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De la identificación al síntoma y retorno [ 2 ]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si hay algo que no se puede escribir es la relación sexual. Es porque la relación sexual no se puede escribir que lo que se inscribe en lo simbólico, en lugar de la relación sexual, es lo que podríamos llamar “la cifra fálica”. Y es también por esto, porque no hay cifra de la relación sexual, que el síntoma aparece en lo real: tenemos síntoma porque la relación sexual es imposible. El goce entonces está en el cifrado, y el efecto de significado no va a alcanzar ya para dar cuenta del síntoma.

Entonces también podríamos pensar el circuito de la identificación.

Miremos todas las anotaciones que aparecen del lado izquierdo. Podríamos pensar que en el grafo se define una identificación que aparece primero como una falta en el Otro y se escribe S . En segundo lugar tenemos el fantasma, después el efecto de significado y por último la función del moi. Todo esto del lado izquierdo del grafo que va a terminar por I(A). Es decir, que el sujeto va a salir identificado pasando antes por  el  S , el S ◊ a, la s (A) y el nivel imaginario, el moi. Esto quiere decir que, de algún modo, en el grafo podríamos encontrar un antecedente que uniría algo que es del orden del efecto del significante y algo que es del orden del efecto de goce, vehiculizado primero a nivel del fantasma como a.

Por ejemplo, nos dice Miller en la página 289 de Los signos del goce: “Y no crean que cuando Lacan menciona la identificación con el síntoma se trata de algo muy distinto. La identificación con el síntoma se diferencia de la identificación que es puramente significante e implica el goce”; este es un modo que tiene Miller de decir que es  verdad que no es tan cierto que la identificación al síntoma no aparezca como algo completamente nuevo.

Podríamos decir entonces, que entre 1953 y 1972, lo simbólico reinó en la enseñanza de Lacan hasta el extremo de absorber  lo real, si bien lo real apareció representado en primer lugar en el grafo del deseo de algún modo por el a. Luego, en El Seminario 11, de manera más clara se empezó a separar el inconsciente de la pulsión, es decir, la alienación significante del goce vinculado a la satisfacción de la pulsión. En los discursos se volvió a intentar unir.

Es en un momento determinado que Lacan se va a preocupar realmente por orientar su enseñanza completamente hacia lo real; será a partir fundamentalmente de Aun. Y podríamos decir que se resuelve, de algún modo, en RSI, que es cuando se establece lo real como insensato. ¿Por qué en RSI? Porque en RSI Lacan intenta elaborar nuevas categorías que sostengan la posibilidad de un abordaje de lo real.

No puedo referirme a la identificación al síntoma sin referirme a los últimos seminarios de Lacan, porque es allí donde Lacan habla de identificación al síntoma, o sea que uno tiene que referirse a RSI, a Joyce, el síntoma” y a L’insu..., para hablar de identificación al síntoma.

En esta parte de la enseñanza, Lacan —que está profundamente preocupado por el tema de lo real— empieza con esta cuestión que es: nosotros, como analistas, ¿sobre qué operamos? Tenemos que operar necesariamente sobre el goce, de lo contrario no conseguiremos nada. Pero operamos sobre el goce a partir del significante y ¿cómo es esto posible? Esto es lo que le da vuelta a Lacan en la cabeza a partir de lo cual hace todo el planteo de la estafa psicoanalítica.

El síntoma, de alguna manera, es una solución a este imposible entre el sentido y lo real. Porque el síntoma es un modo de tratamiento de lo real por lo simbólico; el síntoma mismo es un modo de tratamiento de lo real por lo simbólico y en ese sentido es un modo de presencia de lo simbólico en lo real, quizás el único modo de presencia de lo simbólico en lo real. El síntoma, nos dirá Lacan, es lo único que demuestra que hay una incidencia de lo simbólico en lo real. El título mismo por ejemplo, de Joyce, el síntoma, —que es el seminario que tiene ya en su título la palabra síntoma— es el paradigma de aquél que habría llegado a aceptar su "tú eres eso".  Joyce es el que llegó a aceptar el "tú eres eso" y llevar el "tú eres eso" hasta la identificación. Podríamos decirlo de otra manera, decirlo como "tú eres tu síntoma" y esto es la identificación al síntoma.

