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De la identificación al síntoma y retorno*
Por Mónica Torres
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Mónica Torres es AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL) y Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El primer Lacan nos va a decir por ejemplo en “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, que el síntoma es verdad; que en psicoanálisis la verdad se presenta siempre bajo la forma del síntoma, es decir, bajo la forma de un elemento perturbador en lo real.

 

 

 

 

 

 

 

Piensen que este concepto de “identificación del síntoma al yo” está emparentado, podría ser un antecedente, de la “identificación al síntoma”. Incorporación del síntoma al yo e “identificación al síntoma”. Esta incorporación del síntoma al yo hace desaparecer el carácter extraño del síntoma y permite al sujeto reconocer el síntoma como parte de su personalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La alienación es la estructura de las formaciones del inconsciente que se traduce en la división del sujeto. Es decir, que el inconsciente propiamente dicho es una operación puramente significante. Al obtener el objeto pequeño a en la segunda operación, la de separación, va a ser necesario salir del significante. Esto implica de algún modo salir del inconsciente e introducir el cuerpo, el organismo y la pulsión.

Para arribar a la última teoría del síntoma que Lacan propone al final de su enseñanza, es fundamental ubicar cada uno de los conceptos y movimientos que la teoría psicoanalítica y la clínica del pase articulan. El espacio de esta tarea, no sin dificultades, se abre durante el tránsito de un psicoanálisis que, llevado hasta el final, circunscribe para cada uno ese concepto singular, al que Lacan llamó: identificación con el síntoma.

Hoy vamos a trabajar un tema que es muy complicado, muy difícil, que es “la identificación al síntoma”; es difícil porque hay muy pocas referencias en la obra de Lacan. Miller ha retomado este concepto en los últimos años y podemos decir que es un concepto que está en los bordes de lo que nosotros mismos estamos pensando, trabajando y elaborando, por ejemplo en los Carteles del Pase, dado que es un concepto que está emparentado con el fin de análisis. Es decir que es un tema con dificultades.

Como lo planteamos en nuestra propuesta —que salió publicada en los cuadernillos del ICBA del 2000 y tal como Pablo Russo lo retomó en su comentario en el último número de El mensaje— la propuesta de este seminario sostiene que el sujeto comienza el análisis en la vacilación de su identificación al ideal; porque si no vacilara su identificación al ideal, no se analizaría, y concluye el análisis identificado al síntoma. Esto nos lleva necesariamente al punto al que arribamos hoy, que es plantear un nuevo concepto de identificación que surge al final de la enseñanza de Lacan, donde Lacan nos plantea la última teoría del síntoma.

Nosotros trabajamos en el seminario del año pasado —que está publicado en el libro De los síntomas al síntoma— las dos teorías del síntoma en Lacan y podríamos decir que la última teoría del síntoma la podemos resumir como “el síntoma goce”.

En el primer Lacan, el síntoma —ya estaba así en Freud— designaba una falla en el funcionamiento, algo no funcionaba, y este fracaso del funcionamiento develaba algo de una verdad, una verdad que había que descifrar. El primer Lacan nos va a decir por ejemplo en “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, que el síntoma es verdad; que en psicoanálisis la verdad se presenta siempre bajo la forma del síntoma, es decir, bajo la forma de un elemento perturbador en lo real.

Pero en la última parte de la enseñanza de Lacan, el síntoma no es solamente una falla en el funcionamiento, sino que lo que empieza a acentuarse es lo que podría parecer lo contrario, es decir, el síntoma como un modo de funcionar, un funcionamiento. Entonces, más que un desarreglo, es un arreglo.

Este punto de vista, en realidad lo podríamos encontrar en Freud, en su texto “Inhibición, síntoma y angustia” cuando habla de la incorporación del síntoma al yo. Piensen que este concepto de “identificación del síntoma al yo” está emparentado, podría ser un antecedente, de la “identificación al síntoma”. Incorporación del síntoma al yo e “identificación al síntoma”. Esta incorporación del síntoma al yo hace desaparecer el carácter extraño del síntoma y permite al sujeto reconocer el síntoma como parte de su personalidad. Este aspecto del síntoma es más evidente en la neurosis obsesiva que en la histeria, porque en la histeria hay siempre más extrañamiento en relación al síntoma, una mayor molestia en relación al síntoma.

