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El padre, lo femenino y el obstáculo en la elaboración freudiana [ 3 ]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si en el campo escópico "no se percibe, no se siente, no se ve, no se experimenta la pérdida del objeto a" y "es el campo que podría permitir olvidar la castración, y es también un campo desangustiante, pacificador", la extracción del a sirve de marco al fantasma y a la, por lo tanto, representación de la realidad, a partir de lo que no tiene representación: lo real pulsional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La mujer como lo ajeno, nombra radicalmente al Otro sexo y hace emerger la dimensión de la angustia. Freud es muy preciso al respecto. Ese apronte angustiado se mostrará con la mayor intensidad en todas las situaciones que se desvíen de algún modo de lo habitual, que conlleven algo nuevo, inesperado, no comprendido, ominoso (unheimlich)".

Estaban los hermanos descontentos e irresolutos, "pero cuando llegó la hora fuimos a la ventanilla y compramos pasajes en el vapor para Atenas, como si fuera lo más natural, sin hacer caso de las presuntas dificultades y aún sin comunicarnos entre nosotros las razones de nuestra decisión" (o sea uno por uno). Esta decisión lo arranca de la coartada neurótica de superar al padre, y lo precipita al punto de conmoción de lo que en Freud sostiene la realidad psíquica y que se llama Edipo. Función paterna como tapón de S(A). Es precisamente en el primer momento como coartada neurótica en donde quedan atrapados los hijos de Willy Loman, personaje central de "Muerte de un viajante" de Arthur Miller.

El mayor cargando sobre sus espaldas, al precio de su aplastamiento subjetivo, el encuentro con la impostura paterna. Lo castiga con su fracaso, y a un mismo tiempo desespera, por no estar a la altura de lo que se espera desde el ideal.

El menor de los hijos, tomando la vertiente reivindicativa, destina su vida para que la de su padre no haya sido en vano -para ambos en el infierno-.

Freud, sin embargo, se refiere a esa experiencia en Atenas, como de carácter alucinatorio. Hay una conmoción de la realidad que se expresa tanto en la división subjetiva, como en la manifestación de la mirada paterna. Se presenta el padre como figura de censura sobre el goce de la imagen acompañando el sentimiento de irrealidad.

Como afirmaba J.-A. Miller en el V Encuentro Brasilero: "El campo de la percepción interrogado por el deseo y el goce". En el Acrópolis, revelación de la esquizia entre mirada y visión. Si en el campo escópico "no se percibe, no se siente, no se ve, no se experimenta la pérdida del objeto a" y "es el campo que podría permitir olvidar la castración, y es también un campo desangustiante, pacificador", la extracción del a sirve de marco al fantasma y a la, por lo tanto, representación de la realidad, a partir de lo que no tiene representación: lo real pulsional. En esta experiencia de Freud, el a se presenta como plus de goce, produciendo el efecto de irrealidad, conmoviendo lo imaginario como captura de goce, y el apaciguamiento de la angustia de la castración.

El psicoanálisis tiene su fecha de partida de nacimiento con la "La interpretación de los sueños" y ahí el famoso capítulo VII con su introducción. El sueño: "Padre ¿Acaso, no ves que ardo?"; tomado por Lacan en el Seminario 11 como articulador entre "Tyche y automatón" y "de la mirada como objeto a minúscula".

En Freud, de un padre y la voz, a un hijo y la mirada de Atenas. En el primero la Tyche del despertar del sueño, se resuelve con el seguir durmiendo despierto. En el segundo, el precio a pagar por el despertar de un deseo decidido.

Tanto la versión censuradora como la admiración, con el ejemplo de los hermanos Bonaparte, reconstituyen el padre ideal del fantasma neurótico, como la articulación con el semblante del Nombre del Padre: pero en la cuna de la civilización occidental, en la misma época de la elaboración de "La interpretación de los sueños", el efecto de la invención sin Otro.

El verdadero invento de Freud, como nos enseña Lacan: esto es, el analista.

Punto II: la hostilidad

Podemos agrupar las formulaciones de Freud, respecto de lo femenino, en tres conjuntos:

Primer Conjunto

a) Inhibición o neurosis

b) Complejo de masculinidad

c) Equivalencia simbólica - maternidad.

Estas tres salidas hallan su tope en la inconmovible roca de base, como envidia del pene.

El segundo conjunto se sostiene en la modalidad de satisfacción pulsional: el masoquismo femenino.

En la línea que va de "Pegan a un niño" al "Problema económico del masoquismo", se da cuenta acabadamente de que lo que se trata es de la meta de la satisfacción y de la construcción del fantasma.

Lo "femenino" aquí, es puramente una equivalencia imaginaria. El "hacerse pegar" como regresión marca la heterogeneidad de las aspiraciones masoquistas y femeninas, tal como lo formula C. Soler en su trabajo "¿Existe el narcisismo femenino? Posición masoquista, posición femenina". Según mi modo de ver las cosas, la formulación freudiana de "Análisis terminable e interminable", que reza que hay desestimación de la feminidad tanto en hombres como en mujeres, revela que la posición de objeto masoquista no nombra lo propio de lo femenino.

Finalmente el tercer modo de agrupamiento, articula al primero y al segundo.

Se trata del ordenamiento confuso de: actividad - pasividad - falta de inscripción del órgano genital femenino y meta sexual.

Meta de satisfacción, con polaridad falo - castración.

Si se puede ser muy activo, para alcanzar una meta sexual pasiva, y si a su vez esa pasividad se diferencia del masoquismo (los textos de Freud sobre lo femenino no nombran el masoquismo); el tope de este conjunto se llama: "¿Qué quiere una mujer?".

