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NOCHES EN LA ESCUELA
Comit de Accin
 

31 de Octubre de 2013 | 21:00 hs.
Noche del Comit de Accin de la Escuela Una
Cuarta Noche de trabajo hacia el IX Congreso de la AMP

Reseña de Jorge Castillo

Transcripcin de la noche

Cuarta Noche de trabajo hacia el IX Congreso del Comité de Acción de la Escuela Una de la EOL.-2013

Silvia Salman: En esta ocasión se trabajó sobre tres textos que se encuentran publicados en el Scilicet y que nos interesan especialmente para abordar el tema que proponemos para esta noche: "Lo que la sexuación nos interroga sobre lo real".

Los textos son "Mujer (La)" de Flory Kruger, "Hombre (El)" de Ernesto Sinatra y "Transexualismo" de Néstor Yellati.

En la Conferencia que presenta el próximo Congreso, Jacques-Alain Miller se interroga sobre la simbolización de lo real, que implica referirse al binario hombre-mujer como si los seres vivientes hoy, pudieran repartirse y localizarse nítidamente en alguna de esas categorías. El siglo xxi nos trae un real que pone de manifiesto cada vez más un desorden creciente de la sexuación. A su vez, los modos renovados del goce expresan los desbordes en las formas clásicas de concebir la sexualidad.

Cada uno de los textos invita a una reflexión sobre este tema que mantiene a los psicoanalistas atentos a lo que en la época se transforma. Están invitados a comentarlos Graciela Brodsky, Ana Ruth Najles y Jorge Castillo, quienes entraron en interlocución con los autores y en debate con el público para explorar, interrogar y conversar, sobre lo que ellos pueden esclarecer acerca del tema de nuestro próximo Congreso.

Les voy a transmitir la convocatoria sobre la presentación de los trabajos clínicos que tendrá lugar el día miércoles y que circula por las listas de mails de la amp y eol postal: "Un real para el siglo xxi", título del Congreso que necesita que nos detengamos en los retos que contiene, y los trabajos clínicos se esforzarán en extraer las consecuencias para la cura analítica. Es decir, se espera que cada ponente exprese claramente en qué no son únicamente los analizantes los que son de este siglo, sino cómo la práctica de cada uno está en ellos implicada. Esta arista de la convocatoria que es nueva respecto de los otros Congresos, pone el acento en el analista, en cómo el analista está implicado en la práctica del siglo xxi. De este modo, recoge la noche del Consejo, que fue hace un mes atrás, donde también hemos acentuado la cuestión del lado de la práctica.

Los trabajos contendrán una reflexión articulada con la clínica y podrán tener una orientación que insista más sobre un punto, clínico-teórico o teórico-clínico. Es decir, esta vez hay un giro; si bien se espera la presentación de un caso clínico, se podrá acentuar más el eje clínico-teórico a partir de la presentación de un caso y lo que se puede extraer teóricamente de él, o se podrá acentuar un eje teórico que pueda dar cuenta de una cuestión clínica a partir de una viñeta, a partir de lo que cada uno quiera transmitir de su propia práctica. Deben tener una confirmación de que se recibió el texto, si no hay que volver a enviarlo.

Gabriela Basz: Buenas noches. Ya he felicitado a Ana Ruth Najles dado que será nuestra próxima presidenta de la Escuela. Estamos aquí para trabajar con Ana, Graciela Brodsky y Jorge Castillo, este último, colega de la Sección Córdoba en esta cuarta y lamentablemente última noche de las que hemos organizado hacia el Congreso de la amp París 2014. Desde el mes de marzo nos venimos reuniendo con Carlos Rossi, acompañando a Silvia Salman, quien forma parte del Comité de Acción de la Escuela Una, preparando los temas de las diferentes noches, a partir de la conferencia de Miller "Un real para el siglo xxi". Lo real sin ley en el final del análisis fue la noche que se antepuso a esta. Hoy nos enfrentamos quizás más directamente a un modo de entender el real del psicoanálisis "no hay relación sexual" a través de la sexuación. Lo que la sexuación nos interroga en relación a lo real. Esta interrogación la vamos a llevar adelante a través de los trabajos del Scilicet de Ernesto Sinatra, "Hombre (El)", que comentará Jorge Castillo, el trabajo de Néstor Yellati, "Transexualismo", que comentará Ana Ruth Najles, y el trabajo "Mujer (La)", de Flory Kruger, que comentará Graciela Brodsky.

