|
Luego
la conversación giró en torno a la verticalidad necesaria
y la horizontalidad deseable de las instituciones, para lo
cual Etchegoyen apeló a una anécdota que dejó a todos los
concurrentes pensando: "Cuando vino Meltzer a la Argentina,
que fue mi analista, dijo: 'Lo mejor que pueden hacer con
APdeBA es disolverla y formar grupos de estudio informales'.
Entonces alguien le dijo: ¿pero entonces cómo hacemos para
invitarlo a usted?".
Posteriormente,
en la mesa llamada Síntomas de la cultura, coordinada
por Vera Gorali y Ernesto Sinatra, estuvieron
presentes el politólogo José Nun, el filósofo Guillermo
Ranea, los semiólogos Oscar Steimberg y Oscar
Traversa y el escritor Juan José Saer, casualmente
de visita a nuestro país.
J.
Nun realizó observaciones a propósito de los totalitarismos
institucionales, tomando como punto de partida el transitado
párrafo del Seminario 11 a propósito del Dios oscuro con que
Lacan se refiere al nazismo. G. Ranea se detuvo en
la paradoja de que los enunciados actuales cuya eficacia y
progreso no cabe poner en tela de juicio, chocan con un creciente
escepticismo por parte de la sociedad, llegando a postular
la fábula de una ciencia acéfala. J. J. Saer destacó
el hecho de que Lacan fuera un gran escritor, y situó la diferencia
de estilo con Freud, en la distinta manera de encarar los
textos de cada uno de ellos, en función de la historia de
la ciencia en ese momento, finalizando con una descripción
pesimista del marco actual del discurso de la llamada posmodernidad.
O. Steimberg abordó el tema de la moda no sólo de los
objetos, sino también de las ideas (incluida la entrada de
Lacan en Argentina). Con respecto al destino actual de las
vanguardias de principios de siglo XX, en las que Lacan había
encontrado su marco discursivo, se mostró más alentador que
Saer. A su entender, con la posmodernidad, esas vanguardias
quedaron despojadas de sus utopías: los museos no fueron incendiados
como querían los futuristas, pero quedaron como patrimonios
de todas sus operaciones retóricas. O. Traversa dio
una versión actualizada de las maneras de la mesa de Levi-Strauss,
preguntándose no por el sujeto de la ley que dejaba para el
psicoanálisis, sino el enigma de cómo es que la ley se constituye.
Para
finalizar, la mesa llamada Intercambios, con
la coordinación de Adela Fryd y Jacques-Alain Miller,
obedeció a la única consigna de contestar preguntas hechas
por el auditorio. Para esta tarea fueron convocados Enrique
Alba (APdeBA), Carlos Basch (APA), Felisa Fisch
(APdeBA), Manuel Gálvez (APdeBA), Juan Carlos Gorlero
(APA), Juan Carlos Indart (EOL), Graciela Musachi
(EOL), Ricardo Nepomiachi (EOL), Ricardo Seldes
(EOL) y Raquel Zak de Goldstein (APA).
En
un apretado resumen, las preguntas siguieron dos rumbos: quedaron
circunscriptas a preocupaciones de los miembros de la EOL
acerca de cómo se puede ser lacaniano dentro de la IPA, y
acerca del aparente autoritarismo e intolerancia que reside
en el interior del Campo freudiano; mientras que las de los
miembros de APA y APdeBA, acerca de qué quieren los lacanianos
de ellos, y más crudamente, qué quiere Jacques-Alain Miller.
Las
preguntas recibieron respuesta, aunque, desde luego, de una
manera muchas veces lateral. La actualidad de esas cuestiones
fue, por lo general, prologada con el testimonio de un pasado
encuentro con Lacan: cómo se las arreglaban para hacer con
eso un lazo posible en sus respectivas instituciones. Analistas
de APA y APdeBA describieron cómo se encontraron con el psicoanálisis,
en unos casos, y con la enseñanza de Lacan, en otros, incluso
partiendo de una especialidad médica –como es el caso de J.
C. Gorlero o F. Fisch–. E. Alba dijo: "Son
30 años de haber estado planteándome cómo se puede ser lacaniano
dentro de la IPA. Cuando en ciertas situaciones me hacían
esta pregunta, yo decía ¿y qué piensan los lacanianos que
hay uno de la IPA entre ellos? Hoy lo que podría decir es
que no sé si soy lacaniano, lo que si sé es que aún para mí
la lectura de Lacan, es el eje fundamental por donde pasan
mis reflexiones sobre mi práctica". C. Basch sostuvo
que su pertenencia a APA nunca fue un obstáculo para su relación
con los analistas lacanianos por fuera de la institución,
pero en cambio, sí fue una fuente de malentendidos, que a
veces fueron fecundos y productivos. "A menudo era tomado
como uno de los representantes de aquello que para ellos eran
un signo de interrogación: Lacan".