El síntoma entonces, ya para Freud, aparece como la continuación del goce pulsional, de lo que Freud llamaba la satisfacción pulsional por otros medios. Si acentuamos esta dimensión, entonces ya no se va a tratar del síntoma verdad, sino del síntoma goce. Esto  podemos verlo en la diferencia que había entre el síntoma como una formación del inconsciente  —que Freud lo agrupaba junto con el sueño, los chistes, los lapsus— y el síntoma que Freud relacionaba con la inhibición y la angustia. Ahí ya teníamos el síntoma verdad en las formaciones del inconsciente y el síntoma goce en “Inhibición, síntoma y angustia”.

Entonces, si miramos las cosas desde la perspectiva del síntoma goce, podemos decir que el ser hablante goza siempre de un modo sintomático. Esto fundamenta la queja habitual; porque cada uno se queja que su goce no es exactamente el que debería ser o el que querría que fuera; o que no se termina por adecuar a lo que el sujeto quiere.

El síntoma goce entonces, no es una formación del inconsciente, sino que es un medio de satisfacción de la pulsión, y esta es la parte del síntoma en que este se presenta como completamente diferente de las demás formaciones del inconsciente, tal como Miller lo ha trabajado en varios de sus artículos. Es decir, que en el síntoma no es tan evidente como en el sueño o el lapsus que se trate de querer decir la verdad. Tanto el primer Freud, como el primer Lacan, unen el sueño, el chiste y el lapsus con el síntoma en tanto formaciones del inconsciente. Pero Freud separa el síntoma de las demás formaciones del inconsciente en “Inhibición, síntoma y angustia” y el último Lacan subraya que el síntoma no es fugaz –como las demás formaciones del inconsciente–, sino que al revés, es duradero, y es duradero justamente porque trabaja para el goce.

El último Lacan va a meditar sobre el último Freud y va a proponer que el inconsciente funciona para el goce. No es, por supuesto, la primera manera en que Lacan nos presenta el inconsciente. El inconsciente, el aparato psíquico del primer Lacan, funcionaba claramente como un querer decir. El inconsciente quiere decir; esto es muy claro por ejemplo en el grafo del deseo donde el che vuoi? puede traducirse por "¿qué quiere decir?" cuya respuesta es "quiere decir el deseo". La pulsión misma funciona a nivel de este grafo como un "querer decir"; de algún modo, está explicada la pulsión en la lógica del significante.

En el Seminario 11 y en el escrito correspondiente a este Seminario 11, “Posición del inconsciente”, algo empieza a cambiar. Recordarán que en este seminario –que se corresponde con lo que Miller ha llamado el paradigma 4 en  “Los paradigmas del  goce”– es donde aparecen las dos operaciones de alienación y separación. Para Lacan en este momento, lo que es el inconsciente propiamente dicho es la alienación. La alienación es la estructura de las formaciones del inconsciente que se traduce en la división del sujeto. Es decir, que el inconsciente propiamente dicho es una operación puramente significante. Al obtener el objeto pequeño a en la segunda operación, la de separación, va a ser necesario salir del significante. Esto implica de algún modo salir del inconsciente e introducir el cuerpo, el organismo y la pulsión. Es decir que Lacan articula en el Seminario 11 y en el escrito “Posición del inconsciente”, inconsciente y pulsión, que aparecen como dos de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis; los podríamos homologar: el inconsciente a la alienación y la separación a la pulsión. Entonces, el objeto a aparece aquí como el primer suplemento del inconsciente, como el primer suplemento del significante –estamos al nivel del Seminario 11 y del paradigma 4 del "goce normal o fragmentado"– y comienza a introducirse algo que ya no es para el querer decir, sino para el goce. Ese "para el goce", después va a tomar muchas formas en la enseñanza de Lacan, pero primero va a aparecer como objeto a. A esta altura, tenemos el significante del lado de la verdad, del lado del mensaje y luego tenemos el "para el goce" del lado del objeto a.

