Para suscribirse a EOL postal escribir a gretastechereolpostal@gmail.com
Jornadas y eventos
Jornadas anuales de la EOL

XXXI Jornadas Anuales de la EOL
Jornadas anteriores
X Jornadas Anuales de la Escuela de la Orientación Lacaniana
 
Textos de las noches preparatorias
El tiempo en psicoanálisis: Trayectoria y puntos de capitón

Por Déborah Fleischer

Es probable que la recepción de este trabajo haga que en seguida los que escuchan se tapen los oídos diciendo: "ya escuche eso" [1]. Modo de recepción muy frecuente en el medio analítico. Trato de trabajar sobre las evidencias, sobre lo que todo el mundo sabe ya pero me parece que no hay que descalificar lo mismo, sino extraer de él los detalles.

El psicoanálisis para mí, desde muy temprano, estuvo ligado a la clínica, a la enseñanza, al control, a la política. Desde el punto de vista de mi práctica me encontré al dejar la medicina, en primer lugar en una posición de escucha que poco tenía que ver con la que me había interesado en un principio como médica. Una de mis primeras sorpresas fue descubrir, después de unas pocas entrevistas, la desaparición de un asma que casi había llevado a la muerte a una de mis primeras pacientes. Supe que ahí había operado la transferencia como sugestión [2]. Si bien esa analizante terminó un análisis conmigo después de varios años, y es a su vez practicante del psicoanálisis, ese primer momento me hizo descubrir el "poder" de la transferencia y el poder de la palabra. El deseo del analista es lo opuesto del ejercicio de un poder. El poder est en relación a hacer el bien. Se trataba en ese momento de recordar lo que había leído: que Freud había descartado la talking cure. Ubicarse allí es, lo supe después, cuando empecé a leer a Lacan, quedar situado en el piso inferior del grafo.

Pasé en mi formación de una posición ortodoxa a otra donde tiempo y dinero tuvieron una función ligada a lo real. Este pasaje también tuvo que ver con un cambio de analista. Pasé de enviar al paciente al diván después de la primera entrevista a esperar la demanda y la implicación subjetiva. Pasé del juego significante al uso del silencio y al corte de la sesión. Nunca llegó a ser del todo chau al significante. Aprendí a pasar del sentido al fuera de sentido y al detalle. Descubrí que no había que estar allí donde a uno se lo esperaba. Y que las pulsiones son el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir, ya no se trataba por ende del cuerpo de la medicina.

Pero no fue de una vez y para siempre.

La verificación de mi posición como analista la encontré en las curas que yo dirigía. A veces me servía lo que un control me indicaba, pero muchas veces era la presentación misma del caso en control la que me permitía descubrir algo que había dejado pasar y lo que me ayudaba a construir el caso. El analista lacaniano -dirá Miller- debe construir, el control es el control de las construcciones del analista. Esas construcciones se irán modificando según los elementos que lleguen [3]. La construcción y la interpretación se oponen como saber y verdad. La construcción es una elaboración de saber.

Es en esta perspectiva que presentaré este caso que titulé: El tiempo en psicoanálisis.

Hace ya bastantes años, para ser más precisa en 1981, en la revista Sínthoma, editada en Barcelona y dirigida por Germán García, se publicaba un artículo titulado "La lengua española y un incidente freudiano", escrito por Claudio Preti.

En ese trabajo, su autor nos recordaba un episodio de la adolescencia de Freud, ligado a la relación que éste había tenido con la lengua castellana.

Es un hecho que transcurre en Viena, a fines del siglo pasado. Dos adolescentes (un rumano y un austríaco) deciden formar juntos una sociedad cuya consigna gira alrededor de la lengua española, Se trata de Eduard Silverstein y de Sigmund Freud, quienes unidos en el deseo de descifrar el idioma de Cervantes, fundan juntos la Academia Castellana. Aprenden juntos el español y encuentran una conversación humorística-filosófica entre dos perros. La influencia de esta lectura hace que Freud llame a su amigo Berganza y él a Freud, Cipión.

Estos perros son los protagonistas de Las novelas ejemplares de Cervantes. Se trata del "Coloquio de los Perros". Perros provistos de habla, de pensamiento y de posibilidad de analizar, tienen en el espacio de una noche una conversación en la que Cipión le pide que Berganza le cuente su historia prometiéndole hacer lo mismo la noche siguiente, cosa que no ocurre. En esa única noche Cipión escucha, filosofa, señala, interpreta. Será -dice Prieto- el modelo del psicoanalista prehistórico.

