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Relativos a la AMP - IV Congreso AMP: La práctica lacaniana
Papersdel Comité de Acción de la Escuel@ Un@ | Nº 10 - Marzo de 2004
 
Dirección: papers@elistas.net
Moderación: Oscar Ventura
Co-moderación: Marta Davidovich
 
El "moterialismo" de la sesión corta, por Esthela Solano
Papers On-Line
 
El "moterialismo" de la sesión corta

Esthela Solano

II- El corte
"Es como una hidra vocal una dicción, pues a más de su propia y directa significación, si la cortan o la trastruecan, de cada silaba renace una sutileza ingeniosa y de cada acento un concepto"

Baltasar Gracian, Agudeza y arte del ingenio, Discurso XXXI [1]

En la lección del 9 de mayo, Lacan da un paso más para pensar la dimensión temporal de la escansión, anudándola a la topología, a través de la noción de corte.

Parte de la idea de que el significante en su encarnación vocal conlleva la discontinuidad, la oposición, la diferencia con otro significante y que, por ello, el significante puede ser planteado como un corte en una superficie.

Si el significante es corte, entonces la estructura del sujeto, en tanto que efecto del significante, depende de él. Si se considera la estructura del sujeto como que responde a la estructura de una superficie topológica definida, entonces se trata para Lacan de captar cómo el corte engendra la superficie. Es cuando Lacan recurre a las estructuras topológicas, caracterizadas por superficies deformables que responden a una lógica ligera, a una lógica elástica, dice, como el toro, el cross cap y la banda de Moebius.

La estructura del sujeto puede responder entonces a una de estas estructuras topológicas y el corte es una operación que engendra o transforma estas superficies. En consecuencia, la interpretación puede ser concebida como una operación temporal que engendra un corte, cuyo efecto será el de transformar la estructura del sujeto.

En ese sentido, la sesión analítica, al introducir el tiempo lógico bajo la prisa por concluir, viene a hacer corte en la superficie del sujeto. Con el corte, haciendo emerger un efecto de significante nuevo, inesperado, sorprendente, el analista hace variar la superficie topológica del efecto sujeto.

Podemos constatar que con la función del corte aparece en Lacan el interés por tratar el significante como siendo susceptible de ser inscrito en una superficie. A título de ello, el significante se ve deportado hacia el escrito.

Pero ese paso del significante al escrito necesita que el significante sea sometido a un tratamiento, de lo cual sólo es capaz el discurso analítico.

En efecto, Lacan retomará este punto algunos años mas tarde [2], señalando que el escrito no es en absoluto del mismo registro que el significante. Lacan recuerda que la lingüística introdujo la distinción del significante y del significado, disociándolos en la palabra. De esta manera, el significante, recuerda Lacan, es lo que se oye, y el significado es el efecto del significante como efecto de discurso.

Sólo el discurso analítico es susceptible de introducir en lo que enuncia el significante otra lectura que la que significa. Esta experiencia le es propia en la medida en que el hilo a seguir en el discurso analítico no es el del significado, sino el del corte, añade Lacan. El recurso del discurso analítico es el de operar a través del corte, con el fin de volver a romper en lalengua lo que la rompe, apostando por la discontinuidad del significante, para aislarlo en su estatuto de letra. Esta operación comporta que el significante sea tomado bajo la vertiente asemántica. Es porque S1 es tomado en la discontinuidad, en la ruptura de su lazo con S2, por lo que es producido por el discurso analítico, y no sin estupefacción, como una letra fuera de sentido.

El paso de la palabra al escrito se produce a ese precio. La experiencia analítica se torna de esta manera, una experiencia de lectura del inconsciente. Ahí, el discurso analítico lleva a la experiencia analítica mas allá de la palabra sin que por ello esto comporte que salimos de los efectos del lenguaje. El análisis se convierte entonces en experiencia del Sujeto supuesto saber leer, y la sesión analítica en una unidad de tiempo marcada por el corte asemántico, el cual produce una lectura inédita, haciendo ex-sistir el texto del inconsciente.

El efecto de goce
Llegados a este punto, recordemos que J.-A. Miller pone en evidencia dos tiempos en la enseñanza de Lacan, susceptibles de hacer valer un cambio de acento relativo a la cuestión del tratamiento del tiempo en la experiencia analítica. En un primer tiempo, Lacan hace valer que el efecto de sentido, el efecto de verdad de la palabra depende de la puntuación, véase, de la escansión temporal. Recordemos entonces que el analista, en tanto que "amo de la verdad", debe tener en cuenta los efectos introducidos en el sentido del texto por la "puntuación dialéctica", la cual "fija el sentido, su cambio lo renueva o lo trastorna y, falible, ella equivale a alterarlo" [3]

Junto a los efectos de sentido, de verdad y del efecto sujeto, siempre puntual y evanescente, Lacan define en un segundo momento, concretamente en El reverso del psicoanálisis, el efecto de goce cuya temporalidad específica es objeto del seminario de J.-A. Miller La erótica del tiempo.

