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El niño y la adopción [ 2 ]

 

 

 

 

 

 

 

Lo que se plantea es que aquella mujer que no puede ser madre biológica, puede poner allí su falta, su incompletud, y hacer de eso su castración imaginaria; al dudar de la posibilidad de ser una verdadera madre simbólica, pide al niño signos que demandan incondicionalidad, obstruyendo a veces el camino abierto al deseo encarnado por la posibilidad de la mediación paterna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo que quiero subrayar es cómo en la adopción pueden eliminarse los términos mujer-hombre en relación con el hijo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por ello es en un trabajo con el niño en análisis donde éste comenzará a fabricar sus respuestas, y es sólo en un análisis donde tendrá principio la posibilidad de recrear su novela familiar como efectuación del sujeto del inconsciente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que el niño construya su novela familiar, el mito individual de sus orígenes, indica que no es el coito de sus genitores el que contesta a su llegada al ser, no es lo que da sentido a su inefable y estúpida existencia.

Cuando avanzamos más allá de los significantes: Madre, Padre, Hijo, vemos que en esta constelación es fundamental la relación de cada uno de ellos con lo que es su objeto, con lo real en juego; así surge una nueva constelación familiar con su objeto como causa.

Este es el lugar que el niño puede venir a ocupar.

Si bien cuando un niño realiza el fantasma materno, se presenta el riesgo psicótico, es importante determinar qué distancia toma el niño en relación con el fantasma materno. La adopción es un lugar privilegiado para identificar al niño en su fantasmática y que el niño pueda separarse de ésta depende de la mediación del padre. Como nos dice Freud, la posibilidad de que no se produzca una catástrofe depende de que sea posible efectuar un viraje hacia el padre.

Por ello, es importante saber cómo ese tipo de madre y ese tipo de padre se las arreglarán con ese encuentro imposible en relación con los sexos. Esta es la verdad de la pareja familiar, ficción de relación entre dos partenaires.

Lo que se plantea es que aquella mujer que no puede ser madre biológica, puede poner allí su falta, su incompletud, y hacer de eso su castración imaginaria; al dudar de la posibilidad de ser una verdadera madre simbólica, pide al niño signos que demandan incondicionalidad, obstruyendo a veces el camino abierto al deseo encarnado por la posibilidad de la mediación paterna. El hijo es requerido no para cumplir el Ideal del hijo soñado, sino para dar pruebas de la no falla de la madre.

Tres secuencias de Elena nos permitirán ver cómo necesita dejar de cargar con la fantasmática de la madre quien, al nacer, pierde a sus padres en un accidente y es dada a cargo a una familia. Nunca se sintió adoptada en el deseo del Otro. La madre le demanda a la hija que le dé muestras de que la acepta como madre, y Elena sólo comenzará la construcción de su novela cuando haya dejado de cargar con el peso de tener que aliviar a su mamá, que no se había sentido verdaderamente amada, cuando no tenga que demostrarle a su mamá que es ella la que la adopta.

Elena extraña a su abuela paterna, llora porque quiere ir a verla. Su madre se angustia, la niña trae a sesión un sueño de esa noche: "Yo llevaba en upa a una mamá; era mi mamá, no, era un bebé". En ese momento me cuenta que le gustan los bebés y que a todos los bebés les encanta estar con ella. "Yo quiero que haya un bebé en casa".

En otra sesión cuenta estos sueños:

- "¿Sabés lo que soñé? Que estaba con mi mamá en una disquería y, sin darme cuenta, me robaba un cassette de Chiquititas". Esto la lleva a hablar del tema de los robos. "Chiquititas es mi programa preferido. Me desperté y volví a soñar que el personaje de Chiquititas me invitaba a trabajar en el programa. Ese es mi sueño de verdad: trabajar en Chiquititas". Le digo irónicamente: "¡Sí! Tu sueño es actuar en un programa de Chiquititas sin papás...".

Ahí comienza a preguntarme que no entiende mucho a un papá que deja a sus hijos. "Decíme Adela, ¿cómo un papá puede irse?".

- Tercer sueño, que marca un hito: "Sabés, ayer no me hice pis. ¿Pero sabés cómo fue? Yo soñaba que estaba remando. Tenía que llevar dos remos, uno encima de otro, se me caen los remos y me sentía livianita, y así llegué al baño. Mi papá me encontró sentadita, yo creía que estaba en un bote".

Se trata de eso, de sacarse de encima lo que le pesa. Comienza allí un despliegue riquísimo de ficciones fantasmáticas que no son tomadas, sino separadas del Otro. Es a partir de allí que comienzan sus construcciones, su novela amorosa que tratará de príncipes y princesas; comienza a armar un encuentro amoroso, debajo del agua, entre su papá y ella en el que luego hará entrar a la mamá. De entrada, ella se nombra como "Sirenita", y cuenta muchas historias de amor donde un padre nadador se encuentra con esa Sirenita.

Hay un momento de viraje entre la niña que debe mostrar incondicionalidad, tranquilizar a la madre con lo que le sucede en relación con su novela, entonces se lanzará plenamente a su propia novela: mitos tomados, significantes resaltados del Otro, armándolos a su manera y desprendiéndose del peso fantasmático materno. El alivio comienza para ambas. Y el padre comienza a entrar con diferentes semblantes en sus múltiples construcciones.

El padre puede ponerse también en la limitación de no ser el padre biológico; puede, entonces, confundir el significante con la función y, por ello, debilitar su acción.