Hombres y mujeres "a pesar de su diferencia están en igualdad por lo tanto, por su referencial al falo. Freud tiene sólo una brújula, para distinguir el hombre y la mujer: los avatares de la castración, la referencia única y verificable".

Con esta introducción, vamos a abordar la cuestión exclusivamente desde un texto muy conocido. Texto escrito en 1917 y publicado en el ’18, que fue puesto en serie con otros dos: "El tabú de la virginidad".

Estas páginas siempre fueron abordadas al modo en que Lacan en el Seminario 17, en el capítulo V, se refiere a la respuesta histérica hacia el poseedor del falo: "esta herida (castración) no puede compensarse por la satisfacción que el portador tendría al apaciguarla, por el contrario su presencia la reaviva, la presencia de aquello cuya añoranza causa la herida".

Sin embargo es posible realizar tres cortes, que a mi entender, ubican cuestiones de distinta índole. Más aún teniendo en cuenta que la referencia antecedente es "Tótem y Tabú".

Voy a nombrar, sin más, los cuatro cortes posibles, para luego situarnos en el texto y extraer conclusiones pertinentes

a) La respuesta hostil a la desfloración.

b) La necesaria castración del partenaire para la posibilidad del amor.

c) La mujer como lo ajeno.

d) La pulsión.

La respuesta hostil a la desfloración, como agresión posterior al coito, que llega a la formulación por parte de Freud hasta la venganza, que en la medida en que no termina de consumarse, fija a la mujer en un vínculo no sostenido en el amor. Pero esta fijeza que sostiene la envidia fálica nombra la presencia de una fase anterior a la elección del objeto, al modo en que Lacan en el Seminario 10, la reconduce a la antigua demanda respecto al Otro materno.

En la medida en que la histérica confunde el valor de semblante del falo con impostura, puede denunciar al partenaire masculino, pero a un mismo tiempo reconociendo el falo en la Otra mujer.

Por otra parte, la desautorización del marido por insatisfactorio, sostiene en el texto la fijación al padre, ante el cual todo partenaire es devaluado.

La segunda formulación está vinculada con "Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa" en tanto que "la esposa sólo reencuentra su sensibilidad tierna, en una relación ilícita que deba mantenerse en secreto, la única en la que está segura de seguir su propia voluntad libre de influencias".

Aquí la superación de la hostilidad está dada por la conexión prohibición-satisfacción sexual; pero donde lo que está en juego, en tanto no-toda, es el valor de castración en el hombre, donde elige una. El ser elegida "más allá" de las convenciones, es una operación, en tanto promoverse como lo que le falta al hombre. Encarnar la hora de la verdad para un hombre. Operación posible si el partenaire no es ubicado en la línea del Amor Ideal (príncipe azul) como figura del Ideal del Yo.

Aquí el encuentro no sería posible, ya que podría desencadenar fobias transitorias, y una vivencia de la experiencia amorosa marcada por la angustia. El envés de esta posición trastocaría el Otro del deseo por el Otro de la demanda. "El Otro goza de mí, entonces soy amada".

Estas respuestas pueden virar sin solución de continuidad a la dimensión de la tristeza. El objeto de amor se constituye por su pérdida. "El objeto perdido como falta, adquiere un valor particular, sosteniendo la insatisfacción y el goce no fálico que esta comporta".

La mujer como lo ajeno, nombra radicalmente al Otro sexo y hace emerger la dimensión de la angustia. Freud es muy preciso al respecto. Ese apronte angustiado se mostrará con la mayor intensidad en todas las situaciones que se desvíen de algún modo de lo habitual, que conlleven algo nuevo, inesperado, no comprendido, ominoso (unheimlich)".

El modelo de la angustia ante la barra del Otro, que Lacan nos enseñó a distinguir en el unheimlich freudiano, se hace presente de esta forma en el texto, claramente diferenciado de la hostilidad por reivindicación peneana.

A su vez, nos ilustra el modo en que el obsesivo tiene de enfrentar esa ajenidad.

El obsesivo, tanto puede tratar a ese Otro como un mensaje, para taponar su radical desemejanza, como sustituir la inconsistencia por la idealización, con la reversión agresiva que esto implica.

Sabemos que el modo en que encubre la castración del Otro, es mediante la atribución de una voluntad caprichosa y hostil en desmedro de la buena imagen; que como don quiere brindar, creyendo que así tapona al Otro.

La procastinación y la figura del amor imposible, tienen como estrategia funcionar al servicio de que no se revele el imposible de la relación sexual.

La abnegación y las proezas dedicadas a la dama, para producir fantasmáticamente a La Mujer, tiene como contrapartida el tratamiento de lo ajeno como hostil.

Por lo tanto tenemos 4 representaciones de lo hostil:

1. Hostilidad, como manifestación de la reivindicación peneana.

2. Hostilidad, como atribución obsesiva al servicio de taponar el enigma.

3. Hostilidad, como ejercicio del deseo no reductible a la demanda.

4. Hostilidad, como emergencia pulsional.

A su vez, este ordenamiento permite una diferenciación:

a) La mujer como síntoma, como suplencia; en la medida en que como "La" no existe "tiene cierta vocación por representar el Nombre del Padre. Es decir, es el Nombre del Padre como nombre de nada".

b) Una mujer, como partenaire, soporte del síntoma neurótico al servicio de la necesidad de castigo. A este nivel estaría referida a lo fantasmático, y su valor se articularía con las figuras del Padre.

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