 

"Hombre (El)"[1] de Ernesto Sinatra
Comentario de Jorge Castillo

He ordenado mi comentario en tres puntos:

1. ¿En qué puntos de la enseñanza de Lacan está anclado el texto?

Entiendo que nos ubicamos entre dos momentos que son diferentes pero a la vez se acabalgan. Por un lado, una cuestión que toma carácter fundacional en la obra de Lacan: "La caída de la imago paterna". Señalo que es un punto de partida y no una producción del trayecto. Es al mismo tiempo un punto de ruptura respecto de Freud, en tanto que marca un vector de reflexión clínica que va de lo social a lo subjetivo.

Por otro lado, con las fórmulas de la sexuación, nos ubicamos en el último Lacan, al menos en su puerta de entrada. La relación sexual que no existe constituye aquí la clave de lectura tanto de la parte superior como de la inferior de la tabla. Entre estos dos márgenes se extiende esta reflexión de la masculinidad moderna, que encuentra también su apoyo en El Otro que no existe y sus comités de ética.

2. ¿Cómo responde el texto a las preguntas que él mismo formula?

En el comienzo, tenemos planteados los dos polos entre los que va a bascular la interrogación: "La cosquilla y la parrilla". Esto es una toma de posición en el sentido de que Ernesto atribuye al hombre el mismo destino que Lacan al goce.

1: ¿Es necesario reinventar la identidad masculina?

2: ¿Esa identidad sigue determinada por lo transmitido por el padre?

En principio situamos dos consecuencias de la caída social del padre: la declinación de lo viril y la feminización del mundo. La primera, como nueva forma de los hombres de relacionarse con las mujeres, poniéndose ellos mismos como objeto de deseo. La segunda, como modo lógico de organización de la subjetividad a partir de la imposibilidad de conformar socialmente un conjunto cerrado al que poder llamar todo, en tanto que el infinito ha penetrado el universo.

Encontraba aquí un punto de tensión interna en el texto. Es la tensión entre dos expresiones del texto: la excepción encarnada por la autoridad del padre y los fragmentos del padre tradicional que se nos ofrecen en los gadgets. Esta tensión obedece a diferentes versiones de la excepción: una es la del agente de la castración y otra es la de aquello que la tapona: el objeto a. En esta última forma de entender la excepción podemos localizar a la mujer como quien puede encarnarla.

Desde este punto de vista, los hombres de hoy pueden construir su propia fortaleza tecnológica, allí donde la modernidad cibernética se transforma en el reino de la perversión ordinaria y el fetiche se construye a medida. Entiendo en este sentido los fragmentos de padre y también las cosquillas, que no están hechas solo de risas sino también de angustia.

La otra cara de la cuestión; la parrilla, la constituyen los fenómenos de la violencia de género que evidencian que la fortaleza tiene paredes de cristal siempre a punto de estallar, y por las que se producen filtraciones que amenazan con inundarlo todo como el tsunami. Aquí también las mujeres encarnan el goce que hace falta que no.

3. ¿Qué nos aporta a nuestra discusión actual de "Un real para el siglo xxi"?

El primer lugar donde vemos aparecer lo real en el texto es a nivel del muro de la relación entre los sexos. Este muro está hecho de palabras, a diferencia de aquel de la biología. Por ello la ley de identidad de género es congruente con el psicoanálisis. Más allá de las identificaciones, que varían con la época, lo nuevo se presenta bajo la forma de una lógica. Entiendo aquí que no son los términos mismos los que se modifican, sino la relación determinada que los conecta. Es la escritura o no de una función, la fálica, lo que constituye la diferencia. Si esa función es una ley universal y por lo tanto necesaria o, en cambio, si es una contingencia, en tanto puede estar o no. De ello dependerá no solo una lógica del todo y del no-todo, sino también una topología que diferencia lo cerrado y lo abierto, y por lo tanto una relación distinta entre el afuera y el adentro. Regímenes de goce completamente diferentes que sin embargo pueden anudarse.

