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Capitulo
PRIMERO
Punto
I - La advertencia de Freud
En
el capítulo VII de "Análisis terminable e interminable",
Freud se pregunta: "¿Dónde y cómo adquiriría el pobre diablo
aquella aptitud ideal que le hace falta en su profesión?".
La respuesta es: "en el análisis propio". Esta respuesta se
articula con el cumplimiento del cometido, en tanto "instilar
la firme convicción de la existencia del inconsciente".
Esta
convicción no anula una irreductible injerencia: el fragmento
de agresión libre-irreductible como manifestación residual
que es diferenciada de un saldo lamentable: los mecanismos
de defensa. Estos mecanismos de defensa sostienen tanto la
hostilidad y el partidismo atentando contra la exploración
analítica, como el ejercicio del poder por parte del analista
a partir del desvío hacia otros de los propios mecanismos
de defensa. Este desvío, implica el rechazo de las consecuencias
y las exigencias del propio análisis.
El
término mecanismos de defensa tiene un clivaje interno: defensa
homólogo a represión, y resistencia.
La
represión como método de defensa, en tanto sirve para huir
del displacer se articula con la constitución misma del inconsciente.
Los
otros mecanismos, como resistencia perpetúan el displacer
en la medida que tratándose del yo de la segunda tópica, su
núcleo es el ello.
La
resistencia como fracaso de la defensa va a sostener el valor
compulsivo de la cantidad.
Si
la inclinación al conflicto, a partir de lo pulsional, se
sostiene en la "injerencia de un fragmento de agresión libre":
la tarea del aparato va a ser evitar el peligro, la angustia
y el displacer; en este punto hacen su aparición en el texto
los mecanismos de defensa como respuesta estereotipada.
Por
una parte "cuando la percepción de la realidad comporte displacer,
la verdad debe sacrificarse". "Este resultado sólo puede alcanzarse
a expensas de una desgarradura en el yo, que no será jamás
reparada".
Desgarradura
a partir del horror a la castración.
Se
trata del rechazo de la percepción en la realidad de la ausencia
de pene en la madre. Rechazo que altera la estructura misma
del yo.
"Cuando
el sujeto debe decidirse a reconocer el peligro real y renunciar
a la satisfacción pulsional, o desmentir la realidad objetiva
para preservar la satisfacción, va a ubicarse ante el conflicto
con dos respuestas contrapuestas: rechazo a la realidad objetiva
y por otro lado reconociendo el peligro asume la angustia
como síntoma del padecer".
La
vertiente de lo estereotipado, como viscosidad de la libido,
nombra a su vez el lugar mismo de la fijación en la articulación
yo-ello.
La
articulación del fragmento de agresión libre con los mecanismos
de defensa como respuesta, se sostiene en el desarrollo de
Freud respecto a la angustia, tanto en "Inhibición, síntoma
y angustia" como en "Más allá del principio del placer".
El
genuino núcleo del peligro como acumulación de carga a partir
del desamparo o desvalimiento ubica el peligro en juego en
la angustia traumática: "la angustia de nacimiento, como la
angustia del lactante, no ha menester de interpretación psicológica
alguna", "carece de todo contenido psíquico". La ausencia
de significación funda la perturbación económica.
La
angustia traumática marca la irrupción de la perturbación
económica, invadiendo el proceso primario. "Sólo la magnitud
de la suma de excitación convierte una impresión en factor
traumático, porque paraliza la operación del principio del
placer, porque confiere su valor a la situación de peligro".
Se trata del trauma en el interior de la estructura, como
irrupción pulsional, que vuelve imposible al dominio por el
principio del placer. Energía no ligada que rompe la barrera
protectora antiestímulo.
El
desvalimiento se articula con el aumento de las magnitudes
de estímulo, "como el peligro fundamental (peligro real) en
juego en la angustia traumática".
"La
angustia traumática como tal no tiene contenido psicológico
alguno, por lo tanto, no corresponde al trauma de nacimiento,
salvo en la medida en que el trauma de nacimiento es perturbación
económica".