J.
C. Indart respondió no sin ironía, a las viejas críticas
ortodoxas que siempre vieron con triunfante sospecha que el
lacanismo tuviese como pioneros maestros en Argentina, a gente
que no provenía de una formación médica o psicológica reglada,
ni había pasados por sus divanes: "Es por la enseñanza
de Lacan que sentí el 'tú eres eso', y llegué a tener 600
alumnos (…) Hoy en día pienso que en cierto modo inconsciente
buscaban un maestro en el sentido que nos referimos al maestro
de la escuela primaria. En ese contexto no veo que sea para
nada sorprendente que recibiese a jóvenes que se formaban
en psicoanálisis, y que pudiesen pertenecer a APA o APdeBA
(…) Pero es totalmente cierto que yo no conocí en mi vida
una locura imaginaria tan intensa a nivel personal como grupal
que la desatada por el lacanismo. Escribí en esos años 'Interpretación
es' evocando con cierta parodia la infatuación en la que estábamos
sumergidos. Pero también escribí que 'la verdad desencadenada
es así', y esa es una respuesta que les doy (…) Hoy esa verdad
está muy civilizada (…) Como psicoanalistas tenemos que saber
que hay momentos en que la verdad se desencadena así, con
su locura, y es una tarea común, colectiva, ordenar poco a
poco eso hasta los carriles de una verdad en su medio decir".
G.
Musachi ubicó el inicio de su lacanismo también en un
encuentro, en este caso con Germán García: "Lo
recuerdo bien, era una tarde que me encontraba con él por
primera vez para estudiar psicoanálisis lacaniano, y escuchábamos
por la radio que habían asesinado a Rucci". A propósito
de la supuesta falta de moderación lacaniana respondió: "…trato
de no orientarme en el personaje, que a veces en su intolerancia
puede ser muy estimulante (…) me oriento en la convicción
que encuentro en ellos de que el psicoanálisis siga existiendo,
es decir, de que haya una historia del psicoanálisis que pueda
continuarse respecto a una convicción".
R.
Nepomiachi relativizó una supuesta fragilidad de la AMP
aludida por J.-A. Miller en su conversación con Etchegoyen:
"Hay que saber que la experiencia de la AMP, creada hace
poco menos de 10 años, responde por la contingencia, es decir
(…) [que] nuestras formas organizacionales no son más que
un medio para el psicoanálisis, y es en ese punto que se trata
de la contingencia, y esto hace que permanentemente nos encontremos
frente a los problemas de la vida asociativa y de la vida
de nuestra comunidad, y nos sostenemos en ese sentimiento
de fragilidad que nos da la enorme posibilidad de intervenir
permanentemente y con decisiones que en su momento llevaron,
por ejemplo, al Dr. Lacan, a disolver su propia Escuela".
Continuando
con los problemas de la vida asociativa a los que aludía Nepomiachi,
a Ricardo Seldes le tocó responder por las presuntas
intrigas y tormentos dentro del marco de la EOL, diferenciando
ambos términos: los tormentos serían monótonos y destructivos;
en cambio, las intrigas podrían tener algún lado interesante,
en tanto requieren de más inventiva. "La enseñanza de
Lacan y su política del deseo es lo que hoy hace que nosotros
sigamos prefiriendo tener una Escuela un poco histérica, que
se pregunte por lo que no se sabe, que se pregunte por lo
que no podemos, por lo que falta".
Ya
en el cierre, Jacques-Alain Miller sostuvo: "Para
Lacan no había una armonía entre un analista y el psicoanálisis,
por el contrario, había una tensión entre los dos. A tal punto
que decía: mi función en el mundo es avergonzar a los analistas.
¡Viva el psicoanálisis porque sin el psicoanálisis no habría
psicoanalistas! Queremos a Lacan porque nos da una idea realmente
digna de lo que puede lograr hacer un analista".
En
pocas palabras, este Coloquio dio ocasión para exhibir una
buena parte de los efectos producidos en la comunidad analítica
argentina por la figura y el pensamiento de Jacques Lacan;
a través de los testimonios que se pudieron escuchar, surgió
tanto la voluntad de afirmación como la pregunta acerca del
porvenir de ese mismo psicoanálisis, nacido con Lacan.
|