De la mano del triunfo del no-todo sobre el todo encontramos las nuevas patologías: entre ellas se destacan las adicciones como paradigma del círculo vicioso propuesto por las tecno-ciencias. Encontramos también en ese no-todo, al psicoanálisis mismo como tratamiento inédito del goce que puede ser infinito pero no ilimitado.

 

"Transexualismo"[2] de Néstor Yellati
Comentario de Ana Ruth Najles

Puntuaciones sobre Transexualismo
En el texto que ustedes habrán leído, se afirma que "se define comúnmente como transexual a una persona que desea, y en muchas ocasiones efectivamente realiza, la transformación de su cuerpo en el del sexo opuesto a partir de la certeza de que su verdadera identidad sexual es contraria a su sexo biológico".

1º: La certeza.

Toda certeza es delirante aunque no necesariamente psicótica, ya que todos deliramos a partir del agujero de la inexistencia de la relación sexual que lo simbólico introduce en lo real. Como lo señala F. Ansermet,[3] "el enigma clínico de la transexualidad" gira en torno de la certeza respecto de vivir atrapado/a en un cuerpo que no les corresponde. El sujeto rechaza la anatomía que el nacimiento le ha impuesto, lo que implica una elección que se le impone con la misma certeza, ¡sin un ápice de la duda que caracteriza a toda elección! El proyecto transexual, pues, cuestiona la relación del sujeto con su origen y con la muerte.

¿Por qué no ver acá el rechazo a toda marca que provenga del Otro? Ya que, además de la anatomía determinada por un azar biológico, está en juego el rechazo de una imagen y del nombre con el que se los nombró al nacer, inscripto ante la ley (el Otro).

2º: La referencia de Néstor al error del transexual[4] del que habla Lacan, que es el de tomar al significante por el significado. Se trata de la confusión común del significante –fálico– con el órgano, que es su significado imaginario.

Como lo indica F. Fajnwaks,[5] Lacan habla de la "pasión" del transexual, que es la de no querer ser significado falo por el discurso sexual en tanto discurso que porta un imposible, pretendiendo forzar este discurso sexual mediante la cirugía para hacerlo posible. Esta búsqueda de la eliminación del límite que impone la castración como imposible, impulsada por las mismas leyes que amplían los derechos (identidad de género), impone modos cada vez más variados de retorno en lo real de la castración forcluida en la civilización.

Lo que Miller llama feminización del mundo, que los otros trabajos presentados despliegan muy bien, no es otra cosa que la forclusión de la castración como imposibilidad en la cultura actual. Vivir en la época del Otro que no existe, del Otro sin Otro, equivale a decir que vivimos en la época del primado del goce como imperativo, por sobre todo lazo con el Otro.

3º: El interés de Néstor en diferenciar al niño freudiano fuertemente articulado al goce fálico, del niño transexual al que define por la preeminencia dada a la imagen del cuerpo y al órgano. Introduzco a un tercer niño, el lacaniano, el que por estructura llega al mundo del Otro como objeto a, como plus de gozar. Niño que desde que nace, y por caer sumergido en un caldo de lenguaje, tiene que vérselas con Otro goce más allá del fálico, al que Lacan denominó goce femenino.[6]

4º: Néstor plantea que el "pequeño transexual" se propone como excepción a la norma fálica, y agrega que el falo está allí forcluido. Esto nos introduce en el terreno de la sexuación por la vía de la diferencia entre dos goces que Lacan termina de situar en el Seminario 20, y que los otros trabajos presentados desarrollan, desechando la cuestión del género.

Por un lado, Lacan pone en el centro de la cuestión de la sexualidad al agujero de la no relación que da cuenta de la castración introducida por el lenguaje en el parlêtre, y por el otro, a las respuestas sinthomáticas a dicha inexistencia.

Entonces, además del goce fálico está en juego Otro goce opaco y absolutamente fuera de la ley, es decir, el goce femenino o del Otro que no hay, goce real que afecta a los cuerpos parlantes y ante lo cual el parlêtre debe posicionarse. Por eso, introduzco una pregunta respecto de si al transexual no cabría situarlo en la vertiente del no-todo, teniendo en cuenta que se afirma aquí que el falo está forcluido.

