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El padre, lo femenino y el obstáculo en la elaboración freudiana [ 2 ]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Podemos sostener que "predicar en el vacío" y "sustituto paterno" son efecto de la represión en tanto horror de saber sobre la castración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si la angustia puede ser superada cuando el Otro se ha nombrado, ofrecer a la cuestión del concepto de la angustia una garantía real, es lo opuesto a garantizar al Otro bajo el modo de hacer de su castración lo que le falta al Otro, tal como se sostiene en los mecanismos de defensa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué tal incredulidad respecto a algo que promete un elevado placer? La respuesta es vía "los que fracasan al triunfar".

Punto III - El impasse Freudiano:

La ausencia de convicción del padre predicador

Podemos, al fin, ubicar dos nombres, que considero, le da Freud a la aplicación de los mecanismos de defensa, como desvío de las consecuencias y exigencias del análisis del analista, revelando así su propio impasse.

Uno de estos nombres es: "predicar en al vacío", como intento de llenar ese vacío con saber (S2). El Otro nombre es sustituto paterno, como sentido neurótico, en tanto el padre como agente castrador o prohibidor del goce.

"Predicar en el vacío" y "sustituto paterno", serían exactamente lo contrario de la firme convicción de la existencia del inconsciente.

Esta convicción invierte los términos (si el Edipo es un mito, la castración no lo es): Castración à Padre. La consecuencia del análisis la podemos nombrar: S (A), y la exigencia: imperativo ético. A partir de aquí podemos sostener que "predicar en el vacío" y "sustituto paterno" son efecto de la represión en tanto horror de saber sobre la castración.

En términos de la formación del analista este horror adquiere la forma de: el didacta sabe lo que es un analista (que el didacta juzgue si se puede admitir al candidato según el texto de Freud).

Por su parte "instilar la firme convicción" implica que el analista no puede transmitir el deseo de saber si no tiene él relación con el S .

Para Lacan, el Nombre del Padre "no designa nada más que el poder de las palabras. Los Nombres del Padre, son mitos de la pérdida de goce", ya que la pérdida de goce es efecto de la estructura significante.

"El Nombre del Padre sería el semblante por excelencia, por que es un nombre al cual nada responde, en tanto que se refiere a un vacío".

Por lo tanto este semblante "va a referir a lo que falta en el Otro, que el Otro falta, que es un semblante". Lo que Lacan va a abordar en el Seminario 17, en relación al padre real como construcción del lenguaje, en tanto que "la castración es la operación real introducida por la incidencia del significante, va a ubicar al padre como ese real imposible, tal como afirma, Freud siempre lo señaló". Esto nos permite abrir el interrogante respecto al sustituto paterno en términos de Nombre del Padre que viene a suplir la incompletud del Otro; en la medida que ese Otro como tal no existe "se generaliza la función del padre". "El operador estructural S1 releva el mito". Siendo el mito un enunciado de lo imposible, este operador adquiere otra dimensión a partir del Seminario del Síntoma.

"El complejo de Edipo como tal es un síntoma. Es en tanto que el Nombre del Padre es también Padre del Nombre como todo se sostiene, lo cual no vuelve al síntoma menos necesario". La operatividad del Complejo de Edipo freudiano, para Lacan, pasa por el significante del Nombre del Padre.

A su vez, Predicar en el vacío, adquiere otro valor. Lo que nos aporta Freud, según Lacan, en R. S. I., es que "sólo hay Otro si lo decimos, pero es imposible decirlo completamente. Hay un inconsciente irreductible, y decirlo no sólo se define como imposible, sino que introduce como tal la categoría de lo imposible". Se trata entonces de la imposibilidad de la rectificación del proceso represivo originario.

Si la angustia puede ser superada cuando el Otro se ha nombrado, ofrecer a la cuestión del concepto de la angustia una garantía real, es lo opuesto a garantizar al Otro bajo el modo de hacer de su castración lo que le falta al Otro, tal como se sostiene en los mecanismos de defensa. Lacan, siguiendo a Freud, ubica a la angustia como el efecto vinculado a lo real. Los demás efectos podrán ser semblantes, pero la angustia no. Se trata de una angustia que nos responde, que provocamos en tanto lugar del analista, objeto a situado en el campo del Otro. Posibilidad misma de la transferencia.

El saldo lamentable nombrado como mecanismo de defensa, se expresa en la afirmación del Presidente de la I.P.A. cuando fórmula que "Freud acepta que el psicoanálisis opera en última instancia por sugestión...". Esto en rechazo de la consideración de la manifestación residual pulsional sosteniendo que "si aceptáramos realmente la hipótesis de que la transferencia está adscripta al instinto de muerte, entonces toda la teoría del tratamiento analítico requiere una profunda revisión". El sugestionador se corresponde así con hacer del psicoanálisis una religión del padre bien amado.

Horacio Etchegoyen revela de este modo el impasse freudiano, revelándose también, como un agrupamiento entre psicoanalistas puede sostenerse en los mecanismos de defensa: S.A.M.C.D.A.

