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Apuntes para la construcción del caso en Psicoanálisis

Por Samuel Basz

Cuando se trata de la construcción de un caso clínico en psicoanálisis es necesario compararlo con otras prácticas de elaboración clínica que tienen una larga tradición en los protocolos semiológicos, por eso lo primero que hay que considerar es lo siguiente: ¿ es posible protocolizar algún modo de presentación que asegure por su método de exposición que la mostración, la demostración, o al menos el recorte de un problema son específicamente psicoanalíticos? ¿Es posible protocolizar enunciados que solo adquieren su sentido en la medida que son expresión de un lazo social, el que organiza el Discurso del Analista?

Doy mi respuesta: no. Al mismo tiempo que trataremos de entender porqué no, iremos estableciendo las coordenadas que permiten, sin embargo, asegurar que hay condiciones propiamente analíticas para referirse a su clínica. Hay un uso de la clínica que partiendo del caso, de lo que enseña un análisis, permite extraer la pertinencia de la intención de un concepto.

En ese sentido, la extensión del concepto encarnado en su uso clínico hace que el tope, los puntos de impuse de la clínica, constituyan el límite del concepto mismo; concepto que falto de esa encarnadura se hace mas bien metafísico que metapsicológico.

La clínica es constituyente del saber psicoanalítico, por lo tanto se puede esperar de la construcción de un caso algo equivalente a lo que el saber científico constituido espera de la investigación.

Es una dialéctica irreductible a toda univocidad, ya que por otra parte, no hay orientación posible en la clínica del caso si no es en referencia al saber constituido…
Visto desde otro ángulo, el caso clínico se pone en serie con los paradigmas admitidos en una determinada comunidad epistémica, de modo tal que aspira a representar una variación estructural pertinente. En este sentido no puede escapar a la confrontación con cierta generalización, con algo que está del lado de lo universal, ya que el caso está del lado de lo particular. Particularidad que en el psicoanálisis solo se obtiene por la vía de lo singular.

Justamente se trata de ubicar lo singular como variación en la estructura precisamente por que lo singular del caso no es deducible de la estructura en tanto constituida, en tanto dada. De ahí el valor de lo contingente, de la intuición clínica, incluso del talento enunciativo, y por supuesto de la posición subjetiva que implica una enunciación.

Pero el talento enunciativo en psicoanálisis no es la retórica seductora que hace metonimia con los enigmas de lo supuesto, sino la disciplina de rigor lógico respecto de lo expuesto. Y lo expuesto realizado como metáfora de lo imposible sobre lo contingente.

Otra cosa, ineliminable, es que lo expuesto engendre una suposición de saber…, pero es bien distinto a explotar el semblante de la suposición usando los significantes del psicoanálisis en una retórica sin responsabilidad epistémica. Y la responsabilidad epistémica es del orden de lo expuesto, de lo decidido, de lo que permite una discusión, una confrontación textual, sea clínica o teórica.

Pero el valor inercial del saber supuesto es consustancial al estatuto epistemológico del psicoanálisis… La marca de los ideales de la ciencia en el psicoanálisis no impide que el común de la actividad se despliegue en un marco en que tienen su lugar " el valor de la experiencia", la "función de la prestancia, incluso de la suficiencia", el "gusto de la aproximación", el "culto de la experiencia casual adquirida", etc. Todo el peso de la práctica analítica lo empuja en esa dirección, por eso "parte de la formación pasa por el control", " es decir por el estudio caso por caso: se aprende por ejemplos, cada ejemplo es diferente de otro", uno se encuentra con una especie de "formación razonada de la intuición"[1].

La clínica parece ser una buena solución a este impuse propio del psicoanálisis como saber, por eso tiene importancia examinar las condiciones que hacen a la construcción de un caso para que no se trate de una singularidad sin valor científico alguno, sino, por el contrario para que tenga una dimensión paradigmática.
Para ello hay que considerar que: 1) la ocurrencia del acto define lo propio de la práctica que un caso refleja; 2) que del acto surge una posición subjetiva y 3) que esa práctica exige una puesta en régimen de la posición subjetiva que surge de ella precisamente en lo que ella tiene "de no calculable".

Esta puesta en régimen consiste, a mi entender, en reinsertar esa posición subjetiva en la finalidad del discurso analítico, esto es velar por la disyunción entre la producción de los significantes amos y la efectuación de saber para mantener el límite freudiano de la abstención bien definido, pero también para hacer patente la responsabilidad del analista en tanto agente del movimiento discursivo en ese lazo social. Esto es lo esencial del trabajo del control, vía regia para la construcción del caso… a condición de que el analista, en su análisis, construya su propio caso. La puesta en régimen de la posición subjetiva en tanto no calculable tiene en el control y el análisis del analista una doble inscripción experiencial.

