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El pase
La elaboración del testimonio
Por Aníbal Leserre
[ 1 ]

Aníbal Leserre, psicoanalista, ex-AE (diciembre 1996), AME y Miembro del Consejo Estatutario de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

 

My funny Valentine
[Ana Casanova]
1998 - Papel sobre tela
1,70 x 1,50

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agustín propone ser estudiado para encontrar allí un nuevo saber, producto de un cambio fundamental en su vida al conocer a Dios. Ubicamos así lo testimonial vía la confesión, como presentación de un modelo –diferente de su contemporaneidad– afín a nuestra modernidad basado en la autenticidad y en la verdad de vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A partir de lo expuesto podemos situar la confesión –basada en la propia experiencia de vida–, como el intento de transmitir por esa vía una verdad, sea ésta de orden moral o religioso, y que presenta un modelo que implica una enseñanza por la virtud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos parece esencial tomar la diferencia entre el testimonio del psicótico como mártir del inconsciente –dando al término "mártir" el sentido de ser testigo– y el testimonio neurótico. Mientras que del lado del psicótico se trata de un testimonio abierto (también Lacan lo llama testimonio valedero), el neurótico, que también es un testigo de la existencia del inconsciente, da un testimonio encubierto que hay que descifrar.

En este artículo se plantea un contrapunto entre el testimonio del pase a la comunidad y la autobiografía. Pasando por los testimonios de San Agustín, Rousseau y Lejeune se intentan ubicar las coordenadas generales en la historia de Occidente sobre el origen del género autobiográfico, confesiones y testimonios que sostienen una transmisión basada en la propia experiencia de vida. Es así que las memorias, biografías, novelas autobiográficas, autorretratos, poemas autobiográficos y diarios íntimos, parten de la idea de un sujeto constituido que da cuenta de su historia, mientras que el testimonio es la manera de pasar al discurso la división y la constitución subjetiva como producto del análisis. De esta manera, se llega a la elaboración del pase como investigación colectiva, describiendo un espacio testimonial, que incluye, por otras cosas, los textos de los nominados, las reflexiones sobre el pase y las enseñanzas de los carteles.

I. Comparaciones

Una reflexión de P. Valery: "No hay teoría que no sea un fragmento cuidadosamente preparado de una autobiografía" [1]. Sin el ánimo de plantear una equivalencia absoluta entre el testimonio del pase a la comunidad y la autobiografía, me parece interesante ubicar ciertas coordenadas generales en la historia de Occidente sobre el origen del género autobiográfico, es decir, sobre confesiones y testimonios que presentan una transmisión en base a la propia experiencia de vida. Comentadores del género coinciden en contextualizar su aparición como respuesta a una crisis "espiritual" o de "pensamiento". Así, los primeros esbozos del género se presentan, en el mundo antiguo, cuando el cuerpo de creencias y valores que lo configuraban comenzaron a agotar sus posibilidades históricas. Valgan los ejemplos de Platón en Grecia, Cicerón y de Séneca en Roma.

"El núcleo constitutivo del género implica el esfuerzo individual e intelectual que por eficacia propia adquirieron un carácter paradigmático. Un carácter paradigmático que adquiere la forma narrativa, a veces, y esta narración implica el relato de una experiencia personal, intelectual o moral de un itinerario donde el autor ha llegado a un nuevo saber" [2]. Un nuevo saber y el intento de transmitir una salida ante una crisis vía la narración autobiográfica, que de esta manera no queda reducida a una autointerpretación, sino que es presentada como un modelo.

En el devenir del género la aparición del cristianismo produce un corte a partir de ideas fuertes, que marcan profundamente la concepción del "Hombre" –nos referimos a "la nada", "la existencia de un Dios creador", "el examen de conciencia", "la salvación personal" y fundamentalmente, "la culpa". Ideas que germinaron, si así podemos decir, el terreno para la instauración de lo testimonial. Será San Agustín el gran precursor del género. Sus reflexiones son la primera gran introspección de la historia de Occidente y tienen un claro objetivo: la transmisión.

El mismo Agustín lo dice en una carta a su amigo Darío, donde refiriéndose a las Confesiones, le escribe: "…en ellas encontrarás lo que yo digo y no lo que dicen los demás, estúdiame bien, mira lo que he sido en mi verdad cuando me encontraba abandonado a mis solas fuerzas". Agustín propone ser estudiado para encontrar allí un nuevo saber, producto de un cambio fundamental en su vida al conocer a Dios.

Ubicamos así lo testimonial vía la confesión, como presentación de un modelo –diferente de su contemporaneidad– afín a nuestra modernidad basado en la autenticidad y en la verdad de vida. Sus Confesiones son unas memorias, un diálogo consigo mismo y ante Dios, y hacia Dios: esto es la gran innovación en la literatura del pensamiento, un precedente que sólo mucho tiempo después, muy cercano a nuestra contemporaneidad encontrará nueva vida bajo la forma de la introspección y el recuerdo. [3]

En la Edad Media resaltan las Desventuras de Abelardo y en el Renacimiento, lo testimonial en Santa Teresa. El eje continuará con la novela moderna; pero, claro está, que adquiriendo una mayor flexibilidad. No podemos presentar este recorrido sin hacer referencia al otro gran texto testimonial: Las confesiones de Rousseau, un claro ejemplo de una nueva sensibilidad. Señalamos así un corte fundamental en la historia del testimonio como género. Rousseau responde con su texto a un gran movimiento crítico contra su persona y su lucha contra protestantes y católicos. Estaba absolutamente convencido de que representaba la causa de Dios, y su texto es una respuesta a un panfleto anónimo titulado El sentimiento de los ciudadanos. (Rousseau no duda de la autoría de Voltaire). Sus confesiones no sólo son para decirse a sí mismo quién era, o para justificar su vida ante los demás, sino para denunciar el peligro moral e intelectual que significaba el ataque de que era víctima; él, cuya vida había estado siempre animada por la verdad y la virtud, que había pretendido emular al hombre primigenio, al hombre tal y como salió de las manos de Dios.

