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Masuno 7 [ 2 ]
 

EDITORIAL

Encontrarán en este número trabajos que desde la diversidad de sus planteos confluyen en muchos puntos: el deseo del analista, la Escuela, lo colectivo, el psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado, el cartel...

En Lógicas colectivas la serie se inicia con un trabajo de Leonor Curti del que subrayamos  una definición sobre el deseo del analista como un saber que es éxtimo al inconsciente y citamos otra que expresa a nuestro entender el núcleo de su trabajo: “el deseo del analista es el deseo inédito que puede poner a distancia al sujeto del nudo entre lenguaje y mortificación que el lenguaje teje, para abrirle el horizonte de la contingencia, anudado a un goce vivible...”.

El siguiente trabajo –de Florencia Dassen– demuestra una lectura rigurosa del curso de Miller, “La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica”. Desarrolla en él tres ejes:

a) La identificación situada entre el ser y el cuerpo como “medio necesario para el parlêtre, que habla en tanto su ser no coincide con su cuerpo”.

b) El doble valor del significante: como utendum, el significante está hecho para servir, tiene que ser útil, y como fruendum, el significante "es también aquello de lo que se puede gozar". Entre servirse de y gozar de hay una diferencia que hay que medir.

c) La noción de hilvanamiento como antecedente del saber hacer allí con.

Citamos: “El síntoma, que dejó a la transmisión de un mensaje, deviene sinthome cuando sirve a un nuevo uso de la exigencia del síntoma: la de que las palabras no se separen del cuerpo en cuestión”.

Antonio Di Ciaccia nos habla luego sobre la Escuela-sujeto. Para el autor la teoría de lo colectivo –en Freud, Lacan y Miller– es claramente política “en el sentido más preciso del término, es decir, que es una teoría que inviste y analiza las relaciones entre los humanos en tanto que seres sociales”.

El texto recorre dos modalidades de lo colectivo (en relación a la función del Ideal), dos maneras de pensar la Escuela (en la pura lógica del Edipo o mas allá de él), etc., para definir finalmente la Escuela como “el lugar en que el ideal de todos y la soledad de cada uno se conjugan. Y se conjugan a través de los significantes que surgen a partir de los actos que la determinan”.

El texto de Leonor Fefer es mucho más que un homenaje a Lacan. Al igual que Di Ciaccia, Leonor Fefer avanza en una definición de Escuela sostenida en el eje intensión-extensión afirmando que: “...la Escuela se motiva en la experiencia analítica misma, desde lo real de un psicoanálisis, es que cada vez que haya transmisión de la no relación habrá paso del concepto de Escuela a su ex-sistencia”. Y en otro párrafo: “La Escuela implica al psicoanálisis no a los psicoanalistas quienes están implicados en la Institución. Es así que la Escuela, en su extimidad, es el verdadero sostén del psicoanálisis”.

El escrito de Germán García parece una investigación sobre la vida del psicoanalista eslovaco Víctor Tausk pero es mucho más que eso. Nos enseña cómo se movía Freud con sus discípulos: es la historia misma del psicoanálisis la que está en juego.

Con una “yapa” del autor que vale la pena remarcar: “El suicidio tiene su historia en la historia del psicoanálisis, lo que no significa que encuentre allí su explicación. La temblorosa y masiva apelación a la pulsión de muerte explica muy poco, ya que si puede decirse que el suicidio es un crimen, hay pocos que afirmen que el crimen es un suicidio. En definitiva, es la muerte en su relación con el discurso lo que hay que contar”.

En el artículo siguiente –escrito por Leonardo Gorostiza– se realiza una distinción entre enseñanza e investigación en psicoanálisis, señalando que igualmente existe una dialéctica entre ambas vertientes.

Se realza también una forma de pensar la conversación como laboratorio de investigación, y se remarca lo colectivo como un eje central para la elaboración de saber. Muy actual resulta la opinión del autor de que el otro tiene siempre algo que decir y que eso da la base de una conversación.

Inmediatamente viene un trabajo de Eric Laurent que aporta –otra vez– soluciones específicas “respecto de problemas precisos de nuestra Escuela”.