Freud se reconoce en el que escucha, ya que será con el seudónimo de Cipión que firmara la correspondencia que le escribe a su amigo.

En 1990, en París, J.-A. Miller retoma este episodio, en el cierre del Sexto Encuentro del Campo Freudiano. Lo hace para anticipar cual será el tema del próximo encuentro, "Estrategias de la transferencia", señalando la premonición freudiana de la pregnancia del valor de la palabra y de la transferencia ligada a la palabra y a la escucha, lugar de escucha en el que Freud se ubica en este relato.

Hay en la transferencia una cesión, cesión del goce de la palabra, hay una perdida y un plus, se cede el goce y surge el "apego" transferencial.

Lacan hablará de táctica de la interpretación y estrategia de la transferencia. Pero no hay interpretación sin el Saber supuesto, por lo que la transferencia esta en juego.

La situación analítica implica entonces una estrategia, eso quiere decir que no basta escuchar. La prueba de que se requiere una estrategia del analista que responda a las estrategias del analizante esta en que tanto Freud como Lacan utilizan la metáfora del juego cuando la describen.

Lacan hablará del bridge, describiendo como se pone en juego otro juego, el del destino del sujeto que se inscribe como un juego de estrategias con un Otro, Otro no solo de la palabra sino del lugar de la falta. Freud utiliza en cambio el ajedrez, poniendo el acento sobre el lado perfectamente determinado de las asociaciones libres.

La teoría freudiana toma dos jugadores, el tercer lugar lo dan las reglas del ajedrez, lugar simbólico puesto en juego. Lacan elige un juego de cuatro jugadores, uno de los cuales esta muerto. No es un juego perfectamente determinado dado que cada jugador tiene una información incompleta (desconoce las cartas de los otros jugadores).

Ambos juegos, sin embargo, requieren estrategias, lo que sugiere un cálculo, una maniobra y una anticipación, ligadas al tiempo.

Quiero intentar a partir de dos breves secuencias describir dos momento, en el curso de un análisis de un paciente neurótico, acentuando el segundo momento.

Se trata de un hombre que se presenta como hipocondríaco cuando consulta. Tiene miedo de morir, la idea de la muerte lo obsesiona, es un pensamiento que no le permite proseguir normalmente sus estudios. Este miedo lo lleva a automedicarse con un remedio cuya principal función es ser un anti-psicótico, cosa que él sabe, lo leyó en el prospecto, pero que actúa también sobre los dolores estomacales. Este medicamento lo extrae del botiquín de su padre, que es psiquiatra.

En el transcurso de las entrevistas preliminares habla frecuentemente de este padre, del que descubre de adulto que tiene relaciones extramatrimoniales con una mujer hace quince años, mujer que costeó la carrera del padre, mientras él creía que su padre se sacrificaba para estudiar y mantener a su familia simultáneamente.

Se muestra decepcionado de que la madre al descubrir esto no se haya separado del padre, mientras piensa que el padre tiene una deuda no saldada con su familia y con esta mujer. Tiene un recuerdo ligado a la adolescencia en que escucha mucho ruido a la noche, pregunta qué sucede y el padre le contesta: -No pasa nada. Murió el abuelo, seguí durmiendo. Plantea dificultades económicas, tiene una familia numerosa (varias hijas) a la que mantener.

Me propone pagarme con bonos de su obra social, dado que sabe que soy médica. Yo no acepto esta forma de pago, que es ligada rápidamente a la preocupación que tiene por su cuerpo y su miedo a la muerte (eran bonos para exámenes clínicos, etc.)

La entrada en análisis se produce después de un sueño transferencial en el que compra boletos a un boletero que le cobra la cifra estipulada por la analista. Se le caen los carnets de la obra social, los suyos, los de sus hijas, y los de un sobrino, hijo de su hermano. El boletero le da de vuelto unas insignias y un estuche para guardar su documento de identidad. En un segundo sueño aparece una mujer con su mismo nombre en femenino y una pregunta. ¿Soy homosexual? Del primer sueño dice que el aire del mismo es detectivesco.

Digo sueño transferencial no solo por el importe que el va a pagar por su análisis, sino porque surge un significante, boletero. Por un lado todo padre es boletero, y por otro lado el necesita para empezar su análisis que el analista no sea engañado. Quiere engañar pero no quiere lo que demanda. Él quería dar boletas, y yo le pedí dinero. Todo padre es boletero porque el significante no obliga a nadie a decir la verdad, el lenguaje de por sí es engañador. (Los sueños "mentirosos" de la joven homosexual permiten a Freud diferenciar al inconsciente de sus formaciones). "El analista queda incluido en la Bedeutung, como una manera de sostener el sentido de lo que llama transferencia , en tanto algo no se declina" [4]. Vemos como el inconsciente inventa y el sujeto ahora despierto descifra.