A partir de lo expuesto podemos situar la confesión –basada en la propia experiencia de vida–, como el intento de transmitir por esa vía una verdad, sea ésta de orden moral o religioso, y que presenta un modelo que implica una enseñanza por la virtud. También queda presentado el límite de la comparación establecida, y su diferencia, con el testimonio en psicoanálisis, con la práctica del testimonio en el psicoanálisis, ya que éste no presenta la transmisión por la vía de una verdad como modelo de totalidad y virtud. A su vez, queremos plantear las posibles comparaciones con autores como Philippe Lejeune [4], quién sitúa la confesión en el centro mismo del dominio autobiográfico junto con el secreto y la búsqueda de los orígenes.

Sin embargo, la biografía es una referencia engañosa para ubicar la naturaleza de la autobiografía, y críticos como Paul de Man consideran que la autobiografía no puede ser considerada en absoluto como un género. Cuestión que no impide que Lejeune lo defina: "Definiremos la autobiografía como un relato retrospectivo en prosa que alguien escribe ocupándose de su propia existencia, en el que se centra en la vida individual, y en particular en la historia de la personalidad" [5], tratando de diferenciarla de otros tipos de escritura, como, por ejemplo: memorias, biografía, novela autobiográfica, autorretrato, poema autobiográfico y el diario íntimo; ubicando el testimonio, desde el punto de vista del género autobiográfico, como un relato que sigue la historia de un individuo a lo largo del tiempo.

Remito a la lectura del libro de Lejeune y me ubico en nuestra conclusión, diciendo que así como la biografía es una referencia engañosa para situar la naturaleza de la autobiografía, esta última es una referencia engañosa para situar al testimonio. Ambas son construcciones determinadas por el discurso; pero la autobiografía parte de la idea de un sujeto constituido que da cuenta de su historia, mientras que el testimonio es la manera de pasar, al discurso, la división y la constitución subjetiva como producto del análisis. Si tuviera que considerar al testimonio como un "género", el mismo no podría excluir la forma de inventar que conviene a la experiencia, el saber hacer sobre el obstáculo de que la práctica del mismo se basa en una experiencia que no puede tener un completo dominio sobre lo real.

II. Referencias al testimonio en la enseñanza de Lacan

1. No podría afirmar que Lacan ubique al testimonio como un concepto, pero sí como una noción; por ejemplo, en su seminario Las psicosis. [6].

2. El testimonio implica un compromiso del sujeto. [7]

3. Nos parece esencial tomar la diferencia entre el testimonio del psicótico como mártir del inconsciente –dando al término "mártir" el sentido de ser testigo– y el testimonio neurótico. Mientras que del lado del psicótico se trata de un testimonio abierto (también Lacan lo llama testimonio valedero), el neurótico, que también es un testigo de la existencia del inconsciente, da un testimonio encubierto que hay que descifrar. Esta diferencia es la que nos permite ubicar la hipótesis de que el testimonio a dar por parte de un Analista de la Escuela a la comunidad se inclina más sobre el testimonio abierto que sobre el encubierto, como prueba de la existencia de lo real del inconsciente.

4. La noción de testimonio también se puede nutrir de las consideraciones sobre el testimonio de Sade, de las cuales extraemos la hipótesis de que el testimonio implica la sublimación, pero no necesariamente lo sublime [8]. También puede nutrirse de las comparaciones posibles con los testimonios místicos, los testimonios de amor, sobre los cuales Lacan, un poco irónicamente dice: "... decir a alguien que se lo desea, nos recordaba Lacan, es incluirlo en nuestro fantasma fundamental, es también sin duda, hacer de esto el testimonio de nuestro propio significante". [9]

5. Si el inconsciente mismo es testimonio de un saber en tanto que en gran parte escapa al ser que habla, este ser permite dar cuenta de hasta dónde llegan los efectos de lalengua, por el hecho de que presenta toda suerte de efectos que permanecen enigmáticos. Estos efectos son el resultado de la presencia de lalengua, en tanto que articula cosas de saber que van mucho más allá de lo que el ser que habla soporta de saber enunciado [10]. Por lo tanto, podemos considerar al testimonio como el intento y la manera de presentar la resolución de lo enigmático, la manera en que el sujeto testimonia de su ubicación como "uno-entre-los-otros". [11]

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[1] Citado por P. Lejeune, en El pacto autobiográfico y otros ensayos, Megazul- Endymion, Madrid 1994.
 
[2] Rousseau, Jacques J.: Las Confesiones, Introducción de J. del Agua, Selecciones Austral, Espasa-Calpe SA, Madrid, 1979.
 
[3] Valverde, J. M.: Vida y muerte de las ideas, Planeta, Barcelona, 1980.
 
[4] Lejeune, P.: Op. cit.
 
[5] Lejeune, P.: Op. cit.
 
[6] Lacan, Jacques: El seminario, Libro 3, Las psicosis, Paidós.
 
[7] Lacan, Jacques: Ibíd.
 
[8] Lacan, Jacques: El seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis, Paidós.
 
[9] Lacan, Jacques: El seminario, Libro 9, La identificación, inédito, clase del 02/05/1962.
 
[10] Lacan, Jacques: El seminario, Libro 20, Aun, Paidós.
 
[11] Lacan, Jacques: El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós.
 
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