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I.
Comparaciones
Una
reflexión de P. Valery: "No hay teoría que no sea un
fragmento cuidadosamente preparado de una autobiografía"
[1]. Sin el
ánimo de plantear una equivalencia absoluta entre el testimonio
del pase a la comunidad y la autobiografía, me parece interesante
ubicar ciertas coordenadas generales en la historia de Occidente
sobre el origen del género autobiográfico, es decir, sobre
confesiones y testimonios que presentan una transmisión en
base a la propia experiencia de vida. Comentadores del género
coinciden en contextualizar su aparición como respuesta a
una crisis "espiritual" o de "pensamiento".
Así, los primeros esbozos del género se presentan, en el mundo
antiguo, cuando el cuerpo de creencias y valores que lo configuraban
comenzaron a agotar sus posibilidades históricas. Valgan los
ejemplos de Platón en Grecia, Cicerón y de Séneca en Roma.
"El
núcleo constitutivo del género implica el esfuerzo individual
e intelectual que por eficacia propia adquirieron un carácter
paradigmático. Un carácter paradigmático que adquiere la forma
narrativa, a veces, y esta narración implica el relato de
una experiencia personal, intelectual o moral de un itinerario
donde el autor ha llegado a un nuevo saber" [2].
Un nuevo saber y el intento de transmitir una salida ante
una crisis vía la narración autobiográfica, que de esta manera
no queda reducida a una autointerpretación, sino que es presentada
como un modelo.
En
el devenir del género la aparición del cristianismo produce
un corte a partir de ideas fuertes, que marcan profundamente
la concepción del "Hombre" –nos referimos a "la
nada", "la existencia de un Dios creador",
"el examen de conciencia", "la salvación personal"
y fundamentalmente, "la culpa". Ideas que germinaron,
si así podemos decir, el terreno para la instauración de lo
testimonial. Será San Agustín el gran precursor del género.
Sus reflexiones son la primera gran introspección de la historia
de Occidente y tienen un claro objetivo: la transmisión.
El
mismo Agustín lo dice en una carta a su amigo Darío, donde
refiriéndose a las Confesiones, le escribe: "…en
ellas encontrarás lo que yo digo y no lo que dicen los demás,
estúdiame bien, mira lo que he sido en mi verdad cuando me
encontraba abandonado a mis solas fuerzas". Agustín propone
ser estudiado para encontrar allí un nuevo saber, producto
de un cambio fundamental en su vida al conocer a Dios.
Ubicamos
así lo testimonial vía la confesión, como presentación de
un modelo –diferente de su contemporaneidad– afín a nuestra
modernidad basado en la autenticidad y en la verdad de vida.
Sus Confesiones son unas memorias, un diálogo consigo
mismo y ante Dios, y hacia Dios: esto es la gran innovación
en la literatura del pensamiento, un precedente que sólo mucho
tiempo después, muy cercano a nuestra contemporaneidad encontrará
nueva vida bajo la forma de la introspección y el recuerdo.
[3]
En
la Edad Media resaltan las Desventuras de Abelardo
y en el Renacimiento, lo testimonial en Santa Teresa. El eje
continuará con la novela moderna; pero, claro está, que adquiriendo
una mayor flexibilidad. No podemos presentar este recorrido
sin hacer referencia al otro gran texto testimonial: Las
confesiones de Rousseau, un claro ejemplo de una nueva
sensibilidad. Señalamos así un corte fundamental en la historia
del testimonio como género. Rousseau responde con su texto
a un gran movimiento crítico contra su persona y su lucha
contra protestantes y católicos. Estaba absolutamente convencido
de que representaba la causa de Dios, y su texto es una respuesta
a un panfleto anónimo titulado El sentimiento de los ciudadanos.
(Rousseau no duda de la autoría de Voltaire). Sus confesiones
no sólo son para decirse a sí mismo quién era, o para justificar
su vida ante los demás, sino para denunciar el peligro moral
e intelectual que significaba el ataque de que era víctima;
él, cuya vida había estado siempre animada por la verdad y
la virtud, que había pretendido emular al hombre primigenio,
al hombre tal y como salió de las manos de Dios.
A
partir de lo expuesto podemos situar la confesión –basada
en la propia experiencia de vida–, como el intento de transmitir
por esa vía una verdad, sea ésta de orden moral o religioso,
y que presenta un modelo que implica una enseñanza por la
virtud. También queda presentado el límite de la comparación
establecida, y su diferencia, con el testimonio en psicoanálisis,
con la práctica del testimonio en el psicoanálisis, ya que
éste no presenta la transmisión por la vía de una verdad como
modelo de totalidad y virtud. A su vez, queremos plantear
las posibles comparaciones con autores como Philippe Lejeune
[4], quién sitúa
la confesión en el centro mismo del dominio autobiográfico
junto con el secreto y la búsqueda de los orígenes.