Y comienza con una verdadera toma de posición con respecto a esos problemas diciendo que: “hay una oposición entre una política de Escuela que se sostiene en el bloque homogéneo versus una política de Escuela que se sostiene en articulaciones dialécticas”.

En un caso, por ejemplo, la gestión administrativa de la Escuela es puramente técnica; en el otro, se trata de no dejarse invadir por la necesidad técnica que obstaculiza el punto de vista político. Dice Eric Laurent: “En una Escuela de psicoanálisis todo es analítico, todo depende de la política del psicoanálisis”.

Un verdadero estudio sobre la distinción –también muy actual– entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado, pero más orientado a circunscribir lo que es éste último, caracteriza el escrito de Carlo Vigano.

El autor efectúa un extenso recorrido en la obra de Freud indicando los campos de aplicación del psicoanálisis: numerosos campos del saber, la aplicación a la pedagogía y a la educación, en la génesis y prevención de la delincuencia juvenil y lo que el autor llama una “actitud política freudiana”: en qué debe educar el psicoanálisis como praxis al que se somete a su experiencia. Luego pasa a lo que opinó Lacan sobre el tema y cómo Miller retoma todo esto sostenido en el desarrollo de una orientación.

En El cartel en el mundo publicamos en esta oportunidad cuatro trabajos.

En el primero Gabriela D'argenton nos explica que el cartel es “el gozne, la bisagra entre la soledad de cada uno y el Otro, la Escuela”. Agrega: “Es otra forma de pasaje por el cartel como dispositivo, de lo singular a lo colectivo, al para-todos de la Escuela”. También vuelve sobre la función del mas-uno en el cartel.

Philippe Lacadée también toma el cartel como gozne “sobre el cual reposa la inmixión del trabajo de la Escuela”.

Así “el cartel abre el torbellino creado en su seno hacia la Escuela, para producir allí también un torbellino”.

Ricardo Seldes sostiene que “Tal como se ha venido practicando desde la fundación de la EOL, sostenemos la idea de que el cartel, o mejor dicho los carteles, son ricos y variados, admiten una clínica, un cuestionamiento y un desciframiento”.

Pensar una clínica del cartel implica sostener que: “...tenemos al cartel tal como concebimos al inconsciente con sus dos caras, la cara sistemática del funcionamiento, y la cara de lo que no anda, de lo que no funciona, la cara simbólica del inconsciente y su cara real”. Y más adelante: “Una clínica del cartel debe tener en cuenta a las dos para encontrar una certeza separada de la verdad”.

El trabajo con los carteles, en los carteles, las jornadas de carteles, etc., son parte de esta clínica.

Para Diana Wolodarsky el cartel hace a la política de Escuela. Por ello afirma que “Será entonces la tolerancia en la cual se soportan las pequeñas diferencias el mayor beneficio del encuentro con el otro, mediado en el bien decir y la política que frecuente el acto”.

En Referencias contemporáneas publicamos lo que nos atrevemos a llamar un comentario de autor más que lo que habitualmente se conoce como comentario de texto. Se trata de un comentario, de un análisis de la obra de Paul Auster realizado por Alejandra Glaze, que esperemos cause al lector a releer o leer a dicho autor.

Finalmente incluimos una selección de trabajos del coloquio de carteles realizado en la sección Santa Fe de la EOL, el sábado 7 de abril de 2001 bajo el título: ¿Qué forma el cartel?

Encontrarán allí una diversidad de formas de encarar el tema: la función de mas-uno de la Escuela (Jorge Agüero), el padre muerto y el padre síntoma (Francisco Depetris), el cartel va hacia la formación y ésta hace que haya carteles (Rubén López), el cartel aparece como un dispositivo en falla, hace fallar a los significantes amos (Jorge Malachevsky), el cartel forma anudamiento, es decir anuda diferencias que se mantienen juntas (Marita Salgado), la riqueza del cartel como una instancia más de formación (Blanca Sánchez), el cartel como vía reggia para la investigación en psicoanálisis y como aparato libidinal (Hilda Vitar) y finalmente la elaboración colectiva como lo fundamental a obtener en un cartel, como a la vez en otros dispositivos (Néstor Yellati).

Ahora no queda más que el lector –como decía Lacan– ponga algo de su parte.

Luis Tudanca
Secretario de carteles de la EOL.

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