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Presentación del tema de las próximas Jornadas de la Escuela: Incidencias memorables en la cura analítica

Por Juan Carlos Indart

El tema que enfrentamos para las próximas Jornadas es un tema alegre y difícil.

Por un lado, tiene de difícil que supone una enunciación novedosa, una manera de decir la clínica desde un lugar novedoso, ante una audiencia que no sabría lo que le espera.

Seguramente esa dificultad nos exigirá una actitud seria, y un poco de voluntad para no dejarse llevar por los primeros efectos inmediatos de la consigna de trabajo elegida. Requiere un trabajo serio, correr un poco de riesgo y, sin duda, para los practicantes que queremos hacer transferencia de trabajo con estas Jornadas, un poco de coraje.

Pero, por otro lado, causa entusiasmo tratar de hacer algo nuevo, algo que no se ha hecho hasta ahora de una manera, al menos, suficientemente precisa, colectiva y alegre.

Yo entiendo así la consigna.

Como los analistas no sabemos lo que es un analista, se nos llama y nos llamamos, desde Lacan, practicantes del análisis. Eso no ofende a nadie, porque no es la verdad total, pero es una verdad para cada uno de nosotros en tanto consigna un hecho sin valoración alguna: ese por el cual resulta que es un hecho que practicamos analizar.

Pues bien, para estas Jornadas se trata de dar a saber momentos de formación en tanto practicantes del análisis. Hay que producir saber sobre esos momentos de formación, porque si lo son, son adquisiciones de saber, de uno u otro u otro caso, en el caso por caso.

De los lugares en que esos momentos advienen sabemos, como nuestra ley, que uno primero es el propio análisis. Luego, junto con eso o después, no hay tantas variantes: se agregan el control, los estudios, el seguimiento de enseñanzas, el dictado de enseñanzas, la participación en investigaciones, la práctica institucional y en instituciones, e innumerables conversaciones entre colegas, sobre los más diversos temas, en condiciones sueltas o pautadas. Todo eso y más interesa. Pero lo específico de estas Jornadas es dar a saber un efecto de formación en tanto se es practicante, en tanto ha surgido en esa práctica adonde todo converge, pues sólo ahí habitan las briznas de real donde se escribe y se mide la formación del analista... siempre abierta ...

Hay un ejemplo, seguramente aplastante, pero como seguimos la enseñanza de Lacan y tenemos transferencia de trabajo con él, tenemos que decir algo sobre ese ejemplo paradigmático que es él mismo, en el psicoanálisis y su enseñanza, respecto al tema que proponen las Jornadas. Lacan se fue formando a lo largo de su práctica, durante toda su vida como analista, y las transformaciones de su enseñanza lo muestran de manera indiscutible.

Si al Lacan del 65 se le presentara el Lacan del 55, muy bien podría decirle que es muy interesante, que hay un recorrido hecho, que hay un deseo decidido, pero que tiene que esperar, que aun tiene mucho en qué formarse, que hay obstáculos localizables; y si el Lacan del 75 recibiera al Lacan del 65... ¡ le podría responder lo mismo!

Observemos, sin embargo, que el propio análisis en el que se formó Lacan había terminado mucho, mucho, antes.

Es evidente que prosiguió una formación en su práctica, de la que siempre dijo que debía ser la referencia del analista... y el banquillo de su ética.

Y con los efectos de formación en la misma, con sus incidencias memorables (que pueblan su enseñanza, pues no era solamente cuestión de presentar una larga historia como caso con nombre y apellido, aunque al respecto haya tantas alusiones) hizo semana tras semana un esbozo nuevo suficientemente consistente como producción de saber.

A ese aspecto del caso Lacan se lo puede decir de muchas maneras.

Sólo pretendo hacer valer una, si las resonancias de la expresión no los perturba demasiado: formación permanente.

Hay, efectivamente, el intento de probar si se puede verificar esa trayectoria del AP, que Miller sitúa en el grafo, hasta el punto de capitón AME que una Escuela pudiese consentir, y avalar, como perteneciente a lo que ella piensa. Que se pueda saber lo que la Escuela piensa es la base para obtener la repercusión social real que ella merece.

De manera que Incidencias memorables en la cura analítica no debe ser asociado a las interpretaciones inolvidables, hermosa expresión que formó parte de nuestro trabajo sobre la noción de interpretación, ya explorada de múltiples maneras, inclusive también con los testimonios que podían dar analizantes, sujetos divididos ante una palabra que se les había hecho memorable. Cuando lo inolvidable es anónimo, como esos amores que nunca se dan a conocer, no inciden en el saber. Lo interesante de esas interpretaciones inolvidables que estudiamos era que mostraban que, pasado poco o mucho tiempo, los que las soportaban tuvieron ganas de darlas a conocer, como un saber.

