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El padre, lo femenino y el obstáculo en la elaboración freudiana
Por Osvaldo Delgado
[ 1 ]

Osvaldo Delgado es psicoanalista, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), y docente de Posgrado de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

 

Carmen
[Ana Casanova]
1998 - Papel sobre tela
0,50 x 0,40

 

Estos mecanismos de defensa sostienen tanto la hostilidad y el partidismo atentando contra la exploración analítica, como el ejercicio del poder por parte del analista a partir del desvío hacia otros de los propios mecanismos de defensa. Este desvío, implica el rechazo de las consecuencias y las exigencias del propio análisis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si lo esencial de los mecanismos de defensa, como "modos de reacción" durante el análisis, "es que tratan a la cura como un peligro", no van a ser sólo éstos los que se presenten como resistencias mayores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El analista como superyó y los mecanismos de defensa, son recursos de ligadura de lo que ante la barra en el Otro se presentifica como irrupción de goce.

Si en el análisis se trata de "instilar la firme convicción de la existencia del inconsciente", el autor destaca que esto "... no anula una irreductible injerencia: el fragmento de agresión libre-irreductible como manifestación residual que es diferenciada de un saldo lamentable: los mecanismos de defensa." A partir de estas consideraciones se circunscribe un desvío que implica el rechazo de las consecuencias y las exigencias del análisis incluido, el del analista.
Este trabajo traza los recorridos que, articulando desarrollos en torno a la hostilidad, la angustia, la defensa, el doble destino de la construcción y la reacción terapéutica negativa, permiten ubicar en su detalle el obstáculo en la elaboración freudiana en cruce con las elaboraciones acerca del padre y lo femenino.

Capitulo PRIMERO

Punto I - La advertencia de Freud

En el capítulo VII de "Análisis terminable e interminable", Freud se pregunta: "¿Dónde y cómo adquiriría el pobre diablo aquella aptitud ideal que le hace falta en su profesión?". La respuesta es: "en el análisis propio". Esta respuesta se articula con el cumplimiento del cometido, en tanto "instilar la firme convicción de la existencia del inconsciente".

Esta convicción no anula una irreductible injerencia: el fragmento de agresión libre-irreductible como manifestación residual que es diferenciada de un saldo lamentable: los mecanismos de defensa. Estos mecanismos de defensa sostienen tanto la hostilidad y el partidismo atentando contra la exploración analítica, como el ejercicio del poder por parte del analista a partir del desvío hacia otros de los propios mecanismos de defensa. Este desvío, implica el rechazo de las consecuencias y las exigencias del propio análisis.

El término mecanismos de defensa tiene un clivaje interno: defensa homólogo a represión, y resistencia.

La represión como método de defensa, en tanto sirve para huir del displacer se articula con la constitución misma del inconsciente.

Los otros mecanismos, como resistencia perpetúan el displacer en la medida que tratándose del yo de la segunda tópica, su núcleo es el ello.

La resistencia como fracaso de la defensa va a sostener el valor compulsivo de la cantidad.

Si la inclinación al conflicto, a partir de lo pulsional, se sostiene en la "injerencia de un fragmento de agresión libre": la tarea del aparato va a ser evitar el peligro, la angustia y el displacer; en este punto hacen su aparición en el texto los mecanismos de defensa como respuesta estereotipada.

Por una parte "cuando la percepción de la realidad comporte displacer, la verdad debe sacrificarse". "Este resultado sólo puede alcanzarse a expensas de una desgarradura en el yo, que no será jamás reparada".

Desgarradura a partir del horror a la castración.

Se trata del rechazo de la percepción en la realidad de la ausencia de pene en la madre. Rechazo que altera la estructura misma del yo.

"Cuando el sujeto debe decidirse a reconocer el peligro real y renunciar a la satisfacción pulsional, o desmentir la realidad objetiva para preservar la satisfacción, va a ubicarse ante el conflicto con dos respuestas contrapuestas: rechazo a la realidad objetiva y por otro lado reconociendo el peligro asume la angustia como síntoma del padecer".

La vertiente de lo estereotipado, como viscosidad de la libido, nombra a su vez el lugar mismo de la fijación en la articulación yo-ello.

La articulación del fragmento de agresión libre con los mecanismos de defensa como respuesta, se sostiene en el desarrollo de Freud respecto a la angustia, tanto en "Inhibición, síntoma y angustia" como en "Más allá del principio del placer".

El genuino núcleo del peligro como acumulación de carga a partir del desamparo o desvalimiento ubica el peligro en juego en la angustia traumática: "la angustia de nacimiento, como la angustia del lactante, no ha menester de interpretación psicológica alguna", "carece de todo contenido psíquico". La ausencia de significación funda la perturbación económica.

