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Psicoanálisis y sociedad
 
A causa de Mauricio Goldenberg

Por María Esther Prado

El viernes 28 de julio de 2006 participé del homenaje a Mauricio Goldenberg realizado en el Hospital Zonal Evita (conocido como el "Policlínico de Lanús"), acto durante el cual se puso su nombre al Servicio que él creara hace 50 años. El 12 de setiembre de 2006 Goldenberg falleció en Washington, engrosando la lista de los mejores de los nuestros que mueren lejos de su tierra.

En 1992 escribí para las "Primeras Jornadas Encuentro del Servicio de Psicopatología del Policlínico de Lanús": "No fue la primera experiencia con proyecciones en la atención primaria y en el enfoque comunitario de la salud mental, ni tampoco la última; pero nosotros la recordamos como la más brillante y rigurosa en varios sentidos." Yo había trabajado en la Sala de Internación durante cuatro años (1970-1974). Al día de hoy puedo nuevamente tratar de ordenar en pocos puntos por qué pensé y pienso así, aunque con algunas modificaciones.

1) En un período donde según la corriente dominante en el psicoanálisis y también entre los profesionales del Servicio circulaba un concepto muy amplio de psicosis y la patología se ubicaba en un continuo de fácil deslizamiento, fue Mauricio Goldenberg quien nos planteó una exigencia muy precisa: al menos para hablar con él, o para definir diagnósticos en el Servicio, debíamos utilizar el término esquizofrenia en un sentido delimitado y preciso: cuando se detectaban trastornos de pensamiento (interceptaciones, incoherencia, neologismos, ensalada de palabras, esquizocaria, etc.). Rigor extensible al concepto de psicosis en general: había que distinguir paranoia, parafrenia, esquizofrenia, diferenciar un brote psicótico de un delirio de autoreferencia o de un delirio histérico en neuróticos. Fue una tarea en la Sala de Internación recolectar casos y trabajos escritos en torno a las polémicas "psicosis histéricas". Años más tarde, yo aprendería que una exigencia similar respecto del diagnóstico de estructuras fue planteada por Lacan.

Ahora bien, no hay que confundir dos terrenos: esta exigencia de discernimiento era en el interior del equipo de profesionales, y a los efectos del tipo de tratamiento a dispensar. Porque en cuanto a las barreras de división que la sociedad había erigido entre los "sanos" y los "locos", a eso MG lo combatió con eficaz encarnizamiento (por ej., su lucha por abrir salas de psicopatología dentro del hospital general). Y algo más aún, que atestigua esta diferencia que estoy haciendo: exigía mucho cuidado en el secreto profesional, "cuidadito con el marbete que le ponen a un tipo, le pueden estropear la vida en el trabajo o en la familia".

2) Fue un gestor institucional, dentro del campo "psi", de aquellos que no se encuentran más que muy cada tanto. Prudente, tenaz, sagaz, nada utópico, realista. ¿Qué no se habrá experimentado allí, empujados por el torrente de sus invenciones y por los espacios que él generó? Un ejemplo: el equipo de psiquiatría social, que hacia labores de atención primaria en la villa de los alrededores, fue instruido para trabajar con líderes naturales de la comunidad; incluidos… los curanderos, que eran muchos. "Hay varios tipos de curanderos, algunos son auténticos, participan de las pautas culturales de la comunidad; otros son farsantes, estafadores, saben que están trampeando, a éstos los desechamos; con los otros fuimos haciendo transacciones, de "colega" a "colega"." "Si una crisis histérica pueden reducirla en la grey, simplemente por sugestión, bien, pero si dura mucho, envíelo usted al servicio y va a ser muy tomada en cuenta su derivación." [1]

Ingenuamente yo decía en otra época: "¡Fue nuestro De Clérambault!" Hará una década escuché de MG, en una de sus visitas al país, algo sobre su propia formación. En el Hospicio, sólo por verlo caminar por los pasillos charlando animadamente con Pichon Rivière, Pereyra, el viejo psiquiatra, le cortó el saludo. En realidad, MG había estudiado la obra de Freud. Pero con enome decisión y lúcido cálculo advirtió que para transformar los marcos de la atención de los pacientes psiquiátricos debía velar su entusiasmo por Freud. ¡Bien por MG! Escribió su anhelo sobre la realidad, con un mínimo de palabras.

¿Cómo no estimé yo que ese accionar estaba atravesado por la ruptura epistemológica freudiana? Es oportuno también evaluar esto en el año de celebraciones recordatorias de Freud.