Pero eso estaba referido al analizante. En este punto la consigna de estas Jornadas es similar, pero referida al analista, al practicante del análisis. No interesa lo memorable para un sujeto, sino lo memorable para un saber sobre el acto analítico.

Miller ha elaborado este problema, que es sobre el que ahora se trata de ver hasta qué punto podemos colaborar, para precisar su formulación, y como único camino para su resolución posible. Miller ha señalado que hay razones de peso para mostrar que la posición del analista, poco a poco, se escinde del saber efectivo, y se recluye en el silencio de la suposición. Con la posición de semblante-objeto a, y bajo la barra un saber en el lugar de la verdad, que es el saber del analizante, la confrontación con lo real de la práctica para un analista resulta algo que empuja al olvido, y a un olvido que no es formación del inconsciente. Si fuese formación del inconsciente, el retorno de lo reprimido daría una chance de averiguar el saber que encarna, como saber del inconsciente. No se trata de eso. Ocurre que hay inercia para pensar las consecuencias de saber a partir del acto analítico, porque éste se enraíza en un no pensar que tira de la manga para dejar caer un deseo de saber sin garantías, y a la hora en que se realizaría por su transmisión en la comunidad. Por eso es más difícil el tema, y esa dificultad se experimenta con más peso, después de cierta cantidad de años como practicante. Los practicantes 'novicios' -para usar un término que usa Lacan-, los que empiezan, no importa la edad, cuando empiezan, están aún marcados por su propio lado subjetivo, y de ahí deriva que tengan más deseo de contar lo que les pasa, de contarlo a los colegas, de contarlo en control, de leer más, y aún de mantener en tanto sujetos divididos una relación de cierto tipo al saber. Pero la paradoja es que a medida que avanza la formación del analista, que la misma se produce de un modo más logrado y ante variedades clínicas diversas, la desubjetivización propia de la posición del analista hace que lo que nos interesa de lo que estuvo en juego pase al olvido.

Eso es lo que está por detrás del hecho de que nos vamos convirtiendo, con los años, en unas nubes a quienes no les queda más que representar el sujeto supuesto saber. Es inútil criticarnos entre nosotros, alabando o denigrando la posición de los dinosaurios más o menos consagrados. Hay que entender que, en tanto tal, la práctica del análisis conduce a un destino marcado de Suficiencia o Beatitud. Si no logramos introducir una diferencia, si no logramos movilizar las cosas, ese destino mortífero se repetirá, y lo repetirán los jóvenes que hoy puedan creer que les está garantizado algún otro diferente.

Por eso me parece claro el trabajo al que estas Jornadas convocan: que diga el practicante cómo y porqué, por tal momento en su quehacer, resulta que no es el mismo antes y después desde el punto de vista de su formación como analista.

También por eso la condición de enunciación es delicada.

Miller ha señalado muy bien la cuestión de cómo retornar a la comunidad a partir de una práctica en la que se está como objeto a, con el saber del analizante en el lugar de la verdad. Como Lacan nos ha dejado una teoría sobre los lazos sociales, podemos recorrer sus variantes para pensar el tipo de lazo que proponemos según nuestras presentaciones clínicas. Se puede retornar a la comunidad colocando el saber en un lugar de agente. Eso nos causa un malestar evidente, porque la comunidad de analistas no es la universidad, y eso causa dificultades, siendo la mayor el aburrimiento. Es menos visto que alguien, por su práctica analítica, se dirija a la comunidad en el lugar del amo, y por ello voy a dejarlo entre paréntesis. Más frecuente es retornar a la comunidad a partir de la división subjetiva, como enunciación histérica del desgarro subjetivo ante los traumatismos de la práctica. En este caso el practicante presenta sus problemas de un modo que no puede sino dirigirse, en la comunidad, a ciertos S1. Desde el punto de vista del saber es mejor, de todos modos, porque existe la posibilidad de que esos S1 produzcan más y más saber sobre los desgarramientos de los analistas que se presentan de este modo. Conocemos esto en nuestra experiencia, y a cualquiera le puede haber pasado, escuchando casos clínicos, sentir ese sesgo por el cual la subjetividad histerificada resulta claramente el lugar de enunciación. Pero para estas Jornadas hay que tratar de dejar caer esta variante, para cualquier cosa que quieran presentar como saber.

De manera que no vamos a poder hablar como objetos a, porque esto induce a hacerse soporte del sujeto supuesto saber, ni como semblantes de saber universitario, porque esto induce al bostezo, y se trata de que el tema no se deslice a una enunciación histerificada.

