| Entonces
también podríamos pensar el circuito de la identificación.
Miremos todas las anotaciones que aparecen del lado izquierdo.
Podríamos pensar que en el grafo se define una identificación
que aparece primero como una falta en el Otro y se escribe
S .
En segundo lugar tenemos el fantasma, después el efecto de
significado y por último la función del moi. Todo esto
del lado izquierdo del grafo que va a terminar por I(A). Es
decir, que el sujeto va a salir identificado pasando antes
por el S ,
el S ◊ a, la s (A) y el nivel imaginario, el
moi. Esto quiere decir que, de algún modo, en el grafo
podríamos encontrar un antecedente que uniría algo que es
del orden del efecto del significante y algo que es del orden
del efecto de goce, vehiculizado primero a nivel del fantasma
como a.
Por
ejemplo, nos dice Miller en la página 289 de Los signos
del goce: “Y no crean que cuando Lacan menciona la identificación
con el síntoma se trata de algo muy distinto. La identificación
con el síntoma se diferencia de la identificación que es puramente
significante e implica el goce”; este es un modo que tiene
Miller de decir que es verdad que no es tan cierto que la
identificación al síntoma no aparezca como algo completamente
nuevo.
Podríamos
decir entonces, que entre 1953 y 1972, lo simbólico reinó
en la enseñanza de Lacan hasta el extremo de absorber lo
real, si bien lo real apareció representado en primer lugar
en el grafo del deseo de algún modo por el a. Luego,
en El Seminario 11, de manera más clara se empezó a separar
el inconsciente de la pulsión, es decir, la alienación significante
del goce vinculado a la satisfacción de la pulsión. En los
discursos se volvió a intentar unir.
Es
en un momento determinado que Lacan se va a preocupar realmente
por orientar su enseñanza completamente hacia lo real; será
a partir fundamentalmente de Aun. Y podríamos decir
que se resuelve, de algún modo, en RSI, que es cuando
se establece lo real como insensato. ¿Por qué en RSI?
Porque en RSI Lacan intenta elaborar nuevas categorías
que sostengan la posibilidad de un abordaje de lo real.
No
puedo referirme a la identificación al síntoma sin
referirme a los últimos seminarios de Lacan, porque es allí
donde Lacan habla de identificación al síntoma, o sea
que uno tiene que referirse a RSI, a Joyce, el síntoma”
y a L’insu..., para hablar de identificación al
síntoma.
En
esta parte de la enseñanza, Lacan —que está profundamente
preocupado por el tema de lo real— empieza con esta cuestión
que es: nosotros, como analistas, ¿sobre qué operamos? Tenemos
que operar necesariamente sobre el goce, de lo contrario no
conseguiremos nada. Pero operamos sobre el goce a partir del
significante y ¿cómo es esto posible? Esto es lo que le da
vuelta a Lacan en la cabeza a partir de lo cual hace todo
el planteo de la estafa psicoanalítica.
El
síntoma, de alguna manera, es una solución a este imposible
entre el sentido y lo real. Porque el síntoma es un modo de
tratamiento de lo real por lo simbólico; el síntoma mismo
es un modo de tratamiento de lo real por lo simbólico y en
ese sentido es un modo de presencia de lo simbólico en lo
real, quizás el único modo de presencia de lo simbólico en
lo real. El síntoma, nos dirá Lacan, es lo único que demuestra
que hay una incidencia de lo simbólico en lo real. El título
mismo por ejemplo, de Joyce, el síntoma, —que es el
seminario que tiene ya en su título la palabra síntoma— es
el paradigma de aquél que habría llegado a aceptar su "tú
eres eso". Joyce es el que llegó a aceptar el "tú eres eso"
y llevar el "tú eres eso" hasta la identificación. Podríamos
decirlo de otra manera, decirlo como "tú eres tu síntoma"
y esto es la identificación al síntoma.
Existe
entonces, un gozar del síntoma que lo entendemos fácilmente.