Existe entonces, un gozar del síntoma que lo entendemos fácilmente. Ya Freud había tropezado con él y lo llamó de modos diversos: reacción terapéutica negativa, masoquismo primordial. Se topó con el goce del síntoma que le apareció primero como aquello que hace mal y que es lo contrario al deseo. Y ¿cómo se topó con esto? Se topó con esto porque el síntoma insiste siempre más allá de la interpretación, porque Freud al principio creía que no, que con la interpretación el síntoma desaparecía, como por ejemplo y para tomar un caso paradigmático en el de “Isabel de R.”. En cambio, ya con el caso “Dora” se empezó a ver que no resultaba así.

El síntoma insiste más allá de la interpretación porque implica un placer desconocido para el sujeto. Freud ya sabía de ese placer desconocido para el sujeto, lo llamó de diversas maneras; dice por ejemplo en “Pulsiones y sus destinos”, que “todo displacer es placer profundo que no puede ser vivido como tal”, esta es una frase muy fuerte. Después, por ejemplo lo podemos ver en el “Hombre de las Ratas”, cuando describe el tormento del “Hombre de las Ratas”, diciendo que se trataba de horror ante un goce del cual no tenía la menor conciencia. Es decir, que estaba a la vez el horror y el goce, el displacer y el goce —aunque Freud no lo llamaba goce—. Es justamente este movimiento inconsciente de satisfacción de la pulsión en Freud lo que Lacan ha llamado goce.

De modo que lo primero que pasa con el goce es que se opone a la adaptación, trabaja contra la homeostasis y se ubica en la vertiente de la repetición; de lo que Freud llamó compulsión de repetición y que en este sentido es insaciable.

Les decía antes que el último Lacan vinculó el síntoma con la escritura y no con la palabra. El sentido es algo que nos fascina en la palabra. Pero no podemos decir exactamente lo mismo de la escritura. Por ejemplo, no decimos que leemos la palabra, porque la comprendemos, pero cuando hay algo que no comprendemos ya tenemos que de algún modo leer la palabra y ese "leer la palabra" es ya un efecto de escritura, porque la lectura llama siempre a la escritura. De allí que Lacan introduzca el término cifrado para indicar a partir de cierto momento que hay que tomar la estructura del lenguaje a partir de la escritura, y no a partir de la palabra; que en primer lugar hay que comenzar por la escritura. Esto es lo mismo que decir que el cifrado se inscribe en la enseñanza de Lacan cuando se trata del efecto de goce de la letra.

Si hay algo que no se puede escribir es la relación sexual. Es porque la relación sexual no se puede escribir que lo que se inscribe en lo simbólico, en lugar de la relación sexual, es lo que podríamos llamar “la cifra fálica”. Y es también por esto, porque no hay cifra de la relación sexual, que el síntoma aparece en lo real: tenemos síntoma porque la relación sexual es imposible. El goce entonces está en el cifrado, y el efecto de significado no va a alcanzar ya para dar cuenta del síntoma.

Desde este punto de vista decir Joyce, el síntoma, es formular un trazo totalmente nuevo que no es sólo del orden del significante. Este rasgo ya no va a designar al sujeto como efecto de significación, sino como una respuesta de lo real. Recordarán que Lacan llama a Joyce “desabonado del inconsciente”, lo que hay que entender como “desabonado de los efectos de significado”. Joyce está desabonado del inconsciente si pensamos el inconsciente como efecto de significado. Y es en ese sentido que la literatura de Joyce nos enseña la diferencia entre la verdad y el goce.

Lacan llama síntoma a aquello que del goce puede traducirse como una letra y no depende de lo que puede traducirse por un significante. Una manera de entender la diferencia entre el significante y  la letra es que el significante es siempre diferente, diferente incluso de sí mismo. ¿Qué quiero decir con esto? Que en el orden del significante no hay identidad. Porque no hay identidad hay identificación, identificación entendida desde la perspectiva del significante. Entonces, en el orden del significante no hay identidad, pero en el orden de la letra sí hay identidad.

