacerse del nombre del que se carece. La letra precisa de
una superficie, un soporte, un hypokeimenon, donde
escribir. En el principio fué la piedra.
La
letra como objeto material que inscribe sus efectos sobre
otro objeto material, funde el cuerpo de acero, hace función
de fetiche, de metonimia y no de metáfora.
En
la realidad del inconsciente, Lacan localiza la escritura
del síntoma como repetición de una letra de goce. El soporte
es una sustancia que él inventa, desbaratando el binarismo
de Descartes, por otro lado, padre primordial de la era del
yo. El seminario 20 sella el ocaso del dos que no da cuenta
ni de la diferencia sexual, ni del mind and body problem.
Sustancia
gozante.
Ahora
bien, ¿Qué hay más allá de un mito que nos sea verdaderamente
accesible a la experiencia? [10]
Lacan lo sabe y se sorprende con que nadie más quiera saber
nada de eso: la sustancia gozante, que introducida en el Seminario
20 precisa de nuestra transgresión más una vez e ir hasta
el seminario siguiente para luego significar. No haré otra
cosa ahora que lo que Lacan temía: tornar comestible Aristóteles
[11], apenas abordar el preciso
relevo que Lacan toma para construir su sustancia gozante.
Lacan
invita a leer el escrito de Aristóteles tramado por la erosión
del lenguaje, y como dice el colega Andrea Schimmenti, lo
hace de manera estrictamente técnica; esto es, lo lee en griego
y no filtrado por la escolástica. Porque Lacan no lee Aristóteles
a partir de Descartes y su res, propone situar la sustancia
gozante en el concepto de Hypokeimenon y no en la Ousia,
esencia que podemos reservar para el modo de goce. La sustancia
es potencialidad, el modo como actualización. O hypokeimenon
no existe en sí y si como soporte, como tensión/aspiración
para conseguir determinada forma. Aristóteles elabora el concepto
en el libro I de la Física para confrontar Parménides y el
movimiento imposible. Una Usia, unión de materia y
forma, sólo puede venir a ser otra cosa si un tercer término,
traducido como privación (stéresis) actúa sobre ella.
El hipokeimenon toma forma con la condición de privarse
de Otra forma. [Sufro cuando me deforman, decía la
escritura femenina de W. Gombrowicz]. Los equívocos en la
traducción medieval pueden paradojalmente complicarnos la
clínica de hoy. El equívoco parte de la coincidencia que el
mismo Aristóteles produce en su teoría de las categorías donde
ousia se dice de diferentes formas al tiempo que presentía,
dice Lacan, el nudo borromeano.
Cuando
encontramos la letra como sustancia gozante que apela al desciframiento
debemos llevar en cuenta que es imposible que el Uno sea solo
letra, sin síntoma, sin nombre, sin inconsciente, sin marca
en el cuerpo. Este es el pasaje del nudo de tres de la ciencia
al nudo de cuatro del psicoanálisis. El decir se escribe fallando
[12].
Ontologías
monovalentes y lógicas bivalentes se revelan absolutamente
incapaces de describir híbridos o bífidos como la mujer y
la letra. De resto, sigamos la inspiración de Lacan: sólo
hablar de las mujeres cuando se tenga más de 70 años.
Lacan
imaginaba el psicoanálisis como pulmón artificial en el planeta
irrespirable, pulmón, para hacer lazo hasta con las piedras.
*
La mesa en la que esta ponencia fue presentada fue informalmente
llamada "mesa de las mujeres" en oposición a otra,
de los hombres. Dos plenarias del encuentro decididas por
el sexo de sus participantes.
XI
Encontro Brasileiro do Campo Freudiano. "O mais forte
que eu".
São Paulo, julho 2001
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