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EDITORIAL
Encontrarán
en este número trabajos que desde la diversidad de sus planteos
confluyen en muchos puntos: el deseo del analista, la Escuela,
lo colectivo, el psicoanálisis puro y el psicoanálisis aplicado,
el cartel...
En
Lógicas colectivas la serie se inicia con un trabajo
de Leonor Curti del que subrayamos una definición
sobre el deseo del analista como un saber que es éxtimo al
inconsciente y citamos otra que expresa a nuestro entender
el núcleo de su trabajo: “el deseo del analista es el deseo
inédito que puede poner a distancia al sujeto del nudo entre
lenguaje y mortificación que el lenguaje teje, para abrirle
el horizonte de la contingencia, anudado a un goce vivible...”.
El
siguiente trabajo –de Florencia Dassen– demuestra una
lectura rigurosa del curso de Miller, “La experiencia de lo
real en la cura psicoanalítica”. Desarrolla en él tres ejes:
a)
La identificación situada entre el ser y el cuerpo como “medio
necesario para el parlêtre, que habla en tanto su ser
no coincide con su cuerpo”.
b)
El doble valor del significante: como utendum, el significante
está hecho para servir, tiene que ser útil, y como fruendum,
el significante "es también aquello de lo que se puede
gozar". Entre servirse de y gozar de hay
una diferencia que hay que medir.
c)
La noción de hilvanamiento como antecedente del saber hacer
allí con.
Citamos:
“El síntoma, que dejó a la transmisión de un mensaje, deviene
sinthome cuando sirve a un nuevo uso de la exigencia
del síntoma: la de que las palabras no se separen del cuerpo
en cuestión”.
Antonio
Di Ciaccia nos habla luego sobre la Escuela-sujeto. Para
el autor la teoría de lo colectivo –en Freud, Lacan y Miller–
es claramente política “en el sentido más preciso del término,
es decir, que es una teoría que inviste y analiza las relaciones
entre los humanos en tanto que seres sociales”.
El
texto recorre dos modalidades de lo colectivo (en relación
a la función del Ideal), dos maneras de pensar la Escuela
(en la pura lógica del Edipo o mas allá de él), etc., para
definir finalmente la Escuela como “el lugar en que el ideal
de todos y la soledad de cada uno se conjugan. Y se conjugan
a través de los significantes que surgen a partir de los actos
que la determinan”.
El
texto de Leonor Fefer es mucho más que un homenaje
a Lacan. Al igual que Di Ciaccia, Leonor Fefer avanza en una
definición de Escuela sostenida en el eje intensión-extensión
afirmando que: “...la Escuela se motiva en la experiencia
analítica misma, desde lo real de un psicoanálisis, es que
cada vez que haya transmisión de la no relación habrá
paso del concepto de Escuela a su ex-sistencia”. Y en otro
párrafo: “La Escuela implica al psicoanálisis no a los psicoanalistas
quienes están implicados en la Institución. Es así que la
Escuela, en su extimidad, es el verdadero sostén del psicoanálisis”.
El
escrito de Germán García parece una investigación sobre
la vida del psicoanalista eslovaco Víctor Tausk pero es mucho
más que eso. Nos enseña cómo se movía Freud con sus discípulos:
es la historia misma del psicoanálisis la que está en juego.
Con
una “yapa” del autor que vale la pena remarcar: “El suicidio
tiene su historia en la historia del psicoanálisis, lo que
no significa que encuentre allí su explicación. La temblorosa
y masiva apelación a la pulsión de muerte explica muy poco,
ya que si puede decirse que el suicidio es un crimen, hay
pocos que afirmen que el crimen es un suicidio. En definitiva,
es la muerte en su relación con el discurso lo que hay que
contar”.
En
el artículo siguiente –escrito por Leonardo Gorostiza–
se realiza una distinción entre enseñanza e investigación
en psicoanálisis, señalando que igualmente existe una dialéctica
entre ambas vertientes.
Se
realza también una forma de pensar la conversación como laboratorio
de investigación, y se remarca lo colectivo como un eje central
para la elaboración de saber. Muy actual resulta la opinión
del autor de que el otro tiene siempre algo que decir y que
eso da la base de una conversación.
Inmediatamente
viene un trabajo de Eric Laurent que aporta –otra vez–
soluciones específicas “respecto de problemas precisos de
nuestra Escuela”.