Lacan criticó el principio de identidad  “a = a” , tal como Hegel lo había hecho antes

—el primer Lacan es muy hegeliano—. Es verdad que para el significante es impensable que “a = a”, porque el principio del significante es lo contrario de eso. En el principio significante siempre hay dos; hay dos y eso se mantiene hasta el infinito. Hay dos, o sea no hay  “a = a” porque justamente hay dos. Pero la letra, en la letra, para la letra, hay identidad, porque la letra no se reduce al significante. La nueva vertiente del síntoma en Lacan, el síntoma con el que hay que identificarse, —en este sentido es un síntoma que no va a poder ser interpretado— no puede ser interpretado. Por eso va a aparecer la identificación al síntoma en el final del análisis.

La letra es entonces, aquello del inconsciente que tiene identidad consigo mismo, y en eso se distingue la letra del significante. La letra responde a la identidad consigo misma y no está afectada por los efectos del sentido tal como sí lo está el significante.

La escritura del síntoma hace explotar al inconsciente por la vía de la letra, hace pasar de lo simbólico a lo real y en ese sentido Lacan dice que el inconsciente ex-siste. El sueño por ejemplo, puede situarse como la incidencia de lo simbólico en lo imaginario, mientras que el síntoma es la incidencia de lo simbólico en lo real.

Lacan retoma en sus últimos seminarios el tema de la identificación, en RSI y en L’insu... ; es aquí donde plantea la identificación al síntoma; dice Lacan en la clase del 16 de noviembre del 76’ en L’insu...,: “¿Con qué se identifica uno, pues, al fin del análisis? ¿Se identificaría con su inconsciente? Eso es lo que yo no creo, porque el inconsciente resta —no digo eternamente porque no hay ninguna eternidad— resta el Otro. No veo que se pueda dar un sentido al inconsciente, si no es el de situarlo en este Otro portador de los significantes que tira los hilos de lo que se llama imprudentemente el sujeto, imprudentemente porque ahí se plantea la cuestión de lo que es este sujeto desde que depende tan enteramente del Otro. Sigue Lacan, ¿En qué consiste esta demarcación que es el análisis? ¿Es que eso sería, o no, identificarse, tomando sus garantías de una especie de distancia, a su síntoma (symptôme)? Aquí tenemos la frase sobre la identificación al síntoma, y agrega: “Adelanté que el síntoma puede ser el partenaire sexual. Esto está en la línea de lo que proferí, sin hacerlos chillar, a saber que el síntoma, tomado en este sentido, es lo que se conoce, e incluso lo que se conoce mejor”[...] “Conocer su síntoma quiere decir saber hacer con, saber desembrollarlo, manipularlo. [...]l “Saber hacer allí con su síntoma, ese es el fin del análisis”, y agrega: “Hay que reconocer que esto es corto”.

Bien, verán todo lo que hay en estos párrafos. Uno se pregunta, ¿qué quiere decir que esto es corto? —porque muy corto no es—. Quizás Lacan quiera decir que él no está diciendo mucho sobre el asunto. Hay que reconocer que Lacan nos dice una frase sobre lo que es la identificación al síntoma; es lo que venimos trabajando hace rato, repetimos “saber hacer con el síntoma”. No es tan fácil ver qué quiere decir esto, pero Lacan ha dicho en esta cita varias cosas. Ha dicho que el fin de análisis tiene que ver con identificarse al síntoma, que esto no es identificarse al inconsciente; porque identificarse al inconsciente sería identificarse al Otro, en tanto el inconsciente sigue siendo dice, el Otro. Y este sujeto del fin de análisis no es el sujeto que depende tan enteramente del Otro, al contrario, es un sujeto sin Otro. Entonces dice, “no es identificarse al inconsciente”; me pregunto ¿será identificarse al síntoma? Pareciera que sí.

En esta clase da otros dos conceptos: el de partenaire síntoma que dio para todo un seminario de Miller, —sobre el cual pretendemos trabajar el año que viene en el seminario del ICBA— y luego toda la cuestión del "saber arreglárselas con", el famoso savoir y faire que en francés quiere decir “saber hacer allí”, que no es lo mismo que el savoir faire que quiere decir “saber hacer”. El “saber hacer allí” no es lo mismo que el “saber hacer”.

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