Con el fin de cernir mejor la propuesta de Lacan, en lo que concierne al efecto de goce, tomemos para empezar el momento en el que formaliza en su enseñanza la estructura de los discursos [4] Un discurso caracteriza lo que hace lazo social. Como sabemos, Lacan distingue cuatro discursos: El Discurso del Amo, el Discurso de la Histeria, el Discurso Universitario y el Discurso del Analista – como cuatro tipos de enunciación, que preceden a la palabra y condicionan su eficacia.

En ese sentido, un discurso, en tanto que estructura, es concebido por Lacan como un aparato al cual el ser humano "se apalabra" [5]. En este aparato discursivo, la posición del sujeto es relativa al lugar ocupado por funciones tales como el saber, la verdad y el objeto. El sujeto, en tanto que efecto de significación, resulta de que un significante S1 le representa para un significante S2 y por ello el sujeto no es más que una suposición.

Esta articulación supone que hay un significante Uno, el rasgo unario, el cual es una marca enigmática que sólo toma sentido a partir del segundo significante. El otro significante, el significante S2, caracteriza el lugar del saber, resultando de la articulación significante.

En el Discurso del Amo, el significante S2 tiene una doble consecuencia: el efecto sujeto que depende de él y el efecto de goce, en el lugar del producto, en tanto que objeto plus de goce.

Lacan vuelve en el curso del seminario evocado, a la consideración de lo que Freud articula en su Mas allá del principio del placer, para encontrar que lo esencial de la repetición inconsciente no es el efecto de sentido sino el efecto de goce. La consecuencia de la repetición es la de el efecto de pérdida, de pérdida de goce, en el lugar del objeto perdido.

En el fondo, la pérdida de goce es en ese momento planteada por Lacan como una consecuencia de la toma del cuerpo por el lenguaje. Una vez que el lenguaje ha borrado el goce original, se produce un efecto de pérdida y un efecto de recuperación del goce perdido. Lo que se recupera es sólo una parte de goce, como objeto (a), al cual se acomodan los pequeños medios de goce de los que dispone el sujeto por medio del fantasma.

El analista semblante de (a)
En el Discurso del Analista, del cual el Discurso del Amo –que es el del inconsciente- es su reverso, el significante S2 cambia de lugar. Viene al lugar de la verdad pues la interpretación analítica comporta un saber en el lugar de la verdad.

En cuanto al analista, en tanto que agente de la operación analítica, ocupa otro lugar: el del objeto pequeño (a), en tanto que encarna el efecto de discurso del analizante, en el lugar del efecto de rechazo.

Desde ese lugar, el analista representa, según Lacan, el efecto de caída, el efecto de pérdida, del cual se hace el agente por la operación de corte sobre los dichos del analizante. Pero aun hace falta que este corte sea corporeizado, incluso encarnado por el analista que le presta su cuerpo. Es por el levantamiento del cuerpo, por la extracción del cuerpo del analista de la sesión analítica, por lo que se realiza, en una salida anticipada, el semblante de objeto caído que el analista encarna. En consecuencia, es porque toma el lugar del objeto en la operación analítica, que al final del proceso el analista está avocado a la pérdida y a la eliminación por el analizante.

Ahora bien, si el analista en el Discurso analítico hace semblante del objeto pequeño (a), entonces, en tanto que agente del acto analítico, deja vacio el lugar del efecto sujeto. Si el sujeto se caracteriza por ser sólo una suposición, un efecto evanescente e inconsistente, el analista por contra debe encarnar, desde el lugar del objeto, la consistencia lógica en tanto que producto de la elaboración analizante.

Únicamente en estas condiciones, el analista, según Jacques-Alain Miller, encarna en la precipitación temporal de la prisa, la aceleración que caracteriza a esta temporalidad lógica.

De tal manera que el analista, al precipitar el tiempo para concluir, hace corte y engendra una certeza anticipada, fundadora de su acto.

Así, si el analizante espera para concluir, el analista con su acto hace corte, produciendo un efecto de caída y, por su salida, cuando levanta la sesión, encarna y da cuerpo al efecto temporal de la urgencia.

El analizante espera para concluir y ello a causa de la falta en el significante que proviene de la incompletud del Otro. El analista, con su acto, introduce la prisa de concluir, viniendo así a suplir la falta del significante, abriendo hacia la solución de lo indecidible. Así, por la vía del acto, resulta que la prisa tiene el estatuto de objeto pequeño (a), como lo hace valer J.-A. Miller.

