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La Escuela
Asamblea y Congresos Ordinarios

XXXI Asamblea Ordinaria de la EOL

Discurso del Presidente saliente, Luis Tudanca
10 de diciembre 2021

Buenas noches

Luego de un año de ejercer la presidencia del Consejo Estatutario de la EOL la primera conclusión a la que arribo es la de un fracaso estrepitoso.

Quizás se trate de eso, de fracasar de la buena manera sin ninguna ilusión de éxito, casi diría desechando el éxito.

Cuando asumí, hace un año, hablé de sostener en la Escuela una lógica de agregación.

El Consejo me siguió en esa y debo reconocer que, por momentos, lo conseguimos. Hubo varios instantes fugaces dónde se concretó.

Nuestra querida Escuela está constituida por un montón de colegas que le dan vida pero, como también dije en mi discurso de Presidente entrante: "La Escuela, como potencia común, no debilita sino que radicaliza las singularidades que la sostienen. Es quizás por eso mismo que nunca estará exenta de impasses, contradicciones y conflictos"

Eso no tiene solución, por suerte, se mantiene indeleble como problema acuciante, pero se lo trata, lo diré así, mediante transformaciones silenciosas, son las que más me gustan, aunque a veces no se evitan los ruidos estrepitosos.

Esa es una definición posible de nuestra Escuela hoy: un problema acuciante.

Luego tomé dos textos de Miller: "El elogio de los heréticos" y "Méritos de la ortodoxia"

Los impasses se producen por la tensión entre las singularidades y el todo.

Tampoco hay solución. No hay tratamiento posible de uno por el otro, ni ninguna reversión posible.

Y si reemplazamos singularidad por herejía, y el todo por ortodoxia tampoco hay tratamiento de uno por el otro.

Siempre hay el peligro, como nos muestra Miller, que la herejía vire a individualismo y la ortodoxia abrace el sentido común.

Lo que sí se puede tratar, se debe tratar, dándole al debe un peso ético, es la tensión.

Lacan indicó una forma muy tempranamente, en 1953 a punto de producirse la escisión de la SPP.

El buscaba, me atrevo a decir denodadamente, no una transacción, sino un acuerdo.

El nombre que Lacan ubicó para esa tensión permanente es el de Discordia y nos remitió a Heráclito que es quién habla de Discordia como tensión permanente ya que todo surge, se engendra en Discordia.

Pero, insisto, ¿qué tratamiento darle a eso? Tengo que reconocer que no tengo la solución para ese problema.

Pero hay algo que decanta a partir de la indicación precisa de Lacan: una cosa es efectuar un contrato entre partes, otra cosa es ponerse de acuerdo.

Ahí sí creo que se puede fijar posición: en contra del contrato entre partes, a favor de ponerse de acuerdo.

Inútil oponer a la Discordia una concordia que se obtendría en el esfuerzo de un horizonte común.

El problema es la tensión permanente, la Discordia y la concordia es un intento de dar una respuesta.

La Discordia resulta así un intento de respuesta a la tensión permanente.

Y es casi la historia de la filosofía, me permito esa interpretación herética, de la cual debemos distanciarnos en psicoanálisis.

Pero es divertido seguir un poco estas ideas.

La continuación de este tema la encontramos en la dialéctica consenso-disenso. Me encantaría hacer una encuesta en este momento con la siguiente pregunta: ¿Qué prefieren? ¿Cuál de los dos?

Es el mismo problema que el anterior. La solución no la vamos a encontrar en ninguno de los dos.

Hay que leer, por ejemplo, la "Teoría de la acción comunicativa" de Habermas. Todo ese edificio teórico argumentativo extraordinario queda reducido a la obtención de consensos.

Para eso uno tiene que ser racional, actuar con lucidez, no dejarse llevar por las pasiones. Y muchos etcéteras.

Por suerte los analizantes hacen todo lo contrario de lo que esperaba Habermas y consultan a un psicoanalista.

Una vez más notamos la hiancia que siempre existe entre la teoría y la práctica.

Pero también tenemos los fanáticos del disenso, por ejemplo, Lyotard, el de la caída de los grandes relatos, para quién el disenso es un principio activo a sostener contra viento y marea y cualquier consenso.

Esta dialéctica, como toda dialéctica, es engañosa. Es en lo que insiste Miller en "El Uno solo"

Lo que he retomado como tensión permanente persiste y de lo que se trata es de darle un tratamiento que incluya el ponerse de acuerdo.

Y ahora viene la pregunta que quiero hacer: ¿Qué tratamiento vamos a dar hoy, en nuestra Escuela, a los dispositivos?

Pasaron treinta años.

