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1° CONVERSACIÓN: "¿Cómo se forman los psicoanalistas en la EOL 20 años después"
Sábado 13 de agosto de 2011 de 9 a 14 hs

Boletín N°8

Diana Paulozky, Un cambio de posición
Damasia Amadeo de Freda, Reflexiones
Ana Gallegos, La formación analítica y la Escuela
Olga Molina, Un efecto de escuela
Ana Larrosa, Formación y la presentación de casos
Olga Carrión, ¿qué analista queremos?

¿Cómo será la escena del sábado? No habrá lectura de textos. Trataremos con eso de evitar la partición expositores-público que muchas veces aplasta la circulación de la palabra. Conocemos ese efecto .
¿Como será entonces? será como en las Conversaciones que otras veces hemos tenido en la Escuela y como las que se realizan durante los Congresos de la AMP. Una coordinación lanzará el tema , hará seguramente algunas escanciones de acuerdo a los aportes que se hagan, volverá sobre algo, administrará el paso del micrófono. Quien quiera hablar tendrá que pedir la palabra. Nada en esta escena está planificado previamente y nada nos garantiza llegar a algún puerto seguro o alguna conclusión definitiva. Es un riesgo.

Será un instante de ver y también de escuchar en que estamos. Esperamos también escuchar nuevas voces al lado de las de siempre. En fin, para citar a JAM citado por Leonardo en el Boletín n°1, intentaremos saber como se dice hoy en nuestra Escuela esa "conjunción inédita entre lo estrictamente analítico y lo institucional"
Nos vemos el sábado

MT

 

Un cambio de posición
Hemos pasado por diferentes momentos, desde una clínica de la sorpresa, al adiós al ste; orientados por un: entonces Shh! o los nudos…con sus implicancias políticas.
La Escuela tiene paredes invisibles que construimos con nuestro hacer en ella, sostenida por los diversos estilos que dejan huellas y estas, las huellas, ya no son invisibles, se constatan por sus efectos, en la diversidad de los pases, alejados del ideal.

Lo que fundamentalmente, para mí, ha cambiado en estos años es que la formación hoy no está centrada en :"¿ Qué quieres decir con lo que dices?", sino en " ¿Cuál es tu posición en lo que dices?" Mientras una pregunta remite a la articulación significante, la otra, la de la segunda clínica, apunta al goce. Lo que ha cambiado es que los analistas, uno por uno, dan cuenta de su relación al inconsciente y eso tiene efectos tanto en la clínica como en la comunidad.

Diana Paulozky

 

Reflexiones
Jacques-Alain Miller indicaba recientemente que la práctica psicoanalítica había evolucionado a tal punto que no quedaba nada de la práctica freudiana. Sabemos que el tiempo trabaja sobre todas las prácticas. No es raro que lo mismo le suceda al psicoanálisis. De no ser así, la práctica psicoanalítica sería una religión. Podemos hacer la hipótesis de que dicha afirmación de Miller se usará dentro de cierto tiempo bajo la fórmula: "¿Qué es lo que queda de la práctica de Lacan?

De la práctica analítica surge el psicoanalista. Sobre ese punto estamos todos de acuerdo. Sobre el punto que habría que ponerse de acuerdo es que las variaciones de la práctica producen también variaciones del producto: en nuestro caso, del psicoanalista. ¿Qué relación hay entre dicha constatación y lo que va a ser el objeto de nuestra conversación en la EOL?

Si la Escuela analítica no es una Iglesia, el orden que la constituye está ligado directamente a las variaciones de la práctica (donde se forman los analistas) y a un real, producto de esa misma práctica, que siempre se presenta como pequeños trozos del mismo (en el pase particularmente). El control se ve lógicamente afectado por las modificaciones de la práctica.

Las consideraciones anteriores me llevan a interrogar si nosotros, nuestra Escuela, hemos medido, pesado, las incidencias de estas modificaciones en la concepción actual de la Escuela psicoanalítica.

Pienso que esta reflexión es necesaria a los efectos de concebir la Escuela analítica del siglo XXI.

