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Encuentros con Lacan [ 2 ]

HORACIO ETCHEGOYEN: "Cuando vino Meltzer a la Argentina, que fue mi analista, dijo: 'Lo mejor que pueden hacer con APdeBA es disolverla y formar grupos de estudio informales'. Entonces alguien le dijo: ¿pero entonces cómo hacemos para invitarlo a usted?".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENRIQUE ALBA: "Son 30 años de haber estado planteándome cómo se puede ser lacaniano dentro de la IPA. Cuando en ciertas situaciones me hacían esta pregunta, yo decía ¿y qué piensan los lacanianos que hay uno de la IPA entre ellos?..."

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JUAN CARLOS INDART: "...es totalmente cierto que yo no conocí en mi vida una locura imaginaria tan intensa a nivel personal como grupal que la desatada por el lacanismo (...) Como psicoanalistas tenemos que saber que hay momentos en que la verdad se desencadena así, con su locura, y es una tarea común, colectiva, ordenar poco a poco eso hasta los carriles de una verdad en su medio decir".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RICARDO SELDES: "La enseñanza de Lacan y su política del deseo es lo que hoy hace que nosotros sigamos prefiriendo tener una Escuela un poco histérica, que se pregunte por lo que no se sabe, que se pregunte por lo que no podemos, por lo que falta".

 

 

 

 

JACQUES-ALAIN MILLER: "Para Lacan no había una armonía entre un analista y el psicoanálisis, por el contrario, había una tensión entre los dos. A tal punto que decía: mi función en el mundo es avergonzar a los analistas...".

Luego la conversación giró en torno a la verticalidad necesaria y la horizontalidad deseable de las instituciones, para lo cual Etchegoyen apeló a una anécdota que dejó a todos los concurrentes pensando: "Cuando vino Meltzer a la Argentina, que fue mi analista, dijo: 'Lo mejor que pueden hacer con APdeBA es disolverla y formar grupos de estudio informales'. Entonces alguien le dijo: ¿pero entonces cómo hacemos para invitarlo a usted?".

Posteriormente, en la mesa llamada Síntomas de la cultura, coordinada por Vera Gorali y Ernesto Sinatra, estuvieron presentes el politólogo José Nun, el filósofo Guillermo Ranea, los semiólogos Oscar Steimberg y Oscar Traversa y el escritor Juan José Saer, casualmente de visita a nuestro país.

J. Nun realizó observaciones a propósito de los totalitarismos institucionales, tomando como punto de partida el transitado párrafo del Seminario 11 a propósito del Dios oscuro con que Lacan se refiere al nazismo. G. Ranea se detuvo en la paradoja de que los enunciados actuales cuya eficacia y progreso no cabe poner en tela de juicio, chocan con un creciente escepticismo por parte de la sociedad, llegando a postular la fábula de una ciencia acéfala. J. J. Saer destacó el hecho de que Lacan fuera un gran escritor, y situó la diferencia de estilo con Freud, en la distinta manera de encarar los textos de cada uno de ellos, en función de la historia de la ciencia en ese momento, finalizando con una descripción pesimista del marco actual del discurso de la llamada posmodernidad. O. Steimberg abordó el tema de la moda no sólo de los objetos, sino también de las ideas (incluida la entrada de Lacan en Argentina). Con respecto al destino actual de las vanguardias de principios de siglo XX, en las que Lacan había encontrado su marco discursivo, se mostró más alentador que Saer. A su entender, con la posmodernidad, esas vanguardias quedaron despojadas de sus utopías: los museos no fueron incendiados como querían los futuristas, pero quedaron como patrimonios de todas sus operaciones retóricas. O. Traversa dio una versión actualizada de las maneras de la mesa de Levi-Strauss, preguntándose no por el sujeto de la ley que dejaba para el psicoanálisis, sino el enigma de cómo es que la ley se constituye.

Para finalizar, la mesa llamada Intercambios, con la coordinación de Adela Fryd y Jacques-Alain Miller, obedeció a la única consigna de contestar preguntas hechas por el auditorio. Para esta tarea fueron convocados Enrique Alba (APdeBA), Carlos Basch (APA), Felisa Fisch (APdeBA), Manuel Gálvez (APdeBA), Juan Carlos Gorlero (APA), Juan Carlos Indart (EOL), Graciela Musachi (EOL), Ricardo Nepomiachi (EOL), Ricardo Seldes (EOL) y Raquel Zak de Goldstein (APA).

En un apretado resumen, las preguntas siguieron dos rumbos: quedaron circunscriptas a preocupaciones de los miembros de la EOL acerca de cómo se puede ser lacaniano dentro de la IPA, y acerca del aparente autoritarismo e intolerancia que reside en el interior del Campo freudiano; mientras que las de los miembros de APA y APdeBA, acerca de qué quieren los lacanianos de ellos, y más crudamente, qué quiere Jacques-Alain Miller.

