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Incidencias memorables en la cura analítica

Por José Matusevich

Las incidencias memorables ¿para quién? En tanto y en cuanto el título especifica en la cura analítica es: para el analista o para el analizante o en el mejor de los casos para ambos. Parece una verdad de perogrullo, pero, sin embargo, permite establecer la siguiente diferenciación: si ellas fuesen solo para el analizante, sería el caso de una presentación clínica, en cambio creo que las otras dos situaciones (para el analista o para ambos) introducen una novedad, que voy a llamar "la subjetivización" del analista, desde ya no en la dirección de la cura.

Se podría objetar como es él, el que habla, está implicado como sujeto cada vez que comenta un caso. La diferencia estaría dada porque lo memorable es para él, el analista, la sorpresa y sus efectos quedan de su lado.

Voy a recortar tres momentos de mí practica, en los que espero poder demostrar cómo a partir de un control queda cuestionado un saber previo, y los convierte en memorables.

Quiero aclarar que los dos controles a los que me referiré fueron ocasionales, por fuera de lo que eran mis controles habituales en esa época.

No me parece en vano aclarar que los tres momentos que expondré se sucedieron hace más de 20 años, pero no dejan por ello de tener actualidad, y si los elegí fue porque de una u otra forma nunca dejé de pensar en ellos.

Primer momento memorable

D. luego de relatar el por qué de la consulta, y sobre el final de ésta, me comenta que el Dr. A., neurólogo que le aconsejó me consulte, le dice: "El día que tengas relaciones sexuales te vas a curar".

Inmediatamente me interpela, "¿Usted qué piensa?" Respondo: "creo que no, la próxima vez lo vemos" (me digo iluso por lo que sigue).
Segunda entrevista, D. dice que al salir del consultorio se acercó al conductor de un automóvil y le pidió que la lleve a un hotel, cuenta que ya allí se encerró en el baño a los gritos, consiguiendo de esa forma salir tan virgen como cuando entró.

Puedo decir ahora que así comenzó su relación con el análisis. Éste giro alrededor de la rememoración de escenas infantiles, en las que había tenido encuentros sexuales reiterados con el padre de un amiguito y pensaba que por eso tenia la "vagina arruinada".

El Dr. A. entendía, como se vio, la naturaleza sexual de la histérica, pero la hipocresía médica no le permitía revelar. Yo compartía esa teoría pero con un cambio ligero de dirección.

Pensaba, acorde a mi formación como analista, que para poder enfrentar la relación sexual con algún grado de éxito era necesario atravesar esa maquinaria compleja que era, Edipo, falo, castración. Si esto funcionaba bien al final del recorrido, podemos poner el deseo con relación al falo ya sea en la búsqueda de una mujer (en tanto lo es, el falo) para el hombre, camino siempre problemático y dividido como sabemos. Y de un niño como sustituto de la falta de pene, según la ecuación pene-niño-falo para la mujer, que como madre se coloca así en el centro de la estructura edípica.

Reconstruir la historia de su fantasma desanudando lo que allí se había anudado, iba a ser la solución sufrimiento, y quizá en lo más oscuro de mi corazón anhelaba que ella llegara a ser madre, máxima ambición para el análisis de una mujer, como yo lo pensaba.

Habían pasado unos cuantos años de análisis, aproximadamente siete, cuando decido controlar el caso con un analista diferente a los habituales; él que al relatarle el inicio del análisis, dice: " fantástico, demuestra que la relación sexual es imposible". Mi cara de perplejidad seguramente lo conmovió como para explicarme que el Dr. A sería una persona importante para ella y así con su acto mostraba lo imposible de la relación sexual. Confirmó el diagnostico de histeria, y que pensaba que el cambio de profesión que tuvo durante el análisis (de oficinista pasó a estudiar enfermería) fue efecto del análisis.

No cabe duda que algo me inquietó en ese control como para que ya en el pasillo preguntara por el pronóstico; la respuesta fue un tajante "depende de usted".

Dejemos "el depende de usted" para más adelante y tratemos de situar si algo sucedió luego del control.

No sé si en ese momento llegué a darme cuenta de los efectos de ese control pero creo que mi oculto deseo de que la solución fuese la maternidad, dejó paso al enigma de qué quieren las mujeres, como lo demuestra lo que sigue.

Segundo momento memorable

D. conoce a un hombre en la escuela de enfermería y decide tener sus primeras relaciones con él -no es algo precipitado como la vez anterior-, pero intuía que había otra cosa en su decisión, aunque no sabía qué.

Comienza una sesión con el siguiente relato: "fuimos con X (eso era para ella) a un hotel y cuando estabamos teniendo relaciones, tuve un desgarro de vagina, me tuvo que llevar a un hospital para que me cosieran".

A partir de aquí comienza su vida amorosa, no sin antes dejar claro que no sólo hacia el falo dirige su goce, lo demuestra el rechazo al pene que fue la causa del desgarro.

No estaba dispuesta a que su partenaire fuese solo un X.

Tercer momento inolvidable


En el año 1982 sale publicado un artículo escrito por mí titulado "La hora del Otro"; una persona relacionada con el psicoanálisis lo lee y decide pedirme análisis.

No tenía la más mínima referencia sobre mi persona y tuvo que hacer un gran esfuerzo para poder localizarme. Todo a partir de la lectura de "La hora del Otro"; ni el título fue una creación propia, parafrasea una idea de Lacan cuando comenta Hamlet.

Esa demanda de análisis produjo en mí la curiosidad de saber por qué ese articulo le había generado esa transferencia conmigo.