Damasia Amadeo de Freda

 

La formación analítica y la Escuela
Es indudable que la pregunta sobre la formación del analista confronta de entrada con ese real en juego que la misma formación entraña, en tanto siempre hay un resto que no es asimilable, que no puede ser reabsorbido por esa formación. Una formación en la que se distingue lo que debe ser adquirido en términos de contenidos epistémicos y la mutación "psíquica", como señala Miller, y que comporta siempre un punto de fuga. Es esa falla en el saber lo que produce el vacío de la definición del analista. No hay nada que diga qué es un analista.

Es la experiencia analítica lo que Lacan pone en el centro de la formación, y que Miller llama la zona éxtima, y es allí donde se posibilita la transformación, o la "deformación" que experimenta el deseo neurótico como fundamento del deseo del analista.

En la medida que ha horadado el cristal de su fantasma, y que el goce de su síntoma no contamine su acto, es que el analista, sostenido por su deseo, podrá ocupar el lugar vacío que enlace al analizante. Es la razón por la que el análisis de un analista no se reduce a volver su mundo más vivible, aunque también se trate de eso.

Lo que diferencia a la orientación lacaniana de las otras, es precisamente esa falla en el saber, ese real que atraviesa y orienta la formación del analista, y que necesariamente incluye a la Escuela, al modo de las escuelas antiguas, definidas políticamente, es decir, por el estilo de vida de la ciudad. En ese sentido, Lacan indica que para que la Escuela merezca ese nombre, debe ser algo donde se debe formar un estilo de vida.

Entiendo que es por eso que Miller incorpora al trípode freudiano de la formación del analista "la inmersión en la Escuela". Una Escuela que encuentra su fundamento en el agujero que escribe el matema S(A/). Es lo que constituye la dimensión clínica, política y epistémica del pase, términos que se articulan al final del análisis, en el momento de la producción de un analista, un analista producido por su propio análisis. Es la experiencia del pase la que verifica la existencia uno por uno de los analistas, y la que polariza la cuestión de la formación.

Si el psicoanálisis es un estilo de vida comandado por la ética del bien decir, y el estilo de vida es la modalidad de goce de cada uno, ¿cómo se enlaza ese modo particular de goce a la Escuela? ¿qué lugar hoy, el de la Escuela, en la formación de los analistas, uno por uno?

Ana María Gallegos

 

Un efecto de escuela
Retomo la intervención de Leonardo Gorostiza, Lo que aguardar significa, aguardamos los analistas de la escuela que un efecto de discurso, el del analista , se sostenga y persista en la transmisión del psicoanálisis. Hay una teorización posible sobre la formación del analista y hay también una pragmática que se manifiesta en un saber hacer con los diferentes dispositivos que hacen a la formación del analista y la extensión del psicoanálisis. Fueron nuestros objetivos desde que el Movimiento hacia la escuela albergó nuestras inquietudes y nuestro entusiasmo. Celebro la iniciativa de la conversación como dispositivo para el tema que nos ocupa hoy, es crucial en la época en que vivimos, porque denota un efecto de escuela y establece una pregunta sobre el lugar del psicoanálisis en la cultura. Es por otro lado el modo posible para que los efectos de grupo, siempre presentes, no silencien la palabra del analista.

Olga Molina

 

Formación y la presentación de casos
En Posición del Inconsciente Lacan les critica a Leclaire y Laplanche que en los trabajos presentados no estaban ellos, que se mantuvieron al nivel del enunciado y que con el enunciado no alcanza.No estaban implicados en aquello que decían. Asumir la posición de analista implica tomar lo que uno dice a nivel de la enunciación.

En mi formación ocupó un lugar destacado la lectura y el trabajo sobre historiales freudianos, comentarios que hace de ellos Lacan, así como también de sus casos, presentación de enfermos, etc. En la Escuela encontré un lugar y me orientó a que pudiera reconocerme en este rasgo y que una parte de mi participación en la misma estuviera centrada en la presentación de casos.

Laurent en El Sentimiento Delirante de la Vida sitúa la presentación de un caso como "el modo de trasmisión más usual entre nosotros para verificar los efectos de formación". En el mismo texto se refiere a la experiencia analítica y dice "…existe cierto grado de terror en la interpretación".