Pero todo está bien si se hace un buen uso de ello, la observación, la mostración, la demostración…, buen uso es en principio precisar la finalidad, es asumir de un modo advertido a que se apunta y ser cuidadoso de las razones que convergen en las consecuencias del enunciado del caso así construido.

Sin embargo no todo es lo mismo…, lo que pertenece a una clínica de antes del discurso analítico, organizada a partir de los tipos de síntoma, se compadece bien de la observación clasificatoria y de la mostración propedéutica. Pero lo específicamente analítico, incluso la luz que el discurso analítico aporta con seguridad a esa clínica exige la certeza, pues sólo ella puede transmitirse porque se demuestra.

¿Pero que hay que demostrar que sea propiamente analítico? Lo que hay que demostrar no es "el único punto mediante el cual al discurso analítico le toca entroncar con la ciencia", es decir "lo que es el sentido a partir del cual la lingüística fundó su objeto aislándolo", esto es el "significante"[2].

Lo que hay que demostrar es que el inconsciente da testimonio de un real que le es propio; distinto del real propio de la ciencia que es lo real del número del que el lenguaje es vehículo para elaborar la ciencia. Y lo real propio del psicoanálisis esta correlacionado a un tipo de certeza que es el de la demostración y la transmisión.

Tanto en la ciencia como en el psicoanálisis se accede a lo real por lo imposible. "En la ciencia es la lógica quien lo pone en valor". "En el psicoanálisis también se accede a lo real por lo imposible, pero por un imposible muy singular, que se demuestra por la contingencia y no por la necesidad"[3].

Por lo tanto una demostración diferente: se demuestra lo imposible precisamente allí donde no hay necesidad.

Y esto indica de qué real se trata.

Lacan concluye la "Introducción a la edición alemana de los Escritos" con una frase que da cuenta del carácter propio de nuestra demostración de lo imposible, y de cómo se transmite la certeza que se obtiene de esa demostración. "¿Cómo no considerar que la contingencia -o lo que cesa de no escribirse- no sea el lugar a través del cual la imposibilidad -o lo que no cesa de no escribirse- se demuestra?".

" Y que de ahí se dé testimonio de un real que por no tener mejor fundamento, sea transmisible por la fuga a la cual responde todo discurso"[4].

Pero ¿qué real?, el único propio del inconsciente, el que se implica en la fórmula "no hay relación sexual". Es decir que lo imposible demostrado por la contingencia es lo imposible de la relación sexual demostrada por la contingencia de las relaciones sexuales, de los encuentros, porque "entre los seres que, sexuados, lo son (aunque el sexo no se inscriba sino por la no razón) hay encuentros"[5].

Y este real es transmitido por la fuga del discurso, no por la escritura, no por medio de las formalizaciones, sino por la fuga…, ese real es transmitido no por lo que no se mueve, no por lo que no cambia de sitio, sí por la fuga…

"Pues bien, planteo que las experiencias de los análisis no podrían sumarse. Freud lo dijo antes que yo: todo en un análisis ha de ser recogido -donde se ve que el analista no puede salirse de esa dependencia-, ha de ser recogido como si nada hubiera quedado establecido en ninguna parte. Esto quiere decir, ni más ni menos, que la fuga del tonel siempre ha de ser abierta de nuevo"[6].

Este no todo que supone la fuga del discurso no debe ser confundido con el no todo de la incompletud, ya que se trata del no todo de lo indecidible [*].

24 de Setiembre de 2001.

 
 
Notas
1- Miller, J.-A., Bref 5 del 2-10-96.
2- Lacan, J., "Introducción a la edición alemana de un primer volumen de los Escritos", Uno por Uno N° 42, editorial Eolia, Buenos Aires 1995, pág.14.
3- Miller, J.-A., Bref 6 del 9-10-96.
4- Jacques Lacan, en "Introducción a la edición alemana de un primer volumen de los Escritos". Uno por Uno N° 42, editorial Eolia, Buenos Aires 1995. Pág.:15.
5- Idem anterior, pág.12.
6- Idem anterior, pág.12.
* En la revista "La Cause freudienne" N° 26, en el artículo de J-A Miller "L´ homologue de Malaga", podrá seguirse un desarrollo muy esclarecedor respecto del alcance del no-todo "lacaniano" en términos de indecidible.