Sin
embargo, la biografía es una referencia engañosa para ubicar
la naturaleza de la autobiografía, y críticos como Paul de
Man consideran que la autobiografía no puede ser considerada
en absoluto como un género. Cuestión que no impide que Lejeune
lo defina: "Definiremos la autobiografía como un relato
retrospectivo en prosa que alguien escribe ocupándose de su
propia existencia, en el que se centra en la vida individual,
y en particular en la historia de la personalidad" [5],
tratando de diferenciarla de otros tipos de escritura, como,
por ejemplo: memorias, biografía, novela autobiográfica, autorretrato,
poema autobiográfico y el diario íntimo; ubicando el testimonio,
desde el punto de vista del género autobiográfico, como un
relato que sigue la historia de un individuo a lo largo del
tiempo.
Remito
a la lectura del libro de Lejeune y me ubico en nuestra conclusión,
diciendo que así como la biografía es una referencia engañosa
para situar la naturaleza de la autobiografía, esta última
es una referencia engañosa para situar al testimonio. Ambas
son construcciones determinadas por el discurso; pero la autobiografía
parte de la idea de un sujeto constituido que da cuenta de
su historia, mientras que el testimonio es la manera de pasar,
al discurso, la división y la constitución subjetiva como
producto del análisis. Si tuviera que considerar al testimonio
como un "género", el mismo no podría excluir la
forma de inventar que conviene a la experiencia, el saber
hacer sobre el obstáculo de que la práctica del mismo
se basa en una experiencia que no puede tener un completo
dominio sobre lo real.
II.
Referencias al testimonio en la enseñanza de Lacan
1.
No podría afirmar que Lacan ubique al testimonio como un concepto,
pero sí como una noción; por ejemplo, en su seminario Las
psicosis. [6].
2.
El testimonio implica un compromiso del sujeto. [7]
3.
Nos parece esencial tomar la diferencia entre el testimonio
del psicótico como mártir del inconsciente –dando al término
"mártir" el sentido de ser testigo– y el testimonio
neurótico. Mientras que del lado del psicótico se trata de
un testimonio abierto (también Lacan lo llama testimonio valedero),
el neurótico, que también es un testigo de la existencia del
inconsciente, da un testimonio encubierto que hay que descifrar.
Esta diferencia es la que nos permite ubicar la hipótesis
de que el testimonio a dar por parte de un Analista de la
Escuela a la comunidad se inclina más sobre el testimonio
abierto que sobre el encubierto, como prueba de la existencia
de lo real del inconsciente.
4.
La noción de testimonio también se puede nutrir de las consideraciones
sobre el testimonio de Sade, de las cuales extraemos la hipótesis
de que el testimonio implica la sublimación, pero no necesariamente
lo sublime [8].
También puede nutrirse de las comparaciones posibles con los
testimonios místicos, los testimonios de amor, sobre los cuales
Lacan, un poco irónicamente dice: "... decir a alguien
que se lo desea, nos recordaba Lacan, es incluirlo en nuestro
fantasma fundamental, es también sin duda, hacer de esto el
testimonio de nuestro propio significante". [9]
5.
Si el inconsciente mismo es testimonio de un saber en tanto
que en gran parte escapa al ser que habla, este ser permite
dar cuenta de hasta dónde llegan los efectos de lalengua,
por el hecho de que presenta toda suerte de efectos que permanecen
enigmáticos. Estos efectos son el resultado de la presencia
de lalengua, en tanto que articula cosas de saber que
van mucho más allá de lo que el ser que habla soporta de saber
enunciado [10].
Por lo tanto, podemos considerar al testimonio como el intento
y la manera de presentar la resolución de lo enigmático, la
manera en que el sujeto testimonia de su ubicación como "uno-entre-los-otros".
[11]
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 |
| [1] |
Citado
por P. Lejeune, en El pacto autobiográfico y
otros ensayos, Megazul- Endymion, Madrid 1994. |
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| [2] |
Rousseau,
Jacques J.: Las Confesiones, Introducción
de J. del Agua, Selecciones Austral, Espasa-Calpe
SA, Madrid, 1979. |
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| [3] |
Valverde,
J. M.: Vida y muerte de las ideas, Planeta,
Barcelona, 1980. |
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| [4] |
Lejeune,
P.: Op. cit. |
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| [5] |
Lejeune,
P.: Op. cit. |
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| [6] |
Lacan,
Jacques: El seminario, Libro 3, Las psicosis,
Paidós. |
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| [7] |
Lacan,
Jacques: Ibíd. |
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| [8] |
Lacan,
Jacques: El seminario, libro 7, La ética del
psicoanálisis, Paidós. |
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| [9] |
Lacan,
Jacques: El seminario, Libro 9, La identificación,
inédito, clase del 02/05/1962. |
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| [10] |
Lacan,
Jacques: El seminario, Libro 20, Aun, Paidós. |
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| [11] |
Lacan,
Jacques: El Seminario, Libro 17, El reverso del
psicoanálisis, Paidós. |
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