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Número 4 - Junio de 1999
 
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Comentario del libro Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, de Fredric Jameson y Slavoj Zizek
Luis Tudanca

Introducción:
Breve comentario sobre el pensamiento de Fredric Jameson

Es muy común en los textos de Zizek —de quien me considero lector —hallar referencias a escritos de Fredric Jameson. Es allí donde "encontré" a dicho autor, y no en cualquier momento sino cuando, estando interesado en el debate llamado: Modernidad-Posmodernidad, no conseguía ubicar mínimamente qué se quería decir cuando se decía "posmodernidad", ya que las definiciones abundan pero no parece posible obtener algún consenso entre ellas.

Un poco cansado del tema antes de empezar a entenderlo, ubiqué una definición simple en Jameson, a partir de la cual redoblé mi interés por su obra. Para este autor, el posmodernismo no es más que la coexistencia de gran cantidad de rasgos muy distintos, pero subordinados bajo una "forma ecléctica en que un lenguaje funde de modo impersonal todo un compendio de idiolectos colectivos contemporáneos". [1]

Deduje una primera conclusión a partir de esto: Es inútil hacer eje en la conveniencia, existencia o aceptación del término "posmodernismo" y lo que este designa como opuesto o enfrentado al término "modernismo". Se trata no tanto de precipitarse en efectuar una crítica de dicho término o, incluso, una descalificación del mismo sino de pensar qué se dice a través de él. Como afirma Jameson al respecto, que por otra parte defiende el uso del término posmodernismo, para designar la forma cultural del capitalismo tardío: "En lugar de caer en la tentación de, o bien denunciar las complacencias del posmodernismo como un síntoma final de decadencia, o de alabar a las nuevas formas como las precursoras de una nueva utopía tecnológica y tecnocrática, sería más apropiado evaluar a la nueva producción cultural, a partir de la hipótesis que implica una modificación general de la cultura misma en el interior de la reestructuración social del capitalismo tardío como sistema."[2]

Este autor al considerar a la posmodernidad como la forma cultural del capitalismo tardío, se distancia tanto de J. Habermas como de J.-F. Lyotard que, sin nombrarlos, están en el horizonte del debate que propicia. En otro lugar, Jameson recuerda que "generalmente se ha definido el período posmoderno como la era del cinismo universal, en parte debido al triunfante proceso en que se ha desmitificado todo valor y reducido todo a la instrumentalización; de modo que lo que queda de los valores se nos presenta como propaganda o sentimentalismo. Pero la retórica de la desmitificación única exige cierta moderación. Nadie debe aprovecharse de la corrupción universal del sistema (es la vieja paradoja de la sátira: "si todo el mundo está podrido, ¿quién queda para contarlo sino el misántropo?") [3]

Jameson intenta mantener en sus textos, y muchas veces lo logra, un extraño equilibrio: ni denuncia, ni alabanza; interpretación... desde su perspectiva. Está convencido —y en esto dice seguir al Marx del Manifiesto comunista— de que el capitalismo es a la vez lo mejor y lo peor que le ha sucedido a la humanidad, y que su desarrollo hay que pensarlo como catástrofe y progreso al mismo tiempo.

Es discutible que a esta lógica que él emplea todo el tiempo, sostenida en un saber hacer con las paradojas en vez de eliminarlas y/o saturarlas, la ubique como imperativo dialéctico. También utiliza una categoría que él llama la cartografía cognitiva, que es su manera de reflexionar sobre la intersección entre lo individual y lo grupal, y sobre lo que hay mucho para aprender y acercar al campo del psicoanálisis.

