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Punto
III - El impasse Freudiano:
La
ausencia de convicción del padre predicador
Podemos,
al fin, ubicar dos nombres, que considero, le da Freud a la
aplicación de los mecanismos de defensa, como desvío de las
consecuencias y exigencias del análisis del analista, revelando
así su propio impasse.
Uno
de estos nombres es: "predicar en al vacío", como intento
de llenar ese vacío con saber (S2). El Otro nombre
es sustituto paterno, como sentido neurótico, en tanto
el padre como agente castrador o prohibidor del goce.
"Predicar
en el vacío" y "sustituto paterno", serían exactamente lo
contrario de la firme convicción de la existencia del inconsciente.
Esta
convicción invierte los términos (si el Edipo es un mito,
la castración no lo es): Castración à Padre. La consecuencia
del análisis la podemos nombrar: S (A), y la exigencia: imperativo
ético. A partir de aquí podemos sostener que "predicar en
el vacío" y "sustituto paterno" son efecto de la represión
en tanto horror de saber sobre la castración.
En
términos de la formación del analista este horror adquiere
la forma de: el didacta sabe lo que es un analista
(que el didacta juzgue si se puede admitir al candidato según
el texto de Freud).
Por
su parte "instilar la firme convicción" implica que el analista
no puede transmitir el deseo de saber si no tiene él relación
con el S .
Para
Lacan, el Nombre del Padre "no designa nada más que el poder
de las palabras. Los Nombres del Padre, son mitos de la pérdida
de goce", ya que la pérdida de goce es efecto de la estructura
significante.
"El
Nombre del Padre sería el semblante por excelencia, por que
es un nombre al cual nada responde, en tanto que se refiere
a un vacío".
Por
lo tanto este semblante "va a referir a lo que falta
en el Otro, que el Otro falta, que es un semblante". Lo que
Lacan va a abordar en el Seminario 17, en relación al padre
real como construcción del lenguaje, en tanto que "la castración
es la operación real introducida por la incidencia del significante,
va a ubicar al padre como ese real imposible, tal como afirma,
Freud siempre lo señaló". Esto nos permite abrir el interrogante
respecto al sustituto paterno en términos de Nombre del Padre
que viene a suplir la incompletud del Otro; en la medida que
ese Otro como tal no existe "se generaliza la función del
padre". "El operador estructural S1 releva el mito".
Siendo el mito un enunciado de lo imposible, este operador
adquiere otra dimensión a partir del Seminario del Síntoma.
"El
complejo de Edipo como tal es un síntoma. Es en tanto que
el Nombre del Padre es también Padre del Nombre como todo
se sostiene, lo cual no vuelve al síntoma menos necesario".
La operatividad del Complejo de Edipo freudiano, para Lacan,
pasa por el significante del Nombre del Padre.
A
su vez, Predicar en el vacío, adquiere otro valor.
Lo que nos aporta Freud, según Lacan, en R. S. I., es que
"sólo hay Otro si lo decimos, pero es imposible decirlo completamente.
Hay un inconsciente irreductible, y decirlo no sólo se define
como imposible, sino que introduce como tal la categoría de
lo imposible". Se trata entonces de la imposibilidad de la
rectificación del proceso represivo originario.
Si
la angustia puede ser superada cuando el Otro se ha nombrado,
ofrecer a la cuestión del concepto de la angustia una garantía
real, es lo opuesto a garantizar al Otro bajo el modo de hacer
de su castración lo que le falta al Otro, tal como se sostiene
en los mecanismos de defensa. Lacan, siguiendo a Freud, ubica
a la angustia como el efecto vinculado a lo real. Los demás
efectos podrán ser semblantes, pero la angustia no. Se trata
de una angustia que nos responde, que provocamos en tanto
lugar del analista, objeto a situado en el campo del
Otro. Posibilidad misma de la transferencia.
El
saldo lamentable nombrado como mecanismo de defensa, se expresa
en la afirmación del Presidente de la I.P.A. cuando fórmula
que "Freud acepta que el psicoanálisis opera en última instancia
por sugestión...". Esto en rechazo de la consideración de
la manifestación residual pulsional sosteniendo que "si aceptáramos
realmente la hipótesis de que la transferencia está adscripta
al instinto de muerte, entonces toda la teoría del tratamiento
analítico requiere una profunda revisión". El sugestionador
se corresponde así con hacer del psicoanálisis una religión
del padre bien amado.
Horacio
Etchegoyen revela de este modo el impasse freudiano,
revelándose también, como un agrupamiento entre psicoanalistas
puede sostenerse en los mecanismos de defensa: S.A.M.C.D.A.
Un
modo particular de la expresión de este mismo impasse,
son los pequeños grupos con fuerte liderazgo, que pese a formarse
en la enseñanza de Lacan, la desmochan en la práctica de las
consecuencias institucionales que implica, ya que así como
la manifestación residual está en el centro mismo de la experiencia
y es el núcleo de la interrogación sobre la formación del
analista, ésta es inseparable de la Escuela como lugar legítimo
para la interrogación racional y verificable de las conclusiones
de análisis.