3) Un esquizofrénico entraba al consultorio (Cámara de Gessell) en estado de confusión. MG le daba un cordel y le decía: "Hijo, hacé un nudo." Después que el paciente lo hacía, le indicaba: "Ahora deshacelo, rompelo…" Luego de que lo deshacía, pedía: "Ahora, hijo, volvelo a unir…" El paciente salía de la entrevista con MG, con la confusión notablemente reducida. ¿De qué años estoy hablando? De 1970, y aún antes, en los sesenta, algo así se podía ver en una entrevista de MG con un esquizofrénico. Y nos explicaba muchas cosas de un modo muy simple: "Hacer un cenicero del principio hasta el final, no es algo para ocuparles el tiempo; es algo que les permite unir un pensamiento." "Hacer trabajo corporal con los psicóticos internados en la Sala es importante para que puedan sentir los límites del cuerpo, si no, no pueden pensar bien." Nos repetía la hipótesis de De Ajuriaguerra, de que el fármaco antipsicótico, rigidizando el cuerpo, quizás contribuía a eso mismo, desde esa rigidez se dibujaba un borde.

Nos hemos contado anécdotas de éstas, innumerables… A medida que pasaban los años, para quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, la genialidad de sus intuiciones fue cobrando cada vez más valor.

4) Hace pocas semanas, durante el homenaje del 28 de julio, el intendente de la zona –el señor Manuel Quindimil- expresó, con emoción: "Es un orgullo para nosotros haberlo tenido aquí. ¿Con quién compararlo?" Dio el testimonio personal de que alguien de su más grande afecto, gracias a Mauricio, había salido de una crisis, pudiendo construir a partir de allí una vida dichosa. Y concluyó: "Es que no se trata sólo de darle remedios al paciente, hay que hablarle, conversar con él sobre lo que le hace bien y lo que le hace mal en su vida…". MG supo trasmitir a todos los que le conocieron el poder de la palabra, y el significado de una ética en la acción.

5) Trabajaban en el Lanús psiquiatras y psicólogos, en su mayoría con formación psicoanalitica, aunque no exclusivamente (los había kleinianos –en su mayoría-, freudianos, inclusive un primer lacaniano allá por 1970-71, psiquiatras dinámicos, estudiosos de Palo Alto, etc.) También había musicoterapeuta, terapeuta ocupacional, asistentes sociales, terapeuta corporal, antropólogos, etc.) ¿Cómo se encauzaba el trabajo en equipo? Porque es un tema que se puede abordar desde muchos ángulos. Yo creo que allí se encaraba desde el pragmatismo de la acción, centrada en el paciente: tratar de no hacer trizas al sujeto entre varios. "Muchachos, está comprobado, ¡si el equipo de la Sala no zanja sus conflictos, los pacientes se rebrotan!" Sabemos bien que estas dificultades no solo acontecen en la zona limítrofe entre las profesiones, sino también en el interior de cada una. Copio un párrafo de una intervención de MG, del 24 de noviembre del 82, al cierre de un curso: "Teníamos una estrategia para integrarnos con ellos [la gente del Hospital General], íbamos a los ateneos de los otros servicios, donde podíamos meter una banderilla lo hacíamos. Eramos muy respetuosos, puntuales y responsables. Funcionábamos con modestia en tanto y cuanto no intentábamos dar clase, ni deslumbrar a nadie con nuestra jerga. La idea era que no entráramos en competencia, en una competencia asimétrica, que no fuéramos los sabios ni los raros. Funcionábamos en plano de igualdad, tratando de ayudarlos en los problemas con los pacientes, y poco a poco fuimos consiguiendo que se interesaran, que fueran pidiendo cada vez más nuestra ayuda no sólo para los pacientes de los servicios, sino también para sus propios problemas o los de sus familiares." "Creíamos que una ideología se elabora y concreta en el trabajo." [2] En un Hospital, en Latinoamérica, todo esto tiene vigencia hoy.

Lo que MG se había propuesto como proyecto, lo escribió en la realidad de su país, y en nosotros. Parte de lo que él plasmó en las instituciones se desdibujó en el vendaval de las décadas siguientes. Pero no desapareció, queda como causa. Como sutil cadena invisible, una experiencia resuena en otras.

