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Relativos a la AMP - IV Congreso AMP: La práctica lacaniana
Nº 2 - Serie II. 13 de Mayo de 2003
Hacia el Cuarto Congreso de la AMP.

SUMARIO:

Línea 19
PRESENTACIÓN
Por Andrés Borderías

Línea 46
EL TIEMPO, LA IPA Y LA SESIÓN CORTA
Por Alicia Calderón de la Barca

Línea 323
LOS TIEMPOS EN PSICOANÁLISIS: DEL TRAUMA AL POSTANALÍTICO
Por Hebe Tizio

Línea 679
TIEMPO Y ESCANSIÓN: LA SESIÓN CORTA
Por José Ramón Ubieto

Línea 898
EL TIEMPO DEL INCONSCIENTE COMO ESCANSIÓN
Por Araceli Fuentes

 
Línea 19
PRESENTACIÓN
Por Andrés Borderías

Ha transcurrido algún tiempo desde las famosas Controversial Discusión, que concluyeron con un pacto político entre annafreudianos y kleinianos sobre el setting, a falta de un acuerdo sobre los principios de la práctica analítica. Hoy por hoy, 60 años después de la crisis, la IPA reconoce cambios en la concepción del setting y del timing, cierta variabilidad pragmática, que no cuestiona el punto central: su fundamentación en el concepto y el "manejo" de la contratransferencia. El texto de Alicia Calderón de la Barca nos introduce a la reflexión actual en la IPA sobre el tiempo y la sesión corta.

¿Puede un sujeto cambiar su modalidad de relación con el tiempo? Hebe Tizio, explora esta cuestión, a partir del desarrollo de la relación entre  tiempo y goce, tomando tres puntos: Tiempo y  trauma, Los tiempos de la cura y El tiempo del postanalítico.

Por último, los trabajos de José Ramón Ubieto y de Araceli Fuentes abordan la escansión como concepto clave en el manejo del tiempo en la sesión analítica, para hacer emerger que en la orientación lacaniana el manejo del tiempo encuentra su fundamento en el deseo del analista.

Desde hoy, podrán acceder a los números anteriores de 125 Líneas a través de la web de la ELP: www.elp-debates/publicaciones1.htm

Fe de erratas: El título del texto de Amanda Goya del Nº1 es "El tiempo del Inconsciente y el de la Ciencia: La Flecha del Tiempo".

 
Línea 47
EL TIEMPO, LA IPA Y LA SESIÓN CORTA
Por Alicia Calderón de la Barca

El año pasado J.-A.Miller planteaba en su Curso la necesidad de un aggiornamiento de las opiniones IPA. Es el punto que nos hemos planteado con respecto al tema de la temporalidad en la sesión analítica.

Mi primera aproximación para esa actualización fue leer dos entrevistas que en  2001 hicieron, en la EOL, a los presidentes de los grupos de la Internacional en Argentina; ambos presidentes comentaron los "grandes cambios" producidos en su institución. El Dr.Aryan, presidente de APdeBa quiso responder a lo que consideró un error de información de J.-A.Miller cuando dijo que en la Internacional no hay lacanianos y afirmó: "Para nosotros los seminarios sobre Lacan para la formación de analistas son tan obligatorios como los de Freud y Melanie Klein incluso desde hace más tiempo que en el Instituto, porque allí sólo hace dos años que es obligatorio mientras que para nosotros hace ya cinco".  Luego precisó que en su institución "no hay una actitud fanática. Aquí se estudia a Lacan" dice, "pero no se defiende a Lacan".[1]

Por su parte el Dr.Fainstein, presidente de la APA, afirmó que en la actualidad ya no se jerarquizan los standards sino que se privilegian los efectos de la práctica, aunque de todos modos, se jerarquiza la noción de proceso y se insiste en la necesidad de una alta frecuencia de sesiones para el análisis didáctico. Otro punto que quiso resaltar es que "ya que la mayoría de los candidatos estudia actualmente a Lacan, su clínica tiene esa marca, aunque ellos no se denominen a sí mismos lacanianos". Cuando se le preguntó qué interesa de Lacan en el Instituto, respondió que su forma de leer a Freud y la jerarquización que da al discurso, el lugar del padre, el deseo, la pulsión, la castración, la transferencia. Y agregó que, por supuesto, " siempre dentro del pluralismo porque va junto al concepto de holding de Winnicott, o al de identificación proyectiva, o al estudio de la psicosomática según Green y su trabajo sobre representabilidad, también Garma, Rascovsky, Cesio, Liberman" [2]y un largo etcétera… Lo cierto es que mientras leía estas entrevistas yo me decía que con toda esta ensalada teórica será bastante difícil deslindar qué es marca de qué.

Sobre el material de estos últimos años al que he tenido acceso puedo decir, en -términos generales- que si bien siguen existiendo las clásicas dos líneas en la IPA, los annafreudianos de la ego-psychology por un lado  y los kleinianos por el otro, hay también, fundamentalmente, unas mezclas tipo Kernberg que son producto, sin duda, del fervor ecléctico sostenido por las instituciones y que ambos presidentes defienden. Un eclecticismo defendido apasionadamente en nombre del "pluralismo".

Incluso los mismos kleinianos son "plurales" porque hay que distinguir -por lo menos del lado sur de América, la IPA "viva" estilo Argentina que menciona Miller en alguna de sus cartas- a los kleinianos que siguen líneas marcadas por Pichón Riviere con la influencia Meltzeriana del pecho-inodoro como Etchegoyen, o los kleinianos que se inscriben en una línea gestáltica-merleau pontiana como el matrimonio Baranger y su teoría del campo bipersonal de la fantasía inconsciente compartida en la pareja analítica,  o los rascoskivstas defensores del psiquismo fetal, como Fidias Cesio, o los que también siguen a Pichón Riviere pero que se inscriben del lado de Margaret Mahler con la invención del concepto de núcleo simbiótico, previo a las relaciones objetales, que se pone de manifiesto en el encuadre, como el último Bleger y los post-blegerianos como Joel Zac.

En Inglaterra y Canadá, los seminarios sobre Lacan van en el mismo pack, llamado el French Group, junto a P.Aulagnier, A. Green y Laplanche. Sin temor a equivocarnos podemos decir que, provengan del lado geográfico que provengan, estos psicoanalistas libres de "fanatismos" son "libremente eclécticos".  Es el régimen del "anything goes" como lo ha llamado Miller en una referencia al epistemólogo Feyerabend; en el  mundo del "todo vale" en la teoría analítica verificar la "marca de lectura-de-formación que se supone marcará el estilo" es una tarea casi imposible.

Comprobamos que desde hace algunos años Lacan ya no es un tabú como lo fue en la década de los 60 o principios de los 70, si bien es una referencia que, en términos generales, parece que se conoce a partir de comentaristas y cuando hay lectura directa no sobrepasa 1964.

Entonces, ¿qué opinan hoy del tema temporalidad y las sesiones cortas? Del material investigado puedo decir que encontré pocos artículos, no más de tres, que traten del tema tiempo; hay entre ellos un punto de coincidencia: todos parten de problemas clínicos y de cierto padecimiento en el que se encuentra el analista y a partir de allí, uno esboza alguna tímida crítica al tiempo standard,[3]otro plantea algún cambio puntual en la estrategia interpretativa del ahora y aquí.[4]Hay un sector que se muestra preocupado y que promueve una flexibilización del setting [5] mientras que hay también otras voces que piden normativas o standards aún más rígidos para aquellos que se presenten como candidatos.[6] Pero la mayoría de los autores, cuando se refiere al tema tiempo, utilizan un criterio puramente cuantitativo, ya sea sobre la duración de la sesión o sobre la cantidad de sesiones que se suponen necesarias para diferenciar un psicoanálisis de una psicoterapia o un psicoanálisis didáctico.

Sobre el material consultado voy a comentar más extensamente un artículo de 1997[7] de un inglés llamado James Rose, de la Escuela Británica. Lo he elegido por dos motivos: en primer lugar porque es el único entre el material revisado, que cita expresamente las sesiones cortas de Lacan; en segundo lugar, porque intenta un razonamiento con relación al tema tiempo y una crítica al tiempo standard, aunque su razonamiento es muy discutible y bastante farragoso. Voy a simplificar las referencias para dejar sólo una guía de las esenciales.