CAPITULO
SEGUNDO Punto I : La Acrópolis
Freud,
que jamás habló ni escribió desde el lugar de esa enfermedad
profesional que es la infatuación, produjo la elaboración
doctrinaria a partir de la práctica del obstáculo que incluía
también su implicación subjetiva.
A
los 80 años no había perdido su capacidad de sorpresa ni su
deseo de saber, por eso podía haber sido recomendado por Sócrates
como un conjurador del temor a la muerte, tal como lo hace
con Cebes y Simmias, en el Fedón.
En
1936, Freud escribe un pequeño trabajo como regalo al cumpleaños
número 70 de su admirado Romain Rolland. Este pequeño escrito
tiene el valor de un testimonio.
Entonces:
carta a Romain Rolland ("Una perturbación del recuerdo
en la Acrópolis"), 1936. Relata un episodio que
tuvo en 1904, estando con su hermano menor de 10 años
(la misma edad que Romain Rolland) en Atenas.
Episodio
que recuerda insistentemente en los últimos tiempos. Desde
que se ha vuelto un anciano menesteroso de la indulgencia
ajena y cuando ya no puede viajar.
El
relato es el siguiente: iban de vacaciones vía Trieste hacia
la isla de Corfú. Un amigo y cliente del hermano lo desaconseja
debido al intenso calor en la zona y recomienda Atenas. Antes
de abrirse la ventanilla de la venta de pasajes los asedió
a ambos hermanos un gran malhumor y sólo podían imaginar
impedimentos y dificultades en relación a la excursión propuesta.
Es más, pensaban que no los iban a dejar entrar a Grecia ya
que no disponían de pasaportes. Tiene el asombroso pensamiento:
entonces, ¡todo esto existe efectivamente tal como lo aprendimos
en la escuela!
Ante
este pensamiento se produce lo que denomina "escisión de la
personalidad". Una parte tiene ese pensamiento sorprendente,
y la otra parte que percibe sorprendida ese pensamiento sorprendente.
"La
primera se comportó como si una observación inconstrastable
la obligara a creer en algo cuya realidad le había resultado
hasta entonces incierta. La segunda asombrada, ya que nunca
había sabido que se dudara de la existencia de Atenas.
Lo
primero que Freud realiza con esto, es indicar que el
malhumor y la desazón en Trieste, y el episodio de la Acrópolis
están en intima relación.
Lo
segundo es la pregunta: ¿por qué tal incredulidad respecto
a algo que promete un elevado placer? La respuesta es vía
"los que fracasan al triunfar".
Aquellos
que enferman y hasta llegan a perecer, porque se les ha cumplido
un deseo de intensidad avasalladora. Irrupción de la conciencia
moral, de la severidad superyoica.
Lo
tercero es situar a lo que denomina "sentimiento de
enajenación" en tanto un fragmento de la realidad
se nos aparece como ajeno, y a la despersonalización
cuando lo ajeno es un fragmento del yo, ambos modos de defensa
como desmentida de lo perturbante.
Lo
cuarto es el despejamiento sobre el trastorno del recuerdo:
"No es cierto que en mis años de estudiante secundario dudara
yo alguna vez de la existencia real de Atenas. Sólo dudé
de que pudiera llegar a ver a Atenas... De que pudiera llegar
tan lejos". Cuestión que le da la clave del episodio,
no sin antes haber pasado por los momentos anteriores.
Recordemos
que el padre de Freud, pequeño comerciante, no había cursado
la escuela secundaria y por lo tanto ni había conocido a Atenas,
ni ésta podía significar gran cosa para él. Lo que empañaba
el goce del viaje era una moción de piedad hacia el padre.
La
afirmación más fuerte y compleja del texto es: "Parece
como si lo esencial en el éxito fuera haber llegado más lejos
que el padre, y como si continuara prohibido querer sobrepasar
al padre".
En
esta frase hay cuestiones de dos niveles diferentes
a partir de la elaboración misma del escrito por parte de
Freud.
Un
nivel es de la función, y otro el de las figuras del padre.
Uno se refiere al operador estructural y otro a la construcción
neurótica.
Freud
llega más lejos que el padre, pero ¿"Superando" al padre,
a partir de la "ambición de triunfar sobre él"? Entendemos
que el padre muerto no es padre "matado" o "superado",
sino el padre como un nudo de la determinación de las asociaciones,
un lugar desde el que es posible construir una diferencia
y no una referencia atormentadora de rivalidad y culpa.
Freud
llega al Acrópolis, descompletamiento del Otro, territorio
nuevo, inédito. Se trata de la autonomía de su descubrimiento,
de la fundación de un nuevo campo, como él dice su "osada
intromisión".
Pero
si triunfa, donde la paranoia fracasa es a partir de lo que
llama Edipo. Esto es, el padre como prohibidor del goce. El
padre muerto.
En
este sentido los dos hechos que Freud articula en relación
al trastorno del recuerdo: esto es la severidad superyoica
y el sentimiento de enajenación y despersonalización ordenan
una lógica. El primero es adscripto a la severidad superyoica
en la línea de los que fracasan al triunfar, y el segundo
a la conmoción de la realidad psíquica.
Pero
en uno y otro hay un momento de concluir atinente al acto,
que sabemos es sin Otro.
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