Ya Freud había tropezado con él y lo llamó de modos diversos:
reacción terapéutica negativa, masoquismo primordial. Se topó
con el goce del síntoma que le apareció primero como aquello
que hace mal y que es lo contrario al deseo. Y ¿cómo se topó
con esto? Se topó con esto porque el síntoma insiste siempre
más allá de la interpretación, porque Freud al principio creía
que no, que con la interpretación el síntoma desaparecía,
como por ejemplo y para tomar un caso paradigmático en el
de “Isabel de R.”. En cambio, ya con el caso “Dora” se empezó
a ver que no resultaba así.
El
síntoma insiste más allá de la interpretación porque implica
un placer desconocido para el sujeto. Freud ya sabía de ese
placer desconocido para el sujeto, lo llamó de diversas maneras;
dice por ejemplo en “Pulsiones y sus destinos”, que “todo
displacer es placer profundo que no puede ser vivido como
tal”, esta es una frase muy fuerte. Después, por ejemplo lo
podemos ver en el “Hombre de las Ratas”, cuando describe el
tormento del “Hombre de las Ratas”, diciendo que se trataba
de horror ante un goce del cual no tenía la menor conciencia.
Es decir, que estaba a la vez el horror y el goce, el displacer
y el goce —aunque Freud no lo llamaba goce—. Es justamente
este movimiento inconsciente de satisfacción de la pulsión
en Freud lo que Lacan ha llamado goce.
De
modo que lo primero que pasa con el goce es que se opone a
la adaptación, trabaja contra la homeostasis y se ubica en
la vertiente de la repetición; de lo que Freud llamó compulsión
de repetición y que en este sentido es insaciable.
Les
decía antes que el último Lacan vinculó el síntoma con la
escritura y no con la palabra. El sentido es algo que nos
fascina en la palabra. Pero no podemos decir exactamente lo
mismo de la escritura. Por ejemplo, no decimos que leemos
la palabra, porque la comprendemos, pero cuando hay algo que
no comprendemos ya tenemos que de algún modo leer la palabra
y ese "leer la palabra" es ya un efecto de escritura, porque
la lectura llama siempre a la escritura. De allí que Lacan
introduzca el término cifrado para indicar a partir de cierto
momento que hay que tomar la estructura del lenguaje a partir
de la escritura, y no a partir de la palabra; que en primer
lugar hay que comenzar por la escritura. Esto es lo mismo
que decir que el cifrado se inscribe en la enseñanza de Lacan
cuando se trata del efecto de goce de la letra.
Si
hay algo que no se puede escribir es la relación sexual. Es
porque la relación sexual no se puede escribir que lo que
se inscribe en lo simbólico, en lugar de la relación sexual,
es lo que podríamos llamar “la cifra fálica”. Y es también
por esto, porque no hay cifra de la relación sexual, que el
síntoma aparece en lo real: tenemos síntoma porque la relación
sexual es imposible. El goce entonces está en el cifrado,
y el efecto de significado no va a alcanzar ya para dar cuenta
del síntoma.
Desde
este punto de vista decir Joyce, el síntoma, es formular
un trazo totalmente nuevo que no es sólo del orden del significante.
Este rasgo ya no va a designar al sujeto como efecto de significación,
sino como una respuesta de lo real. Recordarán que Lacan llama
a Joyce “desabonado del inconsciente”, lo que hay que entender
como “desabonado de los efectos de significado”. Joyce está
desabonado del inconsciente si pensamos el inconsciente como
efecto de significado. Y es en ese sentido que la literatura
de Joyce nos enseña la diferencia entre la verdad y el goce.
Lacan
llama síntoma a aquello que del goce puede traducirse como
una letra y no depende de lo que puede traducirse por un significante.
Una manera de entender la diferencia entre el significante
y la letra es que el significante es siempre diferente, diferente
incluso de sí mismo. ¿Qué quiero decir con esto? Que en el
orden del significante no hay identidad. Porque no hay identidad
hay identificación, identificación entendida desde la perspectiva
del significante. Entonces, en el orden del significante no
hay identidad, pero en el orden de la letra sí hay identidad.
