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Estaban
los hermanos descontentos e irresolutos, "pero cuando llegó
la hora fuimos a la ventanilla y compramos pasajes en el vapor
para Atenas, como si fuera lo más natural, sin hacer caso
de las presuntas dificultades y aún sin comunicarnos entre
nosotros las razones de nuestra decisión" (o sea uno por uno).
Esta decisión lo arranca de la coartada neurótica de superar
al padre, y lo precipita al punto de conmoción de lo que en
Freud sostiene la realidad psíquica y que se llama Edipo.
Función paterna como tapón de S(A). Es precisamente en el
primer momento como coartada neurótica en donde quedan atrapados
los hijos de Willy Loman, personaje central de "Muerte de
un viajante" de Arthur Miller.
El
mayor cargando sobre sus espaldas, al precio de su aplastamiento
subjetivo, el encuentro con la impostura paterna. Lo castiga
con su fracaso, y a un mismo tiempo desespera, por no estar
a la altura de lo que se espera desde el ideal.
El
menor de los hijos, tomando la vertiente reivindicativa, destina
su vida para que la de su padre no haya sido en vano -para
ambos en el infierno-.
Freud,
sin embargo, se refiere a esa experiencia en Atenas, como
de carácter alucinatorio. Hay una conmoción de la realidad
que se expresa tanto en la división subjetiva, como en la
manifestación de la mirada paterna. Se presenta el padre como
figura de censura sobre el goce de la imagen acompañando el
sentimiento de irrealidad.
Como
afirmaba J.-A. Miller en el V Encuentro Brasilero: "El campo
de la percepción interrogado por el deseo y el goce". En el
Acrópolis, revelación de la esquizia entre mirada y visión.
Si en el campo escópico "no se percibe, no se siente, no se
ve, no se experimenta la pérdida del objeto a" y "es
el campo que podría permitir olvidar la castración, y es también
un campo desangustiante, pacificador", la extracción del a
sirve de marco al fantasma y a la, por lo tanto, representación
de la realidad, a partir de lo que no tiene representación:
lo real pulsional. En esta experiencia de Freud, el a
se presenta como plus de goce, produciendo el efecto de irrealidad,
conmoviendo lo imaginario como captura de goce, y el apaciguamiento
de la angustia de la castración.
El
psicoanálisis tiene su fecha de partida de nacimiento con
la "La interpretación de los sueños" y ahí el famoso capítulo
VII con su introducción. El sueño: "Padre ¿Acaso, no ves que
ardo?"; tomado por Lacan en el Seminario 11 como articulador
entre "Tyche y automatón" y "de la mirada como objeto a
minúscula".
En
Freud, de un padre y la voz, a un hijo y la mirada de Atenas.
En el primero la Tyche del despertar del sueño, se
resuelve con el seguir durmiendo despierto. En el segundo,
el precio a pagar por el despertar de un deseo decidido.
Tanto
la versión censuradora como la admiración, con el ejemplo
de los hermanos Bonaparte, reconstituyen el padre ideal del
fantasma neurótico, como la articulación con el semblante
del Nombre del Padre: pero en la cuna de la civilización occidental,
en la misma época de la elaboración de "La interpretación
de los sueños", el efecto de la invención sin Otro.
El
verdadero invento de Freud, como nos enseña Lacan: esto es,
el analista.
Punto
II: la hostilidad
Podemos
agrupar las formulaciones de Freud, respecto de lo femenino,
en tres conjuntos:
Primer
Conjunto
a)
Inhibición o neurosis
b)
Complejo de masculinidad
c)
Equivalencia simbólica - maternidad.
Estas
tres salidas hallan su tope en la inconmovible roca de base,
como envidia del pene.
El
segundo conjunto se sostiene en la modalidad de satisfacción
pulsional: el masoquismo femenino.
En
la línea que va de "Pegan a un niño" al "Problema económico
del masoquismo", se da cuenta acabadamente de que lo que se
trata es de la meta de la satisfacción y de la construcción
del fantasma.
Lo
"femenino" aquí, es puramente una equivalencia imaginaria.
El "hacerse pegar" como regresión marca la heterogeneidad
de las aspiraciones masoquistas y femeninas, tal como lo formula
C. Soler en su trabajo "¿Existe el narcisismo femenino? Posición
masoquista, posición femenina". Según mi modo de ver las cosas,
la formulación freudiana de "Análisis terminable e interminable",
que reza que hay desestimación de la feminidad tanto en hombres
como en mujeres, revela que la posición de objeto masoquista
no nombra lo propio de lo femenino.
Finalmente
el tercer modo de agrupamiento, articula al primero
y al segundo.
Se
trata del ordenamiento confuso de: actividad - pasividad -
falta de inscripción del órgano genital femenino y meta sexual.
Meta
de satisfacción, con polaridad falo - castración.
Si
se puede ser muy activo, para alcanzar una meta sexual pasiva,
y si a su vez esa pasividad se diferencia del masoquismo (los
textos de Freud sobre lo femenino no nombran el masoquismo);
el tope de este conjunto se llama: "¿Qué quiere una mujer?".
Hombres
y mujeres "a pesar de su diferencia están en igualdad por
lo tanto, por su referencial al falo. Freud tiene sólo una
brújula, para distinguir el hombre y la mujer: los avatares
de la castración, la referencia única y verificable".