Un modo particular de la expresión de este mismo impasse, son los pequeños grupos con fuerte liderazgo, que pese a formarse en la enseñanza de Lacan, la desmochan en la práctica de las consecuencias institucionales que implica, ya que así como la manifestación residual está en el centro mismo de la experiencia y es el núcleo de la interrogación sobre la formación del analista, ésta es inseparable de la Escuela como lugar legítimo para la interrogación racional y verificable de las conclusiones de análisis.

CAPITULO SEGUNDO Punto I : La Acrópolis

Freud, que jamás habló ni escribió desde el lugar de esa enfermedad profesional que es la infatuación, produjo la elaboración doctrinaria a partir de la práctica del obstáculo que incluía también su implicación subjetiva.

A los 80 años no había perdido su capacidad de sorpresa ni su deseo de saber, por eso podía haber sido recomendado por Sócrates como un conjurador del temor a la muerte, tal como lo hace con Cebes y Simmias, en el Fedón.

En 1936, Freud escribe un pequeño trabajo como regalo al cumpleaños número 70 de su admirado Romain Rolland. Este pequeño escrito tiene el valor de un testimonio.

Entonces: carta a Romain Rolland ("Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis"), 1936. Relata un episodio que tuvo en 1904, estando con su hermano menor de 10 años (la misma edad que Romain Rolland) en Atenas.

Episodio que recuerda insistentemente en los últimos tiempos. Desde que se ha vuelto un anciano menesteroso de la indulgencia ajena y cuando ya no puede viajar.

El relato es el siguiente: iban de vacaciones vía Trieste hacia la isla de Corfú. Un amigo y cliente del hermano lo desaconseja debido al intenso calor en la zona y recomienda Atenas. Antes de abrirse la ventanilla de la venta de pasajes los asedió a ambos hermanos un gran malhumor y sólo podían imaginar impedimentos y dificultades en relación a la excursión propuesta. Es más, pensaban que no los iban a dejar entrar a Grecia ya que no disponían de pasaportes. Tiene el asombroso pensamiento: entonces, ¡todo esto existe efectivamente tal como lo aprendimos en la escuela!

Ante este pensamiento se produce lo que denomina "escisión de la personalidad". Una parte tiene ese pensamiento sorprendente, y la otra parte que percibe sorprendida ese pensamiento sorprendente.

"La primera se comportó como si una observación inconstrastable la obligara a creer en algo cuya realidad le había resultado hasta entonces incierta. La segunda asombrada, ya que nunca había sabido que se dudara de la existencia de Atenas.

Lo primero que Freud realiza con esto, es indicar que el malhumor y la desazón en Trieste, y el episodio de la Acrópolis están en intima relación.

Lo segundo es la pregunta: ¿por qué tal incredulidad respecto a algo que promete un elevado placer? La respuesta es vía "los que fracasan al triunfar".

Aquellos que enferman y hasta llegan a perecer, porque se les ha cumplido un deseo de intensidad avasalladora. Irrupción de la conciencia moral, de la severidad superyoica.

Lo tercero es situar a lo que denomina "sentimiento de enajenación" en tanto un fragmento de la realidad se nos aparece como ajeno, y a la despersonalización cuando lo ajeno es un fragmento del yo, ambos modos de defensa como desmentida de lo perturbante.

Lo cuarto es el despejamiento sobre el trastorno del recuerdo: "No es cierto que en mis años de estudiante secundario dudara yo alguna vez de la existencia real de Atenas. Sólo dudé de que pudiera llegar a ver a Atenas... De que pudiera llegar tan lejos". Cuestión que le da la clave del episodio, no sin antes haber pasado por los momentos anteriores.

Recordemos que el padre de Freud, pequeño comerciante, no había cursado la escuela secundaria y por lo tanto ni había conocido a Atenas, ni ésta podía significar gran cosa para él. Lo que empañaba el goce del viaje era una moción de piedad hacia el padre.

La afirmación más fuerte y compleja del texto es: "Parece como si lo esencial en el éxito fuera haber llegado más lejos que el padre, y como si continuara prohibido querer sobrepasar al padre".

En esta frase hay cuestiones de dos niveles diferentes a partir de la elaboración misma del escrito por parte de Freud.

Un nivel es de la función, y otro el de las figuras del padre. Uno se refiere al operador estructural y otro a la construcción neurótica.

Freud llega más lejos que el padre, pero ¿"Superando" al padre, a partir de la "ambición de triunfar sobre él"? Entendemos que el padre muerto no es padre "matado" o "superado", sino el padre como un nudo de la determinación de las asociaciones, un lugar desde el que es posible construir una diferencia y no una referencia atormentadora de rivalidad y culpa.

Freud llega al Acrópolis, descompletamiento del Otro, territorio nuevo, inédito. Se trata de la autonomía de su descubrimiento, de la fundación de un nuevo campo, como él dice su "osada intromisión".

Pero si triunfa, donde la paranoia fracasa es a partir de lo que llama Edipo. Esto es, el padre como prohibidor del goce. El padre muerto.

En este sentido los dos hechos que Freud articula en relación al trastorno del recuerdo: esto es la severidad superyoica y el sentimiento de enajenación y despersonalización ordenan una lógica. El primero es adscripto a la severidad superyoica en la línea de los que fracasan al triunfar, y el segundo a la conmoción de la realidad psíquica.

Pero en uno y otro hay un momento de concluir atinente al acto, que sabemos es sin Otro.

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