El artículo se llama "Distorsiones del tiempo en la transferencia -Algunas implicaciones clínicas y teóricas-". Rose comenta que su interés sobre el tema del tiempo comienza en lo cotidiano del trabajo clínico, a partir de la observación de algunos pacientes que crean un sentido característico del tiempo en la transferencia y que se manifiesta, a veces, en colisión con las estructuras temporales del setting. Se refiere luego a que los griegos distinguían dos sentidos del tiempo: chronos, tiempo del reloj y kairos, un tiempo especial y significativo y esto le hace pensar que cuando en la clínica se ven pacientes en los que el tiempo está distorsionado es una evidencia de una realidad psíquica con un espacio-tiempo diferente; que un paciente puede darse un espacio-tiempo kairos como defensa frente a la insistencia de chronos.

Esta es su propuesta que se plantea a partir de la teoría de las relaciones de objeto, como oposición al trabajo de Money-Kyrle que desarrolla la preconcepción-innata del espacio-tiempo según la teoría neo-platónica de Bion. Desarrollo que es una justificación teórica del esquema: estable-pecho-bueno=tiempo standard.  Rose se opone porque el innatismo implica plantear un esquema tiempo-espacio continuo que se opone a sus categorías kronos-kairos.

Expone dos ejemplos clínicos que denomina fijación y repliegue psíquico. Para entendernos, se trata de una histeria y una neurosis obsesiva y  los compara entre sí para mostrar los procesos inconscientes que subyacen en las distorsiones del tiempo en cada uno y cómo se manifiestan en el ahora y aquí de la transferencia y el encuadre. Lo que se verifica es que el problema para el analista se presenta con el segundo paciente, el obsesivo, sus rumiaciones y la eternización del tiempo frente al cual el analista y su técnica interpretativa se encuentra paralizados.

La relación de objeto, dice Rose, sea la que sea, implica conceptos de tiempo y espacio, aceleraciones o detenciones que se relacionan a la noción de tiempo aunque se plantea que el marco tiempo-espacio es un continuo. Aquí nombra a Einstein y la teoría de la relatividad que cuestiona la noción de continuo aunque refiriéndose a objetos físicos pero, dice Rose, esa es una verdad también para la dinámica de los objetos psíquicos. Se apoya luego en la revisión que, en 1932, hace Freud de la teoría de los sueños en la que plantea que el tiempo está referido en términos espaciales y también al final de la "Nota sobre la pizarra mágica" donde Freud habla "del trabajo discontinuo del sistema P-Cc. en el que se basa la representación del tiempo". Concluye entonces que tiempo y espacio no son independientes uno del otro, que hay otro sentido del tiempo que el cronológico y termina relacionándolo con la ausencia de tiempo en el inconsciente que podría provenir de la discontinuidad del funcionamiento de la percepción. Sorprendente conclusión en corto-circuito. Todo este razonamiento para terminar en la variación psicológica del sentimiento del tiempo; y es sobre ésta cuestión que luego tomará a Lacan como referencia.

Aunque su conocimiento de Lacan parece provenir, fundamentalmente, de un comentarista llamado Kurtz S.A., cuyo trabajo: "El psicoanálisis del tiempo" no he podido encontrar, Rose hace un comentario con respecto a la sesión corta basándose en el ejemplo del obsesivo de Función y campo…  En su artículo que es bastante largo, Rose ha venido haciendo la crítica a la concepción de la realidad que tiene tanto la ego-psychology como los psicólogos del self, y dice: "…la concepción que tiene Lacan es radicalmente diferente de estos dos, para los lacanianos el analista no está presente como un representante de la realidad del sentido común ni tampoco se ofrece como un objeto del self, sino que se sitúa y permanece como un Otro radical, imposible, desafiando la meconnaissance del yo del paciente. Si lo relacionamos con estas ideas se ve perfectamente que hay una exposición razonada en Lacan para plantear las sesiones cortas. Esto es así particularmente para el paciente obsesivo en razón de su tendencia a transformar el tratamiento en una especie de refugio, de repliegue psíquico acomodándose, de ese modo, en una posición confortable. Así el obsesivo controla el análisis usando al analista como un Otro ideal que está allí para verificar lo que el sujeto piensa y cree y el analista es como si fuera un espejo que reflejara la propia imagen narcisista del sujeto". Que se atribuya a Lacan que el analista debe identificarse al lugar del Otro es un error común de lectura, lo he encontrado también en Etchegoyen[8].

La conclusión de Rose es que la clínica muestra que la percepción del tiempo puede estar distorsionada, como sucede en el obsesivo de su caso para el que su relación en la transferencia parece mostrar un deseo de eternización para que nada cambie. Su conclusión, entonces, es que es más útil pensar en settings con una dialéctica tipo chronos-kairos.  La otra conclusión es que es preciso una definición de las razones para la creación de settings particulares así como una re-definición de las razones para tratar a alguien cinco veces a la semana mientras que, tal vez, para otros sea conveniente atenderlos menos frecuentemente.

Como vemos no es que defienda la sesión corta sino que busca razonamiento o argumentos para poner a discusión un setting de tiempo variable, no basado en la lógica de la sesión sino en razón de la diferente temporalidad psicológica.

De los que tratan el tema de la duración de las sesiones o de la duración del tratamiento en general nos encontramos con intentos de justificación de los standards que incluyen explicaciones sorprendentes como la de P. Aulagnier,  que en 1979, dice: "la sesión tiene que ser lo más larga posible, entre 45 y 60 minutos, que es el lapso de tiempo determinado para la capacidad de escucha del analista" [9]; sin embargo, por sorprendente que parezca este argumento no deja de ser una repetición de aquel artículo de Greenacre[10], de 1954, que hablaba de "un pattern orgánico del analista y su escucha establecidos en 45/60 minutos". Greenacre intentó fundar teóricamente los standards diciendo que "la duración siempre fija, siempre la misma, permite la adaptación a la realidad cotidiana del lado del paciente, mientras que del lado del analista permite un proceso de simbolización adecuado, por otro lado este mantenimiento impide posibles desviaciones contratransferenciales".

¿Qué argumentan la mayoría de los analistas orientados en el grupo de la relación de objeto? Por ejemplo, dos psicoanalistas argentinos que siguen la línea de L.Grinberg han trabajado el tema del encuadre y la temporalidad [11] y dicen que "frente a la variabilidad del tiempo interno del paciente, el mantenimiento por parte del analista de la duración de la sesión así como la puntualidad en su comienzo y en su finalización posibilita el ofrecimiento de un objeto estable" y que "la regulación temporal del analista, siempre la misma cantidad de minutos, facilita la detección e interpretación de las fantasías depositadas en, a veces, muy pequeñas alteraciones del encuadre temporal, que por haberse ritualizado dejan de ser tomadas en cuenta por el analista". Más claro no se podría decir que de lo que se trata es de la ritualización del "analizando", como denominan al sujeto en análisis.

No obstante el eclecticismo hay un punto en el cual las opiniones del "ipeísmo", para nombrarlos como lo hace Miller, convergen: la contra-transferencia. Es el verdadero tema que une a las dos Américas. Un tema central al que se opuso Lacan desde siempre. J.-A.Miller incluso dice que el verdadero motor de la enseñanza de Lacan es el rechazo de la contratransferencia.

Hay que decir que el concepto mismo de contratransferencia es motivo de controversia en la Internacional, unos[12] pretenden que se trata de una "comunicación de inconsciente a inconsciente, que en el analista ‘resuena la idea inconsciente’ en lugar de hacer el síntoma"  -como una identidad de pensamiento- mientras que otros muestran su preocupación por las diferentes maneras de entender lo que realmente es la contratransferencia, mientras lanzan esta alerta: "cuidado con la enfermedad profesional que amenaza al analista, la omnipotencia, al racionalizar las propias limitaciones y dificultades como meros fenómenos proyectivos del paciente".[13]Pero más allá de esas discusiones el elemento de encuentro es la relación bi-personal y el tema de la subjetividad del analista en primer plano; porque es la división subjetiva del analista en la sesión misma lo que se pone en juego y ese es el tema que está detrás de la regulación del tiempo.

