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Psicoanálisis y sociedad
 
El psicoanálisis y el vínculo social

Por Judith Miller

Presidenta de la Fundación del Campo Freudiano

Para seguir el paso del no seguir el paso de la corriente, que dice bien la política del psicoanálisis lacaniano en la actualidad, publicamos a continuación un extracto del discurso pronunciado por Judith Miller en el Acto de Clausura de las IV Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, De la utilidad pública del psicoanálisis, celebradas en Barcelona el 26 y 27 de Noviembre pasados. [1]

Hemos escuchado este fin de semana numerosos trabajos clínicos que describen y también dan cuenta de la dirección de tratamientos evocando y desarrollando sus consecuencias para cada sujeto.

No es la primera vez que escuchamos los resultados de la elaboración de prácticas cotidianas en la clínica privada y en las instituciones privadas o públicas. Esta vez, sin embargo, es la primera vez que se hace bajo el título de la utilidad pública. Es la primera vez que el psicoanálisis afirma aquello que ya se sabe pero que no se decía, aquello que es tan evidente que puede quedar escondido y que no parecía necesario poner a cielo abierto.

Estos últimos años hemos tenido que confrontarnos, en el Campo Freudiano, en sus Escuelas, en sus Institutos, en sus Secciones Clínicas, en sus redes de grupos específicos, con una nueva configuración de la cultura. Esta configuración necesita explicitar ahora la utilidad pública del psicoanálisis.

¿Cómo es posible que, después de casi cien años de la publicación del texto de Freud "El malestar en la cultura", tengamos que desarrollar e insistir sobre este tema?

Diré brevemente cuál es mi respuesta a esta pregunta.

Asistimos hoy a la articulación de una promesa de felicidad que se convierte en un deber y a una universalización del derecho a la felicidad. La cultura de la globalización pretende realizar tal promesa a través de las leyes del mercado y de sus implicaciones en la vida cotidiana. El libro de Jean-Claude Milner, "La política de las cosas", -que espero será pronto traducido al castellano- designa con este término, "la política de las cosas", esta vinculación de la trampa de la promesa de felicidad con los imperativos de las leyes del mercado. Jean-Claude Milner ubica la responsabilidad del Campo freudiano y de la orientación lacaniana como un "deboitement" -como un "no seguir el paso"- ante estos imperativos.

El Campo freudiano ha tomado posición, y ayuda a cada uno a tomar posición, en este contexto. No se trata de una mera posición "anti-" que conduciría a una acción que participa y refuerza aquello que rechaza. El "deboitement" -el no seguir el paso- significa abrir el espacio de una política que permita no reducir al ciudadano a un mero usuario de servicios y a un productor-consumidor en una economía mundializada.

Es el movimiento que produce en la marcha del regimiento de un ejército un desplazamiento, una perturbación. Es el movimiento de un coche que se sale de la fila para ir hacia otro camino.

El movimiento lacaniano opera un "deboitement" -un salirse de la fila- abriendo un espacio donde pueda reintroducirse la palabra de un sujeto que está siempre dividido, donde el equívoco pueda ser escuchado.

Este espacio es el espacio de la humanidad que permite tener otro recurso que la repetición o el pasaje al acto. Esta humanidad está amenazada por el hecho de quedar reducida al mutismo a través de las normas y de sus protocolos establecidos, así como por todas las técnicas que manejan la sugestión y el forzamiento autoritario.

En Francia hemos visto recientemente cómo el fuego se ha encendido como una epidemia en una coyuntura donde los jóvenes no tienen ningún lugar para concebir un futuro en un presente que se caracteriza por un desconocimiento total de ellos. A través de la injuria piden el respeto.

Mucha gente está ya decidida a elegir el "deboitement", a resistir activamente a la estandarización que se impone en nombre de los derechos universales de los seres humanos.

Pienso que el psicoanálisis contribuye a esta resistencia activa y responde a su necesidad. El psicoanálisis no está solo en esta coyuntura, está acompañado por la opinión ilustrada y tiene la responsabilidad de ampliar esta opinión, de hacerse más presente y visible en la opinión pública.

Esta es también una tarea de utilidad pública que evita la dimisión, la depresión, la violencia, y también el aburrimiento.

(…)

 
 
Notas
1- La Gaceta del Consejo No. 32 (Enero 2006).