Voy a dar un ejemplo, el más fresco, de hace cuatro días. El lunes el Consejo tuvo una reunión con la secretaría de admisión de la Escuela. Se hablaba allí de las dificultades inherentes al proceso de admisión, de los obstáculos con los que nos habíamos topado.

Quedó claro que el problema, para situarlo como tal, no es la secretaría, ni sus integrantes, ni la comisión ad hoc del Consejo, sino la admisión como tal.

En el discurso de Presidente entrante decía, con respecto a la admisión: "el último mecanismo que se ha inventado, el de una comisión ad hoc del Consejo compuesta por cuatro miembros del mismo, que trabaja sobre los casos que se proponen como sí, como los casos que se proponen como no, con la secretaría de admisión que hizo las entrevistas, se ha mostrado eficaz"

Bien, eso lo escribí yo. Hoy no estaría seguro de poder afirmar lo mismo. No tengo problema de caer en las contradicciones que les conté hace un rato. Tengo que decir que pasado un año no podría asegurar la eficacia de ese mecanismo.

Si aseguro el trabajo extraordinario de la secretaría y las conversaciones productivas con los miembros de la comisión ad hoc y con todo el Consejo.

Le hemos dedicado mucho tiempo y estamos satisfechos con el camino recorrido juntos.

Pero hay algo que revisar en el dispositivo mismo. Quizás sean detalles que contribuyan a una mayor eficacia.

No voy a decir nada de los dispositivos del Pase. Todavía estoy conmovido, pensé cuál era la mejor expresión para utilizar en esta ocasión con respecto a las novedades que nos llegan de la ECF de París.

Como siempre esas novedades repercuten en nuestra Escuela y nos empujan a redoblar el diálogo con la AMP.

El problema de una Escuela no es el problema de esa Escuela solamente, es un problema de la AMP y empuja a repensar lo propio del lado de lo impropio de cada Escuela y de cada uno de sus integrantes.

Seguiremos con suma atención los acontecimientos venideros que seguro nos llevarán a replanteos.

No me voy a detener en el dispositivo de la garantía que, por lo menos a nivel de la AMP América ha sido ajustado y ahora queda esperar resultados y nuevos impasses que no faltarán.

No insistiré en lo concreto de la acción que el Consejo llevó adelante. Está el informe para leer.

Me queda por comentar: la satisfacción en la concreción del ENAPOL. Viví muy de cerca las dificultades en su organización y los dolores de cabeza que ocasionó en los organizadores y cómo fueron superando los obstáculos uno a uno.

Las reuniones con el consejo de la FAPOL, siempre enseñantes.

Las jornadas recientes de la EOL: qué decir de ellas, qué decir a ellas, a su cartel organizador y a todos los colegas que colaboraron de una u otra forma más que un agradecimiento enorme por la tarea realizada.

Pero también: el diálogo de la EOL con la AMP está vivo. Hoy están presentes en nuestra asamblea Angelina Harari, presidente de la AMP y Jésus Santiago, secretario del bureau de la AMP a quienes agradecemos su presencia.

Qué decir también del resto de las instancias que sostuvieron las actividades de la Escuela como si no tuviéramos pandemia, o a pesar de la pandemia.

Al Directorio un especial agradecimiento. Voy a nombrar a cada uno de ellos: Fernando Vitale, director, Viviana Mozzi, secretaria de carteles, Alejandra Loray, de biblioteca, Esteban Stringa, de tesorería y Mónica Gurevicz, de secretaría.

Me encantaría que Mónica nos cuente cómo es ser secretaria del Directorio de la EOL en una pandemia.

A los colegas del Consejo: a Andrea Zelaya, nuestra próxima Presidente, que puedas fracasar mejor que yo, a Adriana Laion, Adrián Scheinkestel, Inés Sotelo, Beatriz Udenio, Elena Yeyatti y Manuel Zlotnik mi agradecimiento por haberme acompañado en un año complejo.

Un agradecimiento especial a Norberto. Alguien me dijo: abracé a Norberto que es como abrazar a la Escuela. Tiene razón!!!

Para que no se pongan celosos un agradecimiento a todos los secretarios de la EOL.

Y no falta tanto para la Gran Conversación.

Una mención especial a las publicaciones de la EOL, magníficas. En fin, imposible nombrarlos a todos.

Me queda la Directora entrante, Gabriela Camaly, y su Directorio ¡No saben en la que se metieron! Pero estoy seguro de que lo van a hacer bien.

Concluyo de la misma manera que en mi discurso de Presidente entrante: no le pidamos a la EOL armonía, ni homeostasis, pero sí mucha charla entre nosotros, y uso el significante charla a propósito.

Un abrazo a cada uno.