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Sobre el Cartel
Saberes que no se recubren

Por Liliana Mauas

Coloquio 2001, La formación del analista.

En la conversación hay que huir de lo ya sabido como nos dice J.A. Miller, lo que solo puede ofrecer luchas de erudición. La conversación entonces si es posible, lo es, solo en dirección a lo que es no sabido, en el borde mismo de la ignorancia, por lo cual hay que vérselas con los imposibles lógicos que Lacan retoma de Freud.

Es entonces desde este sesgo que intentaré transmitir un posible anudamiento entre la experiencia del análisis y la experiencia del cartel, en relación al saber, a la formación del analista y a lo imposible de enseñar.

Escuela, Cartel y Pase, son conceptos solidarios y están basados en la misma lógica, el No-todo del Cartel, está en serie con el No-todo del saber, con el No hay el analista y con la inconsistencia de la Escuela, lo que nos confronta con el S(A) tachado.

Es desde esta perspectiva que se puede ubicar la experiencia del análisis de un Sujeto a partir de la lógica de la conversión, ir de lo sabido a lo no sabido en tanto hay un avance del saber sobre el goce; este concepto princeps de lo que implica la experiencia de un análisis para un parletre, va de la mano de lo imposible de enseñar en lo epistémico, en tanto punto de ingnorancia estructural, velado por el amor al saber que encubre el horror.

Por un lado tenemos la experiencia del análisis que apuesta al deseo de saber, que se encuentra en consonancia con el deseo del analista y por otro lado en términos de vecindad, tenemos el cartel que con su incitación al saber, como espacio de elucubración de saber permite a los trabajadores-analizantes de la Escuela, avanzar en el camino de lo que no se sabe, intentando que el psicoanálisis esté a la altura del malestar de nuestro tiempo. Es entonces que el cartel queda asociado a la formación del analista entre el bien-decir de la retórica y el matema en tanto lo que escapa al cálculo. Es así que lo real en juego en la formación del analista bascula entre el real a ubicar en la cura y el real que corresponde a la Escuela en tanto política institucional.

"La escuela debe renunciar a su propio semblante de saber haciendo confesión de su ingnorancia, la escuela debe ponerse a trabajar", es por este sesgo que hablamos de los trabajadores decididos, los enseñantes en posición de analizante, ya que la formación no es más que la puesta al trabajo en la experiencia de la práctica y en la experiencia del cartel, en tanto transmisión de un saber que no se transmite por la enseñanza.

La escuela deviene entonces el lugar para transmitir y testimoniar evitando que la hiancia se cierre y dando lugar a la invención en tanto producción particular del Uno por Uno.