Primer momento entonces donde lo literal es equivalente a la anterioridad , a un anterior estado del significado.

En relación al análisis no voy a tomar la vertiente que surgió del llamado al padre en el diagnóstico que él traía, hipocondríaco, sino tres sesiones que permiten nombrar distintas intervenciones de la analista en relación a la posición del sujeto bajo transferencia con relación a la pregunta por el goce materno.

Después de quejarse durante varias sesiones de no tener de qué hablar, de no tener recuerdos infantiles y de quedarse bastante tiempo callado, diciendo solamente que no sabe que le ocurre, que no puede hablar, llega, finalmente, a una sesión en que dice: "Hoy vengo para no hablar". Corto la sesión.

Lacan define, en el Seminario del mismo nombre, el acto verdadero como aquello que sucede en el lugar de un decir y que cambia al sujeto. Es decir que, en el acto hay destitución del sujeto que lo instaura. En el acto verdadero, que no se confunde con ninguna acción, hay muerte del sujeto. El acto implica un rechazo del inconsciente, es decir que los "equívocos del pensamiento, de la palabra y del lenguaje" no tienen lugar alguno. El psicoanalista, en el dispositivo de la cura, no es sujeto. El psicoanalista solo puede operar en la cura a partir de un "yo no pienso", y sólo a partir de esa posición, el psicoanalista puede ser el agente del discurso que aloja el acto analítico. [5]

El acto verdadero no se deduce, ni tampoco se calcula. El acto analítico no es del orden de la garantía como tampoco es una suposición. El acto verdadero es del orden de la certeza, del riesgo y también "del orden de la impostura". En efecto, impostura, dice Jacques-Alain Miller, ya que el psicoanalista hace como "si supiera lo que hace cuando en realidad no lo sabe de ninguna manera". Cabe en tal caso agregar que el psicoanalista que hace así, como sujeto, no está. No hay sujeto del acto. La satisfacción silenciosa en juego, en el "vengo para no hablar", frase que además cuestiona el dispositivo, no se dobla en ese acto con una interpretación, la cual funcionaría como aprobadora de dicha satisfacción.

Para una ex-militante, preocupada por el bien común, el psicoanálisis abrió una primer cuestión: cómo realizar la acción analítica sin ser un contemplativo (un muerto) y sin caer en la tentación de la compasión, dar consejos, moverse, acariciar, todas acciones que pueden dar un cierto placer. La acción analítica como distinta a la acción militante, ni contemplación ni desconocer demuestran que a veces hay que precipitar una acción sin saber la verdad, pero para descubrirla. Saber que la verdad depende de un acto pero diferenciar accionar de acto.

Los efectos que produce este corte me sorprenden [6]. Lo que había sido del orden del "no pienso" se transforma en la sesión siguiente en algo que tuvo para el analizante una resonancia insospechada para mi.

La sesión siguiente, después de quejarse de lo breve de la sesión, dice que cuando se fue -y en medio de su enojo- recordó algo. Cuando era chico, una vez se hizo un censo.

Cuando la persona que hace el censo le pregunta a la madre cuantos hijos tiene, ella responde: uno. Le sorprende la contestación porque hacía poco había nacido su hermano. Interviene para corregir a su madre y ella lo hace callar. Liga el no poder hablar con ese mandato materno.

Ante mi silencio, continúa diciendo que siempre le sorprendió esa respuesta de su madre ya que se preguntaba por que la madre no había contado al hermano. Intervengo preguntando porque supone que al que no contó fue al hermano. Muy enojado responde: -Porque yo estaba ahí.

En la sesión siguiente habla de su miedo a la muerte. Miedo que el ubica iniciado a los catorce años, se corrige, a los quince. A esa edad tuvo hepatitis y temió morir. Pensaba en su muerte y le asustaba que el remedio que le daban era del laboratorio Finadiet, que le sonaba a finado (suele usar juegos significantes).

Señalo que primero dijo catorce y pregunto que asocia con esa cifra. Dice que a los catorce años no le pasó nada que recuerde. Se quedo callado. Dice: -Mi madre tuvo un hermano que murió a los catorce años.

Corto la sesión.