5º: El cuidado que pone Néstor en el diagnóstico diferencial, situando la diferencia entre la posición transexual y el transexualismo delirante de Schreber para no incluir al primero dentro de las psicosis. Él plantea que la posición transexual puede ser lo que suple el anudamiento de las tres dimensiones del nudo, es decir, que funcione como sinthome, y se interroga respecto de la decisión en cada caso respecto de la transformación quirúrgica del cuerpo por el riesgo de un desencadenamiento psicótico. Pregunto si esto significa que se puede pensar al transexualismo en el marco de las psicosis ordinarias.

 

"Mujer (La),[7] de Flory Kruger
Comentario de Graciela Brodsky

El texto de Flory Kruger que me corresponde introducir hoy para la discusión es por sobre todo un texto original. Flory aprovecha una exigencia del orden alfabético de los títulos, que es escribir en francés Femme y entre paréntesis La, para explorar un matema: Mujer (La). A simple vista tiene el formato del S (A/) tachado y pienso que es en ese matema que Flory se inspira para hacer el primer movimiento de su texto, que tiene siete movimientos argumentativos. Con este pseudomatema ella desemboca en una pregunta, que no había visto formulada antes pero que parece evidente: ¿poner a la mujer por fuera de (La) no es una manera de indicar precisamente que la clase que está indicada por (La) es imposible de cerrarse debido a que "mujer" no forma parte de dicha clase? Exactamente con el mismo argumento por el cual hay un significante que no forma parte del conjunto del Otro y eso hace imposible cerrar ese conjunto, con la misma lógica, ella propone que la palabra "mujer" es precisamente lo que impide formar la clase que estaría indicada por el (La) y con eso, que convierte en el enigma del texto, avanza. Inmediatamente después propone otra manera de pensar la dificultad para cerrar (La), para juntar el artículo "La" con el nombre "mujer". En efecto, el tema "mujer" está trabajado en la enseñanza de Lacan de múltiples maneras. Esa variedad ya de por sí impide formar la clase de "La mujer". Entonces Flory recorre una serie de figuras lacanianas de la mujer: la mascarada; la mujer sin tachar en la psicosis; el goce más allá del Edipo; la otra mujer de la histeria; el objeto causa articulado a la posición de la mujer; en fin, esa misma secuencia implica que "mujer" y "La" tengan que estar en una disyunción, en una relación de discontinuidad que los afortunados paréntesis indican.

De cada línea argumentativa se podría hacer un trabajo completo, pero en 5000 caracteres hay solamente que mostrarlas y alentarnos a nosotros a trabajarlas. Algo que me encantó fue la manera en que el trabajo se orienta por la afirmación de Lacan en "Televisión" respecto de que el hombre solo encuentra a La mujer en la psicosis; pero Flory lo amplía y dice que finalmente juntar a "mujer" con "La" es un delirio, no solamente un delirio psicótico sino que es el delirio de la neurosis. Esto empalma con el tema de la creencia que mencionaba recién Ana Ruth Najles, y con la diferencia que hace Lacan entre creerla o creerle, creerle a una o creerla Una. Ella toma eso y lo dice de una manera muy linda, refiriéndose a los delirios neuróticos y psicóticos, que implican el esfuerzo de quitar el paréntesis que separa la clase del caso.

Después viene una parte muy divertida que es la referencia a los dichos sobre la mujer, el maldecir sobre la mujer, del cual habló alguna vez Lacan con una referencia muy graciosa a las ideas que tenía Platón sobre las mujeres, por ejemplo, que tienen el cerebro más frío. Leerlo permite entender muchas cosas.

El cuarto movimiento toma la cuestión de las fórmulas de la sexuación y hace la distinción, de manera muy precisa: del lado macho el goce fálico regulado por la ley del padre, del lado femenino un goce que se sustrae a la regulación fálica, lo que hace a una mujer no toda tomada por la ley del padre, y eso permite una apertura, una multiplicidad y una inventiva. Trabaja sin desplegarlo en torno a una referencia aguda, y es que solamente hay posibilidad de invención más allá del Nombre del Padre, o más acá, en la psicosis. Dentro del régimen de la ley del padre solamente hay posibilidades de repetir lo mismo. Lacan trabajó este tema referido al drama del científico, el desencadenamiento que sobreviene en muchos científicos ante la dificultad de hacer entrar un significante nuevo en el campo del Otro: un significante nuevo no es algo que se tramite sin costo, a veces catastrófico.

