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Boletín Nº 4

Queridos amigos y colegas:

Iniciamos en este cuarto Boletín un espacio de conversación con contribuciones de colegas de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Santa Fe. Aprovechamos esta oportunidad para agradecerles a todos ellos su trabajo y generosidad, que contribuirá a orientarnos y pensar desde distintos ángulos la temática de nuestras Jornadas Anuales 2009, causándonos a un trabajo de elaboración colectiva que deje pasar algo de lo singular de cada quien.

Contamos en este caso con un texto de Alejandra Breglia que realiza un recorrido y puntuaciones respecto a los modos de tratamiento de lo real en juego, a partir de poner en tensión los binomios síntoma-fantasma y opacidad-ficciones, hasta arribar al sinthome como aparato de goce y a una pregunta a dilucidar –la ocasión de las Jornadas es propicia– sobre "cómo hacer para que la relación del sujeto al sinthome se vuelva satisfactoria".

Viviana Fruchtnicht, Coordinadora
Comisión Organizadora

La propuesta de trabajo para las XVIII Jornadas Anuales de la EOL, "Opacidad del síntoma-Ficciones del fantasma", traza una tensión entre: síntoma-fantasma y opacidad-ficciones.

Síntoma y fantasma se apoyan sobre un real: el de la no inscripción de la relación sexual. El síntoma en su opacidad y el fantasma en sus ficciones, revelan modos de tratamiento respecto de ese real en juego. En tanto que opacidad remite a lo opaco del goce que no es transparente al sentido; las ficciones están en relación con la producción de goce por la vía del significante.

Miller nos dice que "el fantasma es sin variación […]equivale a un axioma que no se mueve […]. Es un semblante de real, como si lo simbólico hiciera semblante de real en el fantasma",[1] y que "más allá del velo del fantasma, está el síntoma".[2]

Lo fundamental en el síntoma y en el fantasma –tan esenciales de distinguir– es el núcleo de goce, del que ambos son envoltorios. El fantasma posee algo de la inercia repetida como forma de acceder a la experiencia de goce; mientras que el síntoma la consiste.

Es porque no hay saber en lo real respecto a la sexualidad, que hay síntoma. Síntoma como lo que "no cesa de escribirse", y en ese sentido, necesario –siguiendo las categorías que Lacan plantea en Aún–.[3] Funcionando como real de referencia el "no cesa de no escribirse", es decir, la relación sexual como imposible, el no hay relación sexual.[4]

Entonces, si en el fantasma lo simbólico hace de semblante de real: "de allí la idea de que el psicoanálisis consiste en obtener una fractura del fantasma, es decir una separación entre el efecto de sentido y el producto de goce",[5] y en el síntoma algo no termina de escribirse, uno y otro, nos hablan de un resto: el sinthoma como aparato de goce.

La ocasión de nuestras próximas Jornadas podrá ser el lugar propicio para dilucidar cómo hacer para que la relación del sujeto al sinthoma se vuelva satisfactoria.[6]

Alejandra Breglia, Buenos Aires

 
 
Notas
1- Miller, J.-A. y Laurent, E., El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, 2005, p.461.
2- Ibidem, p.459.
3- Lacan, J., El Seminario, libro 20. Aún, Paidós, Buenos Aires, 2004.
4- Miller, J.-A. y Laurent, E., op.cit., pp.256-8.
5- Miller, J.-A., "Cosas de finura en psicoanálisis", clase del 4-3-09, inédito.
6- Ibidem.
 
 
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