Si Lacan sostiene en Posición del Inconciente que "la transferencia está ligada al tiempo y su manejo", este punto es específicamente criticado por Etchegoyen en su libro sobre técnica. Considera que la frecuencia y duración de las sesiones son constantes absolutas -en esto está de acuerdo con Bleger: "cinco sesiones y el corte nítido de fin de semana".

Con respecto a la extensión de las sesiones, Etchegoyen considera "inaceptable la sesión de tiempo libre de Lacan", que su fundamentación es insuficiente y que lo que corresponde es interpretar y no sancionar por medio de una acción y "conste que le concedo al analista lacaniano una objetividad que yo no me reconozco ni a mí mismo porque no confío en la objetividad de mi contratransferencia" [14]. No, porque es la subjetividad lo que está en juego. Muchas cosas han cambiado, pero hoy como ayer el tema fundamental es que tanto el analista como el paciente comparten el mismo lugar del sujeto.

El pequeño broche lo pone Etchegoyen unas páginas más adelante, y con esto termino: el planteo inamovible de una reglamentación horaria tiene su sanción, ya reglamentada también, para los que no se ajusten a la norma, Etchegoyen coincide plenamente con Laplanche: "toda manipulación del setting, toda acción sobre el encuadre constituye un acting out del analista". [15]

 
NOTAS
1- Asbed Aryan- (2001) Entrevista en El caldero de la Escuela Nº 87-pag. 89
2- Abel Fainstein-(2001) Entrevista en El caldero de la Escuela Nº 86- pag.64
3- Sabbadini A.(1989) Boundaries of timelessness. Some thoughts about temporal dimension of the psychoanalytic space. Int.J.Psychoanal.70: 305-313
4- Fink Klaus (1993) The bi-logical perception of time- Int.J.Psychoanal.74,303
5- Rose James (1997) Distortions of time in the transference- Int.J.Psych.78-3
6- Quinodoz D.(Geneva)1992- The setting as the container Function- Int.J.Psych.73- 631
7- Rose James (1997) art. citado
8- Etchegoyen R.H.(2002) Los fundamentos de la Técnica psicoanalítica (2ª edición ampliada) Amorrortu editores (pag.669)
9- Aulagnier-Castoriadis (1979) Nouvelle Revue de psychanalyse- nº20,p.249)
10- Greenacre P. (1954) Grenacre en Journal of American Psychoanalytic Association-1954, Vol.II
11- Gioia T. y Rabih M.(1973) Encuadre y temporalidad. Revista de Psicoanálisis- Ed-APA- Tomo XXX- Nº1
12- Cesio Fidias (1970) Comentario en la Tercera Jornada sobre Actualización de Teoría y técnica psicoanalítica- Revista de Psicoanálisis-Ed.APA-Tomo XXVII- Nº 2
13- Sluzki C.(1970) Comentario en la Tercera Jornada sobre Actualización de Teoría y técnica psicoanalítica- (Revista citada)
14- Etchegoyen R.H.(2002) Los fundamentos de la Técnica psicoanalítica (2ª edición ampliada) Amorrortu editores- pag.554
15- Etchegoyen R.H. Obra citada -pag.561
 
Línea 323
LOS TIEMPOS EN PSICOANÁLISIS: DEL TRAUMA AL POSTANALÍTICO. *
Por Hebe Tizio

"La palabra que un ser humano guarda como de su misma sustancia, aunque la aprendiera o la formara él mismo un día. La que no se dice porque al decirla la desdeciría también al darla como nueva o al enunciarla, como si pudiera pasar; la palabra que no puede convertirse en pasado y para la que no se cuenta con el futuro, la que se ha unido con el ser."
María Zambrano 

Para comenzar a pensar la cuestión del tiempo en psicoanálisis he tomado tres puntos:
1- Tiempo y  trauma: que permite interrogar sobre lo que sucede con esta primera orientación temporal en relación con el goce y sujeta por tanto al síntoma.
2- Los tiempos de la cura.
3- El tiempo del postanalítico que permite también una aproximación de lo que sucede con los dos anteriores.

1. Lo fundacional: tiempo y trauma.

El tiempo ya está planteado desde Freud en relación con el goce - y por eso J.-A.Miller habla de una erótica del tiempo- hay un exceso o un menos, un anticipar o un diferir. Lo que muestra  que la medida del término medio, la hora justa o la cantidad precisa, no son de este mundo, lo que es otra forma de leer la falta de proporción sexual.

Pero hay otra cuestión más que le da al tiempo del trauma su carácter fundacional y es que allí se inscribe la modalidad de hacer con el tiempo en tanto se marca con la vivencia de la satisfacción. Esto hace que el tiempo cronológico, es decir el tiempo social, quede "subjetivado" por efecto de una interpretación, de una elección sobre el goce. El sujeto es efecto de esa respuesta lo que quiere decir que lee siempre el tiempo de la misma manera.

Por eso Lacan en Hamlet [1]señala que en la neurosis lo que constituye el sustrato de la relación con el objeto en el plano fantasmático es la relación del sujeto con el tiempo y agrega: "El objeto se carga de esa significación que se persigue en lo que llamo la hora de la verdad. El objeto siempre llega con retraso o con demasiada antelación." En la neurosis se repite algo del trauma inicial, "demasiado pronto" o "demasiado tarde", lo que Lacan llama una inmadurez fundamental.

Sobre ese horizonte se recorta el objeto y por eso Lacan señala que el sujeto aprende a leer la hora en el objeto. Pero, si  cada uno tiene dentro de sí la medida de su tiempo -lo que hace que no haya la misma medida universal- y por ello deviene necesario el tiempo social del reloj, ¿no estaríamos en un nuevo inmanentismo?. No se trata de algo que va unido a una esencia sino a algo que hace las veces de ser, el objeto, y que es la proporción que se ha fijado porque hay una falta de proporción radical.

Dicho en otros términos, el inconsciente no conoce el tiempo pero el goce sí. Esta ya es una primera cuestión de importancia para considerar el tiempo breve de la sesión y se entiende su importancia en la orientación lacaniana en tanto implica poner en juego el goce.

De entrada el analizante impone su tiempo, o mejor dicho, al analizante se le impone su tiempo. Una breve referencia clínica sobre el ritmo como rasgo de un sujeto. El ritmo tiene que ver con la proporción, allí donde no la hay, algo se fija; con el tiempo de los movimientos, con el orden de sucesión... Una analizante decía: "La mañana es sagrada, no me gusta tener prisas, quiero que el tiempo no me fuerce y me deje distenderlo todo lo más que da de sí. De pequeña ya era así, levantarme, ir al colegio…tengo el ritmo lento…". Ese ritmo lento fue sin duda una dificultad para aceptar el tiempo breve y tuvo una primera modificación con la formulación del tiempo masticado como un "chicle".

La modalidad de goce de cada uno está tramada en una relación con el tiempo, lo que  marca un estilo. Esto abre la pregunta sobre las modificaciones que sufre este punto con el análisis...

2. Los tiempos de la cura.

¿Cómo funcionan presente, pasado y futuro? El presente es algo cambiante que proyecta pasado y presente, es el presente histórico, es decir, desde donde se construye la historia como relato, desde donde se cuenta la historia. Dicho esto se puede anticipar lo interesante que esta cuestión resulta para el psicoanálisis en la medida en que el analizante cree introducirse en un "aparato de relato" o para utilizar un término de Leroi-Gourhan [2] en un "aparato de memoria" sostenido bajo transferencia, que tiene sin duda sus particularidades ya que remite al funcionamiento del sujeto supuesto saber.

La clínica psicoanalítica recoge los avatares de la subjetividad esencial del tiempo. También vemos en la clínica, la relación, en cada caso, con el tiempo breve de la sesión y las necesarias maniobras del analista para introducir esa temporalidad que desbarata el pensamiento.

Para el psicoanálisis no se trata de considerar el presente como pura negatividad sino que, como lo señala J.-A.Miller [3], hay que considerar el presente de la experiencia como teniendo un cierto espesor. En ese espesor se juega algo del tiempo fundacional, del tiempo de la sesión, de los tiempos de la cura y se vuelve a plantear la cuestión en el postanalítico. Con esta puntualización J.-A.Miller retoma una referencia de Lacan en el Seminario V [4] cuando habla de las relaciones de la cadena significante en relación con la corriente del significado y señala el deslizamiento recíproco y también su ligazón.