Lo que quiero subrayar es cómo en la adopción pueden eliminarse los términos mujer-hombre en relación con el hijo.

Lacan instalará un axioma: no hay relación sexual.

El síntoma, entonces, va a responder de ese real en tanto contiene el sentido dado por el sujeto a este real, a esta ficción de la pareja familiar.

El niño es, entonces, una respuesta como síntoma de esta verdad de la pareja familiar, el portador de un real, de un goce tomado en el deseo sexual de aquellos que lo han puesto en el mundo. Es decir que él tiene que construir la manera en la que se va a separar de ese goce, de ese objeto primordial. A este respecto, Freud hablará de la novela familiar como barrera contra el incesto, como modo de defensa; por consiguiente, es un estado raramente rememorado pero reconstruido en análisis.

En segundo lugar, la novela familiar articula una versión del padre que responde a la tentativa de un acuerdo del padre con el amo e ideal: esto por el intento de una operación de sustitución. Y finalmente, la novela familiar aporta una versión de la madre, y más particularmente de la madre sexuada. Entonces, diferencia dos momentos: el primer tiempo, asexuado, que consiste en la sustitución operada en el imaginario del sujeto, que se produce luego de una ruptura: el padre ya no es el que era para el sujeto infantil. El segundo tiempo, al introducir la madre infiel, podría calificarse como sexuado.

Sobre el axioma "no hay relación sexual", se va a articular lo que Freud llamará la novela familiar, pero también la curiosidad sexual, es decir, toda teoría sexual infantil en la cuestión del saber. Esta novela familiar, este mito es un proceso de constitución, "verdadero poema épico", dirá Freud. Lacan, por su parte, hablará del mito particular del sujeto como tentativa de dar forma épica a la estructura.

El niño adoptado puede quedar atrapado o identificado con la fantasmática materna, en tanto la esterilidad y la adopción permiten, como dijimos antes, obturar y mostrar una manera particular de gozar de esa filiación.

Hemos visto cómo se puede cargar sobre el significante madre y hacer de él un todo, "Toda Madre", "Todo Padre", "Todo Hijo", impidiendo que el niño ficcionalice este imposible de donde proviene.

Los padres, cargando todo sobre la paternidad, no asumen esta manera de arreglárselas con el malentendido del encuentro entre un Hombre y una Mujer.

Por ello es en un trabajo con el niño en análisis donde éste comenzará a fabricar sus respuestas, y es sólo en un análisis donde tendrá principio la posibilidad de recrear su novela familiar como efectuación del sujeto del inconsciente.

Es a partir de los elementos resaltados del Otro como el niño va a construir su novela familiar, hecho que habla de que se ha encontrado con la falta del Otro (con la falta de la madre, no con la falta que estaba colmada con el problema inquietante del niño adoptado), y es la novela lo que permitirá suplir lo que falta en el Otro.

Para que un niño pueda fabricarse una respuesta, un camino, es necesario que se encuentre con algo que no sabe sobre el deseo del Otro, donde él se aloja; es necesario que descubra que en el Otro falta una respuesta para sus enigmas y que no se asegure en el fantasma materno. Esto significa que el Otro no tiene respuestas; ante las preguntas, el Otro no está, no responde. Pulgarcito reencuentra su camino porque pudo producir esas piedritas significantes: los significantes paternos no funcionaron para él como diciendo un sentido único, sino semi-diciendo el sentido.

Recibir las marcas del Otro como significante implica el acceso al semi-decir, a esa posición donde el ser que habla está subjetivado, no tanto por lo que dice sino por el lugar desde donde dice y desde donde oye.

Es así como vemos que para los padres adoptivos, muchas veces las marcas toman un sentido fijo: el saber intenta colmar el vacío y ellos intentan juntar saber y verdad. El niño puede alienarse a los significantes que le vienen del Otro. Es necesario no ceder al encuentro del vacío porque es de su presencia preservada y de poder no ceder a la tentación (como los hermanos de Pulgarcito que optan por tapar ese lugar vacío) como aparecerá la ficción propia del sujeto niño. No se trata de que el niño adoptado necesite la verdad toda. No se trata de que los padres sepan la verdad toda de su origen. Se trata de que la verdad para el ser que habla sólo se puede semi-decir. El análisis con estos niños nos corroboró una vez más que es necesario no ceder al horror del vacío, al encuentro con lo que falta en el Otro, con lo que no puede ser respondido por el Otro, porque no hay significantes en Otro que puedan responder al misterio de la sexualidad, al origen y la muerte, donde los niños adoptados no son una excepción.

La construcción del niño es lo que responderá a ese agujero; franquear el vacío es lo que, sin apoyarse en el fantasma materno, le permitirá asegurarse del Otro, encontrando una identidad de ser en el mundo y en su deseo.

Que el niño construya su novela familiar, el mito individual de sus orígenes, indica que no es el coito de sus genitores el que contesta a su llegada al ser, no es lo que da sentido a su inefable y estúpida existencia.

Si bien hay que considerar que la adopción se enfrenta con significantes particulares, con fantasmas, con el abandono, con la pobreza, con las fantasías de robo, será responsabilidad de los padres y de cada niño hacer también de esto una función, en tanto lo es. Padres y niño deberán enfrentarse a estas temáticas, pero su despliegue, el tener que vérselas con ellas, y su fijeza, no van a depender de adoptar o de ser un adoptado.

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