Lacan
criticó el principio de identidad “a = a” , tal como Hegel
lo había hecho antes
—el
primer Lacan es muy hegeliano—. Es verdad que para el significante
es impensable que “a = a”, porque el principio del significante
es lo contrario de eso. En el principio significante siempre
hay dos; hay dos y eso se mantiene hasta el infinito. Hay
dos, o sea no hay “a = a” porque justamente hay dos. Pero
la letra, en la letra, para la letra, hay identidad, porque
la letra no se reduce al significante. La nueva vertiente
del síntoma en Lacan, el síntoma con el que hay que identificarse,
—en este sentido es un síntoma que no va a poder ser interpretado—
no puede ser interpretado. Por eso va a aparecer la identificación
al síntoma en el final del análisis.
La
letra es entonces, aquello del inconsciente que tiene identidad
consigo mismo, y en eso se distingue la letra del significante.
La letra responde a la identidad consigo misma y no está afectada
por los efectos del sentido tal como sí lo está el significante.
La
escritura del síntoma hace explotar al inconsciente por la
vía de la letra, hace pasar de lo simbólico a lo real y en
ese sentido Lacan dice que el inconsciente ex-siste.
El sueño por ejemplo, puede situarse como la incidencia de
lo simbólico en lo imaginario, mientras que el síntoma es
la incidencia de lo simbólico en lo real.
Lacan
retoma en sus últimos seminarios el tema de la identificación,
en RSI y en L’insu... ; es aquí donde plantea
la identificación al síntoma; dice Lacan en la clase
del 16 de noviembre del 76’ en L’insu...,: “¿Con qué
se identifica uno, pues, al fin del análisis? ¿Se identificaría
con su inconsciente? Eso es lo que yo no creo, porque el inconsciente
resta —no digo eternamente porque no hay ninguna eternidad—
resta el Otro. No veo que se pueda dar un sentido al inconsciente,
si no es el de situarlo en este Otro portador de los significantes
que tira los hilos de lo que se llama imprudentemente el sujeto,
imprudentemente porque ahí se plantea la cuestión de lo que
es este sujeto desde que depende tan enteramente del Otro.
Sigue Lacan, ¿En qué consiste esta demarcación que es el análisis?
¿Es que eso sería, o no, identificarse, tomando sus garantías
de una especie de distancia, a su síntoma (symptôme)?
Aquí tenemos la frase sobre la identificación al síntoma,
y agrega: “Adelanté que el síntoma puede ser el partenaire
sexual. Esto está en la línea de lo que proferí, sin hacerlos
chillar, a saber que el síntoma, tomado en este sentido, es
lo que se conoce, e incluso lo que se conoce mejor”[...] “Conocer
su síntoma quiere decir saber hacer con, saber desembrollarlo,
manipularlo. [...]l “Saber hacer allí con su síntoma, ese
es el fin del análisis”, y agrega: “Hay que reconocer que
esto es corto”.
Bien,
verán todo lo que hay en estos párrafos. Uno se pregunta,
¿qué quiere decir que esto es corto? —porque muy corto no
es—. Quizás Lacan quiera decir que él no está diciendo mucho
sobre el asunto. Hay que reconocer que Lacan nos dice una
frase sobre lo que es la identificación al síntoma;
es lo que venimos trabajando hace rato, repetimos “saber hacer
con el síntoma”. No es tan fácil ver qué quiere decir esto,
pero Lacan ha dicho en esta cita varias cosas. Ha dicho que
el fin de análisis tiene que ver con identificarse al
síntoma, que esto no es identificarse al inconsciente;
porque identificarse al inconsciente sería identificarse
al Otro, en tanto el inconsciente sigue siendo dice,
el Otro. Y este sujeto del fin de análisis no es el sujeto
que depende tan enteramente del Otro, al contrario, es un
sujeto sin Otro. Entonces dice, “no es identificarse al
inconsciente”; me pregunto ¿será identificarse al síntoma?
Pareciera que sí.
En
esta clase da otros dos conceptos: el de partenaire
síntoma que dio para todo un seminario de Miller, —sobre el
cual pretendemos trabajar el año que viene en el seminario
del ICBA— y luego toda la cuestión del "saber arreglárselas
con", el famoso savoir y faire que en francés quiere
decir “saber hacer allí”, que no es lo mismo que el savoir
faire que quiere decir “saber hacer”. El “saber hacer
allí” no es lo mismo que el “saber hacer”.
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