El punto siguiente introduce la feminización de una manera que me parece especialmente pertinente. Señala muy bien que cuando hablamos de feminización eso no tiene nada que ver con la creciente participación de las mujeres en la vida pública. Contar cuántas presidentas hay en el continente o cuántas gerentes o directoras, no tiene nada que ver con la feminización. Nosotros estamos acostumbrados a defender la hipótesis de la declinación de la ley paterna, suponiendo que su consecuencia es la proliferación del no-todo, de la fragmentación, de las pluralidades y de los goces múltiples. Flory no toma ese camino que es el más recorrido por nosotros, el más trabajado. Toma otra vía mucho más sutil que es articular la feminización del mundo con el ascenso al cénit del objeto a, en la medida en que hay una plasticidad de la mujer para encarnar el objeto a, y eso la hace protagonistade esta promoción del objeto que abre la vía de la mujer como gadget. Seguramente la referencia acá es "La tercera", donde Lacan comenta que se puede tener un auto como se tiene una falsa mujer. Este parentesco entre la mujer y el objeto a tiene muchas vertientes; por ejemplo, las mujeres pueden ser las mejores psicoanalistas, cuando no las peores, por su plasticidad para encarnar el objeto; o se puede tener un auto como se tiene una falsa mujer; o la mujer como causa de deseo, que consiente en ser tomada como objeto en el fantasma de un hombre. Todo esto abre nuevamente a una pluralidad de interpretaciones posibles de la feminización desde un punto de vista original que impide definir de manera unívoca a la mujer, y obliga a considerarlas una por una.

Después de recorrer la articulación entre las mujeres y el poder, donde Flory hace un pequeño muestreo, ella se pregunta efectivamente qué lógica hay en juego en eso que parece la feminización. Personalmente no me parece que eso tenga nada que ver con lo femenino, pienso más bien que es el gran problema de los liderazgos femeninos, que empuja más hacia la mascarada que a lo femenino propiamente dicho.

El último punto de la argumentación de Flory es hacer pie en el curso de Miller, "El Ser y el Uno", especialmente en la clase 5, y en la afirmación de que el goce femenino es el goce en tanto tal. Eso implica un paso enorme que Miller despliega muy bien en esa clase, porque sale de la dicotomía de los goces de las fórmulas de la sexuación y demuestra que Lacan termina por llamar goce al goce que no está afectado por la castración. Todos los demás son falsos goces, goces a medias. El goce como tal es el goce que no es afectado por la castración y a eso, que en el Seminario 20,[8] lo llamó "goce femenino", y después lo llamó el goce en tanto tal. Esto permite pensar la feminización del mundo actual como la promoción de un goce no regido por la castración, sin confundirlo con los lugares sociales que ocupan las mujeres. Flory termina su recorrido colocando del lado del (La) a la mujer y del otro lado, el goce. Y nos invita entonces a pensar la articulación entre mujer y goce, y no tanto la articulación entre mujer y clase, que estaría indicado por el título Mujer (La).

Cada uno de estos puntos merecería una discusión, un debate intenso, y si los juntamos con "El hombre" y "El transexual", sobre los que acabamos de escuchar otros dos textos de Scilicet, podemos, ¿por qué no?, hacernos una fiesta.

Gabriela Basz: Voy a agregar a los elogios de los trabajos y de su selección, el elogio a los comentarios de los mismos, que han sido de una precisión y un gusto notables. Le damos la palabra a Ernesto, Néstor y Flory para comentar el comentario.

Ernesto Sinatra: Me ha gustado mucho el cruce que se ha producido entre los trabajos, el tratamiento que han hecho sobre las dificultades que se plantean y –sobre todo– el esfuerzo que realizó cada expositor en no dar por sentado, por obvias, las teorizaciones ya existentes. Considero una cuestión necesaria el aggiornamiento, el cuestionamiento permanente de nuestros conceptos y matemas para evaluar si siguen siendo pertinentes para descifrar el estado actual de la civilización –es mi modo de seguir la orientación de Jacques-Alain Miller–.