Haber podido participar de aquella verdadera gesta, tuvo consecuencias decisivas para todos, aún prosiguiendo después caminos diferentes. En mí, creo que incidió en la orientación que tomé en distintos momentos; que facilitó ciertas direcciones en mi formación profesional. Doy algunos pocos ejemplos:

(a) No me olvido que la primera vez que vinieron al país Miller y Laurent, hablaron de diagnóstico diferencial (los que estuvieron presentes recordarán un caso presentado como psicosis donde ellos disintieron: "es histeria"). El tema suscitó en mí inmensa alegría. También recuerdo que algún lacaniano los tildó de "psiquiatrones" por la misma cuestión.

(b) Pude reconocer en Jacques Alain Miller a alguien capaz de una ingeniería institucional de alto vuelo. Capaz también él de unir gente muy diversa.

(c) Pude entender a qué se refería Eric Laurent cuando definía la posición del analista como "un no actuar que tiene un torbellino dentro" (no sé si recuerdo las palabras exactas, pero esa era la idea). Y también, cuando una vez, en una inolvidable Jornada de Toxicomanía y Alcoholismo, expresó: "Sí, si, del hacer al decir… pero de ahí… a un nuevo hacer!" Allí encontré respuesta para fuertes inquietudes mías respecto de la práctica.

(d) Cuando escuché por primera vez entre nosotros hablar del proyecto del CPCT… me sonreí… Esta música yo la conozco. Innovar, probar, mover las cosas para que no se esclerosen.

e) La última enseñanza de Lacan, donde real, simbólico o imaginario pueden anudar por igual… es la que más resuena en mí, prestándose a dar cuenta de todas aquellas marcas, a brindar una lógica para aquellas numerosas anécdotas donde –dentro de una orientación psicoanalítica- obteníamos efectos comprobables, ya fuera que nuestro actuar se desplegara por medio de una orden paradojal, o por un señalamiento, o por una táctica acordada con la terapeuta ocupacional, etc., etc., etc.

En las Jornadas que mencioné antes [3], de 1992, Alberto Georgieff presentó un trabajo [4], que comenzaba así: "Como nadie es profeta en su tierra, seguramente pocos saben en Buenos Aires que a 150 km. de París una sala de hospital lleva el nombre de un argentino: "Unidad Mauricio Goldenberg". "La antigua abadía de Prémontré, (…) transformada hoy en hospital psiquiátrico, es allí que en 1988 el Dr. Roland Broca, jefe de uno de los servicios, decidió rendir un homenaje al creador del Servicio de Psicopatología de Lanús bautizando con su nombre uno de los pabellones." Cuenta Georgieff que Broca había oído hablar del Lanús en sus viajes por América Latina, y que se interesó por cotejar con su experiencia en Francia, y luego de diversos intercambios se arribó a la organización de una Jornada Franco Argentina; fue invitado el Dr. Goldenberg, quien concurrió desde Caracas; también asistieron Valentín Barenblit y otros lanusinos. Eso sucedió el 28 de febrero de 1988.

Georgieff estaba interesado "por esa proximidad ideológica que se había establecido entre ambos servicios en cuanto al aporte del psicoanálisis a la psiquiatría asistencial." "Broca opina que ella es el resultado de una "escucha" analítica del paciente: ‘Goldenberg la tiene [afirmó Broca] –sin haber ejercido reconocidamente como analista- y supo en consecuencia rodearse de un equipo de gente de formación psicoanalítica’." Broca le relató también a Georgieff que en su análisis con Lacan, allá por 1970 recibió este consejo: "Escuche, si verdaderamente quiere comprender algo de la psicosis, tiene que ir allí donde están los psicóticos, al hospital psiquiátrico".

Es bueno que sepamos valorar la saga de un pionero de estas características, de cuya inspiración aún hay mucho por retomar.

25/9/06

 
 
Notas
1- "Relato de mi más querida experiencia docente-asistencial", intervención de Mauricio Goldenberg, el 24/11/1982, al cierre de un curso. Trabajo que figura en la prepublicación de las Jornadas de 1992, y en el último capítulo de "Introducción al psicoanálisis", Luis Hornstein, Ed. Trieb, Bs. As. 1983.
2- "Relato de mi más querida experiencia docente-asistencial", intervención de Mauricio Goldenberg, el 24/11/1982, al cierre de un curso. Trabajo que figura en la prepublicación de las Jornadas de 1992, y en el último capítulo de "Introducción al psicoanálisis", Luis Hornstein, Ed. Trieb, Bs. As. 1983.
3- "Primeras Jornadas Encuentro del Servicio de Psicopatología del Policlínico de Lanús", a los 35 años del Servicio; 28, 29 y 30 de agosto de 1992.
4- Prepublicación de  las Jornadas de 1992, págs. 115 a 124.