"Esta noción de presente va a ser extremadamente importante, pero un discurso no es justamente un acontecimiento puntiforme a lo Russell, si puedo decir; un discurso es algo que tiene un punto, una materia, una textura, y no solamente algo que toma tiempo, que tiene una dimensión en el tiempo, un espesor, que hace que no podamos absolutamente contentarnos con el presente instantáneo...".

El término espesor es puesto en relación con la topología a partir del Seminario La identificación y es esta la vía que permitirá entender cómo el espesor tiene que ver con el objeto a. La diferencia con los aparatos de memoria o de relato de la historia o la literatura es que se incluye de manera explícita la dimensión del objeto, que es lo que sostiene el aparato porque es lo que responde a la falta de proporción radical que el psicoanálisis escribe como A barrado.

En el Seminario del 11 de abril de 62 Lacan precisa refiriéndose al toro:" Es esto lo que simboliza ese circulo no reductible, lo que quiere decir que si ustedes lo suponen realizado por una cuerda que pasa siempre por ese pequeño arco que nos servirá para cerrarlo, no podemos reducirlo a algo puntiforme, permanecerá siempre, sea cual fuere su circunferencia, en el centro la circunferencia de lo que podemos llamar ahí el espesor del toro".

En síntesis, Lacan opone un cierto espesor de la dimensión temporal que viene de la libido a la fugacidad del presente instantáneo. El espesor hace referencia a condensación, a continuo, a repetido, a unión o cantidad...El espesor lo aporta el objeto a que tiene una cierta duración y que condensa goce. Cada objeto tiene su propia temporalidad, el instante de la mirada, la voracidad en relación con el objeto oral, el ritmo de la voz… Entonces también se puede explorar el tiempo breve y el espesor del presente. Es ese espesor el que toma función de causa que construye pasado y futuro, que se desbasta, se corta y del que siempre queda un resto operativo. Pero ese movimiento puede detenerse por viscosidad del presente, un exceso de espesor que genera malestar o una instalación en un presente de comodidad rutinaria. Ese movimiento se relanza por el corte en el tiempo breve.

La perspectiva ingenua mantiene la idea del tiempo como lineal. No es ésta la perspectiva del psicoanálisis, ya que introduce el tiempo retroactivo que  produce el pasaje de lo posible a lo necesario. Lo particular de la temporalidad retroactiva es que tiene como efecto de significación lo necesario, es decir, la ilusión de que era necesario que eso ya estuviera allí.

Esto remite directamente a la definición de inconsciente. Si el inconsciente es considerado como un saber ya ahí o si se construye en su racionalidad. En el Seminario del 20 de noviembre de 1973 J.Lacan señala que si Freud sostuvo que el inconsciente era racional es porque su racionalidad podía ser construida. Esta es la particularidad de la experiencia analítica, por una parte el inconsciente para Freud no conocía el tiempo, pero podía ser modificado por la experiencia analítica. Por eso Lacan introduce la idea de una racionalidad que debe construirse, pero para dar la oportunidad a que la modalidad de goce salga como un real al encuentro. Es lo que  tradujo como Sujeto Supuesto Saber y le dio una función estructural en la medida que da la ilusión de que el pasado estaría antes de la experiencia del presente, ilusión de que eso "ya estaba escrito".

Por eso J.-A.Miller [5] señala que "Cada momento presente en la sesión analítica está duplicado por el Sujeto Supuesto Saber; duplicado por su propia inscripción en el pasado. Es vivido en el presente y al mismo tiempo en el pasado: vivido en el presente y con la significación de inconsciente. Por ello todo lo que en ella se dice toma otro sentido, el de ser inconsciente".

En el Seminario Los no incautos yerran, en la reunión del 9 abril 74 J.Lacan propone como fórmula de lo escrito el saber supuesto sujeto porque la palabra podría hacerse equivaler a una lectura de la escritura del antes.

Como señala Lacan en el Seminario XX, el analista lee en lo que ha incitado al analizante a decir. Esto es una cuestión de fundamento, incitar a decir para leer. La escucha analítica es así una lectura y en esto se diferencia de las psicoterapias. El analista en su función de causa incita a decir al analizante  porque  lo que él dice es corte.

Lacan siempre ubicó la lectura en relación con la función de la escritura en el discurso analítico y relacionó el corte con la escritura. En "Función y campo..."[6] ya tomaba el corte como puntuación que fija el sentido. Más adelante, en el Seminario del 20 de diciembre de 1977, señala que lo que el analista dice es corte, es decir, participa de la escritura. En lo que dice el analista y el analizante hay escritura. Del lado del analista se trata de otra forma de escribir, corta porque lo que lee es diferente de lo que el analizante quiere decir pero esos cortes son tributarios de una topología que pone en juego al objeto a.

No se trata del corte en la linealidad de una cadena sino del análisis como giros que permiten, si es llevado hasta el final, ver la cara real de eso en lo que se está enredado. Real que aparece por un artificio ligado al hecho de que hay un decir que se halla al final de los dichos.

Para volver al tiempo de la sesión, el corte sitúa al objeto a, ese objeto que introduce la desregulación del tiempo uniforme, acelera o lentifica…Esto introduce el corte no como puntuación sino como desregulación y permite pensar los efectos del tiempo uniforme como defensa frente a la emergencia del objeto.

Al tiempo retroactivo, nutrido del espesor del presente, cabe agregar la idea de la cura no lineal sino constituida por giros, como ya se ha señalado, lo que permite decir que el deseo del analista relanza los mencionados giros.

El tiempo breve de la sesión permite los diferentes tiempos de la cura. Una breve referencia a algo que había ubicado en relación con el testimonio de AE, los tiempos diferentes de la cura según el momento de construcción del recorrido.

En el testimonio había hablado de un primer tiempo pasional en relación con el predominio de lo imaginario y el semejante, un tiempo que parece ser siempre presente y que no se separa de lo que se vive como "hechos" sin ver que son "documentos" [7] de goce. Un espesor difícil de ceder para construir la temporalidad del Sujeto Supuesto Saber.

Otro tiempo, el tiempo del fanatismo por el despliegue de la cadena significante que parece lanzado a la conquista del pasado sin ver que lo construye. Tiempo de la creencia en el inconsciente como lo ya escrito, una verdad en espera que se hallaría al borde de la palabra precisa.

Otro tiempo, no todo es significante, las distintas sustancias episódicas cambian el ritmo.

Otro tiempo, el tiempo lento del final, del no pasa nada y la precipitación de la conclusión de la salida…

Son sólo citas que permiten ver como ese espesor condensado por el tiempo breve funciona de manera diferente a medida que algo se va desbastando y algo se fija …creo que se puede decir que da consistencia a los tiempos de la cura.

3. El tiempo en el postanalítico.

El  postanalítico interroga el fin pero con relación a lo que puede advenir y permite dar cuenta de un proceso. Es una interrogación sin punto de capitón que permite explorar lo que continúa.

Como decía al inicio, si he abordado los puntos 1 y 2 ha sido para ver también  que pasaba con los mismos en el postanalítico. Respecto al primer punto, lo fundacional, hablaría de la modalidad temporal del síntoma en tanto modalidad de goce. En mi experiencia se depura, se aprende a hacer con lo que queda, pero la dimensión temporal está tejida en el modo de goce y es una orientación fundamental que se mantiene sin darle sentido, es sólo una marca fundacional que no responde ya al fantasma.

El desarrollo del punto dos permite entender la importancia del restablecimiento del sujeto supuesto saber para el analizado. No es solamente la transferencia de trabajo, o en todo caso esto conlleva su función de relanzamiento para evitar el estancamiento libidinal y abrir el camino de una nueva producción; de un nuevo seminario; de un nuevo texto. Más aún, del mantenimiento de la posición del analista como analizante en la Escuela y ejercitando la conversación como desuposición del saber del Uno al que se es convocado por estructura.

Con el final del análisis y la caída del sujeto supuesto saber  hay el final del pasado como lo ya escrito, en cierta medida una suerte de fin de la historia que uno se cuenta.