Sin embargo, hay que presentarse, aunque la enunciación que necesitamos no está escrita.

Será como la de los pequeños inventores, cada uno con su invento "made in home". Eso podría resonar entre todos como aportes diversos frente a lo que no se sabe.

Es muy difícil para mí presentar el tema y sus clasificaciones posibles, porque nadie puede meterse en los consultorios de nadie. Hay que hablar, sin duda, haciendo resonar lo de cada cual, sin buscar ningún S1. El riesgo del olvido señalado me parece evidente a medida que pasan los años en la práctica, y es el olvido de lo mejor, del nudo más auténtico. Tomen ustedes el objeto a del discurso analítico, colóquense, si son practicantes del análisis, en ese punto, y ahora, para estas Jornadas, hay que salir de ahí para contribuir con un trabajo para la Escuela.

Nuestra Escuela, por su fundación, pero es válido para cualquier Escuela, está constituida en torno a un no saber. Pero no tienen que pensar que el no saber es un agalma misterioso y lejano. El no saber es una dimensión que muerde en todo en psicoanálisis. No se sabe lo que es la entrada en análisis, no sabemos lo que es un síntoma, no sabemos lo que es la transferencia, no sabemos lo que es una obsesión, ni una histeria, ni una perversión, ni una psicosis. No sabemos lo que es la dirección de la cura, no sabemos lo que es el final del análisis, y no sabemos lo que es el pase. Es por eso que en todo eso hay transformaciones, según efectos de formación y nuevas construcciones de saber. Si supiéramos realmente sobre todo eso, ya habríamos cerrado sus cuestiones. La Escuela está hecha en torno a lo que no se sabe, y todo lo que guía a un practicante del análisis tiene su borde en lo que no se sabe. Es la dimensión que les propongo: no que sabemos mucho, el 99%, y no sabemos un 1 %, el fin análisis y esas cosas, la identificación al síntoma. Todos los saberes del psicoanalista, cualquiera de ellos, están vinculados por un borde al no saber. Por lo tanto, cualquier practicante, en cualquier aspecto y tiempo de su práctica, puede pisar ese borde, pisada que le es propia, y a partir de lo cual empieza lo que esperamos: que pueda construir y dar a conocer lo que ha podido saber sobre el asunto.

Si sale bien, por una vez entre nosotros, presentando así la clínica, se despejaría un poco ese fantasma por el que se descifra que "hay dirección de la cura", que "no hay dirección de la cura", que "está analizado", que "no está analizado", que "se repite", que "copia", que "engaña"... toda esa imaginería terrible que no está referida a la presentación como tal de la clínica, sino que está referida al hueco por el que es imposible hacer un lazo a nivel de la enunciación de los practicantes. Entonces, es una oportunidad para quienes quieran modificar esa enunciación, y para eso hay que encontrar la buena manera de decir y escuchar.

Como es imposible ubicar ese saber que cada cual puede producir retroactivamente a partir de lo que considera, en cualquier nivel de su práctica, un efecto de formación, sólo se me ocurrió, para hacer un panorama muy general, un binario. Me aceptarán que siguiendo la orientación lacaniana que seguimos uno puede permitirse introducir de a poco las cosas con un binario. Es algo que resuena en mi experiencia; les puede resonar a ustedes; no se deriva de nada; es una idea que les transmito.

De un lado, en un polo, hay momentos en el practicante para los que hay una frase común y frecuente que da en una tecla de la cuestión. Es cuando se dice que advino algo "que era como de libro". Se trata siempre de una sorpresa, y nunca de encasillar un caso en un saber de libro. Ha habido un efecto de sorpresa cuando un analista dice que le ocurrió algo que era "como de libro". Si sustituyen 'libro' por 'saber' tienen lo que da en una tecla. En efecto, de este lado del binario, esperamos trabajos referidos a incidencias memorables en la cura analítica porque fueron momentos "como de saber". Son los casos en los cuáles existía en la formación del practicante un saber, pero un saber aún seco desde el punto de vista de su verificación en la práctica. En psicoanálisis nos formamos en muchos saberes, estudiando ( lo que hay que hacer permanentemente), y tales saberes permanecen lógicamente vacíos desde el punto de vista de la práctica. Se conquistan primeramente cuando se verifican en uno, y ese es nuestro lado analizante. Pero otra cosa, y es de lo que se trata en estas Jornadas, es cuando ese saber se verifica para el analista, en un momento, en un caso. Exactamente esa transmisión es la sorpresa "como de libro", la sorpresa " como de saber". Es un momento en el que en un punto importante el analizante deviene analista, y es un momento de formación. En el campo de esa transmisión hay en cada paso una singularidad, de la que no es necesario predicar su preservación, porque se preserva sola, como el no se sabe desde el que se mide la consistencia del saber.