La presentación que hice sobre "hombre" está escandida por dos libros que dan cuenta de una investigación que se inició hace ya veinte años –y que también se ha aggiornado, como bien lo sabe Graciela Brodsky– con un Ateneo sobre Psicoanálisis y Género que comenzó en el icdeba y que tomó en el 2013 forma de un Seminario de investigación de la eol, el que continúa. Digo esto porque el primer libro, del año 1993 –ayer no más– lo comentó Graciela, y su título fue: ¿Por qué los hombres son como son? El libro actual tiene un nombre que es impronunciable (L@s nuev@s adict@s), y un subtítulo: La implosión del género en la feminización del mundo, en el que he intentado retomar las coordenadas de la época para comprobar si nuestros conceptos responden –o no lo hacen– a las urgencias clínicas que enfrentamos como analistas. Por eso, considerando las variaciones en los semblantes que visten hoy a hombres y mujeres –de los cuales los llamados transexuales hacen síntoma en la actualidad– nos interrogamos si, por ejemplo, alcanzan las fórmulas de la sexuación para dar cuenta del estado actual de los fenómenos que se producen en los cuerpos.

Otra pregunta que nos formulamos –que tiene que ver con el trabajo que escribió Flory– es acerca de si la mujer sigue siendo un enigma o un misterio en la actualidad. ¿O más bien el enigma y el misterio se han desplazado a las causas de las frecuentes transformaciones producidas en los organismos por las más variadas técnicas quirúrgicas? Estas intervenciones ocurren sin que –en muchos casos– esté preparada la subjetividad para sostener tales transformaciones, y estallan allí síntomas que nos interpelan. Se hace evidente que lo real biológico del organismo no puede identificarse con el cuerpo de un parlêtre, que las transformaciones producidas en el organismo no responden necesariamente a la subjetividad corporal. Por ello sabemos que cuando hablamos de hombre no hablamos de El hombre, y que cuando hablamos de mujer, no hablamos de La mujer como conceptos, es decir como universales.

Más allá del estallido de las clasificaciones en las teorías del género, no dejamos de investigar los fenómenos producidos; más allá de interrogarnos qué es un hombre o qué es una mujer, intentamos no reproducir con nuestra teorización los mismos fenómenos que describimos.

Pero también me he dado cuenta de que no podíamos dejar de hablar de hombres y mujeres. Y no solo siguiendo nuestra teoría de individuos casados solo con el falo –de un lado– y de individuos que rigen su destino sexual más allá del falo por el otro (en el vaivén identificatorio entre La mujer y una mujer), según el comentario que hacía Jorge Castillo desde las fórmulas de la sexuación.

Hombres y mujeres –si son conceptos– son algo así como conceptos encarnados que se dirigen a nuestros consultorios. Conversamos con Néstor Yellati sobre dos casos opuestos: un hombre que se emascula para transformarse en mujer y que desencadena una psicosis luego de la rectificación, y el de un hombre que solo luego de una rectificación transexual logra estabilizarse, al encontrar así un anudamiento que le permite vivir. El tema es complejo, ya que por un lado estamos en un campo de investigación, pero por el otro las urgencias subjetivas que responden al empuje de las tecnociencias, acechan.

Para terminar, unas palabras sobre la feminización del mundo tal como a ella se han referido Flory y Graciela. No estoy de acuerdo con que los fenómenos actuales de las mujeres presidentas, las mujeres ejecutivos, no tengan nada que ver con la feminización del mundo como han dicho, yo creo que sí tiene que ver.

Mi consideración se basa en una lectura del nudo, en la triple manera de producirse los anudamientos: por un lado están los fenómenos, el lado imaginario del asunto con las presentaciones sociales y políticas en el lazo social (ahí van las mujeres en el poder, etc.), lo que es efecto del lugar simbólico obtenido por las mujeres en la historia, en su genuina lucha por los derechos igualitarios con el hombre, y que han quedado sancionados en las Constituciones de las mayoría de los Estados modernos occidentales. Pero lo que nos interesa más como analistas es el lado real de la cosa –el que comienza a desarrollar intensamente Miller desde 1996-1997 en su Curso El Otro que no existe, con Eric Laurent y que llega hasta nuestros días en la presentación del próximo Congreso Internacional–. Creo que la feminización del mundo leída desde lo real tiene varias aplicaciones: en el campo político-social son las configuraciones inconsistentes que dan forma al no-todo, que nombra –según Miller– el estado actual de la globalización. Él las denomina micro-totalidades, agrupamientos en series ilimitadas en relación al saber (por mi parte agrego la coalescencia saber/goce, de la que me parece participan las denominadas tribus urbanas), sistemas abiertos, inconsistentes, que responden al derrumbe del Todo de la modernidad, el Padre-Uno del universal, el Padre del Hombre, ya cosa del pasado. Considero que esa estructura muestra lo real en lo social del estado actual de feminización del mundo. Otra aplicación, por supuesto de lo real de la feminización del mundo hace ya no a la posición femenina (que daba el recurso al no-todo) sino al goce femenino. En este plano debemos remitirnos a la casuística que producimos y es en esta vía que seguimos la investigación.