Por la inversión súbita de la espera en prisa, adviene la sorpresa. En estas condiciones, la premisa que aquí es el dicho analizante, deviene verdadera, al introducir la conclusión anticipada por el acto analítico.

En estas condiciones, podemos cernir la solidaridad del tiempo lógico del acto que da su duración a la sesión analítica conjj el corte que opera a través de la función del objeto. De tal manera que el sujeto que resulta de ello adviene en tanto que corte de (a).

III- El analista "rectórico"
"La primorosa equivocación es como una palabra de dos cortes y un significar a dos luces"

Baltasar Gracian, Agudeza y arte del ingenio, Discurso XXXIII [6]

Ahora bien, si hablamos de goce, hay que tener en cuenta que para Lacan la dimensión del goce comporta la dimensión del cuerpo. Así Lacan pudo señalar que lo propio de un cuerpo es que se goza. El goce no es una suposición, es una sustancia, y el cuerpo puede ser dicho "sustancia gozante"

El goce del cuerpo resulta de las huellas dejadas por lalengua sobre el cuerpo, a titulo de efectos, que son afectos, según Lacan. Entonces, no se puede concebir el patos de goce del cuerpo, proviniendo del efecto de huella de la palabra, disjunto del inconsciente. Respecto a esto, como lo ha puesto en evidencia J.-A. Miller, el concepto de serhablante de Lacan, comporta la consideración del concepto de inconsciente, anudado al cuerpo, a través del encuentro de las palabras y del cuerpo. Por ese hecho, "es con la manera con la que lalengua ha sido hablada y oída por tal o cual en su particularidad, como luego algo saldrá en los sueños, en toda suerte de tropiezos, en toda suerte de maneras de decir", avanza Lacan, añadiendo también que "es en el moterialismo [7] – jugando sobre el materialismo y las palabras, para hacer valer la materialidad de las palabras – donde reside la acción del inconsciente" véase, "lo que hace que cada uno no encontró otra manera de sustentarse en lo que yo he llamado antes el síntoma" [8]

Con esta perspectiva, puesto que Lacan apela al nudo borromeo, haciendo equivalentes los registros del imaginario, de lo real y de lo simbólico, a los cuales se añade la propiedad borromea, puede distinguir tres tipos de efectos, específicos a cada uno de los tres registros. Así Lacan distingue el efecto de sentido como propio de lo simbólico, el efecto de goce proviniendo del imaginario y el efecto de no relación que caracteriza lo real.

Ahora bien, si bien Lacan señala que la interpretación analítica opera por vía del equívoco, le hace falta introducir la precisión siguiente: que el equívoco no es el sentido. El equívoco es una dimensión de lo simbólico en el cual el inconsciente se soporta. Por el contrario, el sentido reside en los efectos de escritura de lo simbólico, del cual responde el imaginario. En esta dimensión, en la del efecto de sentido, reposa lo que Lacan caracteriza de debilidad mental, inherente al serhablante. Por su parte, lo real se caracteriza por escapar al sentido, está fuera de sentido. En estas condiciones, lo real para Lacan ex-siste al imaginario y a lo simbólico.

Esta distinción es fundamental, en la medida en que Lacan se sirve de ella para redefinir el registro sobre el cual opera la interpretación analítica. Así, lo propio de la interpretación analítica es plantear un contrapeso en "el alcance de los efectos de sentido", con el fin de que apunte a un vector que "va más lejos que la palabra". Llevar los efectos de sentido más lejos que la palabra, implica que la operación analítica apunta al cuerpo y al goce. Esta misma perspectiva lleva a Lacan a interrogarse por el alcance de la operación analítica, la cual debe substituir los efectos de sentido, que en la palabra nos fascinan y nos abocan a la debilidad mental, por un efecto de sentido que él llama "efecto de sentido real".

Ahora bien, la dificultad de esta propuesta reside en el hecho de que Lacan se tomó el cuidado de indicarnos que lo real está excluido del sentido. Entonces, ¿cómo se puede concebir un efecto de sentido real?

Es aquí cuando Lacan llama a la distinción entre equívoco y efecto de sentido. Si la interpretación analítica opera solamente por la vía del equívoco, libera el síntoma, puesto que por esta vía, lo real del síntoma "se demuestra por no tener ya sentido"

El equívoco vacía lo real, puesto que el equívoco desune el significante del significado, haciendo valer el valor asemántico del significante, así como su polifonía. Con el equívoco, la interpretación analítica conlleva un efecto de sentido real que es el "yo oigo sentido". Así, el equívoco significante que es el principio del chiste, reposa sobre la equivalencia entre el sonido y el sentido. La interpretación que juega sobre el equívoco, hace valer un efecto de goce sentido, tocando así la pulsión, que es "el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir". Cuando Lacan distingue la dimensión del dicho de la del decir, nos pone en guardia ante el hecho de que decir es otra cosa que hablar.