La angustia traumática marca la irrupción de la perturbación económica, invadiendo el proceso primario. "Sólo la magnitud de la suma de excitación convierte una impresión en factor traumático, porque paraliza la operación del principio del placer, porque confiere su valor a la situación de peligro". Se trata del trauma en el interior de la estructura, como irrupción pulsional, que vuelve imposible al dominio por el principio del placer. Energía no ligada que rompe la barrera protectora antiestímulo.

El desvalimiento se articula con el aumento de las magnitudes de estímulo, "como el peligro fundamental (peligro real) en juego en la angustia traumática".

"La angustia traumática como tal no tiene contenido psicológico alguno, por lo tanto, no corresponde al trauma de nacimiento, salvo en la medida en que el trauma de nacimiento es perturbación económica".

Freud diferencia claramente la angustia traumática de la angustia señal del siguiente modo: "no existe como tal, primeramente, angustia por la pérdida del objeto. El objeto entra a jugar sólo como condición que impide, en tanto tal, el desencadenamiento de la angustia automática (más allá del principio del placer)". Para que el objeto funcione de este modo debe de estar constituido el yo del narcisismo, sede de la señal de angustia.

La conmoción narcisista yoica, revela la escisión del objeto. Escisión entre el "yo duplicado en el objeto de amor (espacio tridimensional), y el interior-exterior freudiano, objeto de borde autoerótico de la pulsión parcial, anterior lógicamente al espacio del narcisismo".

Si lo esencial de los mecanismos de defensa, como "modos de reacción" durante el análisis, "es que tratan a la cura como un peligro", no van a ser sólo éstos los que se presenten como resistencias mayores.

Bajo el influjo de las mociones de displacer que se necesitan ahora por la reescenificación de los conflictos defensivos, pueden cobrar preeminencia unas transferencias negativas y cancelar por completo la situación analítica. " El analista es ahora un hombre extraño que le dirige al paciente desagradables propuestas...".

Punto II - De la energética a la economía de goce

Si el deseo es siempre deseo del Otro, sólo es posible satisfacer ese deseo siendo su objeto, objeto deseante de una falta. "Para colmarla el sujeto responde como objeto". "La función angustiante del Otro está ligada al hecho de que no sé que objeto a soy para el Otro".

La presencia del deseo del Otro, va a desencadenar lo que Freud llamó reacción de huida, fuga ante ese peligro mayor. A partir de que deviniendo objeto causa, el sujeto queda excluido como tal.

En el punto en que el sujeto aparece como objeto causa del deseo del Otro, la respuesta es la angustia como amenaza de la ruptura de la barrera antiestímulo.

La angustia traumática carece de toda significación psicológica. Esa carencia funda la perturbación económica, como goce fuera de la cadena significante.

El objeto deja de estar sincopado, afanísico, permitiendo la regulación fantasmática y se presenta "la otra certeza, la de la angustia ligada a la aproximación del objeto. En su verdadero fundamento dicha certeza es segunda, y el desplazamiento de que se trata es la certeza de la angustia".

La irrupción de goce, la que se vincula con la angustia traumática, surge en el punto en que se revela la barra en el Otro.

La cura misma es sentida como un peligro a partir de que lleva al sujeto a confrontarse con esa hendidura.

La otra respuesta, en tanto el analista como un extraño que dirige duras y crueles palabras, implica hacer consistir al Otro como voz superyoica.

La voz del superyó, "voz que no se asimila pero se incorpora", le da a la angustia "su resolución se llame culpabilidad o perdón". El analista como superyó y los mecanismos de defensa, son recursos de ligadura de lo que ante la barra en el Otro se presentifica como irrupción de goce. Respuesta, en la medida que "en la experiencia analítica lo que viene del Otro es una pregunta: '¿Chei voi?'."

Si en "R. S. I.", la angustia es designada como lo que "del interior del cuerpo ex-siste cuando algo lo despierta, lo atormenta", en "La tercera" es ubicada como "algo que se sitúa en nuestro cuerpo en otra parte, es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos embarga de que nos reducimos a nuestro cuerpo". Esta reducción que atormenta, implica la caída del velo narcisista del cuerpo, "un a sin i, que deja surgir al a como lo que existe".

Caída del yo-narcisista como sede de la señal de angustia, impidiendo el desplazamiento del peligro de la situación traumática a la condición de la producción de este.

Por lo tanto emergencia de "un cuerpo absolutamente carente de sentido y de significación", cuerpo del goce como más allá del principio de placer.

"Para el ser hablante el goce no está prometido al deseo, salvo si se atraviesa el fantasma". Ese atravesamiento, implica ligar el goce en el nivel de la recuperación, como plus de gozar.

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