Tampoco me convenció la explicación del analizante que dijo haber quedado sumamente impactado por una intervención que yo relato.

Voy a un control, y luego de relatarle el caso, le digo que " uno nunca esta a la altura de su nombre pero no entiendo por qué se dirigió a mí por ese artículo".

"La hora del Otro", señala el control, era un significante reprimido que representa al sujeto, y estaba determinado por un episodio singular de la vida de su abuela.

Yo pensaba y pienso que un analizante elige al analista por suponerle un saber, pero en este caso particular, no me imaginaba cuál hubiera podido ser esa suposición.

El significante de la transferencia implica al significante cualquiera, y si la línea divisoria no lo alcanza -al Sq- es porque él nada sabe del saber inconsciente; el que solo allá bajo la forma del encuentro, tal como lo muestra la formula de la transferencia y en este caso también el control.

Pude así comprobar que el saber supuesto es el del inconsciente, y no del analista.

Más allá de las cuestiones personales con relación a mi nombre, que fueron motivo de mi análisis, resonó en mi el "depende de usted" formulado por el primer control.

El tema del nombre propio me llevo a trabajar detenidamente el seminario de Lacan "La identificación". No sé si pueda decir que fue memorable encontrarme con ese seminario, pero estoy seguro que estuvo lleno de consecuencias y algunas de ellas se articulan con lo hasta aquí expuesto.

La demostración de lo imposible de la identidad a nivel del significante, dado que ningún significante se significa a sí mismo, y en tanto que un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante; y si a esto se suma la imposibilidad de alcanzar el ser a partir del pienso tal como lo demuestra Lacan; el psicoanálisis me pareció que se hacía infinito.

Por suerte Lacan, en ese mismo seminario, busca a través de las series matemáticas el límite a lo infinito del deslizamiento significante. Coloca el pienso y el ser como si fuesen los términos de una serie.

Y jugando con las series alternas (son aquellas que en una cantidad fija de operaciones se repite el uno) le permiten a Lacan mostrar cómo el I(A) tapa la disyunción entre pensar y ser.

Tienen que pasar varios seminarios para que saque las consecuencias de la serie convergente que conduce al numero de oro, con lo que ilustra la relación del uno -como A- con el objeto a.

En una de las clases posteriores a estos desarrollos, comenta que él ha podido llevar los análisis mas allá de la angustia de castración, y entonces podíamos tener esperanza de que el análisis pudiera dar un paso mas allá de lo interminable o de la roca viva de la castración. Recuerdo haber escrito en el margen de una de las paginas del seminario "yo quiero ser Lacaniano".

Segundo momento inolvidable bis



Recuerden que ella, D., después del desgarro de vagina, había comenzado su vida amorosa y en el momento de mayor éxito terapéutico comienza, no a cuestionar el análisis -sigue trabajando- sino a mi "persona".

A partir del abandono de D. del análisis nunca dejé de preguntarme si no hubiese podido hacer algo para que ella no partiera. Es cierto que es tarde, pues cualquier cosa que se me ocurriese no podría ser verificada. Pero creo que no sería en vano pensar cuáles fueron los obstáculos para que las cosas hubieran sido diferentes.

La pregunta al segundo control ("¿Por qué me habrá elegido?") , me da la pauta de que no estaba en aquel momento en condiciones de pagar con mi nombre para sostener el sujeto supuesto saber, más allá de mí.

Podría ironizando decir: D. era una histeria lacaniana; de entrada puso como tema lo real de la relación sexual. Yo, un analista que creía solamente en el inconsciente como interpretador; todo estaba dado para que lo real apareciese como transferencia negativa.
Si el analista es el que dirige la cura, dirigir el análisis hacia una narración o hacia lo real no es lo mismo.

Pasar de una forma a otra de pensar el psicoanálisis supone una idea del espacio y del tiempo diferente a la anterior; para lograrlo en el seminario de "La identificación", Lacan propone la necesidad de crear una nueva estética trascendental.

Inspirado en Kant, que escribe en la Crítica a la razón pura, en la "Teoría elemental trascendental", Primera parte, "Estética trascendental", 1, "Se hallara en esta indagación que hay dos formas puras de la intuición sensible, como principios del conocimiento a priori, a saber: espacio y tiempo, en cuyo examen vamos a ocuparnos ahora".

Es siguiendo esta línea de pensamiento que Lacan comienza a trabajar con la topología -por ejemplo el toro, para ejemplificar la vuelta en más que es el sujeto- para situar como intuición a priori un espacio diferente al esférico. Y pide que nos familiaricemos con las figuras topológicas.

Surge también la idea de la función del corte, como lo que produce un cambio en la estructura. Recordemos que cortar una banda de Moebius por la mitad no da dos bandas, le hace perder su estructura, pasa de tener solo una cara a tener dos. Y pensar la interpretación como corte lleva necesariamente a tener que pensar el tiempo de otra forma que el cronológico y es esa la razón de la sesión no estandarizada sino al servicio del corte.

Seguramente, desde lo que era mi posición como analista (digo posición porque no se trataba de una falta de conocimientos) me era imposible dar otra respuesta a lo real puesto en juego, más que de sostenerme en un significante amo.

Haber tenido la oportunidad de escribir este trabajo me permitió pensar que quizás un encuentro memorable no siempre produce un cambio visible rápidamente, pero deja un interrogante que causa al trabajo. Espero poder ahora dejar a D. en el recuerdo y encontrar en el pasado o en el presente otros momentos memorables.

Quiero agradecer a Freud, Lacan, Masota, Miller, entre otros, pues nada de lo dicho hasta aquí hubiese sido posible sin ellos.