Y
comienza con una verdadera toma de posición con respecto a
esos problemas diciendo que: “hay una oposición entre una
política de Escuela que se sostiene en el bloque homogéneo
versus una política de Escuela que se sostiene en articulaciones
dialécticas”.
En
un caso, por ejemplo, la gestión administrativa de la Escuela
es puramente técnica; en el otro, se trata de no dejarse invadir
por la necesidad técnica que obstaculiza el punto de vista
político. Dice Eric Laurent: “En una Escuela de psicoanálisis
todo es analítico, todo depende de la política del psicoanálisis”.
Un
verdadero estudio sobre la distinción –también muy actual–
entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado, pero más
orientado a circunscribir lo que es éste último, caracteriza
el escrito de Carlo Vigano.
El
autor efectúa un extenso recorrido en la obra de Freud indicando
los campos de aplicación del psicoanálisis: numerosos campos
del saber, la aplicación a la pedagogía y a la educación,
en la génesis y prevención de la delincuencia juvenil y lo
que el autor llama una “actitud política freudiana”: en qué
debe educar el psicoanálisis como praxis al que se
somete a su experiencia. Luego pasa a lo que opinó Lacan sobre
el tema y cómo Miller retoma todo esto sostenido en el desarrollo
de una orientación.
En
El cartel en el mundo publicamos en esta oportunidad
cuatro trabajos.
En
el primero Gabriela D'argenton nos explica que el cartel
es “el gozne, la bisagra entre la soledad de cada uno y el
Otro, la Escuela”. Agrega: “Es otra forma de pasaje por el
cartel como dispositivo, de lo singular a lo colectivo, al
para-todos de la Escuela”. También vuelve sobre la función
del mas-uno en el cartel.
Philippe
Lacadée también toma el cartel como gozne “sobre el cual
reposa la inmixión del trabajo de la Escuela”.
Así
“el cartel abre el torbellino creado en su seno hacia la Escuela,
para producir allí también un torbellino”.
Ricardo
Seldes sostiene que “Tal como se ha venido practicando
desde la fundación de la EOL, sostenemos la idea de que el
cartel, o mejor dicho los carteles, son ricos y variados,
admiten una clínica, un cuestionamiento y un desciframiento”.
Pensar
una clínica del cartel implica sostener que: “...tenemos al
cartel tal como concebimos al inconsciente con sus dos caras,
la cara sistemática del funcionamiento, y la cara de lo que
no anda, de lo que no funciona, la cara simbólica del inconsciente
y su cara real”. Y más adelante: “Una clínica del cartel debe
tener en cuenta a las dos para encontrar una certeza separada
de la verdad”.
El
trabajo con los carteles, en los carteles, las jornadas de
carteles, etc., son parte de esta clínica.
Para
Diana Wolodarsky el cartel hace a la política de Escuela.
Por ello afirma que “Será entonces la tolerancia en la cual
se soportan las pequeñas diferencias el mayor beneficio del
encuentro con el otro, mediado en el bien decir y la política
que frecuente el acto”.
En
Referencias contemporáneas publicamos lo que nos atrevemos
a llamar un comentario de autor más que lo que habitualmente
se conoce como comentario de texto. Se trata de un comentario,
de un análisis de la obra de Paul Auster realizado por Alejandra
Glaze, que esperemos cause al lector a releer o leer a
dicho autor.
Finalmente
incluimos una selección de trabajos del coloquio de carteles
realizado en la sección Santa Fe de la EOL, el sábado 7 de
abril de 2001 bajo el título: ¿Qué forma el cartel?
Encontrarán
allí una diversidad de formas de encarar el tema: la función
de mas-uno de la Escuela (Jorge Agüero), el padre muerto
y el padre síntoma (Francisco Depetris), el cartel
va hacia la formación y ésta hace que haya carteles (Rubén
López), el cartel aparece como un dispositivo en falla,
hace fallar a los significantes amos (Jorge Malachevsky),
el cartel forma anudamiento, es decir anuda diferencias que
se mantienen juntas (Marita Salgado), la riqueza del
cartel como una instancia más de formación (Blanca Sánchez),
el cartel como vía reggia para la investigación
en psicoanálisis y como aparato libidinal (Hilda Vitar)
y finalmente la elaboración colectiva como lo fundamental
a obtener en un cartel, como a la vez en otros dispositivos
(Néstor Yellati).
Ahora
no queda más que el lector –como decía Lacan– ponga algo de
su parte.
Luis
Tudanca
Secretario
de carteles de la EOL.
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