Se trata de "permitir una representación situacional por parte del sujeto individual de esa más vasta totalidad imposible de representar que es el conjunto de la estructura...". [4] Vale aclarar que Jameson considera la cartografía cognitiva como la mejor manera de praxis que queda; alegoría que concluye en la propuesta de una estética del trazado de mapas cognitivos: "...una cultura política pedagógica que trate de proporcionarle al sujeto individual un nuevo y más elevado sentido del lugar que ocupa en el sistema global".[5]

Por último, en ésta pequeña introducción a algunos de los puntos salientes del pensamiento de Jameson, quiero destacar su idea sobre la utopía que retomará Zizek en el texto que nos convoca. Para Jameson la palabra utopía tiene al menos dos significados: es una "visión de la transformación de la sociedad o de la realidad colectiva, y es también un libro o un texto, una representación o forma de discurso utópico". [6] Se trata, para Jameson, más del impulso utópico que de la utopía como tal. Y este autor piensa que es el impulso utópico el que se ha debilitado en la actualidad más que cualquier variante de utopía. Por supuesto que su interés por este tema vuelve a poner en discusión para nosotros las relaciones entre el sujeto individual y lo colectivo social.

2. Sobre los "Estudios Culturales"
Este texto es el resultado de un comentario por parte del autor de una compilación sobre Cultural Studies, editada por Laurence Grossberg, de la cual no hay edición castellana. De cualquier manera no es esta una dificultad; pues, a pesar de la ausencia de los trabajos que comenta Jameson, quedan claros desde el principio de su escrito los temas centrales del debate: la interdisciplina, el estatuto del intelectual en nuestra época, la cultura —me detendré especialmente en el análisis, más que interesante que realiza el autor—, la o las utopías, el antagonismo grupal-social y el multiculturalismo, que es el tema que recorre a todos los demás.

Tomemos cada uno de estos puntos. Con respecto al primero de ellos, la interdisciplina, el autor es francamente crítico. Opina que "el esfuerzo interdisciplinario sigue existiendo siempre y cuando cada disciplina específica escamotee y reprima ‘rasgos fundamentales’ —aunque en cada caso diferentes— del objeto de estudio que deberían compartir". [7] Que este tema derive en el estatuto del intelectual contemporáneo es una respuesta parcial de Jameson al problema que plantea la interdisciplina. ¿Cómo plantea el autor esta cuestión? Afirmando que los "estudios culturales" giran precisamente en torno al estatuto del intelectual: ni observador de campo, ni viajero, ni turista. ¿Qué entonces? El intelectual es: "una marca también intermitente de pertenencia al grupo" y "una alteración del teórico y del nativo". [8]

A esta altura del análisis que Jameson realiza, desembocamos en la concepción que él tiene sobre la cultura. De ella afirma que se trata de un espejismo objetivo que surge de una relación entre, por lo menos, dos grupos. Así "una cultura es un conjunto de estigmas que tiene un grupo a los ojos del otro (y viceversa)". [9] Jameson lleva suficientemente lejos este argumento al afirmar que la relación entre los grupos no es natural: "es el contacto externo azaroso entre las entidades que tienen sólo un interior (como una mónada) y ningún exterior o superficie externa, con excepción de esta circunstancia particular en la que es precisamente el borde externo del grupo —mientras permanece irrepresentable— el que roza con el del otro". [9] De lo cual el autor concluye que la relación entre grupos se presenta siempre como violencia o lucha: " dado que la forma positiva o tolerante que tienen de coexistir es apartarse uno del otro y redescubrir su aislamiento y su soledad". [10]

Finalmente, sólo quedan dos variantes utópicas que ofrecer: ausencia de grupos en un mundo en el que sólo los individuos confrontan unos con otros o un grupo aislado del resto del mundo. Está claro que para Jameson los antagonismos de grupo son de estructura e imposibles de resolver como tales. No sin ironía, las variantes utópicas que presenta son una manera de poner al trabajo, más que resolver definitivamente, lo real del grupo una y otra vez que este represente, que emerja. En perspectiva, queda definida una crítica sutil al aislamiento de un grupo que pretende no contagiarse con otro grupo, renunciando así a un trabajo común y también al individualismo extremo de la confrontación con lo grupal mismo. Retengamos este análisis por un instante para establecer el lazo posible con el texto de Zizek.

3. Algo sobre el pensamiento de Zlavoj Zizek
Vale como antecedente para cualquier lectura que quiera hacerse de Zizek tener una noción de su forma de pensar la ideología. Siendo este un concepto ampliamente desarrollado por el autor, me interesa remarcar algunas ideas que aparecen en el libro donde él trata el tema [11].