Freud
diferencia claramente la angustia traumática de la angustia
señal del siguiente modo: "no existe como tal, primeramente,
angustia por la pérdida del objeto. El objeto entra a jugar
sólo como condición que impide, en tanto tal, el desencadenamiento
de la angustia automática (más allá del principio del placer)".
Para que el objeto funcione de este modo debe de estar constituido
el yo del narcisismo, sede de la señal de angustia.
La
conmoción narcisista yoica, revela la escisión del objeto.
Escisión entre el "yo duplicado en el objeto de amor (espacio
tridimensional), y el interior-exterior freudiano, objeto
de borde autoerótico de la pulsión parcial, anterior lógicamente
al espacio del narcisismo".
Si
lo esencial de los mecanismos de defensa, como "modos de reacción"
durante el análisis, "es que tratan a la cura como un peligro",
no van a ser sólo éstos los que se presenten como resistencias
mayores.
Bajo
el influjo de las mociones de displacer que se necesitan ahora
por la reescenificación de los conflictos defensivos, pueden
cobrar preeminencia unas transferencias negativas y cancelar
por completo la situación analítica. " El analista es ahora
un hombre extraño que le dirige al paciente desagradables
propuestas...".
Punto
II - De la energética a la economía de goce
Si
el deseo es siempre deseo del Otro, sólo es posible satisfacer
ese deseo siendo su objeto, objeto deseante de una falta.
"Para colmarla el sujeto responde como objeto". "La función
angustiante del Otro está ligada al hecho de que no sé que
objeto a soy para el Otro".
La
presencia del deseo del Otro, va a desencadenar lo que Freud
llamó reacción de huida, fuga ante ese peligro mayor. A partir
de que deviniendo objeto causa, el sujeto queda excluido como
tal.
En
el punto en que el sujeto aparece como objeto causa del deseo
del Otro, la respuesta es la angustia como amenaza de la ruptura
de la barrera antiestímulo.
La
angustia traumática carece de toda significación psicológica.
Esa carencia funda la perturbación económica, como goce fuera
de la cadena significante.
El
objeto deja de estar sincopado, afanísico, permitiendo la
regulación fantasmática y se presenta "la otra certeza, la
de la angustia ligada a la aproximación del objeto. En su
verdadero fundamento dicha certeza es segunda, y el desplazamiento
de que se trata es la certeza de la angustia".
La
irrupción de goce, la que se vincula con la angustia traumática,
surge en el punto en que se revela la barra en el Otro.
La
cura misma es sentida como un peligro a partir de que lleva
al sujeto a confrontarse con esa hendidura.
La
otra respuesta, en tanto el analista como un extraño que dirige
duras y crueles palabras, implica hacer consistir al Otro
como voz superyoica.
La
voz del superyó, "voz que no se asimila pero se incorpora",
le da a la angustia "su resolución se llame culpabilidad o
perdón". El analista como superyó y los mecanismos de defensa,
son recursos de ligadura de lo que ante la barra en el Otro
se presentifica como irrupción de goce. Respuesta, en la medida
que "en la experiencia analítica lo que viene del Otro es
una pregunta: '¿Chei voi?'."
Si
en "R. S. I.", la angustia es designada como lo
que "del interior del cuerpo ex-siste cuando algo lo despierta,
lo atormenta", en "La tercera" es ubicada como "algo
que se sitúa en nuestro cuerpo en otra parte, es el sentimiento
que surge de esa sospecha que nos embarga de que nos reducimos
a nuestro cuerpo". Esta reducción que atormenta, implica la
caída del velo narcisista del cuerpo, "un a sin i,
que deja surgir al a como lo que existe".
Caída
del yo-narcisista como sede de la señal de angustia, impidiendo
el desplazamiento del peligro de la situación traumática a
la condición de la producción de este.
Por
lo tanto emergencia de "un cuerpo absolutamente carente de
sentido y de significación", cuerpo del goce como más allá
del principio de placer.
"Para
el ser hablante el goce no está prometido al deseo, salvo
si se atraviesa el fantasma". Ese atravesamiento, implica
ligar el goce en el nivel de la recuperación, como plus de
gozar.
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