En una experiencia analítica, el analizante habla, dice. A través del dicho del analizante se producen efectos de sentido como consecuencia del significante. Ahora bien, lo propio del significante, señala Lacan, es tener un sentido doble. El sentido doble caracteriza al significante S2. La poesía encuentra ahí su materia en tanto que violenta lo que se ha cristalizado como sentido por el uso.

Sobre el dicho del analizante, el analista es tajante, hace corte. Su operación consiste en hacer corte sobre el dicho, equivocando sobre la ortografía. Por este hecho, la operación del analista participa de la escritura pues, usando la ortografía, escribe las palabras de una manera diferente, para hacer sonar y resonar otra cosa que lo que se dice.

Por esa vía, el analista hace ex-sistir un decir en el dicho, introduciendo en el dicho del analizante, con el corte, un elemento heterogéneo. Este elemento heterogéneo es un punto fuera de línea que como tal hace ex-sistir lo real. Dicho de otra forma, la ruptura del vínculo operada por el corte entre S1 y S2, hace ex-sistir el efecto de no relación, ahí donde se alcanza a lo real. Así, el discurso analítico es el único discurso que permite tocar lo real a partir del semblante. Para ello, la operación analítica que juega con el equívoco, hace uso de la ortografía, para escribir de otra manera el texto aportado por el analizante. A consecuencia de ello, el analista es llamado por Lacan rhêteur [9]

Rhêteur proviene del latín rhetor, orador, tomado a su vez del griego rhêtôr, que deriva de eirein, el decir. El analista rhêteur, en el sentido de Lacan, no es un analista que hace discursos, es un analista que retifica [10], dice Lacan, véase, que rectifica.

¿Qué rectifica? Podemos decir que con su acto el analista reenvía el dicho del analizante a su decir (eirein), y de esta manera rectifica la lectura del analizante. El analista rectifica la relación del analizante con el texto de su inconsciente, puesto que el analista hace corte sobre el decir y es tajante al leer lo que ocurre con lo que el analizante ha dicho, con la intención de decir.

En esas condiciones, el analista hace emerger un significante nuevo en el lugar del producto en el discurso, abajo, a la derecha. El nuevo significante es un significante S1 que no tiene sentido. Este significante surge del cristal de lalengua, y es fruto de la integral de los equívocos que caracteriza una lengua hablada. El efecto de estupefacción acompaña al efecto de sorpresa característico de ese momento, cuando la resonancia da en el blanco del cuerpo.

Si el analizante es poeta, el analista es pouâte [11], puesto que se sirve del equívoco para hacer presente con la prisa la caída del dicho, dando cuerpo a lo que del lenguaje no es efecto sino resto.

De esta manera, Lacan, en su ultima enseñanza, lleva la operación analítica hacia la escritura, introduciendo por ahí, como J.-A Miller lo ha hecho valer, un desprestigio de la palabra. Ahora bien, llevar la experiencia analítica hacia el escrito apunta a dar cuenta de la demostración que se realiza en el curso de esta experiencia, de lo que en tanto real no cesa de no escribirse.

Con la escritura, que es un artificio, lo real se demuestra como imposible de escribir.

En ese sentido, la sesión analítica deviene una página de escritura, la cual acontece bajo la forma lógica de la contingencia. El discurso analítico comporta entonces, que a través de una serie de contingencias, algo cesa de no escribirse, para llegar a la demostración de la imposible relación sexual, la cual no cesa de no escribirse.

 

Traducción: Carmen Cuñat

Notas
1- B. Gracian, O.C. II, Turner, Madrid 1993, p. 560
2- J. Lacan, Le Séminaire Livre XX, Encore, capítulo III "La fonction de l’écrit"
3- J. Lacan, Ecrits, p. 314
4- J. Lacan, Le Séminaire, Livre XVII, L’Envers de la Psychanalyse
5- Ibid, p.57. En francés, apparole equivoca entre aparato (appareil) y palabra (parole) (N.del T)
6- B. Gracian, O.C. II, Turner, Madrid 1993, p. 575
7- Moterialisme: en francés equivoca entre materialismo y mot (palabra)
8- J. Lacan, Conférence à Genève sur le symptôme, 4 de octubre 1975, Le Bloc-Notes de la psychanalyse nº5
9- Analista rhêteur: analista "retórico" En el Coraminas: siglo XII, del latín retóricus- del griego retóricos: referente a la retórica, maestro de la retórica, de la misma raíz que resma: palabra, discurso y rétos: dicho, expresado (eirein) (N. del T. consultada con el autor)
10- En francés, rhêtifie; equívoco entre retorizar y rectificar. (N. del T. consultada con el autor)
11- Pouâte: neologismo sólo válido en francés que equivoca poeta y prisa (âte) (N.del T.)

 
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