Esta sesión abrió, posteriormente, preguntas en torno a su miedo a la muerte, ligado al lugar que ocupa en relación a su familia.

¿Qué cuestiones quiero señalar? En primer lugar, el corte de sesión en ese acto como una intervención distinta hasta el momento de las que había tenido como analista. Corte que me permitió situar distintas intervenciones del analista.

El corte de la sesión. La aserción en forma de pregunta, que produce una vacilación en su certeza. En no dejar pasar su error, que lo lleva inmediatamente a una permutación, permutación que reestructura automáticamente el pasado del analizante cruzando los hilos de una manera distinta. El pasado es un habrá sido. Lo literal se transforma en un equivalente de la muerte. La interpretación no hace comprender nada. Es del orden de una intrusión. Es un más uno que permite una mutación. Sabemos que el inconsciente es su interpretación.

En la primera escena, la del censo, el sujeto estaba capturado en un goce que lo deja interdicto. La interpretación responde a esa interdicción con una Inter-dicción. Tenemos entonces, que si bien el relato de la escena no hay juego significante, la pregunta introduce una vacilación de la certeza de ser contado como único para la madre. Vacilación que no es sin angustia, escondida bajo la máscara del enojo. Se trata de un recuerdo encubridor, pero sabemos que los recuerdos referidos a la infancia funcionan como lugar retórico donde se articula la actualidad del sujeto.

La función de interpretación que el corte introduce recae sobre algo del orden de lo imposible de decir. El corte de sesión y sus efectos posteriores permiten a analista y analizante en esta ocasión vislumbrar resonancias, que van más allá del álgebra verbal.

Apostar al equívoco de la segunda y tercera secuencia deja abierta nuevas cadenas asociativas, cadenas que se oponen al sentido que el analizante intenta ubicar ahí.

El miedo a la muerte atribuido a una causa de la realidad, la hepatitis, aparece en relación al error de fechas, ligado a una pregunta por el goce materno, que le impide contarse en la cuenta. Es a partir de esta secuencia que empezará a hablar del abuelo materno y de su "llamado" al padre en su presunta hipocondría. Surgirá la pregunta por su posición sexuada donde y a partir de una indicación del control en relación a otro analizante, se lo proveerá de un significante amo, que lo hace salir de una vacilación que lo detiene. Se trató en ese momento de aportar un significante amo a alguien que vacilaba entre dos posiciones, disolviendo un tiempo de espera a las formaciones del inconsciente, como respuesta, que el analista se había impuesto. La vacilación instalada entre desear ser hombre y querer gozar pasivamente, pasividad que asocia con "estar muerto", transformación del deseo en deber de satisfacer la demanda, estrategia obsesiva frente al deseo del Otro.

Tenemos término específicos, que remiten al tiempo en Freud y en Lacan, que podemos ubicar acá y que señalan modificaciones en mi trayectoria.

La fijación, en tanto palabra del Otro enganchada en alguna parte del cuerpo.

Los recuerdos referidos a la infancia, futuro anterior en Lacan.

El tiempo del decir: el inconsciente como el tiempo de la angustia, simbolización de la perdida de la Cosa, el análisis como frotada.

En "El poeta y la fantasía", Freud toma una representación actual hecha para borrar un deseo presente en función de una realización futura. El fantasma es del orden del tiempo. Es el tiempo silencioso del decir. Fantasía armada por distintos ordenes de cosa: las huellas aisladas, que son las nimiedades: el cifrado que da lugar a la significación : en este último reconocemos lo que es del orden del secreto y lo Unerkannt, punto de inaccesibilidad desde el cual se ordena la consistencia.

El tiempo de la historia que lleva a la captación de la escansión.

El tiempo de la interpretación, tal cual señaláramos anteriormente. La reestructuración del pasado del analizante de manera que el pasado sea ese habrá sido. El tiempo del análisis y la observación de Freud al final del caso del Hombre de los Lobos: "El león salta una sola vez". Simultaneidad, fijación, regresión, nachträglich, corte, múltiples maneras encontradas en la obra de Freud y de Lacan de nombrar el tiempo que articuladas con lo expuesto en el punto anterior me permitieron aprehender que será el acto analítico, introducido en "Es necesario el tiempo", lo que mostrará que, lo que es necesario del tiempo que es necesario, es la falla con que se dice el ser y ahí será donde el inconsciente se articula, sabiendo por otra parte que el inconsciente no da más que huellas que se borran solas.

La certeza del corte, certeza no dada por la percepción, convencimiento anterior a toda demostración, pero que no es sin la verificación posterior.