Para Zizek, la ideología comporta una dimensión fundamental: no es una "falsa conciencia", una representación ilusoria de la realidad, "es más bien esta realidad a la que ya se ha de concebir como ideológica —ideológica es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia...".[12] Ideológica no es la "falsa conciencia" de un ser (social), sino este ser en la medida en que está soportado por la "falsa conciencia". Dimensión que, para el autor, es correlativa a la de síntoma. Pero, y al mismo tiempo, se puede argumentar que el nivel fundamental de la ideología es fantasmático, en tanto que la ideología estructura la realidad social. No tanto "el de una ilusión que enmascare el estado real de las cosas, sino el de una fantasía (inconsciente) que estructura nuestra propia realidad social".[13]

Zizek sabe que toda ideología no es sin fisura, que algo escapa a lo que la ideología intenta atrapar, encapsular. Concluye entonces, que "... la función de la ideología no es ofrecernos un punto de fuga de nuestra realidad, sino ofrecernos la realidad social misma como una huida de algún núcleo traumático, real". [14] El autor lleva lejos su análisis, revelando dos vertientes en el análisis de la ideología:

a) Discursivo: lectura sintomática del texto ideológico: "un campo ideológico determinado es el resultado de un montaje de ‘significantes flotantes’ heterogéneos, de la totalización de estos mediante la intervención de ciertos puntos nodales". [15]

b) El núcleo de goce articulado a toda ideología: "más allá del campo del significado pero a la vez interno a él, una ideología implica, manipula, produce un goce pre- ideológico estructurado en fantasía". [16]

La conclusión de Zizek es que la noción de fantasía social es la contrapartida necesaria del concepto de antagonismo social: "fantasía es precisamente el modo en que se disimula la figura antagónica. Dicho de otra manera, fantasía es el medio que tiene la ideología de tener en cuenta de antemano su propia falla". [17] Y, siguiendo a Laclau y Mouffe, recuerda que lo social es siempre un terreno incongruente estructurado en torno a una imposibilidad constitutiva, atravesado por un "antagonismo" central, real.

4. Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional
Creí necesario repasar algo de este tema central en la obra de Zizek, ya que en el artículo que aparece en el libro que estoy comentando define al multiculturalismo, desde el arranque, como la ideología "oficial" actual. Lo "actual" hace referencia a una época donde, supuestamente, han quedado atrás las pasiones políticas inmaduras, donde pasó de moda la noción de antagonismo social y que se ha dado paso a un "universo posideológico maduro". Pero, Zizek observa que en el mismo momento en que lo político es forcluido, retorna de lo real bajo las distintas formas del racismo, lo cual hace que la actitud tolerante racional sea absolutamente impotente. "En este sentido preciso el racismo posmoderno contemporáneo es el síntoma del capitalismo tardío multiculturalista y echa luz sobre la contradicción propia del proyecto ideológico liberal-democrático."[18]

La tolerancia "liberal" absorbe el Otro de la sabiduría hetérea y las costumbres encantadoras, pero denuncia como fundamentalista cualquier Otro real. En definitiva, en el capitalismo actual estamos en presencia de una paradoja quizás impensada algunos años atrás: sólo hay colonias, no países colonizadores. Las empresas globales y no el Estado-Nación poseen el poder de colonizar. Y aquí es donde aparece el multiculturalismo como la ideología oficial del capitalismo global. Pero Zizek avanza algo más en el tema, para afirmar que: "el multiculturalismo es una forma de racismo negada, invertida, autoreferencial, un racismo con distancia". Y más adelante: "el respeto multiculturalista por la especificidad del Otro es precisamente la forma de reafirmar la propia superioridad". [19]

En suma, el multiculturalismo es el esfuerzo ideológico de hacer invisible la presencia del capitalismo como sistema mundial universal. Hay algunas cosas más en este artículo sin un desarrollo extenso, pero que aportan líneas de trabajo en cada uno de los temas que el autor toca. Un pequeño agregado sobre el tema más general de la ideología a la cual propone como siempre autoreferencial, es decir, " se define a través de una distancia respecto a un Otro, al que se lo descarta y denuncia como ideológico". [20] Una discusión sobre el universal y la excepción en la que distingue entre una universalidad real, otra de ficción y una tercera definida como la de un ideal. Finalmente, la distinción entre un universal abstracto y uno concreto, destacando que la tensión entre ambos es irreductible.