Entonces, qué queda del pasado? Como señala Lacan  en el Seminario Los no incautos yerran del 13 de noviembre de 1973, el llamado pasado  permite ver cierto relieve; un relieve de lo hecho hasta ahora. Es diferente la historia que el relieve, no es lo que se cuenta sino lo que se muestra de un funcionamiento que deja su marca. Así la modalidad del relieve puede dar relieve al sujeto. Se puede pensar el relieve del viaje que es lo vivido, es una metáfora común la vida como viaje, pero no se trata de un viaje lineal sino un viaje de giros escandido por los tirones del tiempo. Magnífica formulación que utiliza Lacan en el Seminario del 11 de diciembre de 1973 cuando dice que entre lo simbólico, lo imaginario y lo real el tiempo se lo pasa tironeando. Además señala que el espacio implica al tiempo, y que el tiempo no es quizás otra cosa  que una sucesión de instantes de tirón. El objeto a está ligado a esa dimensión del tiempo con lo que tironea y también da movilidad, giros, entonces tiempo y espacio, en términos lacanianos el nudo.

El riesgo del postanalítico es el espesamiento excesivo del presente que lleva a la instalación, el analista puede quedar instalado en ese espesamiento libidinal que deja de operar como causa. Aquí el tema de los cortes necesarios tiene toda su importancia para que no haya un estancamiento. De allí la importancia de relanzar un trabajo orientado, un trabajo con el psicoanálisis como síntoma para franquear permanentemente la identificación al síntoma y de esta manera evitar, como señala Lacan, el espesamiento del campo de la exploración analítica.

* Trabajo presentado en el Seminario de los AE de la Comunidad de Cataluña de la ELP. Marzo 2003

 
NOTAS
1- Lacan,J. (1993) " Hamlet". En:  Freudiana 8. Barcelona. p.15
2- Le Goff, J.(1991) El orden de la memoria. Paidos. Barcelona. .p.227. Es Le Goff quien cita a Leroi-Gourhan. Este "aparato de memoria" tiene para este autor el carácter de una construcción social que tendría que dar el equilibrio necesario entre la rutina como capital y el progreso como innovación.
3- Miller,J-A.(2001) La erótica del tiempo. Tres Haches Buenos Aires.
4- Lacan,J. (1999) Seminario V. Paidos. Buenos Aires. p.17
5- Miller,J-A. Op.cit. p.38
6- Lacan,J.(1989) "Función y campo…" En: Escritos 2. Siglo XXI. México.  .p.301-02
7- Le Goff. Op.cit.pp. 227-28.  Es interesante el trabajo que hace Le Goff sobre monumento y documento, dos pilares de la historia y que sin duda me ha evocado al Lacan de los inicios. La palabra latina monumento viene de la raíz del indoeuropeo "men" que se refiere a las funciones de la mente (mens) y la memoria (memini). El verbo "monere" quiere decir "hacer recordar". El monumento tiene así función de hacer volver al pasado. La noción de documento, que se amplía en la actualidad con la crítica al positivismo ya que el "dato" no existe per se, tiene una deriva etimológica  de docere , enseñar, en el sentido de prueba  pero prueba que depende de la elección del historiador. El buen historiador sería aquel que no agrega y se mantiene más pegado al texto.
 
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TIEMPO Y ESCANSIÓN: LA SESIÓN CORTA. *
Por José Ramón Ubieto

En la primera enseñanza de Lacan, en Función y Campo de la palabra y del lenguaje –pero también en sus escritos anteriores: Más allá del principio del placer, El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, Acerca de la causalidad psíquica- hay un esfuerzo por conceptualizar una definición del tiempo ligada al inconsciente y por tanto diferenciada de otras nociones del tiempo: sea la noción del tiempo cronológico o la del tiempo de la fenomenología, tiempo vivido como consciente por el sujeto, ambas desconociendo los efectos de discontinuidad.

Este uso del tiempo tendrá consecuencias ya muy tempranas en la técnica analítica y en especial en el desarrollo de la sesión analítica. Lacan rechaza incluso al precio de su exclusión de la IPA, renunciar a su práctica de la sesión de duración variable -luego veremos el matiz de corta- que él había introducido como opuesta al ritual temporal del estándar, tema declarado tabú por el establishment psicoanalítico.

La escansión imprevista aceleraba la sesión, acortándola y produciendo la ocasión de un reencuentro con el inconsciente y la verdad. Es este progreso de la verdad de la posición de goce del sujeto el que marca el progreso temporal de la cura.

Si consideramos la serie de enunciados de un analizante como una serie de secuencias ordenadas a partir del interrogante del síntoma,  la puesta en marcha de la significación del sujeto supuesto saber -esto es, la transferencia en la entrada en análisis- tiene por efecto captar al analizante en la temporalidad secuencial de los puntos de capitón.

Todo el problema de la conclusión de la cura será entonces saber si se puede pasar y cómo, de esa serie asociativa potencialmente interminable a una secuencia finalizada, distinta de lo que sería simplemente una serie detenida. Es decir, de una estructura de sucesión que no incluye su término a otra estructura de sucesión que produce el término que la cierra.

Ese tiempo que hace falta para concluir, a pesar de la incompletud del Otro, y que va a permitir –aprés coup- ordenar la secuencia finalizada no es un tiempo cronológico, mensurable objetivamente. Se trata de un tiempo lógico:

"Pero si bien el deseo no hace más que acarrear lo que sustenta de una imagen del pasado hacia el futuro siempre corto y limitado, Freud no obstante lo califica de indestructible. Y así el término indestructible se afirma justamente de la realidad más inconsistente de todas. Si escapa al tiempo, ¿a qué registro del orden de las cosas pertenece el deseo indestructible?, pues, ¿qué es una cosa si no lo que dura, idéntico, por un tiempo? ¿No hay sobradas razones para distinguir aquí junto a la duración, sustancia de las cosas, otro modo del tiempo, un tiempo lógico? Como saben ya abordé este tema en un escrito". [1]

Este tiempo es un tiempo necesario para hacerse al ser –dirá Lacan. El tiempo lógico es sobre todo un modo de aserción de la certeza subjetiva que se presenta como conclusiva pero al mismo tiempo anticipada, es decir suspendida del otro. Por eso en la solución verdadera del sofisma es necesario el cálculo que incluya el tiempo. Todos los prisioneros están en la posición de adivinar el deseo de este Otro que los domina sin que ninguno detente la clave. La verdad no se manifiesta mas que en la relación de cada uno a los otros. Es pues en una lógica que incluye en su centro un vacío, una falta donde Lacan suspende el momento de concluir y su precipitación en el acto.

El Seminario XI supone la conclusión de toda una enseñanza previa a la que nos hemos referido e introduce una nueva alianza conceptual –en términos de J.-A.Miller- entre inconsciente y tiempo: el inconsciente- acontecimiento se inscribe en la trama del tiempo. Eso supone distinguir entre el inconsciente como sujeto y el inconsciente como saber. El inconsciente freudiano –atemporal- es un inconsciente guiado por el automaton; definirlo- como hará Lacan- en tanto inconsciente sujeto es poner el énfasis en la tuché, algo que se produce de manera aleatoria como acontecimiento.

Frente a esta temporalidad de la repetición: siempre es la primera vez porque siempre es igual sin que la serie precedente se modifique, lo propio de la operación analítica es hacer que los efectos de sujeto que aparecen y desaparecen -modo pulsátil- al mismo tiempo se acumulen bajo la forma de saber.

La repetición anula el tiempo mientras que el Sujeto supuesto Saber introduce la función del tiempo en el inconsciente. Y eso exige el tiempo de la sesión analítica. Lacan señala en una nota de 1966 [2] en Variantes de la cura tipo: "nadie que siga nuestra enseñanza ignora que la transferencia es la intromisión –inmixión- del tiempo de saber" -y no la repetición. El inconsciente es un resultado, en tanto elaboración de saber, de la creación operatoria de la Transferencia como acto de palabra. Esto introduce, más allá de la intemporalidad de la repetición, el tiempo lógico de la cura que es el tiempo de una demostración de lo real.

Aquí J.-A.Miller señala la importancia de pensar el inconsciente con relación a la lógica modal. No sólo lo real se conecta con lo necesario, aquello a lo que uno no puede no obedecer, o con lo imposible -a simbolizar- sino también con lo contingente. De hecho si la experiencia analítica da acceso a lo real no lo hace más que por la vía de la contingencia: de la transferencia, de las manifestaciones sintomáticas y de la elucubración de saber. La contingencia supone la posibilidad de que el inconsciente cese de no escribirse y que la represión se levante.