La disolución de la espera, como otra manera de intervenir que pone en cuenta el tiempo.

El tiempo del analista, y su formación, que considero no se da de una vez y para siempre. Se trata por lo tanto para mi no solo de las resonancias producto del propio análisis, y del control, y de las lecturas, sino de aquellas en que las intervenciones producen verificaciones una y otra vez de los fundamentos del psicoanálisis. Verificaciones que son las que siempre me llevaron a un empuje a escribir y exponer mi practica . Considero que la elección y presentación de un caso (es un caso que controlé, publique y expuse hace 10 años, habiendo ahí subrayado el significante de la transferencia, lo que indica además, al cambiar el acento, un cambio de perspectiva no solo mío sino de la comunidad, en este lapso) o de un trabajo, ponen en juego el saldo de saber para el practicante. Presentación que somete nuestro trabajo a otros que someten su trabajo al nuestro.

 
 
Notas
1- García, G., "La resonancia de Freud en nuestras preguntas".
2- Lacan, J., El seminario Libro 5, Ustedes van a ver una aplicación inmediata: esta ambigüedad se sostiene en la obra de Freud en la noción de transferencia, entiendo en la acción de la transferencia en el análisis con la de la sugestión, él nos dice que aquella es en definitiva una sugestión que la usamos como tal, pero agrega, con la restricción de que hacemos de ella muy otra cosa, porque esta sugestión la interpretamos. ¿Qué quiere decir que podemos interpretar la sugestión? En el plano de fondo está la sugestión como transferencia en potencia.. Esta es ya análisis de la sugestión. Es ella misma la posibilidad de este análisis de la sugestión. Es articulación segunda de lo que en la sugestión se impone puro y simple al sujeto. La línea de horizonte en que la sugestión se basa está al nivel de la demanda del sujeto al analista sólo por estar allí.
3- Miller, J.-A., "Construcciones", Uno por uno 41.
4- García, G.. "La resonancia de Freud en nuestras preguntas".
5- Solano, L., Ornicar Digital 180.
6- En tiempos de Theodor Reik, ese autor pudo dar la sorpresa (uberreichung) como la señal, la iluminación, el brillo que, en el analista designa que él aprehende el inconsciente, que algo viene a revelarse que es de ese orden de la experiencia subjetiva, de aquello que ocurre repentinamente y por otra parte, sin saber como ha hecho del otro lado del decorado. Eso es el uberreichung. Es sobre este sendero, sobre esta traza, que él sabe todo, o al menos que está en su propio camino.
Sin duda, en la hora de la cual partía la experiencia de Theodor Reik, sus caminos estaban sellados de tinieblas y la sorpresa representaba su repentina iluminación. Por fulgurantes que fueran los relámpagos, no eran suficientes para constituir un mundo y veremos que allí donde Freud había visto abrirse las puertas de ese mundo, no conocía propiamente ni los lados, ni los goznes.
Eso debería bastar para que el analista, en la medida en que después pudo ubicar el desarrollo regular de un proceso, supiera forzosamente, dónde estaba o dónde iba. Una naturaleza puede ser ubicada sin ser pensada, y tenemos suficientes testimonios de que, en esos procesos, se ubicaron muchas cosas, se puede decir quizá, todas pero en todo caso los fines permanecen para él problemáticos.
La cuestión de la terminación del análisis, y del sentido de esta terminación, no está, en la hora actual, absolutamente resuelta. Lo evoco como testimonio de lo que anticipo, concerniente a lo que llamo esa localización, que no es forzosamente una localización pensada.
 
Bibliografía
Aleman, J. y Larriera, S., Lacan-Heidegger un decir menos tonto, España.
Bachelard, La intuición del instante.
García, G., Formación, clínica y ética, Tucumán, 1991.
Gun, J.A., El problema del tiempo, Hyspamérica, Argentina.
Heidegger, M., El ser y el tiempo, F.C. Económica, Argentina.
Lacan, L., Radiofonía y televisión, Anagrama, Argentina.
Lacan, J., "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma", Escritos I, Paidós.
Lacan, J., "Función y campo de la palabra y de el lenguaje en psicoanálisis", Escritos I, Paidós.
Lacan, J., El seminario Libro 11Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós.
Miller, J.-A., Matemas I, Manantial.
Preti, C., Revista Sínthoma (dirigida por G.García), Barcelona, 1981.
Silicet, "Tiempo y efecto del tiempo en psicoanálisis". Ficha.