5. ¿Convergencia, complemento y/o encuentro de pensamiento?
Para Eduardo Grüner, encargado de la introducción del libro, las obras de Jameson y Zizek son complementarias y así deberían ser leídas. Él asegura que Jameson se recuesta más sobre el marxismo y Zizek sobre el psicoanálisis. [21] También opina que son convergentes, al menos en la figura retórico-argumentativa que los atraviesa permanentemente: la ironía. De lo que no hay duda es que hay encuentro entre un pensamiento y otro.

Zizek, en ese aspecto, muestra un camino sobre el que muchas veces los psicoanalistas no sabemos transitar. La manera en que se deja influir por ciertos autores, conservando sus diferencias, debatiendo con ellos e influyendo a la vez en los mismos, hasta incluso hacerlos rever alguna posición teórica, indica una manera de leer y ser leído, a imitar. Se puede seguir el intercambio teórico efectivo y sus resultados en el debate Laclau-Zizek, por ejemplo, especialmente en torno al concepto de sujeto. Su pensamiento ha sido influido por Jameson, a quien cita en numerosas ocasiones.

En el texto que he comentado los entrecruzamientos se observan sin dificultad. Lo que Zizek llama "no-ideología" es lo que, según el propio autor, Jameson llama "momento utópico"; la ideología no es sin el modo de aparición, la distorsión o el desplazamiento formal de la no-ideología. De Jameson, Zizek rescata —a mi entender más que de cualquier otro autor— su conceptualización del posmodernismo no sin darle otra vuelta más cercana al psicoanálisis, sin ninguna duda.

Hemos visto lo que Jameson opina sobre los grupos y cómo define la cultura. Zizek sigue una perspectiva parecida al pensar la cultura como una manera de domesticar la pulsión de muerte: "Toda cultura es en cierto modo una formación-reacción, un intento de limitar, de canalizar, de cultivar ese desequilibrio, este núcleo traumático, este antagonismo radical, por medio del cual el hombre corta su cordón umbilical con la naturaleza, con la homeostasis animal."[22]

En fin, son muchos los puntos de encuentro teóricos entre ambos autores. Me detendré aún en uno más, haciendo eje en la posición de Zizek en lo que respecta a la dialéctica en Hegel.

6. Conclusión:
Del imperativo dialéctico de Jameson a la paradoja estructural dialéctica de Zizek

Zizek hace tiempo que insiste en sus obras sobre la influencia que ha tenido Hegel en el pensamiento de Lacan. Es quizás uno de los pocos autores que insiste en que la misma no se limita a los años 50 (donde la mención más frecuente es a la dialéctica del amo y del esclavo), sino que él considera que hay un núcleo hegeliano que persiste en el corazón de la problemática del Lacan "maduro" de los años 60-70. [23] Pero, lo que más le interesa al autor es combatir la idea que considera intuitiva de pensar la dialéctica como evolución, etapas —tesis-antítesis-síntesis. En esa dirección opina que: "es preciso desembarazarse de la noción habitual según la cual el proceso dialéctico avanza a partir de elementos particulares, limitados y "unilaterales" hacia una totalidad final" [23]. Para Zizek el giro dialéctico consiste en que la contradicción misma se vuelve respuesta. Así: "La síntesis es la antítesis, lo que pasa entre las dos y que no es sino una retorsión de la perspectiva, una comprobación retroactiva de que la solución se encontraba allí donde no se veía sino el problema. Que algo pase es porque ya se habrá presentado como impasse". [23]

Zizek critica la idea de que el proceso dialéctico culmina en la reconciliación de los opuestos, como así también la idea de que "... esta superación (Aufhebung) de las determinaciones externas, contingentes, nunca se produzca sin un cierto remanente: siempre hay un resto que se resiste a la internalización-superación dialéctica". [24]