Néstor Yellati: Ana, agradezco tu comentario por el planteo minucioso, exhaustivo y riguroso que hiciste. Yo solo tomaría un par de temas, diría un par de cosas de manera de no extenderme mucho. De entrada indicás las cuestiones de la certeza y el rechazo, que me parecen fundamentales. Certeza ahí donde habitualmente hay duda, cada vez que hay elección, y un rechazo muy particular, dado que en la posición transexual hay un rechazo a una parte del cuerpo que pide ser eliminada, en los dos casos, tanto en la transformación mujer-hombre, como en la de hombre-mujer. Por otra parte, la cuestión del Otro que no existe como propio de nuestra época, o podríamos decir el rechazo al gran Otro, que se evidencia claramente en el transexualismo. Las posiciones sexuadas que en las "teorías de género" son caracterizadas como "identidad de género", que dan sustento a la ley recientemente sancionada, implican que el sujeto no reconoce al Otro. Si dice "yo soy Julia y no Julio", la posición sexuada es performativa. El sujeto dice "Yo soy lo que digo que soy", de manera que es el enunciado el que determina su identidad sexual. La teoría de género pone dos significantes en oposición, lo performativo versus lo asignado, y en la asignación está implicada el gran Otro que se rechaza; es por esto que me parece que es una evidencia paradigmática de la época del Otro que no existe.

Ahora, para tomar algunas preguntas, ubicar al transexual del lado del no-todo es consecuente con lo que se viene trabajando en relación a la feminización del mundo, término que creo necesario trabajar más. Creo que es importante entonces ubicar la cuestión transexual en la época, y he llegado a una conclusión provisoria: la posición transexual, cuando se manifiesta bajo la forma de su enunciado característico, donde el sujeto dice que tiene un sexo distinto que el que refleja su cuerpo anatómico, tiene aparición histórica. Es descripto a fines de los 60 en el libro de Stoller Sex and Gender. Ahí aparecen los niños que se definen a sí mismos como teniendo un sexo equivocado, y que a diferencia de Juanito, quieren perder el órgano. De allí que el transexualismo no haga serie con el resto de las manifestaciones y las diferentes posiciones sexuadas; y no hace serie porque todas tienen una existencia histórica que empieza desde los libros sagrados de las grandes religiones, que incluyen el travestismo pero no el transexualismo. La posición transexual se ve en la transformación de los discursos que se pronuncian: el transexualismo hasta mediados del siglo pasado solo podía ser enunciado bajo la forma del delirio psicótico, el transexualismo delirante de Schreber, esa extraordinaria construcción que Schreber debe hacer para poder transformarse en mujer. Hoy tenemos a Lulú, ese niño que a los dos años dice que es una niña con certeza, pero sin ninguna construcción delirante, haciendo de su palabra ley, en la época de los derechos del niño.

Para terminar, creo que para continuar estudiando el tema hay que darle a la cuestión diagnóstica el lugar que le corresponde, el caso por caso y la singularidad. Formulaciones universales del tipo "todo transexual es psicótico", en mi opinión, solo oscurecen el campo.

Flory Kruger: Cuando recibí el título para el Scilicet, tendría que haberlo consultado antes con Graciela, porque ella introduce algo en su comentario que en ningún momento se me hubiera ocurrido, el hecho de que el (La) entre paréntesis después de mujer: Mujer (La), tenía que ver con una problemática de traducción de la lengua francesa para que en el Scilicet no aparezca todo en la letra "L". Me hubiera resuelto un problema; de todos modos, me dejás pensando sobre si efectivamente cuando Guy Briole me envió ese título era previendo que no entrara en la "L" del diccionario Scilicet.