Hay que observar que de toda esa variedad de momentos ocurridos en las coyunturas más diversas, esta consigna de trabajo no hace límite ninguno respecto de su contenido de saber. Van desde las entrevistas preliminares hasta cuando el analizante decide la interrupción o la terminación de su análisis. En toda la gama de lo que ocurre ahí puede haber, a nivel de tipo clínico, síntoma, fantasma, transferencia, interpretación y etc. etc., un momento en el cual para un practicante un saber que estaba sin verificación en la práctica, hace chispa con algo que ocurre en ella.

Creo que este primer polo que he mencionado, por intuición, por lo que converso, es de mayores posibilidades para empezar a escribir sobre una incidencia memorable. Había un saber, solamente que se juntó y se perturbó y se complicó, porque realmente enganchó con un suceso, por eso memorable, en la práctica analítica.

El otro polo del binario es más difícil. No puedo decir para quién es esto, aunque puede ser para cualquiera. En este otro polo la incidencia memorable no es "como de libro", no es "como de saber". Es una incidencia por la que el practicante queda en oposición a todo lo que sabe, a todo lo que ha leído, y queda en oposición justamente según todo lo que ha leído y lo que sabe. Ocurre algo que es lo contrario de la chispa. Es un momento opaco. Aquí el practicante se encuentra ante un agujero en el saber, y actúa por fuera de lo leído en Freud, en Lacan, en quien sea. Actúa y puede construir luego un saber relativo a ese momento. También son momentos memorables y lo que se pide es no dejarlos ni en el olvido, ni en ese imaginario posterior desengañado basado en que, por supuesto, como no se sabe en psicoanálisis, cada cuál en la soledad de su práctica hace lo que puede o lo que quiere mofándose del saber que circula en la comunidad, fuese la de la AMP o la de la IPA.

Ese es el otro polo del que se pueden esperar contribuciones, según momentos que también van desde las entrevistas preliminares hasta el final del análisis. Se me ocurre que es algo más difícil e improbable, no sé, la posibilidad esta abierta, aunque me parece que del primer polo hay más experiencias.

Para dar ejemplos colectivos, porque nadie los tiene a nivel del consultorio del otro, podemos considerar que más de un practicante tuvo un efecto de formación relativo al estudio del texto de Jacques-Alain Miller "De un otro Lacan", conocido a partir de 1980. Podemos considerar que había practicantes que conducían la cura con un apego renovado al significante, del que esperaban un relanzamiento del deseo bien descuidado de lo real; podemos considerar que para muchos de ellos fue un efecto saber que había otro Lacan, que estaba el objeto a, que estaba lo real, que no todo era significante. Podemos considerar todo eso, pero sería mejor contar con trabajos concretos donde se de a saber el momento en que ese nuevo saber se verificó en un caso. Cuándo y cómo y por qué se verificó que no todo era significante, en un caso "como de libro", "como de saber". Desde 1980 hasta ahora son muchísimas las ideas de Freud y de Lacan renovadas como saber, y que hemos estudiado. Se trata de obtener las pruebas de las incidencias de algunas en la práctica, en el paso justo entre su estatuto aún seco, y su conquista verificada en al menos un caso.

Del otro polo no puedo dar ni siquiera ejemplos colectivos. El que tenga la experiencia de avanzar en su acto en el punto en el cual no había libro alguno, y no sólo soportó las consecuencias sino que puede con ellas construir algo de saber, puede también enseñarnos algo precioso. Sería un error confinar en este polo los casos de psicosis, habida cuenta de que para las psicosis se sabe que hay poco libro. Es vigente para la clínica de las neurosis y las perversiones.

Es un tema muy libre desde el punto de vista de la temática concreta. Me parece que no vale la pena indicar una cosa más que otra. Abarca cualquier dimensión de la clínica, porque el peso no está puesto del lado del analizante. Donde no se es libre, donde hay restricción rigurosa, es del lado del practicante, quien debe transmitir el algo en su formación por el que cambia y no es el mismo antes y después. Ninguno de esos cambios llevará a la catasterización de nadie. Ningún Zeus transformará en estrella de una constelación a nadie.

Empezar a dar cuenta de los efectos de formación para seguir haciéndolo asiduamente.

No sé a cuántos de nosotros el Lacan del 55 no nos diría hoy que hay un deseo decidido, pero que conviene formarse siempre más, porque hay obstáculos localizables, colectivamente.