La orientación lacaniana apunta a eso: a hacer salir de la contingencia misma, que es la condición de la experiencia analítica, la demostración de un real.

La sesión analítica.

Para desarrollar esta demostración tenemos un instrumento propio como es la sesión analítica. Una sesión que tomará formas claramente distintas en función de la conceptualización del tiempo, y por tanto de la noción de transferencia.

Si en la perspectiva del tiempo cronológico la duración se mide por su valor de cambio es porque responde a un intento de hacer simétrica la relación analizante-analista proyectándola sobre un eje transferencia-contratransferencia. Si el tiempo es dinero -time is money- el diván deviene un objeto susceptible de la multipropiedad, caricaturizando la deriva de esta tesis. La cuestión –como indica J.A-Miller- es de qué manera devolver a la duración de la sesión su valor de uso.

Para eso es preciso -en la orientación lacaniana – plantear el tiempo como algo susceptible de desdoblarse entre el tiempo cronológico y el tiempo lógico[3]. Lacan pretende que el sujeto que pone en escena es un sujeto de pura lógica y que esta lógica integra el tiempo, a condición de integrar al Otro. Es una conclusión intrínsecamente temporal, ligada a un acto.

Una referencia mayor la encontramos en su texto de 1960, Posición del inconsciente[4] donde plantea la noción de retroacción:

"La estructura de lo que se cierra se inscribe en efecto en una geometría donde el espacio se reduce a una combinatoria: es propiamente lo que se llama un borde. Si se la estudia formalmente, en las consecuencias de la irreductibilidad de su corte, se podrán reordenar en él algunas funciones, entre estética y lógica, de las más interesantes. Se da uno cuenta de que es el cierre del inconsciente el que da la clave de su espacio, y concretamente de la impropiedad que hay en hacer de él un dentro (dedans). Demuestra también el núcleo de un tiempo reversivo, muy necesario de introducir en toda eficacia del discurso; bastante sensible ya en la retroacción, sobre la que insistimos desde hace mucho tiempo, del efecto de sentido en la frase, el cual exige para crear su círculo su última palabra. El Nachträglich o aprés-coup según el cual el trauma se implica en el síntoma, muestra una estructura temporal de un orden más elevado".

Por eso, unos párrafos más tarde [5] señala que "La transferencia es una relación esencialmente ligada al tiempo y a su manejo". La duración de la sesión no depende, pues, de su medida cronométrica sino de su evaluación en la lógica de un cálculo que apunta a la posición del sujeto [6].

Retrocedamos unos años en la enseñanza de Lacan para centrarnos ahora en el comentario de las referencias a la sesión analítica que hace en su escrito de 1953 donde aparece ya esta articulación entre el uso del tiempo y el manejo de la transferencia. Como ya es sabido se trata de un escrito que como el propio Lacan indica debe leerse a partir de las circunstancias en que se produce. La escisión en la SPP testimonia de un desacuerdo radical sobre los fundamentos mismos de la práctica analítica, de allí las referencias constantes en el Prefacio a la necesidad de "reflexionar sobre los fundamentos subjetivos de las nociones amortiguadas por la rutina", "liberar las tesis por la elucidación de los principios", "poner en tela de juicio los fundamentos de la disciplina"..."Volver a la obra de Freud"[7]se afirma como una exigencia ineludible para recuperar el sentido de la experiencia psicoanalítica.

Ya en el texto mismo[8] formula una tesis que justificara después: "la técnica no puede ser comprendida, ni por consiguiente correctamente aplicada, si se desconocen los conceptos que la fundan".

En esta concepción del análisis como dialéctica del sentido[9] "es una puntuación afortunada la que da su sentido al discurso del sujeto. Por eso la suspensión de la sesión de la que la técnica actual hace un alto puramente cronométrico, y como tal indiferente a la trama del discurso, desempeña en él un papel de escansión que tiene todo el valor de una intervención para precipitar los momentos concluyentes. Y esto indica liberar a ese término de su marco rutinario para someterlo a todas las finalidades útiles de la técnica".

Aquí Lacan nos da una indicación precisa sobre una técnica analítica que no descuida sus implicaciones éticas: la puntuación aparece como un verdadero operador práctico que toma el relevo de la duración estándar que, en su fetichización del tiempo –mercancía-, ocultaba el efecto-sujeto que éste tiene. Un buen corte es el que separa lo heterogéneo de una significación en dificultades -fi imaginario- y una satisfacción siempre presente: a.  Como dice E.Laurent[10] las consecuencias fundamentales que el manejo del tiempo de la sesión tiene sobre la posición del sujeto se traducen en una separación del sujeto de la significación que iba para él a concluir, a reasegurarlo.

Al tiempo de la duración continua Lacan opone ya aquí el tiempo de la discontinuidad[11] intrínseca a la lógica del  inconsciente:  "El inconsciente es aquella parte del discurso concreto en cuanto transindividual que falta a la disposición del sujeto para reestablecer la continuidad de su discurso consciente".

La referencia al material freudiano de El Hombre de las Ratas le permite "una vía de retorno al uso de los efectos simbólicos, en una técnica renovada de la interpretación"[12]. Para ello Lacan se interroga sobre la función del tiempo –"momento donde lo simbólico y lo real se reúnen"[13]. Se plantea las incidencias del tiempo en la técnica analítica y lo hace tomando dos puntos candentes en ese momento: la duración del análisis, esto es su conclusión, y la duración de la sesión analítica.

Por lo que hace a esta última, nuestro tema hoy de trabajo, J.Lacan recuerda que "la suspensión de la sesión no puede dejar de ser experimentada por el sujeto como una puntuación en su progreso" ya que él es ante todo el que puntúa su dialéctica, anticipando el progreso "sopesándolo a la manera de un arma".

El peligro es que la neutralidad del analista que mantiene la regla del tiempo fijo tome un valor obsesivo en el analista prestándose a la connivencia del sujeto. Esto se hace especialmente álgido en el caso del obsesivo donde su working through es utilizado por el sujeto para la seducción del analista y plantea así una especial dificultad en el manejo de la transferencia.

Transforma al analista en un muerto, todo significante, como defensa contra el goce, obligándole a contrariarle para confrontarle a esa implacabilidad de la inconsistencia del Otro. Para esto Lacan nos da una pista precisa indicándonos el valor de uso del tiempo de las sesiones en este manejo transferencial, en la que es su primera referencia explícita al uso de las sesiones cortas[14]:

"¿Cómo dudar entonces del efecto de cierto desdén por el amo hacia el producto de semejante trabajo? La resistencia del sujeto puede encontrarse por ello absolutamente desconcertada. Desde este momento, su coartada hasta entonces inconsciente empieza a descubrirse para él, y se le ve buscar apasionadamente la razón de tantos esfuerzos. No diríamos todo esto si no estuviésemos convencidos de que experimentando en un momento de nuestra experiencia, llegado a su conclusión, lo que se ha llamado nuestras sesiones cortas, hemos podido sacar a la luz en tal sujeto masculino fantasías de embarazo anal con el sueño de su resolución por medio de una cesárea, en un plazo en el que de otro modo hubiéramos seguido reducidos a escuchar sus especulaciones sobre el arte de Dostoievski. Por lo demás no estamos aquí para defender ese procedimiento, sino para mostrar que tiene un sentido dialéctico preciso en su aplicación técnica".

Recurso que compara con la técnica Zen y que opone a la moda del llamado análisis de las resistencias en la medida en que no implica en sí misma ningún peligro de enajenación del sujeto, "pues no rompe el discurso sino para dar luz a la palabra".

Un buen corte, en definitiva, enmarca la aparición del deseo del analista como un deseo de poner al desnudo el goce del sujeto y esto hace de un encuentro entre un Analista y un Analizante una sesión analítica. El corte pone termino a la sesión a-cortándola, siendo la escansión quien determina el tiempo de finitud de la sesión.

Retomando la articulación que hacía Lacan, en este escrito entre la técnica y los fundamentos que la sostienen podemos decir que no hay sesión corta sin tomar en cuenta la posición del analista, lo que teorizará más tarde como deseo del analista. Al sustraer, en esta operación, la duración al tiempo –para lo cual el acto del analista es imprescindible en tanto pone en juego su silencio como operador- emerge un objeto que evoca la presencia misma del analista.