Lo erróneo de esta crítica consiste —según Zizek— en que el momento final del proceso dialéctico la "superación de la diferencia" no consiste en el acto de su superación sino en la experiencia de que "la diferencia estaba siempre ya superada, de que, en un sentido, nunca existió efectivamente". [24] De lo cual deduce que la superación dialéctica es un "deshacer" retroactivo. El proceso dialéctico es circular, a través de él las cosas se convierten en lo que siempre ya eran. Llegamos entonces a lo que Zizek opina sobre la lectura que Lacan hace de Hegel: "La paradoja de Lacan consiste en que, aunque en sus enunciados explícitos él también suscribe lo que más tarde se convirtió en la argumentación decontructivista contra Hegel —el cuento de que hay siempre un resto que se resiste a la Aufhebung—, su trabajo teórico concreto va en sentido contrario y es hegeliano precisamente donde él mismo no lo sabe." [25] De lo cual Zizek deduce que aun cuando Lacan refuta a Hegel lo hace con argumentos hegelianos. De todo este análisis concluye en lo que llama: "la típica paradoja estructural dialéctica: un efecto que sólo existe para borrar las causas de su existencia, de un efecto que en sentido ‘se resiste’ a su propia causa". [26]

Si me detuve en este análisis es para mostrar, una vez más, el punto de proximidad entre la obra de Zizek y Jameson de quien sugerí en la "Introducción..." que retuvieran su idea del "imperativo dialéctico". Dije allí que se corresponderá a una lógica sostenida en un saber-hacer con las paradojas. Para terminar, forzaré un entrecruzamiento con el propio Lacan cuando afirma: "Recordaré tan sólo que ninguna elaboración lógica, desde antes de Sócrates y de otras tradiciones que la nuestra, procedió nunca de otra cosa que de un núcleo de paradojas, para utilizar el término admisible por todos con que designamos los equívocos que se sitúan a partir de este punto, que, por llegar aquí de tercero, es lo mismo primero o segundo."[27]

 
 
Notas
1- Jameson F., "El Posmodernismo como lógica cultural del Capitalismo tardío", en Ensayos sobre el Posmodernismo, Buenos Aires, Imago Mundi, 1991, pág. 72.
2- Jameson F., "Las políticas de la teoría. Posiciones ideológicas en el debate posmodernista", en Ensayos sobre el Posmodernismo, Buenos Aires, Imago Mundi, 1991, pág.101.
3- Jameson F., "La totalidad como conspiración", en La estética geopolítica, Barcelona, Paidós, 1995, pág. 83.
4- Op. cit., n. 1, p. 83.
5- Op. cit., n. 1, p. 86.
6- Jameson F., "Utopía de la Posmodernidad", en Revista Confines Nº 1, Buenos Aires, 1995.
7- Jameson F., "Sobre los estudios culturales", en Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Buenos Aires, Paidós, 1998, pág. 76.
8- Ibíd. pág. 83.
9- Ibíd. pág. 102.
10- Ibíd. pág. 104.
11- Zizek Z., El sublime objeto de la ideología, México, Siglo XXI, 1992.
12- Ibíd, pág. 46-47.
13- Ibíd, pág. 61.
14- Ibíd. pág. 76.
15- Ibíd. p. 171.
16- Ibíd. p. 172.
17- Ibíd. p. 173.
18- Zizek Z., "Multiculturalismo o la lógica cultural del Capitalismo multinacional", en Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Buenos Aires, Paidós, 1998, pág. 157.
19- Ibíd. p. 172.
20- Ibíd. p. 156.
21- Grüner E., "El retorno de la teoría crítica de la cultura: una introducción alegórica a Jameson y Zizek", en Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Buenos Aires, Paidós, 1998.
22- Op. cit., n. 11, p. 27.
23- Zizek Z., "El más sublime de los histéricos", en Histeria y obsesión, Buenos Aires, Manantial, 1994.
24- Zizek Z., Porque no saben lo que hacen, Buenos Aires, Paidós, 1998, p. 91.
25- Ibíd p. 131.
26- Ibíd. p. 138.
27- Lacan J., "El atolondradicho", en Escansión Nº 1, Buenos Aires, Manantial, 1984.