Con
esta introducción, vamos a abordar la cuestión exclusivamente
desde un texto muy conocido. Texto escrito en 1917 y publicado
en el ’18, que fue puesto en serie con otros dos: "El tabú
de la virginidad".
Estas
páginas siempre fueron abordadas al modo en que Lacan en el
Seminario 17, en el capítulo V, se refiere a la respuesta
histérica hacia el poseedor del falo: "esta herida (castración)
no puede compensarse por la satisfacción que el portador tendría
al apaciguarla, por el contrario su presencia la reaviva,
la presencia de aquello cuya añoranza causa la herida".
Sin
embargo es posible realizar tres cortes, que a mi entender,
ubican cuestiones de distinta índole. Más aún teniendo en
cuenta que la referencia antecedente es "Tótem y Tabú".
Voy
a nombrar, sin más, los cuatro cortes posibles, para luego
situarnos en el texto y extraer conclusiones pertinentes
a)
La respuesta hostil a la desfloración.
b)
La necesaria castración del partenaire para la posibilidad
del amor.
c)
La mujer como lo ajeno.
d)
La pulsión.
La
respuesta hostil a la desfloración, como agresión posterior
al coito, que llega a la formulación por parte de Freud hasta
la venganza, que en la medida en que no termina de consumarse,
fija a la mujer en un vínculo no sostenido en el amor. Pero
esta fijeza que sostiene la envidia fálica nombra la presencia
de una fase anterior a la elección del objeto, al modo en
que Lacan en el Seminario 10, la reconduce a la antigua demanda
respecto al Otro materno.
En
la medida en que la histérica confunde el valor de semblante
del falo con impostura, puede denunciar al partenaire
masculino, pero a un mismo tiempo reconociendo el falo en
la Otra mujer.
Por
otra parte, la desautorización del marido por insatisfactorio,
sostiene en el texto la fijación al padre, ante el cual todo
partenaire es devaluado.
La
segunda formulación está vinculada con "Sobre la más generalizada
degradación de la vida amorosa" en tanto que "la esposa sólo
reencuentra su sensibilidad tierna, en una relación ilícita
que deba mantenerse en secreto, la única en la que está segura
de seguir su propia voluntad libre de influencias".
Aquí
la superación de la hostilidad está dada por la conexión prohibición-satisfacción
sexual; pero donde lo que está en juego, en tanto no-toda,
es el valor de castración en el hombre, donde elige una. El
ser elegida "más allá" de las convenciones, es una operación,
en tanto promoverse como lo que le falta al hombre. Encarnar
la hora de la verdad para un hombre. Operación posible si
el partenaire no es ubicado en la línea del Amor Ideal
(príncipe azul) como figura del Ideal del Yo.
Aquí
el encuentro no sería posible, ya que podría desencadenar
fobias transitorias, y una vivencia de la experiencia amorosa
marcada por la angustia. El envés de esta posición trastocaría
el Otro del deseo por el Otro de la demanda. "El Otro goza
de mí, entonces soy amada".
Estas
respuestas pueden virar sin solución de continuidad a la dimensión
de la tristeza. El objeto de amor se constituye por su pérdida.
"El objeto perdido como falta, adquiere un valor particular,
sosteniendo la insatisfacción y el goce no fálico que esta
comporta".
La
mujer como lo ajeno, nombra radicalmente al Otro sexo y hace
emerger la dimensión de la angustia. Freud es muy preciso
al respecto. Ese apronte angustiado se mostrará con la mayor
intensidad en todas las situaciones que se desvíen de algún
modo de lo habitual, que conlleven algo nuevo, inesperado,
no comprendido, ominoso (unheimlich)".
El
modelo de la angustia ante la barra del Otro, que Lacan nos
enseñó a distinguir en el unheimlich freudiano, se
hace presente de esta forma en el texto, claramente diferenciado
de la hostilidad por reivindicación peneana.
A
su vez, nos ilustra el modo en que el obsesivo tiene de enfrentar
esa ajenidad.
El
obsesivo, tanto puede tratar a ese Otro como un mensaje, para
taponar su radical desemejanza, como sustituir la inconsistencia
por la idealización, con la reversión agresiva que esto implica.
Sabemos
que el modo en que encubre la castración del Otro, es mediante
la atribución de una voluntad caprichosa y hostil en desmedro
de la buena imagen; que como don quiere brindar, creyendo
que así tapona al Otro.
La
procastinación y la figura del amor imposible, tienen como
estrategia funcionar al servicio de que no se revele el imposible
de la relación sexual.
La
abnegación y las proezas dedicadas a la dama, para producir
fantasmáticamente a La Mujer, tiene como contrapartida el
tratamiento de lo ajeno como hostil.
Por
lo tanto tenemos 4 representaciones de lo hostil:
1.
Hostilidad, como manifestación de la reivindicación peneana.
2.
Hostilidad, como atribución obsesiva al servicio de taponar
el enigma.
3.
Hostilidad, como ejercicio del deseo no reductible a la demanda.
4.
Hostilidad, como emergencia pulsional.
A
su vez, este ordenamiento permite una diferenciación:
a)
La mujer como síntoma, como suplencia; en la medida en que
como "La" no existe "tiene cierta vocación por representar
el Nombre del Padre. Es decir, es el Nombre del Padre como
nombre de nada".
b)
Una mujer, como partenaire, soporte del síntoma neurótico
al servicio de la necesidad de castigo. A este nivel estaría
referida a lo fantasmático, y su valor se articularía con
las figuras del Padre.
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