Las preguntas recibieron respuesta, aunque, desde luego, de una manera muchas veces lateral. La actualidad de esas cuestiones fue, por lo general, prologada con el testimonio de un pasado encuentro con Lacan: cómo se las arreglaban para hacer con eso un lazo posible en sus respectivas instituciones. Analistas de APA y APdeBA describieron cómo se encontraron con el psicoanálisis, en unos casos, y con la enseñanza de Lacan, en otros, incluso partiendo de una especialidad médica –como es el caso de J. C. Gorlero o F. Fisch–. E. Alba dijo: "Son 30 años de haber estado planteándome cómo se puede ser lacaniano dentro de la IPA. Cuando en ciertas situaciones me hacían esta pregunta, yo decía ¿y qué piensan los lacanianos que hay uno de la IPA entre ellos? Hoy lo que podría decir es que no sé si soy lacaniano, lo que si sé es que aún para mí la lectura de Lacan, es el eje fundamental por donde pasan mis reflexiones sobre mi práctica". C. Basch sostuvo que su pertenencia a APA nunca fue un obstáculo para su relación con los analistas lacanianos por fuera de la institución, pero en cambio, sí fue una fuente de malentendidos, que a veces fueron fecundos y productivos. "A menudo era tomado como uno de los representantes de aquello que para ellos eran un signo de interrogación: Lacan".

J. C. Indart respondió no sin ironía, a las viejas críticas ortodoxas que siempre vieron con triunfante sospecha que el lacanismo tuviese como pioneros maestros en Argentina, a gente que no provenía de una formación médica o psicológica reglada, ni había pasados por sus divanes: "Es por la enseñanza de Lacan que sentí el 'tú eres eso', y llegué a tener 600 alumnos (…) Hoy en día pienso que en cierto modo inconsciente buscaban un maestro en el sentido que nos referimos al maestro de la escuela primaria. En ese contexto no veo que sea para nada sorprendente que recibiese a jóvenes que se formaban en psicoanálisis, y que pudiesen pertenecer a APA o APdeBA (…) Pero es totalmente cierto que yo no conocí en mi vida una locura imaginaria tan intensa a nivel personal como grupal que la desatada por el lacanismo. Escribí en esos años 'Interpretación es' evocando con cierta parodia la infatuación en la que estábamos sumergidos. Pero también escribí que 'la verdad desencadenada es así', y esa es una respuesta que les doy (…) Hoy esa verdad está muy civilizada (…) Como psicoanalistas tenemos que saber que hay momentos en que la verdad se desencadena así, con su locura, y es una tarea común, colectiva, ordenar poco a poco eso hasta los carriles de una verdad en su medio decir".

G. Musachi ubicó el inicio de su lacanismo también en un encuentro, en este caso con Germán García: "Lo recuerdo bien, era una tarde que me encontraba con él por primera vez para estudiar psicoanálisis lacaniano, y escuchábamos por la radio que habían asesinado a Rucci". A propósito de la supuesta falta de moderación lacaniana respondió: "…trato de no orientarme en el personaje, que a veces en su intolerancia puede ser muy estimulante (…) me oriento en la convicción que encuentro en ellos de que el psicoanálisis siga existiendo, es decir, de que haya una historia del psicoanálisis que pueda continuarse respecto a una convicción".

R. Nepomiachi relativizó una supuesta fragilidad de la AMP aludida por J.-A. Miller en su conversación con Etchegoyen: "Hay que saber que la experiencia de la AMP, creada hace poco menos de 10 años, responde por la contingencia, es decir (…) [que] nuestras formas organizacionales no son más que un medio para el psicoanálisis, y es en ese punto que se trata de la contingencia, y esto hace que permanentemente nos encontremos frente a los problemas de la vida asociativa y de la vida de nuestra comunidad, y nos sostenemos en ese sentimiento de fragilidad que nos da la enorme posibilidad de intervenir permanentemente y con decisiones que en su momento llevaron, por ejemplo, al Dr. Lacan, a disolver su propia Escuela".

Continuando con los problemas de la vida asociativa a los que aludía Nepomiachi, a Ricardo Seldes le tocó responder por las presuntas intrigas y tormentos dentro del marco de la EOL, diferenciando ambos términos: los tormentos serían monótonos y destructivos; en cambio, las intrigas podrían tener algún lado interesante, en tanto requieren de más inventiva. "La enseñanza de Lacan y su política del deseo es lo que hoy hace que nosotros sigamos prefiriendo tener una Escuela un poco histérica, que se pregunte por lo que no se sabe, que se pregunte por lo que no podemos, por lo que falta".

Ya en el cierre, Jacques-Alain Miller sostuvo: "Para Lacan no había una armonía entre un analista y el psicoanálisis, por el contrario, había una tensión entre los dos. A tal punto que decía: mi función en el mundo es avergonzar a los analistas. ¡Viva el psicoanálisis porque sin el psicoanálisis no habría psicoanalistas! Queremos a Lacan porque nos da una idea realmente digna de lo que puede lograr hacer un analista".

En pocas palabras, este Coloquio dio ocasión para exhibir una buena parte de los efectos producidos en la comunidad analítica argentina por la figura y el pensamiento de Jacques Lacan; a través de los testimonios que se pudieron escuchar, surgió tanto la voluntad de afirmación como la pregunta acerca del porvenir de ese mismo psicoanálisis, nacido con Lacan.

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