Primero, te agradezco la lectura de mi trabajo, me gustó mucho, me sentí identificada en cada uno de los pasos que fuiste señalando, y efectivamente eso que lees tan sencillamente como un tema de la lengua francesa, fue muy difícil para mí darle una vuelta, ya que lo que habitualmente estamos habituados a leer es La tachada mujer, (La/) Mujer y no La sin tachar después de Mujer: Mujer (La). Después vi que el título de Ernesto era el mismo pero respecto del Hombre, y ahí empecé a inventar la serie de hipótesis que señalás muy bien a lo largo del texto. Lo que me sirvió para resolver algo de este título fue la clase de Miller del 3 de marzo del 2011, que está citada en el texto, porque me aclaró un punto que no me había quedado claro en la lectura de Lacan. Verdaderamente pensaba que el goce masculino y el goce femenino constituían un binarismo, y él demuestra que de ninguna manera es así, estableciendo una diferencia entre el concepto de goce tal como lo describe Lacan en los Seminarios 18, 19, 20, e incluso en El atolondradicho, de un segundo momento de la lectura del goce, lo que me permitió llegar a la conclusión: Mujer = goce.

Miller dice que en un segundo momento, Lacan generaliza el concepto de goce femenino hasta transformarlo en el "goce como tal". Tampoco entendía muy bien qué era el goce como tal, pero él lo explica a posteriori diciendo que el goce como tal es el goce más allá del Edipo, el goce no tomado por la maquinaria del Edipo, y en ese sentido, es el goce reducido al acontecimiento del cuerpo, para concluir, y esto es precisamente lo que me permite llegar a mi conclusión del trabajo, que al final de su enseñanza Lacan explora el más allá del Edipo, y no lo hace solo en beneficio de la mujer, sino precisamente para demostrar que la ley vale tanto para la mujer como para todo ser hablante, o sea que generaliza el goce femenino y lo constituye en el goce como tal, para todo ser hablante y no solamente para la mujer; esto que me permitió construir el matema: mujer = jouissance o goce.

Silvia Salman: Les agradezco a los comentadores y a los autores por el debate y me sumo, en relación a un detalle que Graciela acentúa del texto de Flory. Que lo novedoso, lo diferente que aparece en relación a la feminización, es pensarla en relación a la mujer como a y no a la mujer del lado del no-todo. Hay dos dimensiones de lo femenino, la que tiene que ver con el objeto a en sus distintas aristas y el no-todo. Creo que se aclaró algo y quiero trasmitirlo para saber si están de acuerdo. El problema es que si pensamos la feminización del lado del no-todo, tenemos que interrogarnos sobre la diferencia con lo femenino. Entonces entendí algo: que una cosa es el goce de la mujer del lado de lo femenino, infinito aunque no ilimitado, como decía Castillo, y otra cosa es la mujer en el lugar del goce. Acabo de percatarme de esa distinción, la mujer en el lugar del goce, en el lugar del objeto a, en el lugar del gadget, es una vía para pensar la feminización del mundo. Pero eso nada tiene que ver en el modo en que cada una goza como mujer.

 


Notas

  1. Sinatra, E., "Hombre (El)" en Scilicet, Un real para el siglo xxi, volumen del ix Congreso de la AMP, Grama ediciones, Bs. As., 2014, p. 168.
  2. Yellati, N., "Transexualismo" en Scilicet, Un real para el siglo xxi, volumen del ix Congreso de la amp, op. cit., p. 356.
  3. "Choisir son sexe", en Brochure de textes du colloque de mai, organizado por la Universidad popular J. Lacan en París.
  4. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, … O peor, Paidós, Bs. As., 2013, p. 17.
  5. "Leyes transgénero y teorías queer: ¿el fin de la castración?", en Transformaciones. Ley, diversidad, sexuación, Grama ediciones, Bs. As., 2013.
  6. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Bs. As., 2006.
  7. Kruger, F., "Mujer (La)" en Scilicet, Un real para el siglo xxi, volumen del ix Congreso de la amp, op. cit.
  8. Lacan, J., El Seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Bs. As., 2006.

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