Habíamos dicho que el siguiente paso que da Lacan –que es lo que Miller va a trabajar en el paradigma 5–, va a ser proponer un matema que unifique el inconsciente con la pulsión, que es el matema de los discursos; porque los discursos ponen a trabajar en un mismo matema los tres términos significantes: $ , S1 y S2 y el a. Es decir que empiezan a moverse en el mismo matema el significante y la pulsión, el significante y el objeto a. Aquí hay un intento de unificar inconsciente y pulsión –que estaban separados en el Seminario 11 o sea, en el paradigma 4–; el inconsciente como discurso incluye al objeto a y ahora la cadena significante inconsciente trabaja para producir un plus de goce, un más de goce. Porque el inconsciente pensado solamente en términos significantes se devela  como incapaz de unir el inconsciente con la pulsión, no puede unir el inconsciente y la pulsión, lo cual va a ser un problema a lo largo de toda la enseñanza. Este intento de unir el inconsciente y la pulsión va a introducir al objeto a en la lógica de los discursos.

Más adelante, el "síntoma" será el nombre para intentar pensar esta conexión entre inconsciente y pulsión. Porque ¿qué es un síntoma en tanto síntoma goce? Es algo que reúne a la vez una parte significante, descifrable y una finalidad de goce. Es un aparato significante hecho para producir goce. Hay una parte del síntoma que es real y que sirve al goce y hay otra parte, la parte alienación del síntoma, que es mensaje, que habla, que se descifra.

Podemos decir entonces que la antinomia entre sentido y real está en el corazón mismo del síntoma, es decir, esta cuestión que lo real es el Otro o es el Otro del sentido. Y aquí se nos hace patente la oposición entre deseo y goce, porque el deseo, como lo dice Lacan claramente, es la interpretación; el deseo es un querer decir entrelíneas y es idéntico al desciframiento que se hace de él, mientras que el goce no es un concepto que esta hecho a medida para la interpretación. El goce no se lleva bien con la interpretación. Casi podríamos decir que esto ya está en Freud, porque si bien Freud no inventó el concepto de real, inventó la pulsión y la pulsión justamente tiene que ver con lo real.

Lo que Lacan va a encontrar al final de su enseñanza como lo más real, va a ser el síntoma. Y justamente, en tanto es lo más real, va a apartarse de la idea del síntoma como ligado fuertemente al significante, o sea, del estatuto simbólico del síntoma. Por eso el concepto de síntoma en el último Lacan va a estar más vinculado a la escritura que a la palabra. Lacan va a hablar, entonces, de cifrado. Y el cifrado va a aparecer en la enseñanza de Lacan porque lo problemático no es el efecto de significado, no es el efecto de significado del significante, sino el efecto goce; y el efecto goce está vinculado no al significante sino a la letra. El goce, entonces, está en el cifrado.

La letra es el significante considerado, justamente, por fuera de su función de producir significaciones, entonces no es descifrable; en este sentido lo que Lacan llama el síntoma goce es una letra no descifrable, no tiene un sentido a descifrar, sino que es un trazo, una marca, una cifra que indica el goce. Esto no es lo que Lacan plantea a la altura del grafo del deseo, porque a esa altura Lacan da un paso más para entender el síntoma. Pero a la altura del grafo, para dar cuenta del síntoma, a Lacan no le alcanza solamente con el efecto de significado; en el grafo hay algo más que el efecto de significado. En el grafo está también el efecto del fantasma.

Si se diera cuenta del síntoma solamente a nivel del efecto de significado, lo ubicaríamos en el s (A), pero para llegar al s (A) hay que pasar por el $a, hay que dar esta vuelta.

O sea, que primero hubo que pasar por el fantasma. Ya tenemos, entonces, un efecto de significado, pero no sin pasar en el grafo por el efecto del fantasma. Esto podría ser un antecedente del sinthome, como esta cuestión del síntoma más el fantasma —tal como está planteado por ejemplo por Miller en Los signos del goce—. Podemos ver, entonces, al grafo como un antecedente del sinthome.

Ahora bien, ¿de qué trata el grafo? El grafo es fundamentalmente un matema de la inscripción del sujeto en el Otro, porque el deseo es siempre el deseo del Otro. Por eso el grafo del deseo es también un grafo sobre el Otro; y lo que encontramos es que la manera del sujeto de inscribirse en el Otro es que al salir del grafo, en el final del grafo, el sujeto sale identificado, esta identificación se escribe I (A).

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* Clase dictada el 28 de noviembre de 2000 en el Seminario De la Identificación al síntoma y retorno, del ICBA.
 
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