Graciela Brodsky[15] plantea esta articulación entre el uso de las sesiones cortas y el deseo del analista a partir de la dialéctica entre la prisa y la espera. La prisa que implica el corte no se puede entender si no se incluye esa dimensión de la espera, este no saber que sucederá, ese algo por ocurrir.

Es el deseo del analista quien suscita esa dimensión de la espera a la cual Lacan alude al afirmar que la temporalidad del análisis es la angustia -en su Seminario X sobre "La Angustia"[16], última referencia de nuestra intervención antes de su continuación, en la próxima reunión. A partir del Seminario XI donde Lacan modificará esta concepción del análisis como una dialéctica del sentido al plantear la dimensión asemántica del inconsciente en la cual el corte operara un efecto de cernimiento y reducción de lo real del goce.

* Intervención realizada en la Comunidad catalana de la ELP, 6 de Mayo 2003.
 

NOTAS:
1- Lacan, J. Seminario XI, pg. 40
2- Lacan,J. Variantes de la cura-tipo en Escritos, vol.1.nota 9, pg.316
3- Miller,J.A. "La Sesión analítica", en El Caldero de la Escuela, Setiembre 2000
4- Lacan,J. Posición del inconsciente en Escritos, vol.2.pg. 817
5- Lacan,J. Posición del inconsciente en Escritos, vol.2.pg. 823
6- Miller,J.A. Les us du laps. Clase del 3 de Mayo 2000
7- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 256
8- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 236
9- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 242
10- Laurent,E.: "Una sesión orientada por lo real" (Entrevista) en La Lettre Mensuelle núm 188
11- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 248
12- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 283
13- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 298
14- Lacan,J. Función y Campo de la palabra y del lenguaje en Escritos, vol.1pg. 303
15- Brodsky,G. "La Prisa y la Espera", en El Caldero de la Escuela, Setiembre 2000
16- Lacan, J. Seminario X, Clase del 13 de marzo de 1963

 
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EL TIEMPO DEL INCONSCIENTE COMO ESCANSIÓN. *

Por Araceli Fuentes

Desde el comienzo de su enseñanza en 1953 con el Discurso de Roma, Lacan da cuenta de la razón por la que ha abandonado la práctica de la sesión de duración estándar. En lugar de considerar "la duración" que hace del tiempo una dimensión exterior a la experiencia analítica -la sesión que acaba a los 50 minutos independientemente de lo que el analizante pueda estar diciendo en ese momento- Lacan propone la puntuación de la sesión, y se refiere a la suspensión de la sesión en tanto el sujeto la experimenta como una puntuación en su progreso: "Así, es una puntuación afortunada la que da su sentido al discurso del sujeto. Por eso la suspensión de la sesión de la que la técnica actual hace un alto puramente cronométrico, y como tal indiferente a  la trama del discurso, desempeña en él un papel de escansión que tiene todo el valor de una intervención para precipitar los momentos concluyentes. Y esto indica liberar este término de su marco rutinario para someterlo a todas las finalidades útiles de la técnica." [1]

La puntuación-suspensión de la sesión introduce el tiempo como un concepto operativo.

En la página 303 del mismo Escrito, J. Lacan nos propone un ejemplo de su propia clínica, que da cuenta de su decisión de introducir la sesión de duración variable -la sesión breve- y lo hace del siguiente modo: "No diríamos todo esto si no estuviéramos convencidos de que experimentamos en un momento, llegado a su conclusión, de nuestra experiencia, lo que se ha llamado nuestras sesiones cortas, hemos podido sacar a la luz en tal sujeto masculino fantasías de embarazo anal con el sueño de su resolución por medio de una cesárea, en un plazo en el que de otro modo hubiéramos seguido reducidos a escuchar sus especulaciones sobre el arte de Dostoievski."

Se trataba efectivamente de un sujeto que hablaba y hablaba de su amor por el arte de Dostoievski, hecho que tenía para él una verdadera significación espiritual, pero fue sólo acortando el tiempo de la sesión que finalmente el sujeto confesó su fantasma de embarazo anal. El corte de la sesión se producía con una interpretación muy simple: Lacan le dijo al sujeto que no le interesaba en lo más mínimo el arte de Dostoievski. No se trataba de que el paciente no sintiera una gran pasión por Dostoievski, pasión que tenía una gran significación para él; lo que produjo el corte de la sesión fue mostrar que el sentido de esa significación lo daba su embarazo anal fantasmático.[2]

Este tipo de intervención-escansión "no rompe el discurso sino para dar a luz a la palabra"[3] nos dice Lacan unas líneas después.

Por el contrario, "la indiferencia con la cual el corte del timing interrumpe los momentos de prisa en el sujeto, puede ser fatal para la conclusión hacia la que se precipitaba su discurso, e incluso fijar allí un malentendido, si no es que da pretexto a un ardid de retorsión... El peligro de que este punto tome un valor obsesivo en el analista, es simplemente el de que se preste a la connivencia del sujeto: no sólo abierta al obsesivo, aunque en él toma un vigor especial, justamente por su sentimiento del trabajo"[4]

Basta con muy poco para que la intervención del analista determine el sentido de lo que dice el paciente, basta con que el analista subraye un elemento como capital, o simplemente que interrumpa la sesión en un punto para que esta interrupción tome el carácter de una interpretación. Lacan sorprendió al mundo analítico posterior a la segunda guerra mundial, que estaba fundamentalmente enzarzado en lo que se llamó "el análisis de las resistencias", haciendo equivaler suspensión de la sesión e interpretación, realizando así la articulación entre la función del tiempo y la interpretación.

Si el análisis de las resistencias se desenvuelve en el plano a-a´, toda interpretación que se sitúe en ese plano no hará más que aumentar las dificultades al reforzar las reacciones de prestancia, de celos, de amor y de odio. El análisis no es una relación de yo a yo, supone siempre un tercero aunque sólo sea éste el discurso mismo. Tal toma de posición por parte de Lacan  tiene efectos inmediatos en la práctica: interpretar no consiste  en proponerle al sujeto un sentido que vaya en contra de lo que cree comprender, y sobre todo no consiste en intentar oponerse a su intención consciente, a su yo, sino más bien jugar con el enigma que la propia enunciación del sujeto vehiculiza. De este modo la escansión, la detención de la sesión fuera de la jurisdicción del reloj, no sólo permite que surja en el discurso algún término esencial que queda así recortado sino que también impide al sujeto dividido por lo que ha podido decir, reasegurarse en su completud imaginaria, poner fuera de juego la resistencia antes de combatirla o analizarla –como es el caso en W.Reich.

Como podemos ver, ya desde el comienzo hay en Lacan un deseo de que el análisis sea una experiencia conclusiva: desde 1945, año en que escribió "El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada" el tiempo se introduce como una serie de escansiones necesarias para poder llegar a una solución conclusiva. El tiempo lógico será retomado por Lacan en distintos momentos de su enseñanza; en el seminario "Aún" vuelve sobre él, a partir de la perspectiva del objeto "a", poniendo de relieve la función de la prisa con relación al momento de concluir.

El tiempo lógico de un análisis es el tiempo que le lleva al sujeto la puesta en forma de un real, la demostración de un real. No podemos saber de antemano cuanto durará el tiempo de comprender para un sujeto determinado, pero lo que sí sabemos es que llegar a la conclusión no es nunca un proceso automático, no es algo que se infiere por sí sólo. La  conclusión depende siempre de un deseo, pues antes de inferir algo hay un hiato a saltar cuyo matema es el de la incompletud del Otro.

El tiempo lógico es el tiempo que hace falta para concluir a pesar de la incompletud del Otro, allí dónde el inconsciente no sabe. El propio orden deductivo, por necesario que parezca, encuentra siempre un límite y abre una hiancia respecto a la  conclusión, que no se alcanza sin una decisión del sujeto. Es necesaria la decisión del sujeto para llegar a la conclusión y es por esta razón por lo que la conclusión está articulada a la ética, de este modo una conclusión no se le impone nunca a un sujeto que no consienta en este punto.  