La trasmisión de un fragmento de la cura también tiene algo de esto, lo que hace que a la hora de la presentación-exposición a veces nos escondamos en los enunciados escamoteando nuestra intervención.

Estar advertidos, ¿alcanza?

Ana Larrosa

 

"Qué psicoanalista queremos?"
Siempre orientados por la precisión de Lacan que el analista debe estar a la altura de su época si se precia de tal, pues no es sin ella que adviene a la posición de analista en el consultorio y de analizante en la Escuela donde convergen el psicoanálsis puro y las enseñanzas del psicoanálisis. Los diferentes dispositivos de la Escuela: ingreso, carteles, el pase juntos con otro modos que definen su "ser": seminarios, los departamentos y las actividades que proponen...también los Institutos con sus aportes, la tensión, y la dialéctica entre ambos, son esenciales para una formación atemporal, viva que se renueva desde hace 20 años.

Hoy la época es otra, distinta. Siempre lo es. Todas las épocas son nuevas con coyunturas propias que conviven con planteos que las preceden desde antaño. Para los analistas de hoy, los que la época necesita, habrá que crear o incorporar nuevos dispositivos?. Se tratará de renovar, actualizar los que son viejos?. Seguramente ambas cosas. Sea como fuere uno, otro, ambos en El Banquete Miller nos orienta en casi todo el texto estableciendo y recordando algunos aspectos, caracteres que deberían tener los analistas del futuro, de hoy, de ayer. La primera condición de un analista de todos los tiempos entonces la enuncia así: "el analista debe ser primero analizado" (…) es en el fondo una de las reglas del banquete de los analistas". Agrega: "cuando una práctica es verdaderamente seria se hace carrera de ella" (…) y el orden de su carrera es primero su análisis".

Miller es claro en el punto de partida. Es uno y no lo dispensa la Escuela, sin embargo alguna relación a ella siempre tiene. La Escuela recibirá los efectos, las consecuencias del transcurrir de un analista en análisis. De hecho es algo que se puede escuchar claramente en los testimonios de los AE. Tenemos entonces como instancia estable de la formación lo que está presente desde el principio, lo que es antiguo pero actual: el análisis personal. Paralelo al análisis, entrecruzándose con él se va ubicando la formación que la Escuela brinda con las modificaciones y ajustes que la época propone. Condiciones tenidas en cuenta en las propuestas políticas que brujulan y que se materializan por ejemplo en el eje de las jornadas que están en consonancia con la práctica analítica actual. Entiendo estas actividades como productos de una interpretación que la Escuela realiza como táctica para responder en cada momento de coyuntura al malestar de la época. Es lo siempre actual, siempre nuevo traducido en la política de la Escuela en movimiento.

Escuchar los testimonios de los AE Gustavo Stiglitz, Silvia Salmann, Luis Tudanca en Córdoba en los que cada uno expuso el proceso para encontrar su singular modo de estar, de pertenecer a la Escuela. Cada uno rodeó el agujero de la formación, del ser del analista, desde sus experiencias personales y la elaboración de saber que de ellas hicieron; dando forma singular a lo que para cada uno significa ser analista hoy. Esos testimonios hicieron en mí la pregunta de Miller en El Banquete: qué psicoanalista queremos?. Pregunta que responde a lo largo del texto y que me condujo también a una conferencia titulada La Comunidad Analítica (en Conferencias Porteñas 2) en la que precisa ciertos rasgos del analista en la Escuela. Elabora en estos textos indicaciones claras que encuentro muy atinadas para tener en cuenta y me dan la posibilidad de comenzar a pensar y hacer hacia la conversación propuesta. Habla en esos textos de: un psicoanalista que sea capaz de salir de la soledad de su consultorio, que no se conforme con ser un buen practicante, que sea un trabajador del psicoanálisis y para el psicoanálisis; es decir que esté dispuesto a dar un paso más y se atreva a dejar la vestidura que viste su función (de saber supuesto) y se anime a "abrir la boca" exponiendo el saber que tiene alrededor de la hiancia qué es un analista?

Olga Carrión.