Retrotraernos a este primer artículo sobre el tiempo del año 1945, nos permite darnos cuenta de que el tiempo como escansión, como discontinuidad, está presente en Lacan  desde el principio, aunque no sea hasta 1964 en el seminario XI, cuando nos presente al propio inconsciente afectado por la escansión temporal, en su doble movimiento de apertura y cierre.

El inconsciente lacaniano, a partir de este momento se diferencia del inconsciente freudiano, el inconsciente memoria, el inconsciente repetición que no conoce el tiempo, por ser un inconsciente siempre en vías de realizarse y no un inconsciente ya allí: "el inconsciente se manifiesta siempre como lo que vacila en un corte del sujeto" nos dice Lacan en este seminario, el inconsciente es entonces algo del orden de lo discontinuo, de lo evasivo y a partir de ahí se justifica la tesis lacaniana de que hay una temporalidad del inconsciente, la temporalidad del relámpago, perceptible en el lapsus, la temporalidad de lo que aparece para desaparecer, de lo que se abre para volver a cerrarse.

Si el tiempo del inconsciente es esta escansión temporal en la que algo distinto quiere realizarse, lo que en esa hiancia se produce se presenta con las características del hallazgo. Así fue como Freud encontró lo que sucede en el inconsciente. Este hallazgo que es a la vez solución, aunque sea incompleta, tiene efecto de sorpresa [5].

Dicho modo de concebir el inconsciente por parte de Lacan implica que el analista ha de estar presto para no dejar pasar la oportunidad, la ocasión oportuna en el que el inconsciente emerge. El momento oportuno lo decide en este caso la escansión temporal del inconsciente y el tiempo de la sesión analítica debe igualarse al tiempo de la escansión propia del inconsciente.

En Lacan, el inconsciente tiene una afinidad esencial con el tiempo. No podemos desembrollar el inconsciente sin incluir en él el tiempo. La relación entre el tiempo y el inconsciente es esencial para entender lo que califica como inconsciente-acontecimiento, es decir el inconsciente en tanto que se inscribe como acontecimiento en la trama del tiempo.

La nueva alianza conceptual entre el inconsciente y el tiempo [6] producida por Lacan al privilegiar el inconsciente como acontecimiento, el inconsciente sujeto, sobre el inconsciente como saber ya allí, hace que la sesión lacaniana tenga una cierta tendencia a estructurarse como el inconsciente sujeto.

No se trata de que Lacan reniegue del automatón de la sesión, pero en el interior de esa regularidad casi burocrática de las sesiones es dónde se aloja lo imprevisible.

Tomar al inconsciente por el lado del fenómeno lo desustancializa, lo desontologiza, y es en este contexto dónde Lacan ha podido decir que el estatuto del inconsciente es ético. Que el inconsciente no sea algo del orden del ser sino que este tomado a partir de la falta en ser, es decir de lo no realizado que quiere realizarse, implica necesariamente el deseo del analista sin el cual esta realización sería imposible.

La escansión temporal que produce el analista responde al tiempo del inconsciente como escansión. Esta escansión puede hacerse según distintas modalidades: como suspensión de la sesión, como interpretación, como puntuación, reenviando al sujeto al enigma de su deseo, a la anticipación de su elección, o como habiendo tomado acta de su decir (tú lo has dicho), todas ellas son modalidades del acto analítico que se sostienen por la presencia del analista en el campo del inconsciente; el inconsciente, campo del Otro, se ciñe en la prisa, la precipitación, la sorpresa y la estupefacción; en el instante al que no hay que faltar: El acto consiste en no fallar ese momento. [7]

El inconsciente no surge de entrada en un análisis, lo primero con lo que nos encontramos es con el síntoma y su cohorte de quejas. Lo primero es el malestar, el sufrimiento, la conciencia desgraciada que busca explayarse en el otro al mismo tiempo que lo produce como causa de todos sus males.

Para empezar un psicoanálisis es necesaria una ruptura con el registro de la conciencia reflexiva y la agresividad de retorsión, esta ruptura la produce el analista por medio de la interpretación que abre al sujeto a la dimensión del inconsciente. La experiencia analítica supone un corte con el tiempo psicológico, con el tiempo de la conciencia y su continuidad. La experiencia analítica es una experiencia del tiempo que surge primero como ruptura, como escansión necesaria para abrir a la dimensión temporal del inconsciente. [8]

La escansión como acto, al menos como ese acto mínimo que consiste en dar por finalizada la sesión, tiene dos dimensiones: una estructural y otra temporal, la primera implica reconocer la estructura y el real que insiste tras la repetición, pues un verdadero acto, dice Lacan en el seminario XI, concierne a un real que no ha sido dicho, que no ha sido puesto en evidencia. La segunda dimensión, la dimensión temporal de la escansión como acto es la del instante del encuentro al que no hay que faltar nunca.

Una escansión.

Pierre Skriabine, en su artículo "Lógica de la escansión, o por qué una sesión puede ser corta" [9], nos presenta una secuencia clínica que ejemplifica con gran claridad un tipo de escansión. Se trata, en este caso, de una escansión que ciñe el sujeto de la enunciación y lo reenvía al enigma de su ser.

Se produce durante una segunda entrevista con un sujeto que viene a pedir un análisis y que cuenta lo que es para él la dificultad esencial de su existencia, el punto de su historia que no lo deja tranquilo. Tiene un hermano menor, minusválido a causa de una deformación cardiaca y autista. Con este hermano le unen lazos muy fuertes a la vez que ambivalentes y ambiguos, con él llegó hasta inventar una forma de comunicación particular que lo interroga.

Este hermano, murió al llegar a la adolescencia. De esto hacía ya dos años.

Este drama había llevado a toda la familia, el paciente, su hermana y sus padres, a tener que realizar un trabajo de duelo, que hizo que sus padres prolongaran la psicoterapia que habían comenzado durante la enfermedad del hermano. En este contexto, el paciente dice:

p- "Después de la muerte de mi hermano, hemos podido verdaderamente hablar los tres".

a-"¿Los tres?".

p- "Sí, (dice él sorprendido), mi padre,  mi madre, mi hermana, y ...

¡he olvidado contarme! (dice estupefacto).

a-"!Voilà!" (dice el analista y le corta la sesión).

El analista ha tomado acta de este error de contabilidad y de la enunciación que este error conlleva. A pesar de que esta sesión sólo había durado unos minutos el decir había sido atrapado.

El sujeto surge correlativamente al error en la cuenta, como un –1, como falta en ser, donde se reconoce la estructura misma de todo sujeto. Pero este sujeto en particular se presenta como desaparecido, lo mismo que el hermano muerto al que le liga un pacto que el trabajo del análisis habrá de poner al día.

Las dos dimensiones de la escansión pueden ser distinguidas en este ejemplo: la estructural, es la que procede de la lógica de la interpretación que viene a inscribir lo que se ciñe de la estructura del sujeto: un menos uno lastrado de un goce particular en una identificación al hermano muerto, y la temporal, que es la que toma acta de un tropiezo en la palabra y reconociendo ahí al sujeto de la enunciación, instaura la transferencia y pone al sujeto al trabajo al ceñir sin riesgos un instante de ver.

Cuando la dimensión estructural y la tyché se encuentran, se produce el momento al que el analista no puede faltar, y al ceñirlo con su acto, se inscribe el estatuto ético del inconsciente.

* Intervención realizada en el "Espacio 2004" de la Comunidad de Madrid de la ELP, el 06-05-2003.

 
NOTAS:
1- J.Lacan, Función y Campo de la palabra y del lenguaje pg.242, Escritos I.
2- J.A.Miller, "Acerca de las interpretaciones", Escansión nº 1.
3- J. Lacan, Función y campo de la palabra y el lenguaje. pg.304
4- Ídem. pg.302.
5- J.Lacan, El Seminario nº XI,.pg.33.
6- J.A.Miller, "La nueva alianza conceptual entre el inconsciente y el tiempo", en La cause freudienne nº 45.
7- Pierre Skriabine, "Lógica de la escansión, o porque una sesión puede ser corta", La cause freudienne nº 46.
8- Pierre- Gilles Gueguen, "Discreción del analista en la era post-interpretativa", Freudiana nº 21.
9- Pierre Skriabine, "Lógica de la escansión, o porque una sesión puede ser corta", La cause freudienne nº 46.
 
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Andrés Borderías, redactor de 125 Líneas.